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viernes, 10 de septiembre de 2021

El Monasterio de la Concepción II: El Museo Memorial de Sor Ángeles Sorazu

 

En el artículo anterior tratamos acerca del Monasterio de la Concepción en su faceta monumental y artística. En esta ocasión, en el segundo artículo dedicado al cenobio, nos vamos a centrar en el Museo Memorial de Sor Ángeles Sorazu (1873-1921), religiosa mística y abadesa que fue del monasterio, que inauguró el Cardenal Arzobispo de Valladolid don Ricardo Blázquez, y del que he tenido el honor de ser su comisario.

SANTIAGO BELLIDO. Sor Ángeles Sorazu (2019)

El museo se estructura en cuatro capítulos. En el primero de ellos se habla acerca del patrimonio y de la historia del monasterio, que viene a ser lo que ya hablamos en el anterior artículo. Sin embargo hay una serie de piezas que merecen resaltarse como un fantástico Busto de Ecce Homo, de progenie fernandesca, de mediados del siglo XVII; un Crucificado de comienzos del siglo XVII, un San José y una Virgen de vestir de la misma centuria, una caja de votaciones conventual en la que los votos positivos se emitian introduciendo una alubia blanca y el voto negativo con una alubia negra, un Rosario del siglo XVIII, o una serie de monedas desde la época de Carlos IV.

ANÓNIMO. Busto de Ecce Homo (Hacia 1650-1675)
ANÓNIMO. San Francisco en oración (Siglo XVII)
Caja de votaciones y monedas
ANÓNIMO. Inmaculada Concepción "La Prelada" (Segundo cuarto del siglo XVII)
ANÓNIMO CASTELLANO. Virgen con el Niño (Segundo cuarto del siglo XVI)

De ahí se pasa al segundo capítulo, en el cual se aborda la figura de Sor Ángeles Sorazu desde el punto de vista biográfico. Las primeras fotografías que nos encontramos retratan a la propia religiosa, a sus familiares, a Zumaya -su localidad natal-, al colegio al que asistió y a la fábrica de boinas “Elósegui” de Tolosa en la que trabajó antes de consagrarse a la vida religiosa. No falta tampoco un retrato al óleo de Sor Presentación, que por entonces era la vicaria del monasterio.

Asimismo, se exponen cuatro pinturas y dibujos a carboncillo que efigian a la propia Sor Ángeles Sorazu de diferentes formas. Los dos dibujos seguramente fueron hechos poco después del fallecimiento de la religiosa: uno de ellos es de autor desconocido mientras que el otro está firmado por Cellino Perotti, maestro que fue de nuestra admirada pintora surrealista Ángeles Santos Torroella (1911-2013). Ambos dibujos tienen en común el hecho de no mostrar sus verdaderos rasgos faciales. Por su parte las dos pinturas son obra de artistas actuales: Hugo Pastor nos la presenta en el coro alto mirando arrobada a la “Priora”, mientras que Santiago Bellido la ha concebido rezando en el claustro bajo.

HUGO PASTOR. Sor Ángeles Sorazu en el coro (2020)
CELLINO PEROTTI. Sor Ángeles Sorazu (Década de 1920)

A continuación, podemos observar algunos recuerdos relacionados con la religiosa, como puede ser el que le entregó la comunidad de religiosas en 1917 con motivo de las Bodas de Plata de su profesión. Por entonces era abadesa. De su propia mano son el sombrero que confeccionó para una Divina Pastora desaparecida, un texto autógrafo, y un pequeño collage en el que ha combinado una fotografía de la Virgen Niña con una paloma pintada de su mano y que ha titulado “Divina Infantita”.

