martes, 24 de noviembre de 2020

La Capilla de los Gaitán en la iglesia de San Pedro de Tordesillas. Un espacio privado para la devoción barroca

 

Tordesillas, la bella localidad bañada por el Padre Duero es hoy nuestro destino de hoy. Antes de entrar en harina quiero aprovechar para dedicarle este artículo a la Historiadora del Arte Juliana Gómez, a quien tengo que dar las gracias por haberme proporcionado las fotografías del exterior de la capilla que vamos a tratar a continuación. También señalar que con este artículo quiero celebrar el comienzo de la semana del #OrgulloBarroco, iniaciativa impulsada en Twitter por @cipripedia have varios años para dar a conocer y valorar el anteriormente desnostado arte Barroco; la fecha elegida fue la del nacimieto de Gian Lorenzo Bernini (7 de diciembre), cénit del Barroco, por lo que me he adelantado unos días. Allá vamos. Nos situamos en la Plaza Mayor de la villa y tomamos la calle de San Pedro hasta desembocar en la iglesia del mismo nombre. Entramos en ella y nos dirigimos hacia la cabecera del templo, allí a la derecha observamos una capilla privada con los accesos en forma arcos de medio punto cerrados por ricas rejas hierro forjado y en parte doradas. Efectivamente, uno de los accesos se realiza por la nave de la Epístola mientras que la otra da directamente a la capilla mayor.

Este pequeño espacio es un magnífico ejemplar barroco del patrocinio de un personaje relevante de la villa, el cual por fortuna se conserva en un estado bastante bueno. Su fundador fue don Andrés Juan Gaitán Reguilón, inquisidor que fue de la ciudad de los Reyes, en el Perú, obispo electo de Quito, y miembro del Consejo de Su Majestad. En el testamento -redactado en la ciudad de los Reyes el 30 de julio de 1651, y que posteriormente fue modificado por el codicilio otorgado en la misma ciudad el 10 de septiembre de dicho año- ordenaba ser sepultado en su villa natal, Tordesillas, “en el arco y entierro que tengo en la iglesia mayor de Santa María o en capilla si le hubiere fundado, como tengo intención de hacerlo”. En el caso de fallecer en Panamá -como así ocurrió el 13 de noviembre de 1651 cuando se disponía a regresar a España- su cuerpo se debería depositar de forma provisional en el Convento de Nuestra Señora de las Mercedes, para su ulterior traslado a España.

Al llegar el cuerpo a España es previsible que, según sus deseos, su cuerpo fuera sepultado en el referido sepulcro de la iglesia de Santa María puesto que por entonces aún no se había comenzado a fabricar su capilla privada en la de San Pedro. La primera noticia acerca de su construcción data del 20 de julio de 1673 en que los dirigentes de la fundación que dejó instituida don Juan Andrés Gaitán ordenaron que “se haga y fabrique dicha capilla en la iglesia de San Pedro que está junto al altar mayor de dicha capilla”. A pesar de que en un primer momento se pensó en levantarla en el lado opuesto del templo, es decir, en el del Evangelio, finalmente se erigió en el de la Epístola entre el muro de la torre y un contrafuerte de la cabecera, teniendo entrada desde la capilla mayor y también desde la propia nave de la Epístola, como ya hemos señalado.

A comienzos de 1674 el arquitecto Juan Tejedor Lozano confeccionó tanto la planta como las condiciones bajo las cuales debía de construirse la capilla, en la cual se utilizaría buena piedra de sillería de las canteras de Berceruelo para el exterior y mampostería para el interior. Además, en los rincones de la capilla se dispondrían pilares de ladrillo para sostener los arcos torales sobre los que se elevaría la cúpula. El tejado remata en un chapitel de pizarra con linterna al modo de la Corte, con una aguja empizarrada y emplomada y alumbrada por ocho ventanas. Por su parte, las bóvedas del camarín, sacristía y coro se cerrarían con ladrillo. Ya en el interior de la capilla, el suelo se fabricaría con pizarra negra y piedra blanca; pero sacristía, presbiterio, coro y camarín se solarían con ladrillo “raspado y cortado”. Tejedor Lozano, que se comprometió a fabricar la capilla según las referidas traza y condiciones diseñadas por él mismo por 76.000 reales, no fue el único maestro que realizó traza y condiciones. También lo hicieron el maestro de cantería Gabriel Alvarado, que se ofreció a fabricar la capilla por 46.000 reales, y el gran arquitecto barroco Felipe Berrojo. Tras un arbitraje en el que examinaron los respectivos planos, el 14 de febrero de 1674 compareció el arquitecto Nicolás Bueno, manifestando que “le parecía que la planta y alzado hecha por el maestro Juan de Tejedor Lozano era la más a propósito”.

