Páginas

lunes, 30 de enero de 2012

!!!NEPTUNO EN VALLADOLID¡¡¡ El Olimpo en Pucela

Solitario, Neptuno, acecha en el Campo Grande…
La escultura de Neptuno, ubicada desde 1932 en la isleta formada por el riachuelo que corre por los jardines del Campo Grande es cronológicamente la primera muestra de estatuaria urbana de Valladolid. Posiblemente pertenezca al foco cortesano y sea fechable en la segunda mitad del siglo XVIII.
Esta escultura del dios marino, de innegable factura clásica en su resuelta desnudez y ligero contraposto, formaba parte desde 1835, junto con la figura de una diosa desnuda, Venus o La Abundancia, y la de Mercurio, de la decoración de tres fuentes dispuestas en el salón central existente entonces en el Paseo de Recoletos.
Dicho Paseo, creado entre 1828 y 1834, se extendía paralelo a la Acera de Recoletos, desde el Hospital de la Resurrección hasta los Capuchinos. Constaba de tres calles, siendo la central más ancha y adornada de fuentes, árboles y asientos, mientras que las laterales eran más estrechas y desiguales. El director de las obras fue el arquitecto Pedro García González, Académico de mérito en las Reales de San Fernando, de Madrid, y la Concepción, de Valladolid, de la que llegó a ser el Director General de Estudios.
El diseño ornamental de la calle o salón central contemplaba la existencia de tres fuentes, la primera de las cuales, situada junto a los Capuchinos, comenzó a funcionar en julio de 1829, emplazándose las otras dos una en el centro del Paseo, otra en los comienzos del mismo próxima a la calle de Santiago. Hilarión Sancho en su Diario, proporciona algunos detalles de lo que fue la construcción del paseo: "En 1830 se llevaron los asientos de piedra labrada que están en el paseo de Recoletos a Capuchinos, y también se comenzó en dicho paseo a labrar la piedra para hacer un Espolón". Este mismo año la obra del trazado debía estar concluida y se atendía al adorno.
 
