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lunes, 31 de julio de 2017

EL BUSTO DE DOLOROSA DE PEDRO DE MENA DEL MONASTERIO DE SAN JOAQUÍN Y SANTA ANA RESTAURADO



Hace unas semanas que regresó al Monasterio de San Joaquín y Santa Ana, en cuyo museo se expone habitualmente, el delicado Busto de Dolorosa realizado hacia el año 1673 por el excelso y prolífico escultor granadino Pedro de Mena. Tras un periodo de ausencia en el que ha estado siendo restaurado en el Centro de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Castilla y León ha regresado por todo lo alto, tal y como si acabara de salir del taller de Mena. Su restauración ha sido excelente y queda patente tanto en la blancura del rostro, otrora ennegrecida, y el azul del manto, como en la reintegración de las lágrimas que había perdido. Desconocemos cómo recaló este busto en el cenobio, y no debió de hacerlo solo puesto que hay testimonios (incluso gráficos) de que antaño existió una Magdalena penitente suya, de tamaño menor que el natural. Es posible que la presencia de la Dolorosa en este convento pudiera tener relación con que sus hijas profesaran en el convento del Císter de Málaga, misma orden a la que pertenece el Monasterio de San Joaquín y Santa Ana. Sea como fuere, esta restauración de una de las obras maestras del museo no es sino un acicate más para visitar el museo, ese gran desconocido.

Antes y después de la restauración
El busto, realizado en madera policromada es un dechado de virtuosismo y delicadeza. No es una locura señalar que, junto al conservado en Alba de Tormes, se encuentra entre los bustos más valiosos de la extensa serie de Dolorosas y Ecce Homos que talló. El busto es de tamaño natural, tiene las manos firmemente unidas entre sí para comunicar su angustia y sus labios separados dan la impresión de estar emitiendo un lamento. Las delgadísimas piezas de madera que conforman su tocado azul y el velo interno hecho de lienzo enyesado sobre la madera protegen y enmarcan su rostro. Vista desde atrás o desde un lado, esta tela azul exterior produce formas simples y abstractas y oculta completamente el rostro.
En sus últimos años de trabajo Mena ya se había consagrado como uno de los escultores más brillantes de su época, y encontró en los bustos de Ecce Homo y Dolorosa una temática que suscitó enorme devoción. A esta iconografía responden la mayoría de las obras que, en su taller, se realizaron para exportar a los más diversos puntos de la geografía española, llegando incluso hasta México y Austria. Aunque estos bustos suelen ir en pareja no es extraño verlas también por separado. Señala Lázaro Gila Medina que este tipo de bustos de la Virgen Dolorosa se dan por primera vez en la escuela de Granada con Pedro de Mena. Bien la Dolorosa sola o acompañada por la figura del Ecce Homo, con antecedentes éste en las creaciones de los Hermanos García, son obras muy repetidas, con no grandes variantes, que se encuentran repartidas en nuestra geografía y que se dan también en la escuela castellana. Asimismo, Gila piensa que un antecedente de los bustos de Dolorosa puede hallarse en la perdida talla de la Soledad del antiguo convento de la Victoria de Madrid que encargó en 1562 la reina Isabel de Valois a Gaspar Becerra.

Asevera Gila Medina que la producción de bustos de Dolorosa de Mena se puede dividir en tres grupos: el busto corto, que ofrece sólo la cabeza hasta el inicio del tórax, concentrando en el rostro todos sus valores expresivos; el de medio cuerpo, sin duda el más frecuente de todos, donde la figura se corta a la altura del pecho, apareciendo con los brazos completos, con las manos superpuestas la una a la otra, como el ejemplar de la iglesia de la Victoria de Málaga, o con los dedos entrelazados como el de la catedral de Cuenca, o como se ha señalado, con un brazo extendido mientras se lleva el otro al pecho, como el del Museo de Bellas Artes de Granada, al que incluso se le añade por delante el susodicho sudario con la corona y los tres clavos, cuyo verismo es tal que parecen verdaderas piezas metálicas, cuando son de madera; y el busto prolongado o torso entero, el más completo, pues aparece cortado por debajo de las caderas, ofreciendo la posición de los brazos las mismas posibilidades que el segundo y el complemento delantero del sudario. El presente busto de San Joaquín y Santa Ana, que pertenece a la tipología de medio cuerpo, se halla cercano al conservado en el madrileño convento de Don Juan de Alarcón si bien este último se haya emparejado con un magnífico Ecce Homo.

