jueves, 17 de abril de 2014

COFRADÍA DE NUESTRO PADRE JESÚS NAZARENO: El "Paso" SED TENGO


El presente conjunto es el paso más antiguo de Semana Santa que conocemos de Gregorio Fernández. Tan solo conocemos un paso procesional anterior a este: San Martín y el pobre, aunque en este caso no era utilizado para la Semana Santa. El paso se custodia durante todo el año en la “Sala de Pasos” del Museo Nacional de Escultura, desfilando en la mañana del Viernes Santo en el Sermón de Las Siete Palabras y por la tarde en la Procesión General de la Sagrada Pasión del Redentor.
Este paso supuso un paso más dentro del camino de renovación de los pasos procesionales vallisoletanos comenzado por Francisco del Rincón en la Elevación de la Cruz. Si Rincón había introducido las figuras de tamaño natural completamente talladas en madera, Gregorio Fernández con Sed Tengo revoluciona el mundo de los pasos vallisoletanos, puesto que realiza unas esculturas notablemente mayores que las realizadas por Rincón, además de introducir un plus de atrevimiento al situar una figura en lo alto de la escalera por encima de la cruz. El “teatralismo” barroco ha llegado a las calles de Valladolid, unos años después éste llegará a su cénit con el Descendimiento de la Cofradía de la Vera Cruz.

El grupo presenta una composición piramidal, centrada en Cristo Crucificado, uno de los mejores que salieron del taller de Gregorio Fernández. La composición se continúa con el sayón de la esponja, una de las mejores piezas de este tipo realizadas por Gregorio Fernández, y un soldado vestido con armadura, al que se llama sayón del caldero por el recipiente que lleva en su mano izquierda para contener el vinagre con que se impregnó la esponja. Los brazos levantados de ambas figuras y los instrumentos que sujetan, respectivamente la caña con la esponja y una lanza, enmarcan y conducen visualmente al espectador hacia el Crucificado, coronando la composición la figura de otro sayón encaramado a una escalera para colocar el letrero del INRI.

Por otra parte, en primer término se desarrolla el sorteo de las vestiduras, escenificado a través de dos sayones que se juegan a los dados las vestiduras del Crucificado. Estos personajes de caricaturescas fisionomías, torvos gestos e indumentaria a la moda de la época, evidencian una alta calidad artística, reflejada en dinámicas pero equilibradas actitudes, inmejorable tratamiento anatómico y acertada expresividad.
El que se encuentra rodilla en tierra está lanzando los dados con un cubilete, es denominado en la documentación como el descalabrado, por la gran herida que muestra en la parte posterior de su cabeza con la que se trata de reflejar el carácter pendenciero y la brutalidad de los personajes que maltrataron a Cristo. En el lado izquierdo, la figura encorvada señalando los dados, con el jubón a medio poner tras acabar su trabajo en la Crucifixión, muestra una mayor calidad en la definición del rostro y en la disposición de la figura, probablemente inspirada en un grabado como el de Johan Sadeler del Camino del Calvario, en el que aparece en primer plano un sayón con el mismo tipo de gorra y una actitud similar.

Desde el punto de vista iconográfico interesa destacar el momento concreto elegido por la cofradía para representar la escena. Se trata del instante posterior a la Elevación, con Cristo aún vivo, con las manos crispadas tras ser clavadas a la cruz y acompañado por cinco sayones que realizan diferentes acciones recogidas en los Evangelios. No es casual que en una Cofradía de Jesús Nazareno los únicos que rodean a Cristo, tanto en este paso como en el del Redopelo, son sus verdugos, contradiciendo a la inmensa mayoría de representaciones artísticas en las que aparecen la Virgen y San Juan al pie de la cruz. Si a esto sumamos que el otro paso que poseía la cofradía era el de Jesús Nazareno, nos lleva a pensar que todo el culto estaba centrado en el Nazareno.

HISTORIA
En cabildo celebrado por la Cofradía de Jesús Nazareno el 17 de abril de 1612 Pedro Márquez, maestro pasamanero, en nombre de los maestros de su gremio, ofrece a la cofradía como limosna un paso compuesto por tres figuras (un Crucificado y dos sayones). Gracias al acta del cabildo anterior, de 14 de abril, sabemos que este nuevo paso se estrenaba en la procesión de ese mismo año.
Todo indica que desde el primer momento se pensó en un conjunto de mayores dimensiones, que posteriormente se terminaría completando. No resulta lógico que se estimara suficiente un paso compuesto solamente por tres figuras, cuando se contaba en la ciudad con precedentes inmediatos tan numerosos como el paso de la Elevación, realizado por Francisco Rincón para la cofradía de la Pasión. De la lectura de un acta del cabildo de 27 de febrero de 1616, parece deducirse que en los años inmediatos se continuó trabajando en el paso: “que en el año seiscientos y doce los señores pasamaneros desta ciudad abian dado de limosna a esta santa cofradía el paso de cristo con dos sayones y que para efecto de lo acabar esta santa cofradia les abia prestado setecientos reales y que rrespeto de tienpos tan esteriles no podían cumplir y hera bien desde luego se les perdonase a los dichos señores pasamaneros lo que esta santa cofradia les abia prestado”.