Diversos recuerdos de Sor Ángeles

Regresando a su profesión como religiosa, presentamos tanto el libro por el que profesó (Forma y modo de dar la Profesión y hábito a las Novicias de la Purísima Concepción), así como el acta expedida con motivo de su profesión el 24 de septiembre de 1891. Tampoco faltan unas fotografías que nos muestran el aspecto de su modesta celda, con su cama y pupitre. Para finalizar se presentan otros objetos relacionados con su persona, caso del libro de ejercicios de Sor María Jesús de Ágreda que tanto influyó en su producción mística, un retrato de la propia Sor María Jesús de Ágreda, sus cilio y disciplina, el acta de su fallecimiento el 28 de agosto de 1921 y un ejemplar del programa de actos que se desarrollaron con motivo del 450 aniversario de la fundación del monasterio y el 50 aniversario del fallecimiento de Sor Ángeles.

Libro que contiene el ritual de profesión de las monjas en el convento, utilizado también por Sor Ángeles

El tercer capítulo del museo trata acerca de Sor Ángeles como escritora mística y dibujante. Y es que Sor Ángeles Sorazu desarrolló una faceta artística unida indisolublemente a su vida contemplativa. Y es que sus experiencias místicas las plasmó tanto en sus escritos como en una serie de complejos dibujos, la mayoría de los cuales relatan episodios del Cantar de los Cantares. En esta nueva sección de la exposición encontraremos, por lo tanto, sus escritos, sus dibujos y las plumas y los lápices con los que los ejecutó. Asimismo, esta sección se completa con los libros que más influyeron en la vida espiritual de Sor Ángeles Sorazu, y también con los libros que estudian la figura de la religiosa y su obra mística.

Su faceta de dibujante la desarrolló en momentos en los que se vio imbuida de un profundo misticismo, así mostraba de forma gráfica lo que sentía o veía en aquellos momentos. Se le conocen siete dibujos -María templo (70 x 50 cm), Misterio de la Encarnación (82 x 86,5 cm), Padre Alas (75 x 102 cm), Padre Árbol (86 x 113,5 cm), Jardín del Cantar de los Cantares (127 x 101 cm), María Medianera (138 x 108 cm), Sor Ángeles y el Espíritu Santo-, estando los cuatro últimos inspirados en pasajes del Cantar de los Cantares. Pudo haber ejecutado alguno más pero no muchos puesto que, según su propio testimonio, acababa agotada al realizarlos. Los dibujos fueron realizados en 1919 y no poseen un tamaño uniforme, sino que son bastante heterogéneos. En origen no tuvieron un título, habiéndosele proporcionado con posterioridad la comunidad monástica. 

SOR ÁNGELES SORAZU. Padre Alas (1919)
SOR ÁNGELES SORAZU. María Templo (1919)
SOR ÁNGELES SORAZU. Misterio de la Encarnación (1919)

Sus dibujos podrían ser encuadrados de manera genérica dentro del arte naíf, corriente artística caracterizada por el autodidactismo de los artistas, por las representaciones ingenuas y espontáneas, por la sintetización de los objetos, y por la libre interpretación de la perspectiva, o incluso por la completa ausencia de la misma. A pesar de esta estética “naif” que presupone una graciosa falta de conocimientos técnicos y teóricos pictóricos, los dibujos son muy interesantes desde el punto de visto iconográfico y religioso puesto que nos presentan de manera gráfica los pensamientos y vivencias místicas de Madre Ángeles.

Relacionados asimismo con el Cantar de los Cantares nos encontramos con una serie de dibujos-grabados de las Pastoras. M. Ángeles llamaba “Pastoras” a una colección de 24 grabados de la Virgen Pastora, a partir de los cuales escribió un comentario en forma de diálogo entre Jesús, María y el alma, representada en la oveja, en el que describe las etapas de la vida espiritual. Además de esa colección se conservan dos dibujos en color procedentes del extinto Monasterio de las Concepcionistas de Olmedo, pintados por una monja de dicho cenobio, que prueban la difusión que tuvo la obra de M. Ángeles y su evidente influencia más allá del entorno de su propia Comunidad.

