viernes, 8 de noviembre de 2013

ESCULTORES VALLISOLETANOS OLVIDADOS: Antonio Vaquero Agudo (1910-1974)


Hacía ya mucho tiempo que venía buscando noticias sobre Antonio Vaquero, un escultor que me encantaba desde que vi su estatua de los Reyes Católicos. Realmente puedo decir que es de los pocos a los que verdaderamente admiro. A pesar de la gran calidad que reviste sus obras es un escultor semi-desconocido para el público en general. Por suerte para mí, hace no mucho pasé por la calle Miguel Iscar y vi un cartel que anunciaba una exposición sobre él en la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción. Desde aquí espero contribuir con este pequeño homenaje a levantar la memoria de este gran escultor e imaginero. Si conoceis alguna obra suya más os ruego me lo comenteis. Gracías!! También deciros que no os perdais la exposición, merece mucho la pena, los horarios los podeis ver en la foto del cartel.
Antonio Vaquero Agudo fue uno de los escultores más dotados y personales del panorama plástico vallisoletano. Formado en el taller local del prestigioso escultor Ramón Núñez, junto a otros jóvenes valores de la época como José Luis Medina, Baltasar Lobo o Rafael Sanz, sus obras, alargadas y manieristas, manifiestan su deseo idealizado de superación.
Comenzó diciéndose de él que, entre los artistas presentes en la primera exposición local a la que acudió con 18 años, era “el mejor orientado y el más hábil técnicamente”, reconociéndosele entonces como “escultor joven, estudioso y que se orienta, después de un cuidadoso estudio del natural, hacia nuevas concepciones, afinando su técnica para doblegarla a su fina sensibilidad”. En efecto, el tiempo acabó dando la razón a aquel crítico de arte pues, cuando Vaquero falleció, otro crítico, Antonio Corral Castanedo, recordaba que el escultor “no desdeñó nunca en sus obras la modernidad” y que “llevó hasta ellas, bien seleccionadas, bien comprendidas –no por alarde, sino cuando realmente la habían cautivado y concebido– los últimos hallazgos, las últimas búsquedas, los últimos descubrimientos”.
A su labor escultórica unió la docente. Como Profesor y Director de la Escuela de Artes y Oficios ha ejercido gran influencia en la generación posterior de escultores de Valladolid. Entre sus discípulos contamos con Leopoldo del Brío (1945, La Parrilla, Valladolid), Rafael Isla Sanz (1942, Tudela de Duero, Valladolid) o la gran Ana Jiménez López (1926, La Coruña).

Antonio Vaquero con Francisco de Cossío (28-XII-1954)
Cuando en una ocasión García Platón le preguntó cómo era su estilo, le confesó haber “querido hacer una cosa actual uniendo mi arte a la tradición que aquí existe”, de ahí que el citado Corral señalase que nunca renunció “a su estilizado y hondo clasicismo; a ése su profundizar en lo más vivo y humano de la arcilla, de la madera o del mármol, para despertar sus inquietudes más líricas, más austeras y más sinceras”.
Se sentía muy feliz siendo escultor pero reconocía que, como tal, “no había tenía ningún relieve” si se comparaba con su admirado amigo Lobo, “uno de los más importantes escultores de Europa”. Siempre se sintió descontento con el resultado de su obra, incluso, al final de sus días, en un arrebato de pesimismo, confesaba que “destruiría todo lo que ha hecho”, considerándose “el mayor enemigo de mis esculturas”. También pensaba que habría “podido ser más de lo que soy, que no soy nada” pero que, al regresar a Valladolid después de su etapa formativa en Madrid, se encontró con que su ciudad no era “el mejor sitio para estas cosas del arte”, por falta de ambiente artístico: “Tenía que haberme marchado, como Lobo, y no volver” y solo así podría haber hecho “una obra más auténtica, más mía”.

Antonio Vaquero en la entrega de la Medalla Nacional

BIOGRAFÍA
Antonio Vaquero Agudo nació en Valladolid el 7 de octubre de 1910. Sus padres, Ramón Vaquero Aznar y Enriqueta Agudo Roca, le dieron otros tres hermanos: Rafael, José Ramón y María Antonia. El matrimonio vivía por entonces en la c/ José María Lacort, nº 26, 2º. La familia paterna, originaria de Alcora (Castellón), se había dedicado desde el siglo XIX al comercio de quincalla, loza, cristal, cuadros y molduras en sus establecimientos de Fuente Dorada y Ferrari. En el local situado en los soportales de Fuente Dorada se abriría después la famosa librería Santarén.
El padre de Antonio practicaba el dibujo y la acuarela, y su abuelo era un magnífico dibujante, de ahí que sus principios fuesen titubeantes entre la pintura y la escultura, por la que también se sentía atraído.
Finalmente decidido por la escultura, en el año 1920 se matriculó en la Escuela de Artes y Oficios, centro dirigido por entonces por el escultor Ramón Núñez. En ella curso seis años de Imaginería, Modelado y Vaciado, obteniendo las máximas calificaciones y premios extraordinarios. Al mismo tiempo cursó por libre los cuatro cursos de bachillerato, según el plan de 1914, en el Instituto General Técnico.

Antonio Vaquero estudiando
Pensionado, mediante oposición, por la Diputación Provincial, se trasladó a Madrid en 1926 para continuar sus estudios en la Escuela Central de Bellas Artes de San Fernando, donde cursó los de Escultura con Miquel Blay y Miguel Ángel Trilles, así como los de Profesorado, finalizándolos en 1930. Por entonces acudió también a la Escuela de Artes y Oficios de la capital y consiguió sobresaliente en “Talla de piedra”. En San Fernando ganó, igualmente por oposición, tres premios: el de la Fundación Álvarez Pereira, el premio Madrigal y el Aníbal Álvarez, además de cinco diplomas de mérito, concediéndole el Ministerio de Fomento el último año una subvención para ampliar estudios por España.
En la citada Escuela de Bellas Artes de Madrid hizo amistad con Cristino Mallo (hermano de la pintora Maruja Mallo), Juan de Ávalos, Zabaleta y Baltasar Lobo. Con este último, siendo estudiantes ambos en la Escuela de Artes y Oficios de Valladolid, ayudó a Ramón Núñez en la estatua del Corazón de Jesús que corona la torre de la Catedral. Otras personalidades con las que entabló amistad fueron el escultor Alberto Sánchez (de quien decía que como era panadero, sus esculturas parecían “riches”), y Victorio Macho (años después, quedarían siempre en la estación de Valladolid para comer juntos cuando Victorio pasaba hacia Palencia).
Una vez finalizados sus estudios, empezó a trabajar para concursos y encargos. En 1930 obtuvo dos primeros premios en un certamen organizado por el Ayuntamiento de Valladolid (según se dice en la propuesta de la Alcaldía para conceder al escultor la Medalla de Plata de la Ciudad, en 1956).