Estos bustos fueron concebidos como imágenes de devoción destinados a oratorios privados o capillas particulares en los que el comitente meditaría acerca de la pasión de Cristo a través de su interrelación con la pieza escultórica. Esta visión tan directa y cercana conllevó a que el escultor debía de poner el máximo empeño y realismo en la talla, por lo que además de realizar un apuradísimo estudio anatómico y de las calidades, incluyó una serie de postizos que le dieran aún más verismo y dramatismo: pestañas naturales, ojos de pasta vítrea, dientes de marfil, lágrimas traslúcidas…
En todos ellos sigue la misma tipología: la Virgen se encuentra envuelta por un manto azul y velo blanco, que dejan al descubierto una pequeña parte de la melena dividida por raya al medio, y el borde de la túnica carmín. Cuello alto, cabeza levemente ladeada y boca pequeña. Esta gran proliferación de bustos obligó a Mena a controlar las piezas que salían del obrador, a fin de introducir pequeñas variantes que les dotara de alguna singularidad; y lo logró, puesto que de los muchos ejemplares que conocemos, no hay dos iguales. Sin embargo, hay que señalar que la mayor o menor presencia de la mano del maestro se encuentra en función de la importancia social del comitente.

BIBLIOGRAFÍA
  • BRAY, Xavier: “21ª y 21b. Pedro de Mena. La Dolorosa”. En BRAY, Xavier: Lo sagrado hecho real. Pintura y escultura española 1600-1700, Ministerio de Cultura, Madrid, 2010.
  • GILA MEDINA, Lázaro: Pedro de Mena escultor: 1628-1688, Arco Libros, Madrid, 2007.
  • VV.AA.: Pedro de Mena y Castilla (Catálogo de exposición), Ministerio de Cultura, Valladolid, 1989.

sábado, 22 de julio de 2017

EXPOSICIÓN: GUERNICA DE PICASSO. Los dibujos preparatorios de Pablo Picasso para el Guernica


26 de abril de 1937, la Legión Condor italiana al mando del teniente coronel Wolfram von Richthofen (primo del archiconocido aviador alemán Manfred von Richthofen “El Barón Rojo”) bombardea sin piedad la pequeña localidad vizcaína de Guernica. Este bombardeo, que se conoció como “Operación Rügen” marcaría el destino de Guernica, que desde entonces se convertiría en un símbolo de los desastres de la guerra y además entraría, muy a su pesar (debido a que el bombardeo incendió y destruyó buena parte de la población, y además murieron entre 120-300 personas), en la historia del arte gracias al mayor genio que haya visto el siglo XX: Pablo Picasso.
 
La presente exposición, celebrada en la Casa Revilla, muestra la serie de 42 dibujos preparatorios que diseñó Picasso para la ejecución del Guernica. Con el tiempo estos estudios preparatorios, que se editaron en tres tipos de papel, se realizaron en 31 paspartús encerrados en un estuche. Esta edición realizada en Austria y Casariego en España mereció el premio facilitado por el Miniasterio de Cultura al Libro Mejor Editado en el año 1990 en su modalidad de Bibliofilia y Facsímiles. La exposición permanecerá abierta hasta el 20 de agosto.
Guernica no era una población cualquiera ya que era el símbolo de los fueros vascos. Antes del ataque poseía una población de unas 5000 personas, a las que habría que añadir un gran número de tropas, que se retiraban para preparar la defensa de Bilbao, y refugiados que huían del avance de las tropas franquistas. El 70% de los edificios de la ciudad fue totalmente destruido por el incendio, el cual duró hasta el día siguiente; y el 20% gravemente dañados. Tras visitar Guernica, Von Richthofen la describió de la siguiente manera: “Guernica, villa de 5.000 habitantes, ha sido literalmente asolada (...). Las bombas de 250 kilos derribaron buen número de casas y destruyeron las cañerías. Las bombas incendiarias tenían ahora tiempo para desplegar su eficacia. Las casas estaban construidas con cubiertas de teja, galerías de madera y entramado del mismo material, por lo que fueron completamente aniquiladas (...). Aún se ven hoyos de bombas totalmente increíbles (...). Así pues, sólo un completo éxito técnico de nuestras bombas de 250 y de las EC.B.1”. Por fortuna, los monumentos históricos como la Casa de Juntas (histórico lugar de reunión de las asambleas que regían Vizcaya y sede de su archivo histórico) y el anexo Árbol de Guernica, símbolo ancestral del pueblo vasco, no fueron afectados por el bombardeo. El cercano puente que se afirmó luego era el objetivo, quedó intacto. Dos días después del bombardeo, el 28 de abril, las tropas fascistas golpistas entraban en la villa foral, tomando el control de la misma y quemando los archivos que hallaron en la iglesia de Santa María, imposibilitando así el recuento final de las víctimas.
 