Para dicho adorno se solicitaron de la Casa Real algunas de las estatuas que, destinadas a la balaustrada superior del Nuevo Palacio Real de Madrid, fueron retiradas de allí y repartidas por muchas ciudades españolas. En la Biblioteca del Palacio Real se guarda un diseño firmado por Pedro García González en 1831, que reproduce la planta y el alzado del nuevo paseo. En la planta se señala una fuente y cuatro puntos alrededor que corresponden a "Pedestales para colocar las cuatro estatuas de los Reyes antiguos de España que S.M. se  ha servido conceder a esta ciudad para adorno de este paseo". En el alzado, además de la línea de árboles y los bancos que se dibujan sobre un fondo de edificios religiosos, que se cree, no respondan a la realidad, se reproduce una fuente rodeada de balaustrada y adornada por una estatua central, de iconografía dudosa, posiblemente Neptuno, y otras dos de Reyes siguiendo modelos cercanos a las mencionadas procedentes del Palacio Real. De acuerdo con el citado documento, también se pensaron colocar doce bustos de mármol adosados a los muros de los conventos de Jesús y María y Corpus Christi. Ni de unos ni de otros hay rastro en la ciudad. Es posible que la supuesta donación real no llegara a efectuarse. El paseo, sin embargo, tuvo estatuas, y, según Hilarión Sancho, de procedencia real: "En 1835 en el paseo nuevo de Recoletos se pusieron tres estatuas que el rey regaló a Valladolid; la del medio significaba la Abundancia u otoño y estaba casi desnuda y con el pecho descubierto, pero ésta sólo estuvo tres días, porque algunos se quejaron de que era escandalosa y se mandó quitar; pero en el día de hoy, 23 de julio, a instancia del Ayuntamiento se volvió a poner". El día 27 de junio de 1914, Ortega y Rubio, que en su sección "Cosas de Valladolid", en el periódico El Norte de Castilla, trataba los asuntos relativos a la historia de Valladolid mediante preguntas y respuestas de los lectores, se preguntaba: "¿Se puede saber dónde ha ido a parar aquella estatua que fue perseguida por sicalíptica sin respeto a su regia procedencia?". No hubo respuesta. Las otras dos estatuas, que representaban a Neptuno y Mercurio, se situaron al comienzo del paseo, por Santiago, la primera, y al final, cerca de Capuchinos, al segunda; la de La Abundancia, que otros llamaban Venus, estuvo en el centro; las tres adornaban sendas fuentes.
Pues bien, la decoración de estas fuentes, de las que se desconoce su aspecto, se completó en 1835 con la dicha donación por parte del Rey de las tres esculturas para su ornato. Eran estas la figura de una diosa, quizá Venus o la alegoría de La Abundancia que fue destinada, no sin polémica por su desnudez, a la fuente central; la figura de Mercurio para la fuente más cercana a la calle de Santiago, y la de Neptuno para la próxima a Capuchinos.
La remodelación del Paseo de Recoletos iniciada en 1845 supuso a la larga la desaparición de fuentes y estatuas. En principio se determinó la supresión de la fuente central, que se vería sustituida por otra dotada de estanque y emplazada en un punto cercano de donde estuvo la anterior, pero en el exterior del Paseo.
La escasez de fondos obligó para la construcción de su estanque al desmantelamiento del pilón y otros elementos ornamentales de la de Neptuno. Por otra parte, puesto que su finalidad era la de facilitar el riego del Paseo de Recoletos, se propuso la desaparición de las otras dos fuentes al objeto de concentrar el agua en la primera para la que finalmente, en 1849, se decidió colocar en su remate la estatua de la Abundancia.
Respecto a las figuras de Mercurio y Neptuno, se colocaron sobre dos pedestales de piedra situados a la entrada del Paseo, mientras que el extremo opuesto del mismo, próximo a Capuchinos, finalizaba con una glorieta y una fila de asientos. En el grabado inferior, que representa un incidente entre estudiantes y cadetes en el Campo Grande podemos ver en el círculo rojo como estarían dispuestas las dos esculturas de los dioses.
Reformas posteriores acometidas en el Campo Grande a partir de 1863 según proyecto de Martín Saracíbar aconsejaron el traslado o la desaparición de la única fuente del Paseo la cual, debido a estas remodelaciones, había quedado en el centro de una de las calles.
Con la llegada del Carnaval de 1878, festejo tradicional desarrollado en el Campo Grande, tuvieron lugar diversas obras de reforma y sustitución del arbolado de los antiguos salones. Se quitaron entonces las estatuas de Mercurio y de Neptuno de la entrada del Salón principal, pensando reponerlas una vez finalizadas dichas obras. Sin embargo, la reposición no se llevó a efecto, Mercurio desapareció, mientras que la pista de Neptuno se pierde hasta los años treinta de nuestro siglo, cuando el alcalde D. Federico Santander solicitó autorización para disponer en una pradera cercana al lago del Campo Grande "una estatua hallada en el parque de obras". Señala Fernández del Hoyo que esta estatua, de procedencia italiana, "no es otra a nuestro entender que el Neptuno instalado en 1835 en una de las fuentes del Paseo de Recoletos". Finalmente, la figura del dios sería emplazada dos años más tarde en la zona de los jardines del Campo Grande denominada de "los países bajos", lugar donde se conserva en la actualidad.

BIBLIOGRAFÍA
  • CANO DE GARDOQUI GARCÍA, José Luis: La escultura pública en la ciudad de Valladolid, Universidad de Valladolid, Valladolid, 2000
  • FERNÁNDEZ DEL HOYO, Mª Antonia: Desarrollo urbano y proceso histórico del Campo Grande de Valladolid, Ayuntamiento de Valladolid, Valladolid, 1981

viernes, 27 de enero de 2012

EL PASAJE GUTIÉRREZ. Fusión de Arquitectura, Pintura y Escultura


El Pasaje Gutiérrez, uno de los pocos pasajes comerciales españoles decimonónicos, fue realizado entre 1885 y 1886 por iniciativa del comerciante vallisoletano D. Eusebio Gutiérrez, según planos del arquitecto Jerónimo Ortiz de Urbina, Valladolid se incorporaba plenamente a la corriente iniciada años atrás en París y con importante eco en otras ciudades europeas y españolas: Hamburgo, Nantes, Trieste, Bruselas, Milán, Madrid, Barcelona, Manchester, etc.; corriente divulgadora de espacios destinados al comercio, a modo de galerías cubierta, generalmente protegidas con bóvedas de hierro y cristal que, como pasadizos interiores, ponían en comunicación las calles más frecuentadas, situándose en su interior tiendas, cafés y otros establecimientos públicos a la moda del momento.
 