Antonio Vaquero en una excursión con alumnos y profesores de la Escuela de Artes y Oficios
Alistado en el reemplazo de 1931, un año después se incorporó al Regimiento de Infantería de San Quintín nº 32, en Valladolid, del que fue licenciado aquel mismo año por ser soldado acogido al capítulo XVII. De regreso a Madrid, en 1934 se matriculó de nuevo en San Fernando para cursar colorido, dibujo científico y ornamentación, así como en métodos y procedimientos de enseñanza del dibujo y del arte en los centros de enseñanza primera y secundaria del extranjero. El título de Profesor oficial de Dibujo se le expidió el 20 de mayo de 1936, año en el que también obtuvo, por oposiciones, la plaza de Profesor de dibujo del Instituto General y Técnico. Fue entonces cuando tuvo clara su vocación docente.

Titulo oficial de Profesor de Dibuujo
Al estallar la Guerra Civil vivía en una pensión, con pocos medios, y por consejo de sus amigos se alistó en el ejército republicano. Daba clases de topografía y dibujo a los oficiales y generales. Él mismo contaba que lo pasó muy mal, puesto que ni siquiera sabía disparar. Poco después volvería a Valladolid, donde trabajó entre 1936-1944 como Auxiliar Temporal de la asignatura de Modelado y Vaciado en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos y, al año siguiente, recibió el nombramiento de profesor Auxiliar Numerario de la misma materia, pasando, en 1948, a profesor Numerario de Entrada, a la vez que desde 1946 se encargaba del Taller de Imaginería de la Escuela.
En oposición libre, obtuvo plaza en 1950 como profesor de Término, con destino en la Escuela de Santa Cruz de Tenerife (por aquellas fechas obtuvo la misma plaza, pero en la Escuela de La Coruña, el escultor Ángel Trapote); sin embargo, aquel curso marchó a prestar sus servicios temporalmente, como agregado, a la Escuela de Corella (Navarra), en la enseñanza de Modelado y Vaciado, desempeñando también la dirección de aquel nuevo centro, cuya organización puso en marcha debido a su experiencia como secretario de la escuela vallisoletana durante los años 1945-1950. En este último año contrajo matrimonio, en Santander, con María Teresa Vizán Duque, natural de Medina del Campo, maestra nacional de la escuela aneja a la Normal de Valladolid. El matrimonio no tuvo descendencia.

Reintegrado a su destino de Santa Cruz de Tenerife en 1952, pudo participar del éxito alcanzado por aquel centro académico en la II Exposición Nacional de las Escuelas de Artes y Oficios Artísticos, celebrada en Barcelona, en la que consiguió 3ª medalla. En Canarias permaneció hasta 1955 en que accedió, por concurso de traslado, a la plaza de profesor de Término de la Escuela de Valladolid.
Revocado tal acuerdo ministerial a favor del profesor Ángel Trapote Mateo, con el consiguiente disgusto se le destinó a  La Coruña, en cuya Escuela se mantuvo hasta 1962 cuando, de nuevo por oposición libre, obtuvo plaza de profesor de Término de la asignatura “Imaginería Castellana” en la Escuela vallisoletana. De este centro sería nombrado director en 1969, desempeñando el cargo hasta su fallecimiento.

Antonio Vaquero en El Escorial junto a otros profesores y alumnos de la Escuela de Artes y Oficios
Al frente de la Escuela vallisoletana llevaría a cabo una gran labor, consiguiendo las nuevas instalaciones en su actual emplazamiento de la calle Leopoldo Cano. Bajo su dirección y cuidado se inició en 1948 una serie de publicaciones de arte, como complemento a las enseñanzas prácticas y para mayor estímulo de la formación estética de los alumnos, habiéndose editado las monografías dedicadas a Alonso Berruguete, Juan de Juni y Gregorio Fernández, que tuvieron una efímera continuación.
En Valladolid, siendo muy joven, tuvo su primer estudio en la c/ General Almirante, enfrente de la casa de Alonso Berruguete, después, en los años cincuenta se instaló en la avenida Ramón y Cajal nº 12, y, en 1967 construyó el definitivo en la calle Trafalgar, estudio que hoy disfruta la escultora Belén González. El domicilio familiar estuvo durante muchos años en el Paseo de España, nº 17, y más tarde, en los años setenta, en el nº 20 de la calle Panaderos, donde después de una larga y penosa enfermedad falleció a los 63 años, el 2 de abril de 1974.

PERSONALIDAD
Un testimonio, el de Eloísa García de Wattenberg, le definía como “hombre inteligente, afable, comprensivo, entrañable, trabajador y, sobre todo, de buen amigo”. Todos los que le trataron subrayan que era un hombre de conducta ejemplar, profundamente religioso, de trato de lo más afable, siempre pronto a la risa franca y a la opinión sincera; discreto, sencillo, espontáneo, sin excesivas ambiciones, “su modestia le hizo huir de toda ostentación y publicidad”; con cierta dificultad para expresarse, “modelaba con precisión sus palabras y sus ideas, tocadas siempre de trascendencia y de humor”. De físico agradable, elegante en sus modales, culto, gozó siempre de la simpatía de la sociedad vallisoletana de la época porque le reconocía como “un hombre de provincias que ha triunfado en la capital de España”.

PREMIOS
Su carrera, iniciada oficialmente en 1928, cuando la Real Academia de Bellas Artes Provincial le otorga 1ª Medalla en la Exposición Castellana organizada aquel año, se consolidó en 1954 al recibir el accésit del Premio Nacional de Escultura. En 1955 se produjo su consumación como gran artista, gracias a la concesión de la 1ª Medalla del Premio Nacional de Escultura con el proyecto de Monumento a los Papas Luna, para Játiva. En 1956 se le encargó la restauración de la escultura medieval de Nuestra Señora de San Lorenzo, patrona de Valladolid. Todos estos premios, símbolo de que había “conquistado extraordinario renombre” en España, sumado a la magnífica restauración efectuada a la Patrona, llevaron al Consistorio vallisoletano a concederle ese mismo año la Medalla de Plata de la ciudad. El premio reconocía “el gran prestigio que ha dado con sus obras a nuestra ciudad y a la provincia de Valladolid”.

Medalla de Plata de la Ciudad (1956)
En 1958, creyéndose provisto de suficientes méritos, se decidió a ingresar como Académico de número, en la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, para la que había sido elegido doce años antes, aunque su discreción le hizo declinar la lectura del discurso. En su lugar entregó la escultura titulada Cabeza de adolescente.

ESTILO. CARACTERÍSTICAS E INFLUENCIAS
Su obra, no demasiado amplia, se encuentra en muchos puntos de España y sobre todo en Valladolid, permaneciendo su quehacer en la línea de los célebres imagineros que dieron tan alto nombre a la Escuela Castellana. La Academia; la antigua Casa Sindical; el Instituto Médico Psicopedagógico; la iglesia de San Antonio de los Padres Franciscanos; las Dominicas Francesas; la iglesia de Santo Domingo de Guzmán; las Dominicas de la Anunciata; las Madres Carmelitas y los Hermanos del Corazón de María tienen escultura suyas, de variada iconografía, realizadas en piedra o madera. Otras se reparten en Aguilar de Campoó, Saldaña, Santander, o Cáceres.