Guernica tras el bombardeo
A principios de enero de 1937, en su domicilio de la parisina rue la Boëtie, Picasso recibió la visita de una delegación española formada por el director general de Bellas Artes Josep Renau (famoso cartelista durante la Guerra Civil, y asimismo quien unos meses antes había nombrado a Picasso director honorario del Museo del Prado, cargo del que no llegaría a tomar posesión), el arquitecto Luis Lacasa, y los escritores Juan Larrea, Max Aub y José Bergamín. El propósito de los visitantes era solicitar a Picasso su colaboración para el pabellón de España en la Exposición Internacional de París de ese mismo año.  El objetivo era demostrar al mundo que la República representaba legítimamente al pueblo español. Aunque ya en 1936, al estallar la Guerra Civil, Picasso se había posicionado abiertamente a favor del bando republicano, nunca había aceptado ningún encargo de este tipo. De hecho, en un primer momento, el pintor se mostró un tanto renuente a crear una obra de gran formato. Sin embargo, el 8 de enero de 1937 fechó la primera lámina de su serie de aguafuertes Sueño y mentira de Franco, de la que se hizo una edición limitada de 1000 ejemplares destinados a ser vendidos en la exposición: los beneficios obtenidos se destinarían íntegros a la causa republicana. Se supone que Picasso creó estos grabados a iniciativa propia, al margen del encargo del gobierno español. La segunda y última plancha la inició al día siguiente, 9 de enero, pero no la concluyó hasta el 7 de junio, después de la creación del Guernica.
 
Distintas vistas del pabellón de la República Española en la Exposición Internacional de París
El encargo que le hizo a Picasso el Gobierno español, una pintura mural que cubriera un espacio de 11x4 metros, fue demorado por el pintor varios meses. Por entonces, Picasso tenía una complicada situación personal, dividido entre tres mujeres: su esposa, Olga; su antigua amante, Marie-Thérèse, madre de su hija Maya, y su amante más reciente, Dora Maar. Las enormes dimensiones del cuadro le impidieron el poder realizarlo en su taller habitual. Fue gracias a su amante, la fotógrafa Dora Maar, como consiguió un taller en el nº 7 de la rue des Grandes Augustins; Picasso lo alquiló y empleó su amplio ático como estudio. El edificio tenía una curiosa historia. Allí había situado Balzar el estudio del pintor protagonista de su novela La obra maestra desconocida, que, por cierto, Picasso había ilustrado en 1927.
Según señaló Joseph Lluís Sert, el arquitecto que diseñó el pabellón español de la Exposición Internacional de París: A Picasso se le pagaron, como a todos, sólo los colores, las telas, los bastidores, los marcos, el transporte, cantidades mínimas. El trabajo en sí fue un regalo, se hizo como un donativo del artista, porque todos se habían ofrecido a colaborar con la República”. Se sabe, sin embargo, que tras un primer pago de 50 000 francos, Picasso recibió de la República española un segundo pago de 150 000 francos en concepto de gastos. Una nota firmada por Max Aub, fechada el 28 de mayo de 1937 y dirigida al embajador Luis Araquistáin, acredita este pago. Según dicha nota, el pintor se negaba a aceptar cifra alguna, y el pago que finalmente se le dio tiene un carácter exclusivamente simbólico, destinado a cubrir los gastos de Picasso.
 
