Páginas

martes, 28 de febrero de 2012

PINTORES VALLISOLETANOS OLVIDADOS: Miguel Jadraque y Sánchez de Ocaña (1840-1919)

Miguel Jadraque es un artista que siempre ha gozado de cierta fama entre los numerosos pintores que cultivaron el género histórico en la segunda mitad del siglo XIX, no sólo por su dedicación a ese oficialista género de la pintura de historia, sino porque algunos de sus cuadros de historia obtuvieron cierto éxito en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, como la tercera medalla en la de 1871 con Presentación de Cisneros a Isabel la Católica, o la segunda medalla en la de 1878 con Carlos V en Yuste que constituyó el mayor éxito en su carrera artística. A pesar de todo esto, como ocurre con otros pintores de la segunda mitad del siglo XIX, esta cierta fama o mediana vigencia historiográfica que conservan, no ha servido para animar a alguien a abordar su estudio monográfico, con la suficiente profundidad como para no tener que repetir siempre los mismos tópicos cada vez que necesitamos referirnos tanto al artista como a su obra.
Miguel Jadraque fue junto con Montero Calvo el más dotado de los pintores de historia vallisoletanos, y el que gozó de mayor prestigio en el panorama artístico de la época, obteniendo el mayor número de medallas en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes. Dibujante minucioso y hábil, reproduce en sus cuadros todos los pormenores de la indumentaria y ambientación de sus escenas históricas. Su estilo pulcro y detallista, que nos evoca la pintura “pompier” de la época, su gusto por lo anecdótico y literario, así como la fidelidad con que estudia las vestimentas y escenarios de sus cuadros, le convierten en uno de los pintores de historia más característicos y representativos de la pintura decimonónica española.
Aunque es más conocido por sus obras de tema histórico a las que, además de las citadas, se pueden añadir la Visita del Cardenal Tavera a Berruguete. Cultivo, sin embargo, todos los géneros pictóricos con gran profusión: las obras de “casaca” como El brindis, Una lección de violín (0,46 x 0,58 m. Colección particular. Madrid), Curioso diálogo y Un pintor del siglo XVII; los interiores de iglesia, con Sillería de San Benito (dos versiones), Un monaguillo, etc. Entre los temas orientas es notable una Cabeza de árabe (0,27 x 0,21 m. Colección particular. Valladolid), obra de pequeño formato realizada sobre una paleta de pintor. También cultivó el retrato destacando el del Conde de Puñonrostro.

Cabeza de árabe
Conde de Puñonrostro
Los cuadros de historia de Miguel Jadraque suelen tener como asuntos escenas de la época de los Reyes Católicos y Carlos V, perfectamente ambientadas en todos sus detalles. Pero no suele tratarse de temas referentes a grandes hechos históricos, ya sean de tipo militar o político, sino que el artista gusta más de representar escenas alusivas a anécdotas intrascendentes de estas etapas históricas, lo que sin duda representa otro apoyo más a la calificación, por parte de Brasas, al carácter de Jadraque como pintor “pompier”- Y precisamente dos de sus cuadros más conocidos representan escenas anécdotas de dicha etapa histórica; cuadros que, asimismo, guardan una gran semejanza compositiva entre sí. Se trata de los titulados Carlos V en Yuste y Visita del cardenal Tavera al célebre Alonso Berruguete.
Una lección de violín
Miguel de los Santos Jadraque y Sánchez de Ocaña nace en Valladolid el 5 de julio de 1840, siendo bautizado por sus padres, Lorenzo Jadraque e Ildefonsa Sánchez de Ocaña, el día 10 de ese mismo mes en la parroquia de la Santa Iglesia Catedral, es decir, en la de San Juan Evangelista. Miguel Jadraque y Sánchez de Ocaña nace en Valladolid el 5 de julio de 1840.
Aficionado desde pequeño al mundo de la pintura, asistirá siendo muy joven a las clases de la Escuela de Bellas Artes vallisoletana, en donde recibe las enseñanzas del pintor Agapito López San Román, completando más tarde su formación en la Real Academia de San Fernando de Madrid, al lado de Joaquín Espalter, en donde –a decir de Ossorio y Bernard – “mereció por su aplicación diferentes premios”.