Pese a la profusión de obra de tema religioso, Vaquero se sentía más a gusto eligiendo libremente los temas, si bien es cierto que no tuvo ocasión de hacerlo muchas veces. La época en la que vivió, y el hecho de vivir en una provincia, no favorecieron el que expusiera en galerías de arte, con obras de repertorio, sino que realizara encargos o concursos. Probablemente por esa misma circunstancia ha sido casi olvidado, fuera y dentro de Valladolid, donde poco a poco vemos desaparecer sus obras: el Monumento a la División Azul fue retirado hace unos años de su emplazamiento; el Monumento a los Reyes Católicos ha sufrido varios cambios de destino, además de sufrir durante años la verdea de humedad y musgo. El gran relieve del vestíbulo de la antigua Casa Sindical, en la Calle Dos de Mayo, está semisepultado entre bancos y tablones de anuncios en perfil de aluminio. La naturaleza y la desidia siempre son más fuertes que los punteros y las gradinas.
Su producción se caracteriza fundamentalmente por tres singularidades:
  • El interés por la figura humana. En contadas ocasiones trata temas animales, vegetales, o paisajísticos.
  • La utilización preferente de la piedra y la madera como materiales. Pocas veces recurre al bronce, hierro u otros materiales.
  •  Sus esculturas suelen tener unas proporciones muy alargadas, emparentado de esta manera con la obra de El Greco, Modigliani y Giacometti, otros tres artistas que, como él, sintieron el valor de la clasicidad latina como presupuesto estético de partida para su obra. Con este alargamiento del canon busca una mayor espiritualidad de las figuras y un acento de elegancia.
Fotogafía tomada de http://www.funjdiaz.net/
Antonio Vaquero siempre dijo no ser discípulo de nadie. Aún así, siempre recordó con cariño a su profesor Ramón Núñez, reconoció su respeto por Victorio Macho, lo mismo que por Julio Antonio, aunque no lo declarase, al menos en sus comienzos, mientras que en la década de los cincuenta consideraba a Josep Clará “como el más estimable del momento”. Pero, preguntado sobre qué autores le interesaban más para su obra, contestó: “Los del período gótico, cuya escultura es anónima en su mayoría, excepto la escuela francesa. Para mí son los más expresivos y en ellos encuentro más inspiración”.
Nunca quiso parecerse ni estar vinculado a ningún maestro español, pero la obra de Giacomo Manzú o de Marino Marini suscitaba su admiración, tan clásicos y modernos al tiempo y, por encima de todos, la figura de Donatello. Las ideas estéticas de ambos escultores llamaban poderosamente su atención: unas ideas estéticas muy alejadas de lo que se considera hoy que fueron vanguardias escultóricas en España, Julio González y Pablo Gargallo, por ejemplo, o Henri Moore en el ámbito exterior.
También las figuras del escultor vallisoletano reflejan esta intención de sobriedad y de estilización que no se contradice en nada con el esquema de los italianos, sino que, paradójicamente, con quien contrasta es con los ejemplares escultóricos de tradición barroca que en los años de desarrollo profesional de Vaquero inundan el entorno castellano, y aún más, el vallisoletano.
A pesar de que no le gusta hablar mucho de sí mismo, llegó a decir: “no soy muy académico”. Este comentario nos pone sobre la pista de esta lejanía, intencionada, o ineluctable, que siente hacia las corrientes tradicionalistas de Castilla. “Pretendo que [mi escultura] sea lo más actual posible… Esto parece muy poco, pero es un deseo muy ambicioso”, le dice a Félix Antonio González en una entrevista de 1956.

Fotogafía tomada de http://www.funjdiaz.net/

PRIMERAS ESCULTURAS
Sus primeras obras tienen como protagonistas a los bustos y cabezas. Así, por ejemplo tenemos el Busto del niño Baltasar Lobo (Yeso. 1923. Paradero desconocido), una Cabeza de Castellano (Yeso. 1928. Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción) o la Cabeza de Adolescente (Piedra Rosa. 1942. Real Academia de Bellas Artes de la Purísima). Mientras que con la Cabeza de Castellano, donada  a la Academia por la viuda el artista, obtuvo la Primera medalla en la Exposición Castellana organizada por la Real Academia de Bellas Artes Provincial, con la Cabeza de Adolescente selló su ingreso en la referida Academia. Una artículo de la época describía muy gráficamente esta última obra: “Bella cabeza adolescente e infantil. Cara unipersonal, en apariencia, recordaba más bien un fragmento de estatua, recién salida de una excavación del Cerro de los Santos o de Mérida, medio ibérica, medio romana. En el fondo de estas pupilas, de este bello y enigmático rostro, ha expresado, sin embargo –queriendo o sin querer–, algo de la aridez y de la nostalgia inconmensurable de esas tierras –plenas e inmensas–, de los barbechos y de las rastrojeras de Medina de Rioseco, de Valoria la Buena, de la Mota del Marqués, de Nava del Rey, de Arroyo de la Encomienda –veo aún la hermosa mano morena de la muchacha labradora que nos señalaba, a lo lejos, el camino de cera y de añil–, de Simancas, archivo del Imperio”.
Otra obra de estos inicios, y de la cual desconocemos su paradero, es el relieve del Bautismo de Cristo (Yeso. 1931). En él aparecen representados San Juan Bautista y Cristo en el momento del bautizo de este último. A los extremos del relieve aparecen dos personas en posición orante. Personalmente me recuerda mucho, estilísticamente hablando, al arte griego.

Busto de Baltasar Lobo niño (1923)
Cabeza de Adolescente (1942)
Cabeza de Castellano (1928)
Bautismo de Cristo (1931)
OBRAS IMPORTANTES
PIEDAD (Santander, Cripta de la Catedral. 1943)
Obra sumamente pesada (2.300 kgs.) realizada en Piedra de Novelda. Fue encargada por el Ayuntamiento de Santander como monumento a los caídos en la Guerra Civil. Calificada por su autor como una “reproducción” de la Quinta Angustia de Gregorio Fernández conservada en la parroquial de San Martín de Valladolid. Sin embargo, no es una reproducción exacta ni hecha en el mismo material, además de ser algo menor que el original y mayor que el natural; su rostro es más clásico y los pliegues más flexibles. Policromada, contra su parecer: “creo que al policromar la piedra se resta calidad a la escultura”.

Piedad (1943). Fotografía tomada de internet
VIRGEN DE LA VERA CRUZ (Cáceres, Iglesia de San Mateo. 1953)
La escultura, realizada en madera de pino policromada, fue encargada, a su costa, por el párroco de la iglesia de San Mateo, y cofrade de la Cofradía de la Cruz, Santiago Gaspar. Se trata de una réplica de la escultura original de Gregorio Fernández que se conserva en la iglesia penitencial de la Vera Cruz de Valladolid. Introdujo variantes: los pies calzan sandalias, están desnudos en parte; las manos son de mayor delicadeza y finura, más femineidad en la figura. Sentada sobre unas peñas. En la policromía le ayudó el pintor Fidel Giralda.
El Dr. Luis de Castro en un artículo publicado en 1953 comentaba sobre la imagen de la Virgen: Vaquero “ha seguido la fidelidad de Fernández; y es por lo que Cossío, con gran razón, ha calificado a esta obra de réplica y no copia. Vemos en la cara de esta obra de Vaquero una cierta conjunción de Gregorio y de Juni y los pies calzados con sandalias están más a tono con la realidad”. La imagen salió en procesión por primera vez el 3 de mayo de 1953, “escoltado por las damas de la Cruz vestidas con la clásica y españolísima mantilla”.

