viernes, 25 de noviembre de 2011

MONUMENTOS DESAPARECIDOS: La Puerta del Campo o Arco de Santiago


La Puerta del Campo fue elemento urbanístico de capital importancia para la historia del Campo Grande. Situada en la calle de Santiago, en su confluencia con las actuales de Doctrinos, entonces de la Boariza, y Claudio Moyano, en otros tiempos Alfareros, recibió su nombre del Campo al que daba acceso; pero, al mismo tiempo, su presencia caracterizó todo el lugar. Al menos hasta el siglo XVIII, todo el entorno del Campo Grande fue conocido con el nombre genérico de “Puerta del Campo, afueras de la Puerta del Campo, etc…".

La puerta se sitúa allí en el primer tercio del siglo XIV, cuando la segunda muralla de la ciudad alcanza esa latitud por el lado sur. Las primeras noticias sobre su existencia proceden de la Crónica de Alfonso XI, que menciona la Puerta y puente del Campo. A ella llegaban todos los caminos del sur y por ella se salía de la ciudad, a través de la calle de Santiago, vía de importancia creciente en la vida urbana y que se dividía entonces en dos tramos con denominación diferente: “Santiago”, desde la Plaza Mayor hasta el cruce con la calle de Zúñiga, y “del Campo”, desde la calle Zúñiga hasta la misma Puerta.
No existieron hasta el siglo XV fuera de ella construcciones dignas de mención, tan sólo huertas y tierras de labranza. La Puerta era verdadero límite de la ciudad y poseía además un carácter defensivo. Era junto con la situada en el Puente Mayor, una de las dos principales de la villa, lo cual se justifica por su inmediata situación junto al Camino de Madrid. Esta circunstancia determinaría que ya desde el filo del siglo XVI desempeñara una actividad fundamental como lugar de recepción de personajes ilustres. Por esta época ya existían diversas edificaciones fuera de la muralla, incluso una fuente pública. Con el tiempo, la Puerta perdió su carácter de barrera, de límite de ciudad, para quedar reducida a la importante función honorífica y decorativa.
Es probable que la primera puerta, almenada y torreada, se mantuviera hasta mediados del siglo XVI. Al parecer, en ese momento se hizo una reforma en la zona que debió alcanzar también a la Puerta. Pudo ser una remodelación puramente urbanística de lugar, al que se dotaría de una mayor amplitud, o quizás se tratara de una transformación arquitectónica de la propia puerta, que perdería entonces su aspecto defensivo medieval. Según informaba un corregidor, en la segunda mitad del siglo XVI, no existía ya ninguna torre en la cerca.

