domingo, 21 de abril de 2013

PINTORES VALLISOLETANOS OLVIDADOS: Aurelio García Lesmes II



Por estos años decide trasladar su residencia a Valladolid. A partir de 1930 monta su taller en su casa de la calle de Acibelas y asiste con frecuencia a las tertulias del Café Ideal Bouquet, en donde mantiene charlas sobre pintura con sus buenos amigos el pintor Sinforiano del Toro y el escultor José Luis Medina de Castro. Su ciudad natal lo recibe con afecto y admiración, disponiéndose a rendirle un merecido homenaje. García Lesmes necesitaba volver a su tierra porque se había convencido de que su pintura sólo podía desarrollarse en contacto permanente con los paisajes tan queridos para él de los alrededores de Valladolid: Mucientes, Zaratán, Fuensaldaña… Durante los veranos trabajaba en una pequeña casa de campo que poseía en la cañada de Zaratán, de donde todas las mañanas salía a pintar.
En noviembre de 1930 se celebra en homenaje al pintor una importante exposición antológica de su obra en el Salón de Fiestas del Ayuntamiento, organizada por la Real Academia de Bellas Artes, el Ateneo y la Asociación de las Prensa, en la que figuraron cuarenta paisajes, siendo la más completa del pintor celebrada en vida. A ésta le sucedería otra magna exposición, esta vez en Madrid, que vino a significar la consagración y reconocimiento más palpable de su obra. En octubre de 1931 y en el Salón del Museo de Arte Moderno de Madrid, sito en la Biblioteca Nacional, se celebró esta nueva exposición antológica en la que figuraban treinta y un lienzos, todos ellos paisajes a excepción de dos retablos, una figura de campesina (Espigadora) y dos bodegones. A la inauguración asistió el presidente del gobierno, don Manuel Azaña, quien elogió ampliamente la obra del vallisoletano.
García Lesmes mostrando sus obras a don Manuel Azaña, con motivo de su Exposición antológica en 1931 en el Museo de Arte Moderno de Madrid. ABC, 27-X-1931
El reconocimiento a su labor le sería ratificado en su ciudad natal al ser elegido miembro de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción. Ingresó como académico el 12 de mayo de 1934, cubriendo la vacante de José Martí y Monsó. En el solemne acto de recepción entregó en agradecimiento uno de sus más interesantes retratos, el del entonces presidente de la Academia, don Narciso Alonso Cortés.
Retrato de Narciso Alonso Cortés
Ese mismo año obtuvo por oposición en Madrid una plaza de profesor de dibujo de Instituto. En septiembre de 1935 tomó posesión de la misma en el Instituto Núñez de Arce de Valladolid, cargo que desempeñó hasta el comienzo de la Guerra Civil. El inicio de la contienda sorprendió a García Lesmes en Madrid, a donde había acudido nuevamente a opositar, esta vez a cátedra de dibujo. En la zona republicana, el pintor seguiría ejerciendo su labor docente, dedicándose en Madrid a pintar, junto con un grupo de jóvenes y entusiastas artistas, murales y carteles propagandísticos, en la línea de los creados por Josep Renau y otros pintores republicanos. A fines de marzo de 1937 tomó posesión de la cátedra de dibujo del Instituto de Segunda Enseñanza “Gabriel Miró”, en Orihuela (Alicante). Afiliado al partido socialista y plenamente identificado con la causa del gobierno republicano, colaboró con el mismo, participando en el acondicionamiento de los cuadros del Museo del Prado que fueron evacuados a Valencia para protegerlos de los bombardeos del bando nacional. A fines de ese mismo año, solicitó su traslado a Barcelona, pasando a desempeñar desde finales de 1937 la cátedra de dibujo del Instituto obrero de Barcelona.
En el verano de 1939, el desenlace de la Guerra Civil le obliga a abandonar precipitadamente el país, partiendo para el doloroso exilio a la ciudad de México y sin haber logrado reunirse con su familia. En su calidad de refugiado político, vive en México las tristes y azarosas vicisitudes del destierro. Allí, para subsistir consigue una plaza de profesor de dibujo en el Instituto Luis Vives de la capital azteca. Reside en un pequeño apartamento del Paseo de la Reforma, en donde improvisa de nuevo su estudio y pinta algunos hermosos paisajes mexicanos, de sugestivo colorido e intensa luminosidad.