Diferentes "Pastoras"

Dirigiéndonos ahora a su faceta de escritora, lo primero que hemos de señalar es que fue una autora muy prolífica y que no se centró de forma exclusiva en la literatura mística. Por ejemplo, redactó un libro de ejercicios espirituales (15 x 20,5 cm), un volumen de comentarios al Apocalipsis (11 x 31 cm) e incluso una Oración “por la iglesia y por el papa” (13 x 16,5 cm). En la exposición también nos encontramos con una Estampa (6 x 8 cm) que a manera de díptico nos presenta por la cara principal a San Pablo y a la Virgen con el Niño, mientras que por atrás hay un texto escrito por Sor Ángeles: “Virtud. Edificar en su alma el edificio de la Santidad con propósito de terminarlo para fin de su… comenzar por quitar la tierra movediza de los afectos humanos. Plantar los cimientos de una profundísima humildad, desconfianza propia, confianza absoluta en Dios”. Y bien interesante es su Plegaría a la Inmaculada (25 x 20 cm), a la cual su hermano Fray Pedro Regalado Sorazu puso música, como de hecho se puede ver en la partitura que se expone. La letra es la siguiente: “Oh María, Oh María, Oh María Inmaculada; a tus plantas se presenta hoy mi alma enamorada; tuya madre dorada; toda tuya es mi alma, por eso se entusiasma cuando te adora y ensalza. Oh que bella eres Madre, que preciosa, cuan amable, mi alma se arrebata ante su ser adorable, es tanto lo que me atrae, tu belleza incomparable, que no pueda de tus plantas ni un momento separarme tu idea me encanta, tu mirada traspasa, no se Madre que me pasa cuando me hallo a tus plantas; mi pecho se abraza, mi alma se escapa si tú no sostienes, la vida que me falta, oh acoge pues Madre, mi Madre adorada, acoge en tus brazos, piadosa mi alma”. La partitura, firmada por el propio Fray Pedro Sorazu, tiene por la parte trasera una frase que el religioso dedica a su hermana: “Para que cantes, antes de dormir y felices noches te desea por muchos años T.A.H.”.

Si extensa es su producción literaria no lo es menos la que ha provocado la propia Sor Ángeles Sorazu puesto que ha sido objeto de numerosos estudios, especialmente enfocados en su faceta mística.

SOR ÁNGELES SORAZU Y SOR PEDRO REGALADO SORAZU. Plegaria a la Inmaculada

Y, por fin, llegamos al último capítulo, que hemos titulado como “El Incremento del Patrimonio conventual en tiempos de Sor Ángeles Sorazú”. Y es que el patrimonio artístico, devocional y religioso del monasterio se vio notablemente incrementado durante el periodo en el que Sor Ángeles ejerció el cargo de abadesa (1902-1921), ya no solo por la cantidad de bienes que adquirió sino también por los obsequios que recibió con destino al cenobio gracias al afecto que gozó entre sus contemporáneos, la mayor parte personajes pertenecientes al estamento religioso.

Uno de los mayores benefactores fue Anastasio Serrano Rubio, párroco de la frontera parroquia de San Miguel y San Julián, que obsequió a la comunidad con dos bandejas de plata –una ovalada (1905) y otra rectangular (1906)– destinadas al servicio religioso, así como dos cucharillas para el incienso (1905), un Ritual Romano (1904) impreso en Roma, e incluso una peana decorada con cabezas de ángeles. Tanto las bandejas como las cucharillas llevan grabadas las iniciales del clérigo benefactor: “A.S.R.”. El padre capuchino Mariano Vega regaló una edición moderna (1905) del Diario de Santa Verónica de Julianis, mientras que el agustino Valentín García de la Fuente hizo lo propio en 1913 con el libro Aprecio y estima de la Divina Gracia del jesuita Juan Eusebio Nieremberg. También fue escrito por Nieremberg el libro De la Hermosura de Dios y su amabilidad por las infinitas perfecciones del Ser Divino (1648) que podemos ver en la vitrina. Por su parte, el hermano de Sor Ángeles, el franciscano Fray Pedro Regalado Sorazu, obsequió a su hermana con una Cruz de nácar de Jerusalén con el Vía Crucis (1911) y un pequeño Niño Jesús (El Arte Cristiano de Olot. Hacia 1887-1910) que fue bendecido en Tierra Santa.