El Sagrado Corazón de Jesús
El Sagrado Corazón de María
Asiduo de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes en 1862 concurre por primera vez a ellas, no obteniendo premio alguno por su obra La muerte de Aarón. Dos años después, en 1864, el joven pintor se da a conocer en el ambiente pictórico de su ciudad natal, presentando al Concurso de la Academia de Bellas Artes de Valladolid un Episodio de la vida del Conde Ansúrez. El tema obligado del cuadro era una escena de la vida del fundador de la ciudad, descrita de este modo en las bases de dicho concurso: “Habiendo fallecido la Reina Doña Costanza, mujer de Alfonso VI de Castilla y León, éste envió a su hija Doña Urraca, que se hallaba entonces en la menor edad, a la lealtad y cuidado de su favorito D. Pedro Ansúrez, señor de Valladolid, para que en unión de su virtuosa esposa Doña Eylo, se encargasen de darla la educación más prudente a su elevado nacimiento. A este fin D. Pedro se la entrega a su esposa en su morada de Valladolid, hoy Hospital de Esgueva…”. El cuadro, conservado en la Diputación vallisoletana, aunque muy convencional y pobre de recursos, sobre todo por lo que respecta a la rigidez y estatismo de las figuras, muestra ya las buenas cualidades de Jadraque como pintor de historia, utilizando en él por primera vez un esquema compositivo que volverá a repetir en obras posteriores. Con este cuadro ganará el primero premio del concurso convocado ese mismo año por la Diputación vallisoletana, que consistía en una beca para perfeccionar estudios en Roma. Allí concurre a la famosa Academia Chigi y conoce a Rosales y Fortuny, cuyos influjos se dejarán sentir, a partir de esos momentos, en su obra.
Episodio de la vida del Conde Ansúrez
En 1871 se presenta de nuevo a la Exposición Nacional de Bellas Artes con uno de sus cuadros de historia más característicos y elogiados, la Presentación de Cisneros a Isabel la Católica, que remitió desde Roma y que merecería tercera medalla. El asunto del cuadro se describía así en el Catálogo del certamen: “Elevado Tavera a la silla metropolitana de Granada, quedó vacante el puesto de confesor de la reina católica, consultó la reina con el Cardenal Mendoza acerca de la elección de sucesor y fue recomendado Jiménez de Cisneros, a quien el Cardenal Mendoza había conocido en Sigüenza. Llamóle el cardenal, y sin acuerdo alguno anterior, como por acaso, le llevó a la cámara de la reina, y al encontrarse tan de improviso en la presencia real, lejos de manifestar timidez y el embarazo que debían esperarse, Cisneros se presentó con dignidad y respondió muy discretamente a varias preguntas que le dirigió la señora...”. Dos años después, el cuadro figuró junto a otras obras de pintores españoles, en la exposición Universal de Bellas Artes celebrada en Viena, siendo muy elogiado por la crítica alemana. Para Tubino, el joven artista revelaba ya con esta obra “Preciosas aptitudes; conoce los secretos del colorido y revela gusto en la composición pero… es un ensayo, no puede calificarse de otro modo…”.

Presentación de Cisneros a Isabel la Católica
En la Exposición Nacional de 1876 presentó la obra titulada Una lectura interesante, con la que obtuvo otra medalla de tercera clase. El propio pintor describía así el tema de su cuadro en el Catálogo de la Exposición: “Después de una suculenta comida, un cardenal, que aparece sentado en ancho sillón de vaqueta, duérmese profundamente al arrullo monótono de la cascada voz de un fraile franciscano que leía una hoja impresa con las noticias de la semana, y el lector, al ver a Su Eminencia sumido en profundo sueño, deja caer los brazos y se queda también dormido. La lectura podría ser interesante, pero más interesante, por lo visto, para los dos reverendos padres es la práctica de aquel antiguo refrán monacal que dice Post praxum, parum dormiré”.