Virgen de la Vera Cruz (1953) Fotografías tomadas de http://cofrades.hoy.es/photo/albums/quinario-dolorosa-de-la-cruz

VIRGEN DE SAN LORENZO (Valladolid. Iglesia de San Lorenzo. 1956)
Se trata de una réplica, a menor tamaño, realizado para la cofradía. En la actualidad se halla en la calle, en una pequeña hornacina situada en la parte baja de la torre.

Réplica de la Virgen de San Lorenzo (1956)
ESCULTURAS PARA LA IGLESIA DE SAN ANTONIO (1960-1965)
Existe un lugar en Valladolid donde se agrupan un gran número de sus obras. Se trata de la iglesia franciscana de San Antonio de Padua, en el Paseo Zorrilla. Su primera obra para este templo fue la Cruz y cordón franciscano (1960) que pende de la fachada de la iglesia. En 1961 realiza un gran lote de esculturas: el Sagrado Corazón, situado en el altar de la Epístola; la Inmaculada, en el del Evangelio; y un relieve representando a San Francisco de Asís y el hermano Lobo. El remate, escultóricamente hablando, llega en el año 1965 con la realización de un San Antonio de Padua, titular de la iglesia, para el altar mayor.
La Inmaculada, realizada en piedra de Novelda, es “de bellos rasgos. Suavemente modelada, en partir en cara, manos y pie… da una sensación de ingravidez, a lo que contribuye, con esa sensación de modelado, la de los pliegues de la túnica y manto. La escultura es una armónica conjunción de rasgos clásicos y otros modernos…”. Se conserva el modelo en yeso para el sacado de puntos. El relieve de San Francisco y el hermano Lobo posee un gran encanto y elegancia. También se conserva el modelo en yeso para sacado de puntos. La gigantesca imagen de San Antonio de Padua, que preside el altar mayor, y del cual también se conserva el modelo en yeso, “tiene ternura y majestad. Su ingrávida, maravillosa manera de tener al Niño resulta una solución sorprendente… la ingravidez preside toda la obra: San Antonio semeja poder andar por el aire. Ni el Niño le pesa ni él parece pesar, tal es el aliento que los sostiene… Magnífica la talla, magnífica la policromía”. Según Jesús Urrea, esta escultura “puede inscribirse en el mundo de las formas que vuelan”.

Cruz y cordón franciscano (1960)
Sagrado Corazón (1961)
Inmaculada (1961)

Boceto de la Inmaculada
San Francisco de Asís y el Hermano Lobo (1961)
Boceto de San Francisco de Asís y el Hermano Lobo
En la exposición dedicada al escultor se conserva un modelo en yeso para sacado de puntos de un San Francisco de Asís. Por otra parte en el año 1961 el escultor dice tener comenzados “un frontal, un San Antonio y un San Francisco para los RR. Padres Franciscanos”. Además de todo ello, se conservan tres bocetos, totalmente diferentes entre ellos, sobre la realización de un altar a San Francisco. En uno de ellos la escultura es bastante similar al presente modelo de yeso. También es verdad que en la iglesia de San Antonio de Padua existe una escultura prácticamente idéntica a la del tercer proyecto de altar a San Francisco, y que sigue, a grandes rasgos, los San Franciscos realizados por Gregorio Fernández y Pedro de Mena. Quedan dos dudas: ¿el modelo en yeso al final se llevó a cabo?, y ¿la escultura que sigue la tipología de Mena fue realizada por Antonio Vaquero?.

San Francisco. Modelo en yeso
Los tres proyectos para el altar de San Francisco
San Francisco de Asís según el modelo de G. Fernández y P. de Mena
MONUMENTO CONMEMORATIVO DEL MATRIMONIO DE LOS REYES CATÓLICOS (Valladolid, Jardines del Palacio de Congresos Conde Ansúrez. 1968-1969)
El monumento, teñido de claras implicaciones políticas, y su inauguración constituyó uno de los puntos culminantes de una serie de actos festivos (Día de la Hispanidad; festejos populares; representaciones teatrales, cabalgatas, alegóricas, etc.) y culturales, alguno de estos últimos de cierta trascendencia por la investigación histórico-artística del período, como la Exposición Nacional, documental e iconográfica, sobre la época de los Reyes Católicos celebrada en el Museo Nacional de Escultura.
Este proyecto se había concebido como una fuente-escultura. La fuente, hoy desaparecida, era diseño de Balmori, y venía a complementar el grupo de los Reyes, elevado sobre pedestal, realizado por Vaquero. Estaba constituida por tres bandejas cuadradas, realizadas en piedra de Campaspero, la central desplazada hacia la parte izquierda del basamento, cuya superposición escalonada permitía el fluir ininterrumpido del agua de una a otra bandeja –expresión del eterno fluir de la Historia–, hasta caer en un estanque de borde recto en dos de sus lados y curvado en los extremos izquierdo y frontal.
El grupo de los Reyes Católicos se levantaba sobre un basamento cúbico de granito. Vaquero realizó en piedra de Sepúlveda un monumento pleno de elegancia y estilización. El boceto en yeso de los Reyes, de 1,25 metros de altura, se conserva hoy en el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de Valladolid, habiendo sido donado en 1986 a dicha Institución por la viuda del escultor.
Tanto monta. Monta tanto (1969)

MONUMENTO A LA DIVISIÓN AZUL (Paradero desconocido. 1974)
En 1970 el Ayuntamiento de Valladolid encargó a su Sección de Arquitectura un proyecto de monumento que debería de haber tenido forma de obelisco. En 1971 se concretaron las características del mismo (hormigón armado y granito); finalmente se encomendó al escultor Vaquero “un proyecto de monumento… que se terminará de pagar con cargo al superávit de 1973”.
El monumento poseía un significo importante dentro del contexto político de la Dictadura y, por ello, también degradado y deteriorado hasta su retirada definitiva. El monumento, emplazado en los Jardines del Cuatro de Marzo, consistía en un bloque rectangular prismático en piedra de Campaspero con delicados y estilizados relieves de carácter simbólico alusivos a los “voluntarios” españoles de la campaña alemana en Rusia durante la Segunda Guerra Mundial. Estos relieves, modelados y vaciados en escayola por Vaquero, fueron llevados a la piedra por el sacador de puntos Fernando Chicharro, pues el escultor falleció en el transcurso de este trabajo.

Monumento a la División Azul (1974)
LA VIRGEN ENTREGANDO EL ROSARIO A SANTO DOMINGO (Valladolid. Dominicas Francesas. 1958)

PANTEÓN DE LA FAMILIA RODRÍGUEZ SANMARTÍN (Fuentes de Nava (Palencia), Cementerio Municipal. ¿1959?)
Se conserva modelo en yeso para sacado de puntos. “Un ángel como en ingrávida suspensión que, entre sus manos, cruzadas sobre el pecho, sostiene una dorada cruz. El ángel viste una severa túnica, sobria en pliegues, y por bajo de cuya orla asoman los pies desnudos. La cabeza angélica se destaca sobre un halo y toda la figura, limitada lateralmente por unas alas geométricas, resalta en un fondo de forma lanceolada, de dos metros de altura y uno de ancho”.