PADRE JUAN EUSEBIO DE NIEREMBERG. De la Hermosura de Dios... (1648)
Ritual Romano regalado por el párroco de San Miguel, don Anastasio Serrano Rubio
Bandeja regalada por el párroco de San Miguel, don Anastasio Serrano Rubio
Cruz de nácar de Jersalén con el Vía Crucis (1911)

Quizás el objeto más relevante que posee el cenobio sea el cojín sobre el que reposó la cabeza del papa Pío IX durante la exposición de su cadáver ante los fieles en la capilla del Sacramento de la basílica de San Pedro de El Vaticano, y que fue regalado a la comunidad por don José Hospital Frago, deán de la catedral y director espiritual de Sor Ángeles entre 1905-1910.

Cojín sobre el que reposó la cabeza del papa Pío IX durante la exposición de su cadáver en la Basílica de San Pedro de El Vaticano (1878)

Entre las obras que mandó fabricar o adquirir siendo ella abadesa encontramos el Armonium situado en el coro alto, dos Cruces para practicar la penitencia del Vía Crucis, las esculturas de la Inmaculada y de los Sagrados Corazones de Jesús y de María (El Arte Cristiano de Olot. Hacia 1887-1910), y la devotísima Virgen Niña o “Divina Infantita” (1911) que madre Ángeles ordenó esculpir según sus propias directrices al taller barcelonés de la Viuda de Reixach y que después envió a bendecir, por mediación de su hermano, a la Capilla de la Natividad de la Virgen en Jerusalén. Es sin duda una de las joyas del monasterio no solo por su valor devocional sin también artístico.

Virgen sobre una peana regalada por el párroco de la iglesia de San Miguel, don Anastasio Serrano

TALLER DE LA VIUDA DE REIXACH. Virge Niña - Divina Infantita (1911)
EL ARTE CRISTIANO DE OLOT. Inmaculada y Sagrados Corazones de Jesús y de María (hacia 1887-1910)

Para acabar nos encontramos con una serie de obras de las que desconocemos si su entrada en el monasterio se produjo por la vía de obsequio o de adquisición, pero en todo caso acaeció en época de Sor Ángeles Sorazu. Estamos hablando de piezas como el emotivo grupo escultórico del Descanso en la huida a Egipto (El Arte Cristiano de Olot. Hacia 1900-1920), dos grabados de Jesús y de María (siglo XIX), un juego de Sacras neogóticas (finales del siglo XIX), o un sencillo Sagrario (siglo XIX).

EL ARTE CRISTIANO DE OLOT. Descanso en la huida a Egipto (hacia 1900-1920)

Si deseáis visitar el museo su horario de apertura es:

·         Sábados de 11:00 a 13:00 horas.

·         Además, se puede concertar visita el día y hora que se desee llamando al monasterio.

 

No quiero acabar sin antes recomendaros la lectura del artículo que ha escrito acerca de este museo Javier Juárez en su magnífico blog: I Centenario de la muerte de Sor Ángeles Sorazu O.I.C. (1921-2021)

Y, para finalizar, también quiero dar las gracias a las personas que me han ayudado en la elaboración de este pequeño museíto: Alberto Tundidor, Enrique Gómez, Juliana Gómez, Eva Cristina Vaca, María Reguera y Diego Concejo, algunos de los cuales se pueden ver en esta fotografía que nos hicimos tras efectuar los últimos preparativos (¡cómo pesaban las vitrinas!) antes de la inauguración. Y, por supuesto, a la comunidad de las Concepcionistas, y en especial, a Sor Nuria y Son Rosa.

viernes, 29 de noviembre de 2013

EL PINTOR MATEO CEREZO EN VALLADOLID II: El lienzo de "Cristo en el Sepulcro" de la iglesia de San Lorenzo y su fortuna iconográfica


La pintura de Cristo en el Sepulcro, custodiada en la iglesia parroquial de San Lorenzo es, quizás, la mejor pintura que dejó en la ciudad el maravilloso pintor burgalés Mateo Cerezo, si bien deberíamos llamarle Mateo Cerezo “el joven” puesto que su padre, llamado de forma homónima, también se dedicó a la pintura. Este último, bastante peor pintor que el hijo, se hizo muy famoso por sus representaciones del Cristo de Burgos, del cual tenemos algún ejemplo Valladolid, por ejemplo en el Real Monasterio de San Joaquín y Santa Ana.