Quedaban por lo tanto elegidas las traza y condiciones diseñadas por Tejedor Lozano pero aún habría de salir la obra a subasta y ver quién se llevaba el gato al agua para su construcción. Concurrieron varios maestros que hicieron algunas bajas puesto que finalmente se adjudicó la edificación en Tejedor Lozano por 60.000 reales. Para los que no lo sepáis, en este tipo de obras, tanto arquitectónicas como de retablos, se solía sacar la obra a subasta y se la quedaba el maestro que menor precio ofertara, dándose la circunstancia de que en ocasiones el referido maestro podía no llegar a tener ningún beneficio monetario. Un año y medio después de comenzar su construcción se dio por acabada puesto que el 11 de noviembre de 1676 se declaró que los maestros encargados de realizar la vista de ojos “dieron por buena, fuerte y permanente y segura y declararon haber cumplido el dicho Juan Tejedor con lo que era obligado”.

Los huecos de las ventanas (la grande de la capilla, cuarto de la sacristía, la del camarín, la de la buhardilla y ocho de la linterna) se cerraron con una serie de vidrieras elaboradas por el maestro "antojero" Toribio Fernández de Lamadrid, percibiendo seis reales por cada palmo. La obra suponía el armazón de la ventana, más una red de filamentos de hierro, es decir, una especie de tela metálica, para la protección de los vidrios. Por su parte Isidro Felipe realizó entre 1677-1681 las rejas de las ventanas y las dos que cerraban los accesos a la capilla siguiendo sus propias condiciones y las trazas que para su construcción había diseñado el notable ensamblador vallisoletano Pedro de Cea (“y me obligo a cumplir las condiciones por mí hechas y fabricar dichas rejas como demuestra las trazas hechas por Pedro de Cea”). Por fortuna se conservan las trazas de las rejas de las dos portadas de acceso, siendo algo realmente extraordinario puesto que no abundan. Martín González señala que se trata de “dos preciosas trazas, en color, firmadas por Pedro de Cea. Dichas rejas están fabricadas con balaustres de hierro, cerrándose la parte superior con medio punto, como es frecuente en la época barroca”. El resto de las rejas (las de las ventanas, cuatro del coro y sacristía, la grande de la capilla y la del camarín) adquieren un formato cuadrado y los barrotes parecen sujetos por barras horizontales. Cuando en 1683 se practicó la “vista de ojos” de la obra de rejería se manifiesta que la reja que sale a la capilla mayor está ejecutada “conforme a arte”, aunque aprecian ciertos defectos, entre ellos el que “los botones de los balaustres no están emparejados unos con otros”.

Señala Martín González que “la reja que sale a la capilla mayor muy oportunamente sobresale y rebasa del hueco, a manera de jaula, con lo cual acentúa la presencia de la capilla. La cerradura se decora con venera. El entablamento es de madera y encima hay un penacho, en el que figuran, por el haz y el envés, las armas de la familia (espada, palma, lobos subiendo a un árbol, dos llaves cruzadas y jaquetes). El cierre en medio punto se hace con balaustres completos y otros que terminan en punta. Jugosa talla cactiforme adorna el entablamento. La reja que da a la nave lateral es de menor tamaño. Muestra un basamento de adornos ondulados de sección cuadrada. A los extremos figuran barrotes de mayor grosor, montados sobre basas de sección cuadrada. La cerraja se adorna con labor calada. El friso muestra en el centro una tarjeta, el penacho lleva las armas de la familia, cobijadas por yelmo y lambrequines. El medio punto se decora con motivos de ces y eses, según el dibujo del maestro. Las dos son bellas muestras de la rejería barroca, con esa expresión de robustez que es peculiar”.