Proyecto para el Panteón

SAGRADA FAMILIA (Valladolid, Hermanos de San Juan de Dios. 1960)
Se trata de un altorrelieve realizado en piedra rosa de Sepúlveda. “En la composición se da preferencia al Niño Jesús, figura central del grupo, con la túnica finamente policromada con el fin de exaltar aún más la figura, a la que se ha dado el mayor relieve hasta el punto de haber quedado casi exenta. En torno suyo, compuestos en planos inferiores, las figuras de la Virgen y de San José, éste en último plano”.

Sagrada Familia (1960)
Boceto en yeso
NIÑA DE LAS PALOMAS (Valladolid, Colección Pérez González. 1962)
Realizado en piedra de Campaspero para el interior de la desaparecida Cafetería Risko en Valladolid (c/ Santiago esquina c/ Héroes del Alcázar, 2).
Niña de las Palomas (1962)

VIRGEN MILAGROSA (Paradero desconocido)
La imagen fue realizada en piedra. Se conserva el modelo en yeso para sacado de puntos.
Virgen Milagrosa
CRUCIFIJOS
En el haber de Antonio Vaquero hay algunos crucifijos, todos ellos denotan cierta influencia de Donatello. Existen ejemplares en el Colegio del Sagrado Corazón (MM. Dominicas de la Anunciata), en el Colegio de las Hermanas Carmelitas de la Caridad, en la iglesia de Santo Domingo de Guzmán, y en el Colegio de los Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús. Finalmente, fuera de Valladolid hay otro ejemplar en la Residencia de las Hijas de Santa María de la Providencia (Hermanas Guanelianas) en Aguilar de Campoo (Palencia).

Crucifijo de la iglesia de Santo Domingo de Guzmán
VIRGEN DE LA CANDELARIA (Saldaña (Palencia). Misioneros Combonianos. 1960)

SANTA CLARA (Paradero desconocido)

RELIEVE DE LA VICTORIA SINDICAL Y OTROS TRABAJOS (Valladolid. Antigua Casa Sindical)
Los relieves representan, además de a la Victoria Sindical, a otros trabajos agrícolas y fabricas. La figura alada de la Victoria Sindical presenta cierta relación con otras Victorias del Monumento a los Caduti di Mentana en Milán, obras de Giselli.

La Victoria Sindical

RELIEVES DE LA VIRGEN CON EL NIÑO  Y ÁNGELES (Valladolid. Iglesia de San Mateo)
Realizados en piedra caliza. Se sitúan en la parte superior de la fachada.

PROYECTOS DE MONUMENTOS
Uno de los grandes apartados de la obra de Vaquero son los proyectos de tumbas o monumentos, muchos de los cuales no se llevaron a cabo, por haber ganado otras personas los respectivos conjuntos, o bien han desaparecido.
Cronológicamente, el primero es el Proyecto para la tumba del general Severiano Martínez Anido (1940). No lo llevó a cabo pues el proyecto ganador fue el del escultor conquense Luis Marco Perez. El proyecto de Vaquero constaba “en su cabecera un hombre y una mujer; ella sostiene una cruz y él una espada. Las piernas se doblan, esta vez de tristeza. Es el mausoleo de un general. Una curva de escalones invita a subir silenciosamente, y unos platos esperan que alguien prenda en ellos una luz. En esa obra se va acercando Vaquero a lo que hoy es un escultor de influencia italiana”.

En 1954 realiza un anteproyecto de Monumento a la Inmaculada (1954) con el cual consiguió el accésit/2ª Medalla nacional de Escultura en el concurso convocado por la Dirección General de Bellas Artes con motivo del Año Santo Mariano. El arquitecto Secundino Zuazo, miembro del jurado, “elogió en ella el sentido arquitectónico, a base del arco ojival gótico, pero dejando margen a las tendencias modernas dentro del estilo tradicional religioso”. Según su autor, el conjunto “está basado en un arco ojival, resuelto de un modo moderno. Un gran escalinata centra el pedestal de la imagen”, deseaba que se hiciese en Valladolid.

Otro proyecto que le reparó éxito, quizás el mayor de su carrera, fue el de Monumento a los Papas Calixto III y Alejandro VI (1955). El concurso tenía como objeto el realizar un Monumento a los dos Papas Borgia (Calixto III y Alejandro VI) en la localidad de Játiva. Vaquero se alzó con la Medalla Nacional de Escultura, que estaba premiada con una cantidad de 15.000 pts. El propio Vaquero explicaba en qué consistía su proyecto: “Un proyecto de monumento a los Papas Calixto III y Alejandro VI… se ha concebido para Játiva, cuna de los Borgias. Es un grupo simple, con un cuerpo central, a los lados las estatuas de los dos Pontífices y en el extremo de los laterales, dos ángeles. Está concebida sobre planos sintéticos y rigurosamente actuales”. “Lo considero como un anteproyecto, un avance de lo que yo pudiera hacer. Llegado el momento de su realización lo estudiaría de un modo definitivo”.
En 1970 concurre al concurso convocado por el Ayuntamiento de Ávila con motivo de la concesión del doctorado a Santa Teresa de Jesús. El Proyecto de Monumento a Santa Teresa de Ávila fue realizado conjuntamente con el arquitecto Carlos Balmori, con el cual colaboró ya en el Monumento a los Reyes Católicos. Desconozco si se llegó a realizar, y en caso afirmativo también desconozco su paradero. El Ayuntamiento de Malagón (Ciudad Real) se interesó por él pero acabó encargando otro al manchego Joaquín García Donaire (1926-2003).

Dos proyectos sobre los que desconocemos la fecha y sobre si se llegaron a materializar son los dedicados a “Los caídos por la Patria” y a Gerardo Moraleja. Del Proyecto de Monumento a los caídos por la Patria solo conservamos el dibujo de un boceto. En cambio, del Proyecto de Monumento a Gerardo Moraleja se conservan dos bocetos. En el primero de ellos podemos ver el busto prolongado de Gerardo Moraleja sobre un alto basamento en el cual aparecen escritos en relieve “GERARDO MORALEJA” y debajo un dibujo de difícil adscripción. El conjunto se completaba con un zócalo de una escalera, lo cual contribuía a su monumentalización. El otro proyecto consistía en representar al sacerdote jesuita sentado, leyendo un libro que apoyaba en sus piernas. El escultura estaría asentada sobre un pequeño zócalo en cuyo frente iría grabado “GERARDO MORALEJA” y en las dos caras laterales los años de nacimiento, “1885”, y muerte, “1948”. Debido a la perspectiva del boceto ignoramos si en la cara trasera iría esculpido algo más.
Se desconoce si fue un encargo o bien un proyecto para un concurso. Lo que no cabe dudas es que el monumento tendría como destino o Gomeznarro (su pueblo natal) o Medina del Campo (ciudad de cuya colegiata fue presbítero, además de ser un importante historiador de la localidad). Tampoco conocemos la fecha de los bocetos, aunque se puede suponer que sería poco después de 1948, año de la muerte del clérigo.
Monumento a los Caidos por la Patria
Primer Proyecto para Monumento a Gerardo Moraleja
Segundo Proyecto para Monumento a Gerardo Moraleja

