domingo, 4 de marzo de 2012

MUSEO NACIONAL DE ESCULTURA: La colección del Museo Nacional de Reproducciones Artísticas


El día 28 de febrero de este año se inauguró un nuevo espacio dentro del Museo Nacional de Escultura, se trata de la colección del Museo de Reproducciones artísticas, cuyo fondo, casi nunca fue valorado, no tenía sede fija desde hacía más de veinte años. Ahora, una selección de estas esculturas, fundamentalmente griegas y romanas (270 piezas), de las más de 3.000 con que cuenta la colección se exponen en la Casa del Sol, aunque más concretamente es en la antigua iglesia de San Benito el Viejo.
Esta colección amplia los horizontes del Museo de Escultura, puesto que suma a su ya gran colección, otras obras, réplicas de las mejores esculturas de la antigüedad.


¿Es la copia una no-obra de arte? Los museos de reproducciones han vivido un largo descrédito, porque, en el siglo XX, la idea de arte se ha basado en el aura del objeto y auténtico. La copia, en cambio, ha sido considerada como una práctica mecánica e "indigna" y un fenómeno silenciado en las Historias del Arte. Pero este desdén empieza a disminuir. Vivimos sumidos en una "cultura de la copia". Se descubre su atractivo y se reinterpreta su significado. Los debates culturales, la moda, la explosión digital, las tendencias del arte actual a la apropiación, la cita y la repetición, y otras realidades contemporáneas nos revelan que el antagonismo entre original y copia esconde múltiples paradojas. Basta recordar que célebres obras clásicas son copias romanas de obras griegas perdidas. O que, en muchas esculturas, el proceso es inverso, pues la "obra original" es un modelo en cera o arcilla que el artista suele destruir. O que, en el pasado, poseer una copia moderna de una estatua antigua fue un privilegio de reyes. Y es que la relación de los hombres con el arte -en la era de la imprenta y del grabado, en la de la reproducción industrial o que en la era informática- es inconcebible sin su reproducción. Por ello, una colección de copias produce, en nuestros hábitos artísticos, una inquietud muy "sana". Nos hace reflexionar sobre los límites de la verdad, la identidad y lo original. Nos desorienta porque evoca obras del pasado que "están" y "no están" a la vez. Nos enseña cómo los Modernos se han servido de los Antiguos para reinterpretarlos. Y revela, en definitiva, que el problema de "lo falso" es un falso problema.

A fines del siglo XIX, grandes capitales europeas, como París, Londres o Berlín, crearon museos de copias, inspirados por una utopía educativa: reunir obras maestras de todas las civilizaciones. Uno de los más notables fue el Museo Nacional de Reproducciones Artísticas, fundado en 1882. Su colección fue confiada en 2011 al Museo Nacional de Escultura. Aquí se ofrece una selección de sus réplicas clásicas. Son valiosas en sí mismas porque son centenarias, de gran calidad y realizadas en los mejores talleres europeos; porque fueron, y siguen siendo, una "musa blanca" que ha inspirado a artistas y estudiosos y porque encarnan lo que fue el museo imaginario de la clase culta europeo. Dominan los vaciados, una técnica milenaria, delicada y perfecta, junto a otras formas de reproducción -litografía, galvanoplastia o fotografía-. Todas ellas cobraron auge en el siglo XIX, el siglo de los grandes inventos en el campo de la reproductibilidad técnicas, cuando una potente industria de lo Bello afrontó un desafío sin precedentes: acercar la multitud al arte, el arte a la multitud. (Textos extraídos de los paneles del Museo)

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