Los tres volúmenes que conforman la sacristía, capilla y camarín están manifiestamente diferenciados en planta y alzado. La capilla aprovecha el espacio que queda en el lado de la epístola, junto a la capilla mayor; incluso el contrafuerte de la esquina se integra en el plano de la capilla, para unir el espacio con el camarín. El bloque de la sacristía sobresale en el lado de la epístola. El alzado muestra un tipo de capilla muy conservador. Sobre los cuatro arcos torales descansa la media naranja, que recibe un tejado a cuatro vertientes. En las pechinas figuran escudos en relieve envueltos en rameados de yeso muy profusos. La cúpula presenta primeramente un anillo; el espacio de aquélla se divide en gajos, decorados con subientes y ramilletes de yeso pintado, encerrados dentro de campos geométricos.

La capilla se encuentra presidida por un retablo ejecutado por el ensamblador Pedro de Cea, autor, como ya hemos visto, de las trazas de las referidas rejas de acceso a la capilla. El retablo, que se adapta a la forma cóncava de la cabecera de la capilla -la cual, por su parte, se halla perforada para disponer un camarín- consta de un estrecho banco, un único cuerpo con tres calles y un ático en forma de cascarón. En el banco encuentran asiento sendos relieves dispuestos bajo las calles laterales efigiando a los Evangelistas San Mateo y San Marcos, mientras que la parte central la ocupa un tabernáculo del momento decorado con los relieves de "el pelícano, el cordero con el libro, su bandera, los siete sellos y la fe". El cuerpo central se encuentra escalonado en profundidad desde las columnas de los extremos, que sobresalen en demasía, hasta las dos que flanquean la hornacina principal que hayan retranqueadas con respecto a aquéllas. Todas las columnas son salomónicas adornadas con sus vides y uvas. En las calles laterales figuran las efigies de San Juan Evangelista y San Lucas mientras que la central la preside la Virgen del Carmen. El cerramiento, en forma de cascarón, es una prolongación de los elementos del cuerpo principal hasta converger en una tarjeta vegetal de formas intrincadas. Preside el cascarón un relieve de San Andrés, santo patrón del patrono de la capilla, que se encuentra acompañado de seis ángeles que asientan sobre otros tantos trozos de entablamentos dispuestos en la vertical de las columnas del cuerpo. Salvo la imagen de la Virgen del Carmen, atribuida al gran escultor riosecano Tomás de Sierra, el resto de esculturas son de una calidad muy discreta y se asignan al escultor vallisoletano Pedro Salvador “el joven”, maestro que firmó como fiador en el contrato realizado por Cea para la fabricación del retablo.

 

Del dorado del retablo y de las rejas se ocupó el pintor y estofador Juan Mirón Fernández, autor asimismo de la policromía de las paredes interiores de la capilla, tarea que llevó a cabo entre 1689-1691. Las paredes se encuentran profusamente decoradas, a base de tonos rojos y verdes, con un cierto horror vacui a base de motivos florales (rosas, tulipanes, voluminosos rameados, etc.), columnas salomónicas "fingidas", hombres portando cestas o niños con símbolos de los dones de la Virgen. En el hueco que da acceso a la capilla mayor se representan el sol y la luna, y encima la Asunción. Todo ello nos deja bien a las claras que la iconografía de la capilla es predominantemente mariana.

El otro elemento que llama la atención, además del retablo, es un nicho abierto en la pared derecha que acoge los bultos orantes de dos religiosos -el fundador de la capilla y otro-, como así nos lo indican las dos mitras situadas sobre el reclinatorio. Aunque parezca mentira, tratándose como se trata esta capilla de un espacio funerario en memoria de su fundador, no se tuvo al comienzo de su construcción pensado realizar un nicho funerario. Bien es verdad que durante el Barroco esta serie de monumentos fúnebres ya no estuvieron tan en boga como en siglos precedentes. Por si fuera poco, la historia de su construcción es un tanto accidentada y curiosa puesto que su elaboración no partió de un escultor o un arquitecto como sería normal sino que su origen lo encontramos en las bajas realizadas durante la subasta de la policromía del retablo, rejas y capillas puesto que el ya citado Juan Mirón sí deseaba alzarse con la victoria en ella tuvo que ofrecerse a "hacer un nicho en dicha capilla y poner dos bultos de piedra, efigies del fundador de ella, que ha de tener de coste más de seis mil reales, y además de él, a instancias de dicho patrón, ha hecho otras muchas mejoras en toda ella, que importan más de quinientos ducados".