No queda claro en este documento si el paso tenía ya más figuras o sólo estas tres, o si el préstamo había sido para terminar de pagar el paso o para completarlo ampliándolo con más sayones; esto es así, porque en 1662 se le llama “Paso Grande”, lo que indica claramente que debía contar con más figuras.
En 1676 la cofradía se traslada desde el Convento de San Agustín, donde había nacido la Hermandad, a su propia iglesia penitencial, momento en el cual los frailes Agustinos reclaman la propiedad de los “pasos”, iniciándose un pleito ante el Nuncio Apostólico, quien finalmente ordenó la devolución de los pasos al convento.
Al no tener Crucificado, la cofradía decide encargar al escultor Juan Antonio de la Peña “hacer una hechura de un Santo Cristo de bulto al expirar, desnudo, de dos varas y cuatro dedos de alto”, contrato que se firmó el 10 de febrero de 1684. Esta imagen es la hoy conocida como Santísimo Cristo de la Agonía.

Junto con el Cristo, tenemos también constancia que se devolvieron al convento los sayones del rótulo y de la esponja. Gracias a la investigación de Filemón Arribas, se conocen las largas gestiones que fructificaron en 1717 con la nueva adquisición de ambas esculturas al boticario Andrés Urbán, a quien se las había entregado el convento a cambio de la condonación de una deuda. Como se ha observado en diferentes ocasiones, estas dos figuras ofrecen un estilo diferente al resto de los sayones (tienen proporciones más alargadas, con cabezas más pequeñas y rasgos más marcados y expresivos; igualmente presentan poses más rebuscadas) lo que unido a su mayor calidad, particularmente notable en el elegante sayón de la esponja, invita a pensar que fueron las piezas que acompañaron al Crucificado desde el primer momento y también las más cercanas a la labor personal del maestro.
De esta manera el paso contó desde este momento con la composición que actualmente vemos: el Crucificado, en este caso el de Juan Antonio de la Peña, y los cinco sayones.

Los indicios documentales parecen señalar que la cofradía no fue obligada a devolver los otros tres sayones. Al menos tenemos certeza que en 1699 se encontraban en la cofradía, donde fueron reparados recomponiendo diferentes partes y recibiendo nueva policromía en las encarnaciones por parte del pintor José Díez de Prado. Probablemente, el hecho de que la cofradía perdonara al gremio de los pasamaneros un préstamo para terminar el paso, les confirió unos derechos de propiedad que mantuvieron tras la escisión del convento. El aspecto menos estilizado de estas tres figuras con respecto a los dos sayones anteriores y la menor expresividad de sus rostros, particularmente notable en los sayones de la lanza y el descalabrado, se han justificado con una mayor colaboración del taller, que por otro lado es habitual en otros pasos realizados por Gregorio Fernández.
En el año 1842 se retiran de la iglesia de Jesús ocho figuras de sayones que son trasladadas al actual Museo Nacional de Escultura y aunque no se detallan, se supone que fueran las que componían el “Paso Grande” (5) y el del Despojo (3).
Recapitulando:
Esculturas realizados en 1612: Crucificado, Sayón del rótulo, Sayón de la esponja. Esculturas realizadas en 1616: Sayón de la lanza, Sayón de los dados, Sayón “descalabrado”

PROBLEMAS
Dos problemas se plantean en relación a este paso:
¿En qué fecha se hacen las otras tres figuras?
Filemón Arribas fue el primero en relacionar este paso con Gregorio Fernández, opinión que a día de hoy es incuestionable. Jesús Urrea aporta un dato que lo refuerza: el 14 de agosto de 1612, varios pasamaneros, entre los que se encuentra Pedro Márquez, reconocen una deuda de 50 ducados a favor de Gregorio Fernández; aunque no se indica el motivo de dicha deuda, Urrea supone que se refiere al pago del paso que los del gremio habían ofrecido a la cofradía de Jesús Nazareno. Las dos figuras entregadas en 1612 deben ser el sayón del rótulo y el de la esponja, pues estilísticamente corresponden a la labor de Gregorio Fernández en estas fechas.
Las otras tres esculturas poseen un estilo algo más evolucionado dentro de la producción de Fernández; no se cree que, en ningún caso, se pueda considerar que son obras posteriores a 1678, y quizá, haya que relacionar con ellas el perdón de la cofradía, en 1616, de la deuda de los pasamaneros, en razón a que el préstamo se había hecho “para efecto de lo acavar”, entendiéndose que era para acabar el paso. Aunque se haya hecho este grupo en dos momentos, el conjunto presenta unidad de composición.

