viernes, 27 de enero de 2012

EL PASAJE GUTIÉRREZ. Fusión de Arquitectura, Pintura y Escultura


El Pasaje Gutiérrez, uno de los pocos pasajes comerciales españoles decimonónicos, fue realizado entre 1885 y 1886 por iniciativa del comerciante vallisoletano D. Eusebio Gutiérrez, según planos del arquitecto Jerónimo Ortiz de Urbina, Valladolid se incorporaba plenamente a la corriente iniciada años atrás en París y con importante eco en otras ciudades europeas y españolas: Hamburgo, Nantes, Trieste, Bruselas, Milán, Madrid, Barcelona, Manchester, etc.; corriente divulgadora de espacios destinados al comercio, a modo de galerías cubierta, generalmente protegidas con bóvedas de hierro y cristal que, como pasadizos interiores, ponían en comunicación las calles más frecuentadas, situándose en su interior tiendas, cafés y otros establecimientos públicos a la moda del momento.
 

El pasaje constituye un buen símbolo y un claro precedente de la actividad comercial moderna focalizada hoy día en los grandes centros. Tal espacio arquitectónico fue teorizado en tanto forma simbólica de la modernidad por Benjamin.
Según Zola el pasaje es la "Catedral del comercio moderno", un "edificio sólido y ligero hecho para un pueblo de clientes". Los pasajes comerciales más importantes se comenzaron a construir en Paris, sobresaliendo entre ellos el de los Panoramas (1800), la galería Vivienne, el pasaje de la Ópera (1822) o la de Orleans (1829). Su evolución hacia las grandes superficies de Milán o Bruselas viene marcada por una serie de hechos técnicos: En primer lugar la aparición del hierro fundido permite ampliar las luces de la cubierta. Por otro lado la aparición de la luz de gas, que comenzó a utilizarse en 1817 en el pasaje de los Panoramas.
En España nunca se formaron grandes superficies comerciales, aunque Pascual y Colomer y Aníbal Álvarez construyeron en Madrid el conocido como de la Villa de Madrid en 1840 y poco después, en 1847, el pasaje de Iris.
En el caso del Pasaje Gutiérrez, Ortiz de Urbina fue capaz de incorporar todo aquel conjunto de sugerencias modernas que tal tipo arquitectónico representaba, pues el edificio constituye, en el terreno comercial, la réplica a los deseos de innovación y modernización que en el ámbito de la vivienda el arquitecto Saracíbar comenzó a dar en la Acera de Recoletos. El pasaje se organiza en dos tramos articulados por una rotonda central. Los tramos, traspasadas las crujías corresponden a los edificios de acceso, se transforman en lucernarios continuos resueltos con formas de madera de gran decoración. La rotonda central está cubierta por una cúpula acristalada que soportan ménsulas de hierro colocado. El alzado interior de las calles sigue los ritmos convencionales en este tipo de edificios, esto es, el tratamiento de tal fachada interior como elemento exterior y reforzando tal idea a través de antepechos en las ventanas, fuerte cornisa, luz de gas y el ritmo de pilastras gigantes que permiten organizar la secuencia de los locales comerciales. Por último ha de señalarse el conjunto de temas ornamentales que matizan el espacio, el tratamiento de la luminaria, las esculturas de la rotonda que simbolizan las Estaciones, o el Mercurio, eje de la composición y referente visual del espacio interno.


En el ensanchamiento circular se encuentra la estatua de Mercurio, dios del Comercio, la cual es una bella copia del famoso original del escultor manierista Giambologna. En la peana de la escultura, aparece la inscripción "Val d´Osne", lo que acredita su hechura y fundición francesas. Val d´Osne hace referencia a la población francesa de d´Osne-le-Val en Haute-Marne. Allí Jean-Pierre Victor André abrió en 1836 una fábrica especializada en realización de mobiliario urbano y fuentes decorativas, siendo por lo tanto con toda seguridad el lugar de procedencia de dicho Mercurio. La escultura del Dios, fue víctima de una serie de actos vandálicos a finales de los años 70, siendo retirada por entonces de su emplazamiento.

En los ángulos de la rotonda central, se encuentran cuatro figuras femeninas, alegorías de las Estaciones, en una de las cuales se puede leer otra inscripción, en la cual se lee “M. Gossin; Visseaux” (Sucesores). Finalmente existe otro grupo escultórico, el formado por una pareja de niños portando un reloj. Este último se sitúa en un balconcillo correspondiente al mirador del piso principal de la casa cuya fachada mira a la calle de Fray Luis de León. Dicho conjunto lleva en su pedestal el mismo nombre que aparece en una de las alegorías de las estaciones: “M. Gossin; Visseaux”, lo que reafirma el origen francés de todos estos elementos decorativos.

Las pinturas en cambio no son de origen francés, sino castellano. Fueron realizadas por el pintor Salvador Seijas, nacido en Fuentes de Nava (Palencia), aunque desde muy joven vivió y trabajó en Valladolid. Las cinco pinturas, realizadas al fresco, que decoran los dos brazos del pasaje, se encuadran también dentro de la temática alegórica, representando a la Industria, el Comercio, la Agricultura, la Primavera, y Apolo y las Bellas Artes. Terminar diciendo que Seijas a raíz del éxito que tuvieron dichas pinturas realizaría una exitosa carrera como decorador de techos en el Valladolid de finales de siglo.
La Agricultura
Apolo y las Bellas Artes
La Primavera
La Industria
El Comercio

BIBLIOGRAFÍA
  • CANO DE GARDOQUI GARCÍA, José Luis: La escultura pública en la ciudad de Valladolid, Universidad de Valladolid, Valladolid, 2000
  • DE LA PLAZA SANTIAGO, Francisco Javier: Historia del Arte de Castilla y León 7. Del Neoclasicismo al Modernismo, Ámbito, Valladolid, 1998

1 comentario:

  1. Creo que la arquitectura es un verdadero arte y por eso me gusta disfrutar de apreciar distintos edificios y ver las obras que hay. Justamente para apreciar eso, estoy tratando de conseguir Pasajes a Buenos Aires desde Bahía Blanca

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