El pasaje constituye un buen símbolo y un claro precedente de la actividad comercial moderna focalizada hoy día en los grandes centros. Tal espacio arquitectónico fue teorizado en tanto forma simbólica de la modernidad por Benjamin.
Según Zola el pasaje es la "Catedral del comercio moderno", un "edificio sólido y ligero hecho para un pueblo de clientes". Los pasajes comerciales más importantes se comenzaron a construir en Paris, sobresaliendo entre ellos el de los Panoramas (1800), la galería Vivienne, el pasaje de la Ópera (1822) o la de Orleans (1829). Su evolución hacia las grandes superficies de Milán o Bruselas viene marcada por una serie de hechos técnicos: En primer lugar la aparición del hierro fundido permite ampliar las luces de la cubierta. Por otro lado la aparición de la luz de gas, que comenzó a utilizarse en 1817 en el pasaje de los Panoramas.
En España nunca se formaron grandes superficies comerciales, aunque Pascual y Colomer y Aníbal Álvarez construyeron en Madrid el conocido como de la Villa de Madrid en 1840 y poco después, en 1847, el pasaje de Iris.
En el caso del Pasaje Gutiérrez, Ortiz de Urbina fue capaz de incorporar todo aquel conjunto de sugerencias modernas que tal tipo arquitectónico representaba, pues el edificio constituye, en el terreno comercial, la réplica a los deseos de innovación y modernización que en el ámbito de la vivienda el arquitecto Saracíbar comenzó a dar en la Acera de Recoletos. El pasaje se organiza en dos tramos articulados por una rotonda central. Los tramos, traspasadas las crujías corresponden a los edificios de acceso, se transforman en lucernarios continuos resueltos con formas de madera de gran decoración. La rotonda central está cubierta por una cúpula acristalada que soportan ménsulas de hierro colocado. El alzado interior de las calles sigue los ritmos convencionales en este tipo de edificios, esto es, el tratamiento de tal fachada interior como elemento exterior y reforzando tal idea a través de antepechos en las ventanas, fuerte cornisa, luz de gas y el ritmo de pilastras gigantes que permiten organizar la secuencia de los locales comerciales. Por último ha de señalarse el conjunto de temas ornamentales que matizan el espacio, el tratamiento de la luminaria, las esculturas de la rotonda que simbolizan las Estaciones, o el Mercurio, eje de la composición y referente visual del espacio interno.


En el ensanchamiento circular se encuentra la estatua de Mercurio, dios del Comercio, la cual es una bella copia del famoso original del escultor manierista Giambologna. En la peana de la escultura, aparece la inscripción "Val d´Osne", lo que acredita su hechura y fundición francesas. Val d´Osne hace referencia a la población francesa de d´Osne-le-Val en Haute-Marne. Allí Jean-Pierre Victor André abrió en 1836 una fábrica especializada en realización de mobiliario urbano y fuentes decorativas, siendo por lo tanto con toda seguridad el lugar de procedencia de dicho Mercurio. La escultura del Dios, fue víctima de una serie de actos vandálicos a finales de los años 70, siendo retirada por entonces de su emplazamiento.

En los ángulos de la rotonda central, se encuentran cuatro figuras femeninas, alegorías de las Estaciones, en una de las cuales se puede leer otra inscripción, en la cual se lee “M. Gossin; Visseaux” (Sucesores). Finalmente existe otro grupo escultórico, el formado por una pareja de niños portando un reloj. Este último se sitúa en un balconcillo correspondiente al mirador del piso principal de la casa cuya fachada mira a la calle de Fray Luis de León. Dicho conjunto lleva en su pedestal el mismo nombre que aparece en una de las alegorías de las estaciones: “M. Gossin; Visseaux”, lo que reafirma el origen francés de todos estos elementos decorativos.

Las pinturas en cambio no son de origen francés, sino castellano. Fueron realizadas por el pintor Salvador Seijas, nacido en Fuentes de Nava (Palencia), aunque desde muy joven vivió y trabajó en Valladolid. Las cinco pinturas, realizadas al fresco, que decoran los dos brazos del pasaje, se encuadran también dentro de la temática alegórica, representando a la Industria, el Comercio, la Agricultura, la Primavera, y Apolo y las Bellas Artes. Terminar diciendo que Seijas a raíz del éxito que tuvieron dichas pinturas realizaría una exitosa carrera como decorador de techos en el Valladolid de finales de siglo.
La Agricultura
Apolo y las Bellas Artes
La Primavera
La Industria
El Comercio

BIBLIOGRAFÍA
  • CANO DE GARDOQUI GARCÍA, José Luis: La escultura pública en la ciudad de Valladolid, Universidad de Valladolid, Valladolid, 2000
  • DE LA PLAZA SANTIAGO, Francisco Javier: Historia del Arte de Castilla y León 7. Del Neoclasicismo al Modernismo, Ámbito, Valladolid, 1998