Una lectura interesante
En 1878 obtuvo el mayor éxito de su carrera artística al conseguir la segunda medalla en la Nacional de Bellas Artes con el cuadro titulado Carlos V en Yuste (Museo Nacional del Prado, depositado en Salamanca, Cámara de Comercio), que figuró también en la Universal de París de ese mismo año. El curioso asunto de esta obra lo tomaría el pintor de la Historia de Carlos V, de Robertson, siguiendo puntualmente el siguiente párrafo: “Había invitado a Turriano, uno de los más ingeniosos mecánicos de su siglo, a acompañarle en su soledad; trabajaba con él en construir modelos de máquinas… componía figuras que imitaban los movimientos humanos, con gran admiración de los monjes, que, viendo efectos superiores a su comprensión, a veces sospechaban a Carlos y a Turriano de tener comercio con potestades invisibles”. La composición del cuadro está inspirada en un cuadro del pintor italiano del siglo XIX Pietro Biasutti, titulado Miguel Ángel presentando una estatua a un patrono –óleo sobre lienzo de 1,365 x 1,80 m., firmado y fechado “P. Biasutti, 1866, Venezia”–. Seguramente Jadraque conociera el cuadro durante su estancia, como pensionado, en Roma. El pintor vivió allí entre 1864-1866, y el cuadro de Biasutti data de ese mismo año de 1866, por lo que Jadraque regresó a España teniendo muy reciente la visión del cuadro.
Carlos V en Yuste
Al término de la Exposición Nacional de 1878, el cuadro fue adquirido por el Estado, pasando al Senado, donde aún constaba en 1903, según el catálogo de las obras de arte que guardaba dicha institución que se editó en ese año. Sin embargo, en 1907, la Comisión de Gobierno Interior del Senado accedió a una petición de canje de este cuadro por otro del mismo Jadraque que representa la Visita del cardenal Tavera al célebre Alonso Berruguete. El cuadro sería unánimemente considerado como una de las mejores obras de la Exposición, ponderándose su esmerada ejecución que le lleva a reproducir los más nimios detalles. En él, Jadraque hacía gala de una extraordinaria laboriosidad y de un dibujo obsesivamente correcto. Sobre este cuadro escribía en El Imparcial Jacinto Octavio Picón: “el lienzo del señor Jadraque, Carlos V en Yuste, representa en su autor un progreso definitivo. La agrupación de las figuras, dibujadas con corrección y esmero, produce un bellísimo resultado. Como factura, excede con mucho a cuanto dicho artista ha pintado hasta ahora. Detenida prolija si se quiere, tiene trozos sin embargo de verdadero mérito”.
Visita del Cardenal Tavera al célebre Alonso Berruguete
Detalle de Alonso Berruguete y su escultura "San Sebastián"
Instalado el pintor en Madrid, crece su prestigio, siéndole otorgado en 1879, a propuesta del Ministerio de Fomento, la encomienda de Isabel la Católica. A partir de ahora, concurre casi todos los años a la Exposiciones Nacionales. En la de 1881 presentó dos Estudios del natural, y en la de 1884 un cuadro de género titulado Pensando asunto que en 1909 se remitió a la Academia de Bellas Artes de Oviedo. A la de 1892 concurrió con dos cuadros: un Retrato y Busto de aldeana, D. Quijote antes de su primera salida, pequeño lienzo tratado como una joya, en el que el pintor describía primorosamente la indumentaria y el mobiliario de la época.