Dos Cristos de Burgos del Monasterio de San Joaquín y Santa Ana firmados por Cerezo el Viejo
La representación de Cristo en el Sepulcro gozó de un gran éxito en Castilla, y sobre todo en los alrededores de Valladolid, tanto inmediatamente como aún tiempo después. Así tenemos, aunque con variantes, múltiples ejemplos tanto en la provincia vallisoletana, como en la burgalesa, y en otros lugares. Mateo Cerezo estuvo en Valladolid en 1658, y posiblemente parte del siguiente. El cuadro, con unas medidas bastante generosas (253 x 135 cm.) tuvo que ser pintado en la ciudad en aquellos momentos.

Ya los más antiguos repertorios bibliográficos sobre temas del arte se refieren ya a este lienzo. Así, en las Vidas de Palomino se hace referencia a una obra de Mateo Cerezo en Valladolid, con estas palabras: “Hay también otro cuadro suyo del Sepulcro de Cristo; con unos ángeles llorando, que le tienen en la sacristía de la parroquial de San Lorenzo, y lo ponen el Viernes Santo en el altar mayor, y es cosa peregrina”. Es obra de autoría absolutamente segura, a pesar de que Palomino habla de ángeles, y no hay sino solo uno. Pero debe tenerse presente que Palomino no estuvo en Valladolid, y se sirvió para su relato de los informes que le transmitieron.
La iconografía de Cristo yacente antes de ser depositado en el sepulcro y con ángeles guardando o llorando su cuerpo es una transformación peculiar de Cerezo a partir de varios antecedentes famosos, desde Annibale Carraci hasta Pereda, pasando por los ejemplos de Van Dyck y Ribera, y por las esculturas vallisoletanas de Gregorio Fernández, cuyos prototipos serían de gran importancia. Así, por ejemplo, el modelo del cuerpo muerto procede del grabado de José de Ribera y de las versiones de Antonio de Pereda del Llanto sobre Cristo muerto (Madrid, col. particular), y los altos almohadones están en las esculturas de Gregorio Fernández como sustituto teatral al regazo de la Virgen de la Piedad del mismo Van Dyck.

La figura de Cristo es de tamaño de natural. Hay que tener presente que como dice Palomino, el cuadro se ponía el Viernes Santo delante del altar mayor, lo mismo que se hacía con los Yacentes de escultura y por supuesto con los de Gregorio Fernández. Por eso mismo está el cuerpo inclinado y la cabeza de frente, para que lo aprecie bien el espectador. Descansa sobre un sudario, la cabeza apoyada en doble almohada, sin duda siguiendo el modelo de Gregorio Fernández. Hay también delante dos clavos y la gruesa corona de espinas, elementos concebidos como bodegón. Debe observarse que los clavos aparecen deformados, para resaltar que estuvieron profundamente clavados y hubo necesidad de un gran esfuerzo para extraerlos. Un ángel acaba de levantar el sudario que cubría el cuerpo. Es el elemento que justifica una escenificación dramática, que recomendaba San Ignacio, pues el tema es invención.
El dibujo es sólido y los colores acordes con la temática. Es admirable el blanco del sudario y las almohadas; un tono verdaderamente preciosista. El cuerpo sin vida tiene tonalidades broncíneas y ácidas que contrastan con el tono azul de la túnica del ángel, tornasolada en violáceos y dorados reflejados por el manto. El rostro de este ángel, de ascendiente en Van Dyck, con un fuerte carácter expresionista, se cubre con un rosario de lágrimas desde los ojos hasta la boca enrojecida y entreabierta. Es el más claro antecedente de uno de los prototipos de Magdalena penitente que Cerezo desarrollará hacia 1664.
Prueba de la popularidad de este Cristo muerto son las numerosas copias, o versiones, que pueden señalarse: el de la iglesia de Santa María Magdalena de Valladolid, en la de San Miguel, en los conventos de la Concepción y de las Brígidas de la capital del Pisuerga, en la iglesia parroquial de Cabezón (Valladolid), en la parroquial de Zaratán (Valladolid), en la parroquial de Aldeamayor de San Martín (Valladolid), en la puerta de San Sebastián en Medina de Rioseco, en la de Tordehumos (Valladolid), en el monasterio de la Vid (Burgos), en la parroquia de San José de Madrid (antiguo convento de San Hermenegildo). Si bien la mayoría de los ejemplos aquí descritos intentan copiar, con mayor o menor fortuna, el original conservado en la iglesia de la patrona de Valladolid, hay dos que se apartan un poco más, y por lo tanto posee un valor iconográfico mayor. Se trata de los conservados en el Convento de la Concepción de Valladolid y el de la iglesia parroquial de Aldeamayor de San Martín.