Siendo Picasso una persona pacifista y comprometida con la difusión de valores humanistas, este brutal acontecimiento (26 de abril de 1937) le marcó profundamente y decidió tomarlo como referencia para desarrollar el mural que le habían encargado en el mes de enero, ya que aún no tenía claro el tema para el cuadro. Tal es así que los bocetos que realizó los días 18 y 19 de abril revelan que Picasso no había encontrado todavía la inspiración para su obra, a pesar de la inminente inauguración de la Exposición Internacional. Dichos bocetos, que tienen como tema El taller: el pintor y su modelo, prefiguran el Guernica únicamente en cuanto a la forma rectangular de la composición, aunque se ha señalado también que la figura del pintor con el brazo extendido guarda cierta semejanza con la de la mujer que alarga el brazo con el quinqué en el Guernica. No obstante, no aparece en estos esbozos ninguno de los elementos iconográficos del futuro cuadro. En uno de los bocetos hay incluso alguna clara alusión política (la hoz y el martillo), que no estará ya presente en el Guernica.
 
Distintos bocetos del Guernica. Fotografías obtenidas de http://www.museoreinasofia.es
No fue hasta el 1 de mayo de ese mismo año cuando Picasso diseñó los primeros esbozos de su cuadro. Por suerte conocemos el proceso de creación de la obra gracias a sus dibujos y a las fotografías que tomó Dora Maar. Según Van Hensbergen, todo este material puede constituir “el ejemplo mejor documentado del progreso de una obra en toda la historia del arte”. Desde los primeros bocetos irán figurando ya los personajes más emblemáticos del cuadro. En el primero aparecen ya los personajes principales del Guernica:el toro, la mujer con la luz, el guerrero derribado en el suelo y el caballo. En el segundo, encima del toro aparece un caballito alado que no estará presente finalmente en el cuadro. La figura de la madre con el niño muerto en brazos aparece por primera vez en un dibujo fechado el día 8 de mayo.
 
Distintos bocetos del Guernica. Fotografías obtenidas de http://www.museoreinasofia.es
El artista, que comenzó a trabajar directamente sobre el lienzo el día 11 de mayo, tuvo verdaderos problemas para su plasmación ya que la tela era tan grande que apenas cabía en el estudio; de hecho, por este motivo, y dado que estaba destinado a ir pegado a un muro, Picasso utilizó pintura vinílica Ripolín mate, de uso industrial. A instancias del propio Picasso, Dora Maar realizó un total de siete fotografías, cada una de las cuales muestra el lienzo en un estadio diferente de su ejecución. Gracias a las fotografías, los críticos han considerado que la obra se elaboró en seis fases. Valeriano Bozal ha observado que durante las tres primeras fases predomina un sentido narrativo de la composición, “reforzado por la forma rectangular de la obra, por su horizontalidad. En la cuarta fase, según Bozal, se introdujeron dos elementos novedosos: por una parte, el cuerpo del toro, que antes estaba a la derecha de su cabeza, se situó a su izquierda, con lo cual quedaba violentamente torcido; por otra, se destacó en el centro la figura del caballo.  En las siguientes fases, el trabajo de Picasso se centró en las figuras del guerrero caído y de la mujer de la derecha. En la última fase, Picasso rellenó el caballo con pequeños trazos y la falda de la madre con rayas verticales, dibujó una cuadrícula en el suelo y terminó de pintar la zona de la lámpara. El genio concluyó su “obra maestra” el 4 de junio de 1937.
 