BOCETOS
Conservamos unos cuantos bocetos más realizados por el artista. Desconocemos tanto si se llegaron a realizar, como el lugar para el que fueron hechos:
Altar Sacramental, Panteón de los héroes, Cristo resucitado, Niño desnudo (1929), Mujer con el Niño (realizado ya en 1958), Felipe II (realizado ya en 1958), San Juan Bautista (realizado ya en 1958) y San José con el Niño.
El catálogo editado a raíz de la exposición dice lo siguiente sobre alguna de estas estampas:
Mujer con el Niño: “Es una madre a quien se le deshace la carne a fuerza de amor por el hijo que lleva en brazos. Su cabeza se acerca mucho al siglo de los precursores del Renacimiento. El aleteo de Donatello trae aquí un aire que se ve”.
Felipe II: “Toda la figura rezuma excepcional carácter español, sin influir para nada el tema. Quiso el escultor darle al Rey un agotamiento excesivamente extremado. Las manos se le caen muertas y el pecho se le hunde. A la cabeza se le va la fuerza y en la cara hay palidez mortal”. Tengo la impresión personal de que este boceto tendría como finalidad la realización de un monumento público al rey.
San Juan Bautista: “Levanta una mano; es un joven de musculosas piernas acostumbrado a caminar sin descanso. Es figura recia y llana de elegante apostura. Los grandes planos de su vestido acusan por debajo una robustez de atleta. Hay algo de enigma en su cara, cosa indefinible”.

Altar Sacramental
Cristo Resucitado
Niño desnudo
Felipe II
Mujer con su hijo
Panteón de los Héroes
San José con el Niño
San Juan Bautista

RESTAURACIONES
Retablos de la Virgen del Carmen y de Nuestra Señora de Loreto (1954. Valladolid, Iglesia de Santiago); Virgen de San Lorenzo (1956. Valladolid. Iglesia de San Lorenzo); Virgen de las Angustias (1957. Medina del Campo. Iglesia Colegial de San Antolín); Cristo del siglo XVI (1958. Montemayor de Pililla); Cristo de la Misericordia (1959. Palencia. Iglesia de Nuestra Señora de la Calle).

BIBLIOGRAFÍA
  • CANO DE GARDOQUI GARCÍA, José Luis: La escultura pública en la ciudad de Valladolid, Universidad de Valladolid, Valladolid, 2000.
  • GARCÍA DE WATTENBERG, Eloísa: La escultura contemporánea en Valladolid: [catálogo exposición], Museo Nacional de Escultura, Valladolid, 1980.
  • GARCÍA DE WATTENBERG, Eloísa: Las obras de restauración y adaptación llevadas a cabo en el Colegio de San Gregorio, de Valladolid, hasta la instalación del Museo Nacional de Escultura en el edificio, Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, Valladolid, 1985.
  • GONZÁLEZ, Belén: “Antonio Vaquero Agudo” en Félix Antonio GONZÁLEZ: Personajes vallisoletanos, II, Valladolid 2004, pp. 313-324.
  • GONZÁLEZ-SIMANCAS LACASA, Manuel: “Un retablo de alabastro en pleno siglo XX”. En GÓMEZ LEIRA, Manuel y GARRIDO GONZÁLEZ, Manuel: Torreciudad, Madrid, 1988, pp. 165-192.
  • LÓPEZ ANTUÑANO, José Gabriel: Valladolid, arte y cultura: Guía cultural de Valladolid y su provincia (2 tomos), Diputación de Valladolid, Valladolid, 1998.
  • URREA, Jesús: Antonio Vaquero (1910-1974). Un escultor olvidado, Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, Valladolid, 2013.
  • URREA, Jesús: Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción: pinturas y esculturas, Diputación Provincial de Valladolid, Valladolid 1998.

sábado, 2 de noviembre de 2013

ÁNGELES SANTOS TORROELLA (1911-2013). Historia de una pintora surrealista "vallisoletana"


Bien es sabido que nunca, ni siquiera hoy en día, se ha valorado igual la obra de los artistas masculinos y femeninos. Pues bien, este es un buen momento para poner en su lugar la figura de Ángeles Santos, una pintora que merece un lugar privilegiado en el Olimpo de la pintura surrealista española. Aunque su vida fue amplia, solo hablaremos de su etapa vallisoletana, que a la postre fue su etapa pictórica más importante. Una muestra de su importancia nos la indica que dos de sus obras (Un mundo y La tertulia) fueron seleccionadas para el libro “Las cien mejores pinturas del siglo XX”.
La pintura de Ángeles Santos en Valladolid se enmarca en un período muy corto, del otoño de 1928 a la primavera de 1930, años vinculados a una revitalización de la cultura española muy potente: son los años de la generación del 27, momentos en que la ciudad vive un ambiente cargado de creatividad.

Autorretrato (1928)
La figura de Ángeles Santos es comparada por Plaza Santiago con la de Van Gogh, por cuanto “produce su obra más esencial en un periodo de unos dos años para después suicidarse, mientras que María Ángeles afortunadamente no termina de manera tan trágica, pero en su período creativo podemos encontrar analogías; una crisis psicológica muy fuerte y su traslado a un sanatorio psiquiátrico de Madrid”.
Ángeles Santos en Portbou (1936)
En su caso existe un vehículo que transmite esa fuerza, se trata de un libro esencial para entender esta pintura y a quienes la cultivaron. Se trata del libro Realismo mágico: Post-expresionismo: los problemas de la más reciente pintura europea, obra realizada en 1925 por Franz Roh. Muy pronto (1927) se tradujo al español por Fernando Velasco en la revista “Occidente”, produciendo un impacto sorprendente al dar a conocer un mundo prácticamente inédito que se conectaría con ese “realismo mágico” y a su vez con la tendencia denominada como “le rappel à l´ordre” o “la vuelta al orden” frase que se atribuye al pintor André Derain, donde se ponía freno a una cadena de rupturas radicales que habían marcado la pintura occidental desde 1914.
Ángeles Santos
Tras el Fauvismo, el Futurismo, el Expresionismo más radical, se creó una necesidad de volver al orden, de recuperar una mirada clásica, que acabará dando lugar a una serie de nuevos realismos que se extienden por Europa. Se originará una reconstrucción de la imagen real, de la imagen persuasiva después de los descoyuntamientos de la imagen abstracta o cubista, dando lugar a una nostalgia de la imagen visual, reconocible pero que ya no sería la misma que se manejaba en las academias antiguamente, sino una imagen con un halo de misterio, un clima metafísico, un clima inquietante como característica de este movimiento.
La pintura de Ángeles Santos suscitó mucho interés a todos los niveles, así Francisco de Cossío, su “descubridor”, y que entonces era director del Museo Nacional de Escultura. Cossío tuvo la visión de que en Ángeles Santos se encerraba un talento temprano aconsejando a su padre para que la dedicara exclusivamente a la pintura. Su padre tomó en serio el consejo de Cossío y la proporcionó todo el material, así como un profesor, Juan Cellino Perotti, cuyo estudio se encontraba en la calle de la Liberad donde enseñaba a pintar  jovencitas vallisoletanas de la alta sociedad a pintar cuadros que imitaban tapices antiguos, un hombre hábil, formado en la restauración, nada imaginativo sino absolutamente académico y muy útil para enseñar todos los secretos técnicos de la pintura.
Calle Alonso Pesquera (1929)
Calle Alonso Pesquera (1929)
Así “el milagro Ángeles Santos”, como lo define Plaza Santiago, es el resultado del encuentro con una ciudad en la que se vive una efervescencia literaria y artística considerablemente activa y con una serie de profesionales que de pronto la descubren, además de un temperamento, el suyo, extraordinariamente inquieto. Quizás el hecho de ser hija de un funcionario de Hacienda con varios cargos en aduanas, con una vida viajera, motivaría un posible desarraigo, o también la falta de contacto con amigos de su edad, tan importantes en esos momentos, esta soledad, debía a los continuos traslados, nos explicaría su introspección y su vuelco hacia la lectura ferviente de libros que parecen inadecuados para una muchacha de su edad. Leía clásicos alemanes, autores recientes, tenía pasión por Juan Ramón Jiménez, monografías de artistas... Se encontraba muy refugiada en su mundo interior y en una intensa inquietud por crear.