Iglesia de la Asunción de Cabezón de Pisuerga
Iglesia de Santa María Magdalena de Valladolid
Iglesia de San Pedro de Zaratán
Puerta de San Sebastián de Medina de Rioseco
El ejemplar conservado en la sala capitular del Convento de la Concepción representa a “Cristo eucarístico en el sepulcro con María Magdalena y dos ángeles”. Al lado, copón con la Forma. Es, pues, un Cristo eucarístico; estas pinturas se hacían para colocar el Viernes Santo en el frente del altar. Marco de tarjetillas. Con unas medidas de 100 x 305 cm., es fechable hacia 1650-1675. La fuerte carga eucarística del lienzo del convento de la Inmaculada Concepción queda enfatizada por la presencia de los símbolos eucarísticos del cáliz, la forma y las uvas, huyéndose, como suele ser habitual en este tipo de representación, de la presencia de las Arma Christi –clavos, corona, columna o lanza– quizá para aumentar su intencionada carga simbólica en detrimento de la Pasional. Esto se pone de manifiesto y queda patente en la leyenda que aparecen en el reguero de sangre que recorre el lienzo desde la herida del costado hasta el cáliz: “Hoc est corpus Meum”, Éste es mi cuerpo, palabras que salieron de boca de Jesús durante la Última Cena en el momento de la Institución de la Eucaristía.

Esta representación no pertenece exclusivamente al ámbito pictórico. Ya desde el siglo XVI nos encontramos con la presencia en varias esculturas de Cristo yacente de una teca ostentorio en el pecho, en la que era alojada la forma durante estos días de la Pasión. Un ejemplo especialmente significativo lo constituye el Cristo Yacente del convento dominico de San Pablo de Valladolid, obra de Gregorio Fernández, realizado hacia el año 1609, y que figura en un inventario como “un Cristo grande muerto echado en un lecho en unas andas de muy buena talla en el costado de la llaga una portezuela con su viril para poner dentro de él el Santísimo Sacramento el viernes santo”.
El de la iglesia parroquial de San Martín de Aldeamayor de San Martín se encuentra guardado en la sacristía. La figura de Cristo se dispone de manera similar a como aparece en el resto de cuadros. La diferencia radica en que a los pies no está un ángel, sino María Magdalena. Comparte con el cuadro conservado en la Concepción en que de la herida del costado sale un chorro de sangre con las palabras: “Hoc est corpus Meum”. El fondo de la escena se cierra con un cortinaje rojo, recurso barroco donde les haya.

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BIBLIOGRAFÍA
  • ÁLVAREZ VICENTE, Andrés: Tradebatur, Ayuntamiento de Valladolid, Valladolid, 2007, p. 38.
  • BUENDÍA MUÑOZ, José Rogelio: Vida y obra del pintor Mateo Cerezo (1637-1666), Diputación Provincial de Burgos, Burgos, 1986.
  • MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José: “Cristo en el sepulcro”. En VV.AA.: Las Edades del Hombre. Time to hope, Fundación Las Edades del Hombre, Valladolid, 2002, pp. 282-283.
  • VV.AA.: Las Edades del Hombre. Time to hope, Fundación Las Edades del Hombre, Valladolid, 2002.