Paisaje mexicano
Aurelio García Lesmes fotografiado en México
Aurelio García Lesmes fotografiado en México en 1940
Paisaje mexicano
Autorretrato en México evocando a su esposa
Por una serie de dificultades, entre otras la conservación de su puesto de trabajo, a comienzos de 1941 el pintor se nacionaliza mexicano, y al año siguiente tiene lugar su trágico fallecimiento, víctima de un accidente de tráfico, al ser atropellado por un camión. El 26 de marzo de 1942, la B.B.C. de Londres daba la noticia de su muerte. El día anterior fue sepultado en el panteón español del cementerio de la capital mexicana. El acto constituyó una verdadera manifestación de duelo, asistiendo al mismo numerosos compatriotas y amigos del malogrado pintor, entre ellos la mayoría de los ex-ministros y otros importantes políticos españoles exiliados.
Posteriormente, se han celebrado algunas exposiciones en homenaje a su memoria y que han contribuido a recordarnos su obra. Los más importantes de las cuales tuvieron lugar en octubre de 1955 en la Sala Toisón de Madrid, en donde figuraron veinticinco paisajes castellanos, y sobre todo, la organizada por el Banco de Bilbao de Valladolid, celebrada en febrero-marzo de 1981, con el mayor número de obras hasta entonces expuestas del pintor: cincuenta y tres.
Paisaje de la sierra
A diferencia de los otros dos grandes pintores vallisoletanos de la primera mitad del siglo XX: Eduardo García Benito, viajero y cosmopolita, conocedor y partícipe de las corrientes de vanguardia, y Anselmo Miguel Nieto, elegante y cotizado retratista, afincado en Madrid, Aurelio García Lesmes se presenta como el más inspirado intérprete del paisaje castellano. Su pintura está más arraigada en nuestras tradiciones artísticas, a pesar de ser menos “universal” que la de aquéllos. Su obra se nos muestra separada del limitado ambiente pictórico local para ofrecernos una de las obras más avanzadas del arte español de su tiempo, en la que se evidencia un profundo conocimiento del post-impresionismo europeo y de las corrientes de la Vanguardia histórica. Su obra también tiene ciertos puntos de contacto con el impresionismo: la vibración de la luz, la descomposición de las formas, la adopción del “plein-air” o “airelibrismo”, el uso de los tonos claros y luminosos, la carencia del negro como color, la manera de tratar las sombras, y el empleo en éstas del violeta como complementario del naranja, que para Lesmes equivale a una cegadora y cálida luz. Puede afirmarse que es uno de los más modernos paisajistas españoles de la primera mitad del siglo XX.
El mayor mérito del vallisoletano García Lesmes reside en haber sabido dar una concepción totalmente nueva del paisaje de su tierra, destruyendo la falsa leyenda de la parda y austera Castilla. El rompe con el tópico del paisaje castellano presidido por la monotonía y la aridez de sus llanuras. García Lesmes rescata un paisaje de colorido delicado y apacible, de matizada y alegre luminosidad. Frente a la supuesta monotonía cromática, frente a los consabidos amarillos y los tópicos pardos de las tierras de Castilla, Lesmes nos muestra una sorprendente riqueza de matices y una variedad colorista que nada tiene que envidiar a la de otras regiones. Lesmes despliega en sus obras los más bellos tapices de elegantes y refinados colores, los más vivos y luminosos tonos, y ello porque no cree en ese concepto del paisaje triste y sombrío que la literatura ha exagerado a veces con obstinación. Afirmaba el crítico Gutiérrez Navas que García Lesmes “no es el pintor de esa Castilla escueta, tosca y áspera, de la que se ha hecho un lugar común literario, es el descubridor de una Castilla moderna. Lesmes la ha sentido fina, casi femenina, lo mismo en sus matices que en sus líneas”.