Obligado por las circunstancias, Juan Mirón subarrendó la obra, totalmente ajena a su oficio, al maestro arquitecto Francisco Castander, que elaboró una traza y condiciones para ejecutar el nicho sepulcral. Se decidió abrir debajo de la ventana de la calle, frente a la reja de la capilla mayor. Toda la obra, tanto el nicho como los bultos, se fabricaría en piedra, corriendo Castander con la parte arquitectónica y subarrendando, a su vez, las esculturas a un maestro de dicho oficio.

En el interior se pondrían los bultos de los patronos, con los sitiales y las mitras episcopales. Obligado por las circunstancias, Juan Mirón se serviría de Castander para realizar una obra totalmente ajena a su oficio. Por lo tanto Castander se ocuparía de la parte arquitectónica pero a su vez subarrendaría las dos esculturas a un maestro del dicho oficio. Se trata de un nicho sepulcral de medio punto, flanqueado por pilastras decoradas con subientes y rematadas en bolas herrerianas. En su interior acoge las estatuas orantes en piedra caliza de los patronos de la capilla, don Alonso Reguilón Gaitán y don Andrés Juan Gaitán, según puede leerse en las lápidas que figuran al pie del nicho: "EL SEÑOR LICENCIADO DON ALONSO REGUILON GAITAN DEL CONSEJO DE SU MAJESTAD, EN EL DE LA SANTA INQUISICION, ELECTO OBISPO DE SALAMANCA. MURIO EN 2 DE AGOSTO DE 1605. DOTO Y FUNDO CAPILLA Y ENTIERRO EN LA PARROQUIA DE SAN MARTIN DE ESTA VILLA DE TORDESILLAS, DONDE ERA BENEFICIADO DE PRESTE: REQUIESCAT IN PACE. AMEN". "EL SEÑOR LICENCIADO DON ANDRES JUAN GAITAN, NATURAL DE ESTA VILLA DE TORDESILLAS, BENEFICIADO DE PRESTE DE LA PARROQUIAL DE SAN MIGUEL, INQUISIDOR DE LA CIUDAD DE LOS REYES, EN EL REINO DEL PERU, DEL CONSEJO DE SU MAJESTAD EN LA SUPREMA Y GENERAL INQUISICION. MURIO EN LA CIUDAD DE PANAMA, OBISPO ELECTO DE QUITO, EN LE DICHO REINO DEL PERU, EN 13 DE NOVIEMBRE DE 1651. DOTO Y FUNDO ESTA CAPILLA, CAPELLANIAS, MEMORIAS, LIMOSNAS Y OBRAS PIAS Y LIBERTO A ESTA VILLA DE LA PAGA DEL SERVICIO REAL, FURCIONES Y MARTINIEGA QUE EL ESTADO GENERAL DE ELLA PAGABA. REQUIESCAT IN PACE. AMEN". Ambos serían parientes, aunque desconocemos el grado, y figuran representados de rodillas, sobre almohada, frente a un reclinatorio sobre el que se posan dos mitras episcopales. Visten sencilla ropa talar tallada de una forma muy sumaria. Se trata de dos piezas muy mediocres y arcaizantes que presentan los pliegues rígidos quebrados típicos de los seguidores de Gregorio Fernández.

 

BIBLIOGRAFÍA

ARA GIL, Clementina Julia y PARRADO DEL OLMO, Jesús María: Catálogo Monumental de la provincia de Valladolid. Tomo XI. Antiguo partido judicial de Tordesillas, Diputación de Valladolid, Valladolid, 1980.

MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José: “La capilla de los Gaitán, en Tordesillas”, Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología, Nº 39, 1973, pp. 225-244.