Localización de la Puerta del Campo según el mapa de Diego Pérez (1787)
No se vuelve a saber nada de la Puerta hasta 1565, momento en que, con motivo del paso por Valladolid de la Reina Isabel de Valois, esposa de Felipe II, camino de Francia para entrevistarse con su madre Catalina de Médicis, la ciudad hizo grandes agasajos entre los que destacó el adorno y  decoración de la dicha Puerta del Campoo, lugar en donde debía realizarse la recepción oficial en la ciudad según era costumbre. En esta ocasión las obras fueron importantes desde el punto de vista decorativo, alcanzando el más alto interés por la participación en ella de Juan de Juni. El arco decorativo de la Puerta del Campo, no fue un arco erigido de nueva planta, sino una fábrica de madera y otros materiales con la que se la recubrió por sus dos caras, añadiendo además un cuerpo de altura y dos corredores laterales que enmarcaban su fachada sur, que miraba al Campo Grande. La arquitectura seguiría, según Martín González “líneas de inspiración escurialenses, con el empleo de pirámides y bolas”. Todo el conjunto se recubrió por pinturas, dispuestas sobre los vacíos destinados a ellas o bien sobre las paredes, obra de los pintores Benito Rabuyate, Mateo Espinosa y Antonio de Ávila. Las pinturas además de representar a los Reyes y a otros miembros de la familia real, representaban temas mitológicos, alegóricos e incluso alusivos a la villa. La reina hizo su entrada en la ciudad el 3 de mayo de dicho año 1565. Son numerosos los relatos que existen sobre este acontecimiento. Por uno de ellos sabemos que “las 42 ventanas colaterales de un arco que se levantó en la puerta del Campo estuvieron pobladas de músicos que al pasar la Reina tañeron todas arpas, vihuelas de arco, dulzainas y otros muchos instrumentos”.
Pasados los festejos el arco no se desmontó inmediatamente, El 16 de mayo se formó una comisión “para que hagan vender los lienzos y despojos del arco de la Puerta del Campo”, pero el 2 de julio todavía se daba orden de “que se vendan los lienzos que están en la Puerta del Campo en el arco de ella, y la clavazón y madera de dicho arco”.
Más de veinte años después, en 1589, volvemos a tener noticias de la puerta por motivo muy similar. Esta vez se esperaba en la ciudad a Felipe II, y entre agasajos y mejoras que se dispusieron se acordó “que la puerta del Campo se aderece atento a que el remate y el tejado de ella está muy feo y se haga un remate como mejor pareciere a Diego de Praves, maestro mayor de las obras de esta villa”. En 1592, ante el viaje del propio Felipe II, que sería el último que hiciera a Valladolid, se mandó aderezar de nuevo la Puerta del Campo y “quitar los letreros que tiene y poner otros y pintarlos”. En este momento ya aparece la Puerta con la dedicación que tendrá en adelante y que será característica del Arco de Santiago, la de servir de elemento decorativo, arco triunfal y gran cartel que se decora una y otra vez con pinturas y leyendas alusivas a las glorias el monarca reinante.
Para la historia de la Puerta del Campo fue muy importante el primer tercio del siglo XVII. Algunos historiadores locales afirman que la Puerta desapareció cuando dejó de tener vigencia la segunda cerca de la ciudad, siendo sustituida por el Arco de Santiago, erigido en su mismo lugar, en 1626, por Francisco de Praves. En mayo de 1628 se formó una comisión “para aderezar y  reparar el arco y torrecilla del de la Puerta del Campo”. Las reparaciones debieron ser de poca entidad pues en septiembre estaban acabadas, por fin el 20 de noviembre se encomienda a Francisco de Praves –regidor de la ciudad desde aquél mismo año– “que tantee lo que podía costar el hacer dos imágenes y ponerlas para que estén con toda decencia y ornato en el Arco de la Puerta del Campo, la una al Campo, la otra a la calle del, y que han de ser la una de la Resurrección de Nuestro Señor y la otra de Nuestra Señora de la Concepción”. No hay constancia de que estas imágenes llegaran a hacerse, pero la noticia tiene interés por cuanto es la única vez en que se documenta el nombre de Francisco de Praves unido al Arco. Indica, además, que ya en esta fecha el Arco debía tener la disposición que luego mantendrá, con su lugar reservado para colocar imágenes en sus dos fachadas.
Escultura de San Miguel de la Puerta de Santiago. Iglesia de Santiago
En 1655 se decidió adornar el arco mediante dos lienzos con los retratos de Nuestra Señora de San Lorenzo y el Arcángel San Miguel, los cuales estarían acabados el 3 de abril de 1656. Desde este momento, las imágenes de la Virgen de San Lorenzo y del Arcángel San Miguel serían las permanentes guardas y ornatos del Arco –ahora en lienzo, más tarde en bulto– hasta su derribo. Es muy posible que las pinturas ocuparan la misma disposición que luego tuvieron las esculturas, sobre el ático del edificio, la Virgen en la fachada norte y el Arcángel en la sur, mirando hacia el Campo.
Durante las décadas siguientes se fueron colocando a lo largo de arco diferentes retratos de los monarcas que fueron reinando. Por ejemplo en 1690 se pintaron los retratos de Carlos II y su esposa Mariana de Neoburgo, los cuales fueron sustituidos en 1707 por los retratos ecuestres de Felipe V y María Luisa de Saboya.