Las distintas fases del Guernica retratadas por Dora Maar
El Guernica es un óleo sobre lienzo gigantesco (350 x 780 cm) que pesar de su título, y de las circunstancias en que fue realizado, no contiene ninguna referencia concreta al bombardeo de Guernica ni a la Guerra Civil. Es por ello que se trata de un cuadro simbólico, y no narrativo. Únicamente está pintado utilizando los colores blanco y negro, y una gran variedad de grises. La estructura es semejante a la de un tríptico, cuyo panel central está ocupado por el caballo agonizante y la mujer portadora de la lámpara. Los laterales serían, a la derecha, la casa en llamas con la mujer gritando, y, a la izquierda, el toro y la mujer con su hijo muerto. El del tríptico no es, sin embargo, el único principio de ordenación espacial presente en el Guernica. Las figuras están organizadas en triángulos, de los cuales el más importante es el central, que tiene como base el cuerpo del guerrero muerto, y como vértice la lámpara. En el cuadro aparecen representados doce símbolos: seis seres humanos y tres animales (toro, caballo y paloma).
Durante la segunda quince del mes de junio el Guernica fue trasladado al pabellón español, si bien la instalación no se abrió al público hasta el 12 de julio, una fecha muy tardía ya que la Exposición Internacional se había inaugurado el 24 de mayo. El diseño del pabellón español se debió a los arquitectos Josep Lluís Sert y Luis Lacasa; y en el expusieron sus obras artistas tan destacados como Joan Miró, Alberto Sánchez, José Gutiérrez Solana, Aurelio Arteta, Emiliano Barral o Francisco Pérez Mateo. Picasso, además del Guernica, expuso también Cabeza de mujer. El Guernica se encontraba en el atrio del pabellón, junto con la escultura Fuente de Mercurio, de Alexander Calder. En un mostrador próximo se ofrecieron en venta los grabados de Sueño y mentira de Franco, en dos tirajes de diferente precio: 850 ejemplares con firma matasellada de Picasso (a 200 francos) y 150 más exclusivos, impresos en papel chine collé y firmados a lápiz por el artista (500 francos la carpeta).
 
Llegada a España del Guernica y su posterior desembalaje. Fotografías tomadas de http://picassomitologico.blogspot.com.es/2010/09/i-llegada-del-guernica-espana.html
Tras la Exposición Internacional de París el Guernica comenzaría un periplo por todo el mundo que duraría casi medio siglo. Así, en 1938, el marchante de arte Paul Rosenberg organizó una exposición itinerante con obras de Picasso y otros artistas (entre ellos Matisse y Braque), cuya principal atracción fue el Guernica, y que se exhibió en las Oslo, Copenhague, Estocolmo y Gotemburgo entre enero y abril de dicho año. A finales de septiembre el cuadro viajó al Reino Unido, con el objetivo de recaudar fondos para el National Joint Commitee for Spanish Relief (Comité de Ayuda a los Refugiados Españoles) de Londres. Entre los últimos meses de 1938 y enero de 1939 pudo ser admirado en Londres, Leeds, Liverpool y Manchester. En particular, la exposición de la obra en la galería de arte Whitechapel de Londres tuvo un gran éxito de público, y contribuyó en gran medida a sensibilizar a la opinión pública británica sobre la situación española. Finalizada la “gira” europea y dado que en España se había instaurado una dictadura militar fascista, y además en Europa se estaba librando la II Guerra Mundial, Picasso optó por que el cuadro fuese custodiado por el Museum of Modern Art de Nueva York (MoMA), aunque expresó su voluntad de que fuera devuelto a España cuando el país retomara la democracia. Desde allí siguió participando en numerosas exposiciones, lo que poco a poco fue deteriorando la obra ya que cada vez que se trasladaba la tela debía ser enrollada y montada en un nuevo bastidor. Fue expuesta en el Art Institute de Chicago en 1940, en el Museo de Arte de Columbus en 1941, y en el Fogg Art Museum de Cambridge en 1942. En 1953 formó parte de una gran exposición dedicada a Picasso en el Palacio Real de Milán y en diciembre del mismo año fue llevada a la Bienal de Sao Paulo, y en 1955 participó de una retrospectiva de su autor que itineró por diversos museos de Alemania, Bélgica, Dinamarca y Países Bajos. Entre 1957 y 1958 formó parte de la exposición 75 Aniversario de Picasso en el MoMA, posteriormente expuesta en Chicago y Filadelfia. A partir de 1958 permaneció en el MoMA hasta su traslado definitivo a España en 1981. Primeramente se expuso en el Casón del Buen Retiro, y posteriormente, desde 1992, en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofia, en donde se encuentra en exhibición permanente y con la prohibición de realizarle fotos. Junto al lienzo se hallan 45 bocetos en papel y lienzo, muchos de ellos preparatorios y otros creados como variaciones tras la conclusión del cuadro. A día de hoy todavía existe una pugna entre el Museo del Prado y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía sobre a quién pertenece el cuadro.
 
El Guernica en la actualidad en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofia

BIBLIOGRAFÍA
  • Wikipedia