BIOGRAFÍA
Ángeles Santos nació en 1911 en Port Bou (Girona), de donde era la familia materna, mientras que padre procedía de Saucelle (Salamanca). De niña vivió con su familia en Ripoll y posteriormente en Sevilla. De formación autodidacta, su vocación por la pintura se manifiesta plenamente a partir de 1928 cuando se traslada a Valladolid. Este hecho no fue casualidad puesto que por entonces, como ya se ha dicho, existía en la ciudad un ambiente que le permitió en muy poco tiempo desarrollar su labor, definida esta última por Plaza Santiago como “meteórica, fulgurante y singularmente atractiva”.
La vocación por la pintura debió tenerla desde muy niña, todavía no segura en cuanto a su trazo, parece ser que se inicia en Sevilla en un colegio donde se halla interna, mientras sus padres están en Ayamonte, pero es básicamente Valladolid el lugar y el momento de su prodigioso desarrollo. Aquí realiza un breve aprendizaje con el pintor italiano radicado en Valladolid Cellino Perotti y tiene ocasión de conocer la obra del inglés Cristóbal Hall, así como de frecuentar el Museo de Escultura interesándose por el estudio de la forma y del volumen.
El tío Pepet (1928)
El tío Simón (1928)
La tía Marieta [Vieja haciendo calceta] (1928)
Su profesor, Perotti, trabajaba en grandes formatos, mientras que los aficionados lo hacen en tamaños pequeños que se controlan mejor, pero quizás ese gusto por los tapices educaba a sus alumnos en la pérdida del miedo a los grandes formatos  y en la obra de Ángeles Santos, a veces el tamaño es considerablemente mayor de lo que esperaríamos, confiriendo a sus obras La tertulia, Un mundo una especial capacidad de impresionar.
La Academia de la Purísima Concepción tiene el mérito de haber impulsado una exposición en octubre de 1928 de artistas vallisoletanos en el Círculo Mercantil a la que fue invitada a participar siendo el inicio de su carrera pública. Su obra llamó la atención de la crítica debido a la espontaneidad e ingenuidad de los cuadros que presenta. Sus obras constituyen para muchos la revelación de la muestra, no solo por la juventud de la artista –16 años– sino por el encanto, la simplicidad un tanto infantil y la deliciosa entonación de sus pinturas.
Anita con delantal de cuadros azules y blancos (1928)
Niños en el jardín (1928)
El principal atractivo de estas primeras obras –retratos principalmente de niños y jóvenes– residía en esa especie de inocencia estética, de impericia y desconocimiento de recetas que, al lado de una pureza de auténtico primitivo, hacía tan sugestiva y moderna su pintura.
Niña [Retrato de Conchita] (1929)
Mi hermano Rafael (1928)
Cabeza de niña (1930)
Animada por este primer éxito, al año siguiente (1929) decide celebrar su primera exposición personal, en el Ateneo de la ciudad, la cual será su consagración. El interés de dicha muestra trascendió lo meramente local. En las veinte obras que reunió en el Ateneo vallisoletano –retratos y cabezas de mujer– quedaron bien patentes sus dotes y su entusiasmo juvenil que harían afirmar a Francisco de Cossío: “Estoy seguro de que nos hallamos frente a un caso excepcional de aptitud y sensibilidad, y que cuando se conozca este caso en el mundo de la pintura, ha de producirse una gran sensación…”.
Ángeles Santos inaugurando la exposición de sus cuadros en el Ateneo de Valladolid (11-IV-1929)
En la citada exposición, al tiempo que se puso de manifiesto la originalidad e inocencia de la joven artista, que pintaba sin ambición ni prejuicios, libre de influencias y artificios, se evidenciaba asimismo cierta huida de la realidad y el refugio en un mundo de ensueño y fantasía, que vinculaban su pintura a las últimas corrientes de  vanguardia, y en especial, al surrealismo. Cossío, en admirable crítica, descubre en la artista esa marcada inclinación por lo extraño y onírico: “Diríase que esta pintura en cierto modo tiene un poco color de sueño. Todos los cuadros de Angelita Santos son como soñados, y para ella la luz aparece siempre proyectada igual que en el cinematógrafo, de modo arbitrario, olvidándose a cada paso de las leyes del sol. Huye de la realidad a otro mundo distinto, donde pudiera convertirla en sueño. La realidad para ella no es sino un punto de apoyo para lanzarse a la invención. La realidad no la sirve sino para descubrir el secreto de la forma; después la fantasía hace lo demás…”.
Las críticas favorable la animan a seguir fomentado su creatividad, tanto es así que cuando expresó su deseo de realizar el cuadro Un mundo, su padre encargó a la empresa Macarrón un lienzo de grandes dimensiones que clavó en la pared para que ella pudiera pintar sin necesidad de trasladarse a un estudio, de hecho este cuadro está recortado en sus cuadro lados. Se trata de unas dimensiones extraordinarias si pensamos que fue pintado por una joven “aficionada” en su casa.
En octubre de ese mismo año (1929) será invitada al IX Salón de Otoño de Madrid donde expondrá el cuadro Un mundo – su obra maestra y más acentuadamente surrealista–, recibiendo de los críticos antes señalados su opinión en toda la prensa importante, convirtiéndose en un mito. Su obra atrajo a numerosos escritores y artistas. En Madrid entabló amistad con Pancho Cossío, García Lesmes, Jorge Guillén, Federico García  Lorca y sobre todo Ramón Gómez de la Serna, quien aprovechó una visita a Valladolid en octubre de 1932 para conocerla. García Lorca la llevaría a la tertulia del café Pombo para que conociera a todos los intelectuales, se la pasea como un miagro, un niño prodigio y muy frágil, en un éxito súbito. También la invitarán al club feminista “Liceo” de Madrid, donde están todas las señoras importantes de Madrid: políticas, mujeres de intelectuales, las autores más cotizadas… encumbrándola dentro de la pintura femenina y finalmente, en el año 1930, se le hará una sala propia en el Salón de Otoño, algo excepcional si tenemos en cuenta la rapidez de su carrera y de su producción.
A raíz del interés que suscitó su obra Un mundo, Ángeles Santos fijó su residencia en Madrid. Prueba de la importancia que los medios artísticos de vanguardia dieron a su pintura la constituye el hecho de que los organizadores del X Salón de Otoño, celebrado en Madrid en octubre de 1930, la dedicarán una sala especial en la que figuraron treinta y cuatro obras suyas, entre ellas, algunas tan expresivas y audaces como las tituladas: Niña comiendo, Pensativa, Tertulia, Familia, Un muerto… Según Manuel Abril, la primera impresión que producían aquellas obras de Ángeles Santos era risa y conmiseración por la torpeza de técnica, la ridiculez de temas y la estridencia inarmónica del color, sin olvidar el asombro que provocaban sus estrafalarias y disparatadas composiciones entre el público. Pero el mismo crítico advertía que superada esta superficial apreciación, sus cuadros destacaban por su novedad, su fuerza, su expresión honda y dramatismo. En ellos, la artista acertaba a plasmar todo un mundo de quimérico ensueño y fantasía, descubriendo la belleza de su aparente fealdad.
Más tarde en su época de crisis, el año 1931, sus cuadros irán a París, a San Sebastián, a Pittsburgh, a Copenhague, a Berlín, se trata de una itinerancia por las ciudades más brillantes del mundo que la consagrarán de una manera definitiva, pero ella ya no es, ha desaparecido como pintora de genio y se ha convertido poco a poco en una mujer “normal”, que pinta pero sin esa tensión, esa angustia, quizás la felicidad sea ajena a la genialidad que la caracterizaba.
En 1935 contrajo matrimonio con el pintor barcelonés Emilio Grau Sala, quien vivía por estos años en París, ciudad en la que se trasladan al año siguiente. De este matrimonio nacería en 1937 el que sería también notable pintor contemporáneo Julián Grau Santos.
El estudio de Grau Sala en París
Después de realizar algunas exposiciones más (como la de Galería Estilo, de 1934), Ángeles Santos se retiró de la pintura, hasta que mucho más tarde, en 1964 volvió a retomar los pinceles, reanudando su carrera artística