La siega
La producción pictórica de García Lesmes no fue demasiado extensa, por lo que su estudio aún sigue planteando grandes dificultades pues se halla muy dispersa por distintas colecciones particulares, preferentemente vallisoletanas, madrileñas y bilbaínas. Dentro de su producción predominan los paisajes castellanos, aunque también son muy representativos los que pintó durante su estancia en Aragón, concretamente en el pueblecito de Bardallur, en la provincia de Zaragoza. De esta época datan asimismo algunos de sus más interesantes retratos como el de cuerpo entero y con vestido amarillo de su cuñada Juliana Ángeles Santos. De su estancia aragonesa se conservan entre otros: varios paisajes de Bardallur, El Jalón, El Barranco del Conejero, Las Cuevas del Cabezo y El camino de la Mejana.
Camino de Bardallur
Bardallur
El Jalón
Cuevas del Cabezo
La fama de García Lesmes se debe a sus magníficos paisajes castellanos, así entre ellos se pueden destacar los campos cercanos a Valladolid (Zaratán, Fuensaldaña, Mucientes, Villanubla), los tesos de Cabezón, el Castillo de Montealegre, Tordesillas con su plaza, Peñafiel…
Alrededores de Valladolid
Tesos de Cabezón
Campos de Fuensaldaña
Castillo de Montealegre
Paisaje de Mucientes
De su ciudad natal escoge los viejos rincones, las rúas más emotivas y los arrabales más pintorescos: la Plaza del Corrillo, la Calle de la Caridad, la Calle de Espantá del gato… Además de Valladolid, también le atrajo la inigualable belleza del paisaje segoviano, la impresionante visión de su catedral (El barranco de las Brujas), el tipismo de sus pueblos: Pedraza de la Sierra, Sepúlveda, Zamarramala…
Vista de la iglesia de la Antigua
Plaza del Corrillo
Calle de la Caridad
Carretera de Zamarramala
En otras ocasiones abordó también con singular fortuna los paisajes de jardines, puestos de moda desde el triunfo del Modernismo. En Madrid cultivó con especial acierto esta temática dejándonos bellísimos ejemplos de los de la Moncloa y del Retiro. En su ciudad natal pintó asimismo algunos paisajes del estanque del Campo Grande. Todos ellos, aunque muy coloristas, no dejan de evocar en ocasiones a los exquisitos y poéticos jardines de Rusiñol.
Jardín de la Moncloa
Jardín de Moncloa
Estanque del Campo Grande
Dentro de su obra posee menos interés el retrato, género en el que precisamente no destacó; no obstante merecen destacarse por su modernidad algunos retratos de sus familiares más inmediatos, como los de su esposa y su cuñada. Más escasos son aún los cuadros de tipos castellanos y los de naturaleza muerta, estos últimos con cacharros y productos de la tierra, de mediana calidad aunque de grato colorido.
La Dama
Retrato de Doña Juliana Ángeles Santos Chamorro, cuñado del pintor
Retrato de Doña Luisa Santos Chamorro, esposa del pintor
Retrato de Doña Ángeles Santo
Retrato de Don Manuel Solares B
Finalmente señalar, que aunque García Lesmes no tuvo discípulos, no obstante, habría que destacar la gran influencia que tuvo sobre algunos notables paisajistas, paisanos suyos, como Raimundo Castro-Cires y Manuel Mucientes.

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PINTORES VALLISOLETANOS OLVIDADOS: Aurelio García Lesmes I

BIBLIOGRAFÍA
  • BRASAS EGIDO, José Carlos y ORTEGA COCA, María Teresa: “Aurelio García Lesmes”, Vallisoletanos: Colección de semblanzas biográficas, Obra Cultural de la Caja de Ahorros Popular de Valladolid, Valladolid, 1983, pp. 115-142.
  • BRASAS EGIDO, José Carlos y ORTEGA COCA, María Teresa: García Lesmes (exposición), Banco de Bilbao, Valladolid, 1981.

2 comentarios:

  1. Soy antiguo vecino de Bardallur, y la verdad que ha sido una muy grata noticia el ver cuadros de mi pueblo de los años 30 me gustaria que a través de este blog me indicase quien supiera, donde están los originales

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  2. Magnífico trabajo de investigación. Muchas gracias

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