Escena del Quijote
Su vinculación a Valladolid le motiva a presentarse a los escasos Certámenes que se celebraron en esa ciudad por aquellos años. Así en 1890 presentó dos obras a la exposición de Bellas Artes del Círculo de Calderón, tituladas Recuerdos del mundo y A la prueba del reclamo. Ambas se distinguían fundamentalmente “por la laboriosidad que acusan, pues no perdonan detalle por insignificante que sea, que no lo represente en sus jutas proporciones y en su verdadero tono de luz y color”.
En la exposición artístico-literaria de Madrid de 1885 presentó dos obras: Momentos de inspiración y un Fraile en oración. Este último es una pequeña tabla al óleo en la que se representa con extraordinaria minuciosidad a un dominico arrodillado, teniendo como fondo la sillería gótica del Monasterio de Santo Tomás de Ávila. Acudió asimismo con frecuencia a las exposiciones celebradas por la Sociedad de acuarelistas y el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Cuatro obras suyas figuraron en la muestra que organizó el Círculo en 1894: Guadajeq-el-Rumí, Amapola, La hija del tío Usía, y Consuelito.

Fraile en oración
Frailes ensayando
A la caza mayor... y menor
La muerte de Aarón
En 1895 es designado miembro del Tribunal calificador de los exámenes para la Academia Española en Roma, en representación de la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado. Finalmente, Miguel Jadraque muere en Madrid el 10 de enero de 1919.
Entre otras obras suyas dignas de mención, han de recordarse: el expresivo retrato de D. José García Barbón, así como un delicioso cuadrito de Don Quijote enfermo, conservado en la Casa de Zorrilla de Valladolid. También se tiene noticias de otros cuadros: Una cabeza, A la caza mayor… y menor, El estudio de un pintor, dos versiones de la Sillería de San Benito conservadas en el Misterio de Educación, Santa Teresa.
Don Quijote enfermo. Versión 1
Don Quijote enfermo. Versión2
Monjes
Sillería del coro del Monasterio de San Benito de Valladolid
Don José García Barbón

BIBLIOGRAFÍA
  • ARIAS ANGLÉS, Enrique: “Miguel Jadraque y Pietro Biassuti” en In sapientia libertas: escritos en homenaje al profesor Alfonso E. Pérez Sánchez, Museo Nacional del Prado, Madrid, pp. 704-709.
  • BRASAS EGIDO, José Carlos: La pintura del siglo XIX en Valladolid, Diputación Provincial de Valladolid, Valladolid, 1982.
  • BRASAS  EGIDO, José Caros: “Dibujos de Miguel Jadraque y Aurelio Arteta en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Valladolid”, B.S.A.A., tomo LII, 1986, pp. 493-501.
  • BRASAS EGIDO, José Carlos: Pintores castellanos y leoneses del siglo XIX, Junta de Castilla y León, Valladolid, 1989.
  • GONZÁLEZ GARCÍA, Miguel Ángel: “Un retrato del pintor Jadraque en la parroquial de Verín”, Porta da aira: revista de historia del arte orensano, nº 4, 1991, PP. 321-323.
  • VV.AA.: Fondos artísticos de la Diputación de Valladolid: siglos XIX-XX: pintura y escultura, Diputación Provincial de Valladolid, Valladolid, 1996.

sábado, 25 de febrero de 2012

INVERSIÓN VIII. Monumento al IV Centenario de la ciudad de Valladolid

El Monumento al IV Centenario de la ciudad de Valladolid, también llamado Inversión VIII, es una escultura gigante realizada por el escultor salmantino Ángel Mateos Bernal en 1999
A finales de 1997, la Corporación Municipal vallisoletana promovió, con motivo de las obras de urbanización del aparcamiento de la Feria de Muestras situado junto a la Avenida de Salamanca, la instalación de una escultura conmemorativa del IV Centenario de la ciudad de Valladolid, homenaje también a la autonomía castellano-leonesa.

La autoría del monumento, como ya se ha dicho, corresponde a uno de los escultores más coherentes y personales del panorama artístico español de la actualidad, el salmantino Ángel Mateo (1931, Villavieja de Yeltes). A lo largo de una brillante trayectoria, plena de trabajos, exposiciones y galardones (Premio en el Concurso Internacional de Autopistas del Mediterráneo en 19743 por su dolmen La Edad del Hormigón), Mateos ha sabido imprimir en su obra rigurosa criterios estéticos a los que siempre se ha mantenido fiel.
Tales criterios se patentizan en esta obra, quizá de las pocas que en el maremágnum escultórico del Valladolid reciente presente una estrecha relación con un concepto de monumento modernamente entendido.