Virgen de San Lorenzo. Un retrato suyo presidió una de las caras de la Puerta del Campo
De la apariencia que el Arco tuvo durante el siglo XVIII poseemos dos testimonios gráficos debidos al pintor y grabador Diego Pérez Martínez, fechable hacia 1759 el primero y después de 1788 el segundo. La apariencia del Arco en uno y en otro dibujo no difiere en las líneas fundamentales de su arquitectura, pero sí en su decoración. En el primero el Arco aparece profusamente decorado con placas recortadas y abundantes bajorrelieves o yeserías de estilo barroco. Sobre la clave del Arco figura una especie de mascarón, adornado con guirnaldas que se conservará aunque ligeramente transformado. El ático, flanqueado con balaustres, grandes aletones y pirámides, y rematado con un frontón decorado con un estuco, alberga una escultura, quizá la de San Miguel, aunque no puede apreciarse. El en segundo dibujo se aprecia que la decoración del arco era mucho más severa, persistiendo algunos adornos de placas rehundidas en el primer cuerpo de las pilastras. La guirnalda que adorna su clave y enjutas es la misma que se mantendrá hasta que el Arco sea derribado. Es indudable que entre ambas fechas el Arco fue objeto de una reforma que adecuó su aspecto a las nuevas corrientes neoclásicas, sin que se sepa el año en que se llevo a cabo, aunque bien pudo ser en 1774, año en que el maestro de obras de la ciudad, Francisco Pellón, reconoció el Arco por mandato del corregidor. Durante el resto del siglo XVIII se sucedieron los reparos, ya en el siglo XIX la tónica de las obras varía, puesto que se hacen menos frecuentes pero más completas.
En 1858, con motivo de la visita de Isabel II y la real familia a Valladolid, se estuco el Arco, que se decoró además con escudos e inscripciones alusivos a los hijos gloriosos de Valladolid y a los monarcas españoles que habían llevado el nombre de Alfonso. En 1861 Isabel II realizaría una nueva visita, siendo esta quizá la última ocasión en que el Arco fue decorado para festejar un acontecimiento semejante. Su situación a la salida de la calle Santiago, cuyo tráfico había aumentado considerablemente, sobre todo a partir de la inauguración del ferrocarril, y el hecho de que el Arco se ciñese a las paredes colindantes cubriendo toda la anchura de la calle y reduciendo el paso a tan sólo su luz, iban a ser la causa de su desaparición. Además, se estudiaba en esos años una nueva alineación de las calles de esta zona –Alfareros concretamente–  y dentro de ella se consideraba la posibilidad de la demolición del Arco.
En los primeros meses de 1864 se clama de nuevo por el derribo diciendo que “No hay nada más detestable y de peor aspecto que este celebérrimo monumento”. En junio se aprobó su demolición y las condiciones de ésta.
El problema de las imágenes instaladlas en la capilla del Arco se solucionó con una comunicación del Municipio al Arzobispo para que se hiciera cargo de ellas. El Arzobispo encargó de ello al párroco de Santiago. De la imagen de la Virgen, que debía ser pequeña, nada conocemos. García-Valladolid dice que la conservó un particular. En cuanto a la del Arcángel San Miguel, el mismo cronista refiere que se instaló en la iglesia de Santiago, en la capilla del Baptisterio. En el año 2013 cambio de ubicación, encontrándose en la actualidad en el coro, aunque se ve desde la nave de la iglesia. lugar en el que se encuentra en la actualidad. Finalmente, el 29 de agosto de 1864, comenzó el derribo del Arco y el 14 de septiembre era sólo historia. 
El testimonio quizás más veraz, o acaso el más explicito acerca de la última apariencia del Arco de Santiago es el que proporciona Antonio Villar y Miguel en 1888: “… El Arco de Santiago era esbelto en sus proporciones y elegantes en su decoración: los materiales, ladrillos ordinarios, revestido de yeso y revocado con fajas de colores, molduras y mascarones por ambos lados: los qe formaban la clave del Arco por una y otra fachada simulaban sostener unas guirnaldas de hojas, flores y frutos, bastante bien modeladas en yeso, que iban a parar a otros mascarones que había en los extremos debajo de unas ménsulas desde donde pendían hasta muy cerca de la imposta o cornisa, que coronado los pilastrones de ambos lados servía de punto de arranque del arco. Tendría éste unos 7 metros de luz entre muros por 15 de elevación y la bóveda se hallaba decorada figurando casetones cuadrangulares. Encima del Arco y su cornisamento, figurando un segundo cuerpo había una especie de capilla con su correspondiente balcón a la calle y en ella se veneraba una imagen de la Virgen que representaba la Patrona de la ciudad y que cuando el derribo fue trasladada a la parroquia de Santiago igualmente que la del Arcángel San Miguel, patrón entonces de la ciudad hasta que fue reemplazado por San Pedro Regalado en el siglo anterior…”.

BIBLIOGRAFÍA
  • FERNÁNDEZ DEL HOYO, María Antonia: “Desarrollo urbano y proceso histórico del Campo Grande de Valladolid”, Ayuntamiento de Valladolid, Valladolid, 1981

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