¿Cuál era el Crucificado que presidia el paso?
El Crucificado realizado en el año 1612 siguió siendo procesionado en el paso hasta su pérdida por la sentencia favorable al Convento de San Agustín; por este motivo se encargó a Juan Antonio de la Peña, en 1684, otra imagen que lo sustituyera. De este modo, la talla de Cristo en la cruz, a la que la comunidad agustina siempre tuvo una particular devoción, quedó en el convento hasta su traslado al Museo después de la desamortización, donde curiosamente al cabo del tiempo volvió a ser incorporado a su destino original.
En la Historia de Valladolid redactada por Manuel Canesi en 1750 se alude al Crucificado cuando habla de que los religiosos habían vendido las figuras de los pasos a la cofradía, “y solo una se alla en el Claustro que la Cofradía ya la avia hecho nueba”. Dicho Cristo estaba en una capilla junto al púlpito. Del Convento de San Agustín se desamortizó, en 1836, entre otras cosas, “un Crucifijo grande de tamaño natural”, que con toda probabilidad fuera el Crucificado primitivo del paso.

Cristo de la Agonia (Juan Antonio de la Peña, 1684)
Cuando Agapito volvió a montar de nuevo el grupo procesional, como el Cristo tallado por Juan Antonio de la Peña seguía en la iglesia de Jesús Nazareno, lo sustituyó por otra imagen que había en el Museo y que pensaba erróneamente que procedía del paso del Longinos de la cofradía de la Piedad. El error era iconográfico, puesto que Cristo está representado vivo y cuando le clavaron la lanza había muerto ya. Esta forma de representación no es usual en Castilla, como señala Martín González, refiriéndose al Crucificado de Juan Antonio de la Peña, imagen que, con muchas simplificaciones, recuerda el modelo de la escultura que actualmente está colocada en el paso.
Finalmente se comprobó como la imagen custodiada en un principio en el Convento de San Agustín y posteriormente en el Museo Nacional de Escultura es la original del paso. Para llegar a dicha conclusión se realizó un estudio estilístico, comprobándose que la fecha en que pudo ser tallada y la gubia que insinuaba coincidían con el del resto de imágenes del conjunto.

ESCULTURAS QUE LO INTEGRAN
Cristo Crucificado (CE0525) 2,16 m. x 1,71 m. x 0,50 m.
Siempre se ha considerado como obra relacionada con el maestro, en mayor o menor grado. En la actualidad no hay dudas acerca de su autoría. Su ejecución se fecha en torno a 1610-1612, puesto que su anatomía es aún blanda, con pelo y barba de rizos suaves, y el paño de pureza no está dominado por los pliegues acartonados. Técnicamente parece próximo al Crucificado de Laguna de Duero (no posterior a 1610).
La figura de Cristo es una imagen llena de plasticidad, de tamaño mayor al natural (1,90 m.), con un cuerpo bellamente modelado y con abundancia de sangre sobre todo en rodillas y cara. En aquéllas presenta, además, grandes moratones. Encarnación mate, ojos de cristal, heridas con pellejos; paño de pureza de color verde.
Su cara tiene una expresiva mirada de dolor, su pelo es caído sobre los hombros, pelo y barba de rizos suaves. La corona de espina es natural, sin estar tallada sobre la cabeza. De piel bastante blanca, tiene el importante rasgo de ser un Cristo vivo, es decir, no tener atravesado el costado derecho por la lanza. Tiene los dedos claramente abiertos y en tensión, en clara convulsión de dolor. El paño de pureza posee ligeros pliegues y el nudo con los bordes sueltos al aire, está anudado a la cadera derecha. Tiene muy marcadas las señales de las cuerdas en muñecas y tobillos. La cabeza la tiene ladeada hacia el lado derecho y mira hacia abajo a la esponja que le presenta uno de los sayones.