Huye Mateos en todo momento de la escultura tradicional concebida como elemento ornamental o aditivo de la arquitectura. La búsqueda de la belleza queda materializada en volúmenes espaciales, en puras formas constructivas de normativa geométrica acordes con la línea neoplástica y constructivista, cuya abstracción, como señala el propio artista: “no lo es tal en su esencia intrínseca”, sino “que es tan natural como toda forma creada por la naturaleza”.
En este sentido, estas formas esenciales elaboradas por Mateos como serie o variante de una misma idea (prismas, menhires, dólmenes, pórticos, etc.) adquieren el mismo orden rítmico y constructivo propio de la naturaleza.
El artista supedita su creación, por tanto, a la armonía y proporción naturales de las partes con el “todo” en el que la escultura se concibe. Bagaje clásico pero actual al tiempo, por la utilización asidua del hormigón, material bien conocido por Mateos desde su infancia, que le permite obtener con facilidad entidades y proporciones monumentales, gigantes en este caso, para un monumento que, no obstante, llega a mantener un fructífero diálogo con el paisaje urbano que lo rodea en una visión arquitectónica del espacio.


El Monumento al IV Centenario de la Ciudad de Valladolid corresponde a una pequeña pieza realizada por Mateos en 1976-1977, última de una serie de ocho denominada Inversiones, cuyas proporciones originales son de 60 por 60 por 30 centímetro. Dicha serie supone en la producción de Mateos una vuelta a la verticalidad y a la simplificación formal y conceptual respecto a trabajos anteriores, con volúmenes entre el menhir y el volumen donde resalta la textura del encofrado, resuelto éste mediante un nuevo procedimiento de aireación.


BIBLIOGRAFÍA
  • CANO DE GARDOQUI, José Luis; La escultura pública en la ciudad de Valladolid, Universidad de Valladolid, 2000

sábado, 18 de febrero de 2012

Stage Set for a Film / Decorado para una pelicula (1998) Dennis Oppenheim

El estadounidense Dennis Oppenheim (1938, Washington – 2011, Nueva York) fue uno de los autores experimentales más singulares del panorama plástico de finales del siglo XX. Su amplia y variada obra ha sido objeto de numerosas exposiciones realizadas en las principales galerías y museos del mundo.
El ámbito familiar donde nació y creció -padre ingeniero de origen ruso- determinó en Oppenheim desde su infancia un vivo interés por el arte en general y, en particular, una atención declarada hacia todo lo relacionado con la corriente expresionista abstracta, desarrollada en principio como ejercicio teórico mediante la actividad docente histórico-artística en la Escuela de Bay de California, y completada a mediados de los años sesenta con la realización de un máster en Stanford. Más tarde, en 1965, experimentó un giro hacia la práctica profesional del arte.
Su diversa trayectoria artística mantiene desde entonces como constante la materialización del encuentro primordial entre arte y naturaleza, pero también entre obra y espectador, conjugando la posición e interpretación de quien contempla la obra con la propia concepción y organización material de ésta.
Tales directrices apuntan ya en sus primeros trabajos de 1967 y 1968 en Oakland. Estos deben adscribirse al denominado "Land Art" por la utilización de la naturaleza por parte de los artistas integrados en dicho movimiento, entre ellos Oppenheim, quien por entonces forma parte de la vanguardia artística norteamericana.
Por los años setenta, el autor experimenta un giro formal y material con aproximaciones a la performance, el video, el arte de postproducción, etc. Ello culmina al final de la década en la realización de estructuras tridimensionales y de piezas de maquinaria animadas mecánicamente.
Desde 1986 su producción cobra nuevo sentido hacia la vertiente irónica y violenta, con la creación de grandes objetos imaginarios sometidos a constante mutación y distorsión, constituyendo su trabajo Up side-down Church Device to root out devil un claro manifiesto de este sentir.


El crédito internacional de Oppenheim, alguna de cuyas obras presiden en la actualidad plazas y espacios públicos de Nueva York, Ámsterdam, Copenhague, Los Ángeles, etc., llega en 1999 por primera vez a España de la mano de Escenario para una película, obra emplazada con el vallisoletano Barrio de la Rubia, en el inicio de la prolongación del Paseo de Zorrilla hacia la Cañada de Puente Duero.
La Corporación Municipal de Valladolid se mostró interesada a comienzos de 1998 en la erección de una escultura pública relacionada de alguna forma con el cine, dada la estrecha vinculación que la ciudad mantiene desde hace años con esta actividad cultural.
Con tal finalidad, el Ayuntamiento requirió por intermedio del artista Cristóbal Gabarrón los servicios de Oppenheim, quien remitió cuatro propuestas diferentes, todas ellas relacionadas con la cinematografía, de las cuales Stage set for A Film resultó ser la elegida por sus condiciones formales y bajo costo. De su adquisición e instalación, en la primera glorieta de la prolongación del Paseo de Zorrilla, se encargó la Sociedad Municipal de Suelo y Vivienda de Valladolid (V.I.V.A.).
El conjunto escultórico cuenta con unas dimensiones de 9,1 metros de altura por 7,3 de ancho y 9,7 de largo. Se ha querido similar al diseño de un plató cinematográfico, a modo de fachada arquitectónica dispuesta en ángulo de 90º cuyo vértice, colocado a distancia de seis metros respecto al centro de la glorieta, se alinea directamente con la isleta que divide el tráfico rodado de la zona en dos sentidos, de forma que esta estructura de doble pantalla, subdivida en paneles acrílicos de diversos colores, actúa como cierre monumental al antiguo Paseo o, si se quiere, como puerta de acceso a la nueva prolongación.  Los materiales utilizados son acero soldado y pintado, placas de acrílico opaco y traslúcido, acero galvanizado, revestimiento de vinilo, guijarros de asfalto, luces industriales, cimientos de hormigón, roca.
 

No obstante su aspecto efímero, propio de un decorado cinematográfico, la estructura está perfectamente calculada en su disposición y cimentación para resistir fuerzas eólicas y sísmicas. La obra se halla realizada con los materiales que se acostumbran para la construcción de viviendas; acero, acrílico, madera, cristal, etc., incorporando al tiempo diversos elementos propios de cualquier escenografía: escaleras, andamios, rieles para cámara móvil, luces, etc.
Pero la casa anclada en la esquina superior de la estructura nos introduce en el ámbito ficcional de una película, sugiriendo en el espectador un incidente, una acción que puede llegar o no a desencadenarse.

En definitiva, una obra que provoca y cuestiona, cuyo resultado final es una forma extremadamente visual, translúcida y, al tiempo misteriosa, similar por tanto al propio dispositivo cinematográfico que determina la posición física y psicológica de quien mira una película.

La descripción de la obra que se hizo en la época de su inauguración fue la siguiente: "Decorado para una película" es una construcción que se aproxima al diseño de un plató, con una fachada de un edificio que incorpora iluminación con rieles por los que también puede deslizarse la cámara, y una casa suburbana situada precariamente en la cornisa del edificio. Se sugiere que ocurrirá una acción, una escena particular. Se deja al público que imagine que pasará, por qué está la casa allá arriba, si se caerá, quiénes son los personajes del drama, que harán... La obra tiene además otro papel escondido tras el propio decorado: no es más que una escultura. Es lo que es, una casa tambaleándose en la cornisa de un edificio. De esta forma, el decorado se convierte en el medio para proponer un proyecto escultórico radical.
Finalmente señalar que existe una versión similar de este monumento en Cedar Falls, Iowa.

http://www.library.uni.edu/sites/default/files/speccoll/images/stageset2jpg.jpg

BIBLIOGRAFÍA
  • CANO DE GARDOQUI, José Luis; La escultura pública en la ciudad de Valladolid, Universidad de Valladolid, 2000
  • VV.AA., Dennis Oppenheim: obra escogida = selected works 1968-2004, Madrid, Círculo de Bellas Artes, 2005