Sayón del rótulo o de la escalera (CE0526) 1,80 m. x 0,88 m. x 1 m.
Se encuentra encaramado a la escalera, en posición movida y atrevida. Con su mano derecha en alto sostienen un martillo con el que está clavando en la cruz el letrero con el motivo de la condena, INRI. Presenta la boca entreabierta denotando esfuerzo, nariz corva. Gorro rojo y borde de dos vueltas, de perfil recortado, en color blanco. Jubón verde y debajo chaleco rojo, ajustándose con cintillo. Desnudo el brazo derecho, que sostenía el martillo. Calzón verde, con acuchillados. Botas altas, ceñidas a la forma de la pierna.
Cuando Agapito y Revilla realizó la reconstrucción del paso lo colocó en una escalera baja y apoyando un pie en el suelo. Como ya supuso Arribas, y comprobó Martín González por la descripción de Canesi (“y un judío clavando el rótulo en lengua hebrea, griega y latina, y dos sayones partiendo la túnica y jugándose los dados”), su situación correcta es asomando por encima del Crucificado.

Sayón de la esponja (CE0527) 2,34 m. x 0,72 m. x 0,96 m.
Situado a la derecha de Jesús, le acerca una esponja clavada en la punta de una lanza, lo que da lugar al nombre de la escena “Sed Tengo”. Este sayón mide 2,34 m. Con una mano sostiene la lanza, cuya punta sujeta la esponja, hacia lo alto.
Estupenda cabeza, de blando modelado. Ceñudo aspecto, nariz corva, mostacho de puntas recurvadas. Mira con fijeza a Cristo. Tiene bigote y perilla.  Gorro rojo, con borde dentado y borlas en la parte posterior.  Jubón de color ocre y camisa blanca asomando por la abertura delantera. Calzón verde, sujeto con agujetas al jubón; baja hasta la media pierna y luce acuchillados. Botas altas, caídas, luciendo las piernas desnudas. Mangas acuchilladas y brazos desnudos.


Sayón de la lanza o del caldero (CE0528) 2,20 m. x 0,62 m. x 1,08 m.
Aparece de pie, con la pierna izquierda adelantada con una lanza en su mano derecha que alza hacia Jesús, mientras en la mano izquierda sostienen un caldero con la “posca” o líquido con vinagre, para impregnar la esponja. Se cubre con gorra. Tiene mostacho, perilla y un mechón en la frente. Coraza verde con hombreras. Mangas verdes, con acuchillados de color rojo y botones muy prominentes. Calzón rojo, con acuchillados y borde denticular. Bragueta con botonadura prominente. Calza botas altas y calzas verdes dejando éstas la entrepierna al descubierto.


Sayón descalabrado (CE0529) 1,37 m. x 0,58 m. x 1,50 m.
Se le llama de esta suerte en los papeles de la cofradía, debido a una herida cicatrizada que presenta en la parte posterior de la cabeza, con pérdida de masa del cabello. Está con la rodilla derecha en tierra, en la misma actitud del sayón anterior, repartiéndose la túnica. Con la mano izquierda sostienen el cubilete de los dados, mientras que con la derecha señala la suerte. Grandes mostachos. Lleva calzones verdes acuchillados hasta las rodillas. Calza botas que dejan ver las piernas desnudas. Jubón rojo sujeto con correa; grandes hombreras.



Sayón de los dados (CE530) 1,88 m. x 1,10 m. x 1,07 m.
Aparece en primer término, a la derecha de Cristo, está de pie con su brazo y mano extendida en clara intención de lanzar los dados. Figura de elegantísima composición. Rostro ceñudo, pero blando. Soberbias manos, en actitud expresiva. Magnifico equilibrio de la figura, colocada de forma inestable. Pese a la vulgar condición del personaje, ennoblecido con elegantísima composición.
La cabeza la cubre con un gorro verde con adornos rojos. Tiene gran actitud expresiva y presenta un magnífico equilibrio en la figura al tirar los dados al suelo, sorteándose la túnica de Jesús. El imaginero ha querido acentuar el gesto del sayón incrustándole una cicatriz en su mejilla derecha. Destaca la diferencia que guarda su desaliñado atuendo con la elegancia y bizarría de su oponente en el juego.
Viste gorra, jubón, con la espalda al aire y un brazo descubierto. Calzón hasta media pierna y sandalias. Gorro verde, a modo de birretina, con adorno de acuchillados de color rojo. Jubón de color marrón con hombreras. Cuelga la manga derecha y asoma la camiseta. Calzón de color verde, con abundantes acuchillados. Encarnación mate.


BIBLIOGRAFÍA
  • ARRIBAS ARRANZ, Filemón: La Cofradía Penitencial de N.P. Jesús Nazareno de Valladolid, Imprenta y librería Casa Martín, Valladolid, 1946.
  • MARTÍ Y MONSÓ, José: Estudios histórico-artísticos relativos principalmente a Valladolid: basados en la investigación de diversos  archivos, Imprenta de Leonardo Miñón, Valladolid, 1898-1901.
  • MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José: El escultor Gregorio Fernández, Ministerio de Cultura, Madrid, 1980.
  • WEB DEL MUSEO NACIONAL DE ESCULTURA

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