LA OBRA
Antes de hablar de su obra, hay que hacer referencia a un hecho: Ángeles Santos nunca ponía títulos a sus composiciones, ni siquiera los firmaba.
Estamos ante una obra temprana, antes de su momento de plenitud, el Vaso de vino, muy relacionada con bodegones que se hacían en la época, con una mirada muy concentrada en objetos cotidianos, un poco recuperando la tradición del siglo XVII. El vaso está realizado con cierta inseguridad y con la peculiaridad de presentar un cigarrillo consumiéndose sobre una mesa de mimbre trenzado sugiere quizás la posibilidad de un incendio, el paso del tiempo o bien el consumirse de las vidas.
Vaso [El vaso de vino] (1928)
La marquesa de Alquibla representa a una señora que vivía por entonces en Valladolid y cuyo marido fue uno de los impulsores de la carrera de Ángeles. En sus trazos aparece esa característica incisión en los bordes que le dan esa apariencia de escultura, de biselado en sus dibujos, algo muy del momento y comparable a lo que se está haciendo en otros lugares por estos años. En esta obra traslada su rebeldía juvenil a su modelo.
La Marquesa de Alquibla (1928)
Niña durmiendo o pensativa muestra a una mujer en actitud de ensoñación, con unos misteriosos huevos sobre el tablero. Hay una iluminación extraña que viene de abajo, debida sin duda a su afición al cine que usaba iluminaciones trucadas, exageradas sobre todo en ciertos géneros como el negro o el de terror.
Niña durmiendo [Pensativa] (1929)
La aparición de lo misterioso en su obra es muy temprana, siendo una de esas primeras Niña o Anita y sus muñecas. El óleo también aparece iluminado de una forma extraña, la expresión de la niña es inquietante, las sombras de unas muñecas que eran bomboneras, de moda en la época, nada tranquilizadora. La anécdota del cuadro tiene que ver con un crimen cuya víctima fue un fabricante de estas muñecas, llamado Pablo Casado y cuyo asesinato trascendió a la prensa publicándose fotos de estas muñecas en El Norte de Castilla y que seguramente vería, produciéndose en ella una conexión entre un objeto aparentemente inocuo con una muerte dramática estimulando su imaginación para hacer esta extraña pintura.
Nita [Anita y las muñecas] (1929)
La familia vivía en el edificio “Calabaza” frente al Santuario Nacional de la Gran Promesa, en esta casa probablemente se pintaron sus obras maestras como La tertulia en la que se representan tres mujeres con un personaje a la derecha abajo bastante enigmático por el que le preguntaron y la propia Ángeles recordaba haberlo tomado del Greco, no era un retrato sino que únicamente cumplía la función de completar la composición, y ciertamente en el Pentecostés existe una figura en similar posición. Pero de estas mujeres, hermanas, no se sabe bien quienes son, posibles vecinas con las que tenía amistad, quizás la de la derecha fuera María Álvarez, mujer con presencia en la vida académica de Valladolid.
En el cuadro las mujeres aparecen ensimismadas, sin comunicarse unas con otras, fuman, en actitudes desenvueltas, se mueven en una atmósfera que evocaría esa especie de asfixia que hay en los cuadros de Balthus y ciertos pintores vinculados a una trayectoria de carácter metafísico conectado con el surrealismo.
Tertulia [El cabaret] (1929)
En el retrato de María Álvarez, ésta aparece como asustada, con una mirada nada tranquilizadora, con la boca crispada, muy perfilada con una línea muy dura, parece moverse dentro de su ropa incómoda, algo que nos trasluce esa especie de inquietud característica de su momento más temprano.
Retrato de María Álvarez (1929)
El mundo, su obra maestra, deslumbró a todos los intelectuales españoles de la época, fascinante, un plantea cúbico que flota en un espacio con nubes y estrellas, al lado de una extraña escalera a cuyos pies una serie de personajes tocan instrumentos musicales. ¿Qué razones existes para suponer el origen de esta visión extraña? Ella comentó que esta pintura de gran formato estaba relacionada con un poema de Juan Ramón Jiménez en el que se habla de ángeles que encienden o apagan las estrellas. A parte de este planeta misterioso, en el centro aparece a la derecha una escalera por la cual bajan unas figuras que tomarían fuego del sol e irían encendiendo las estrellas, haciendo un recorrido perimetral.
Un mundo (1929)
El planeta es bastante sorprendente, tiene tres caras visibles, la primera cara, la horizontal, la prioritaria es un retrato de Valladolid, con su río surcado por unos extraños barcos de vela, un cementerio, edificios sin cerramiento que nos permiten ver lo que hay entre sus paredes, una sala de exposiciones, un cine, es una ciudad convertida en un símbolo. La cara de la derecha sería Portbou, donde vivió momentos de su infancia. Es una ciudad marítima, de ahí que represente la playa, un aeropuerto, una estación con sus vías, un campo de deportes, edificios sin techo, etc. Estas dos partes son bastante relacionables, en ella está hablado de los lugares donde ha permanecido más tiempo, espacios vinculados a sus recuerdos. En cambio en la tercera cara, más oscura, alude a una ciudad sintética, que refleja aquellos lugares que recorrió en su infancia.
Este planeta se halla rodeado de ángeles entre nubes, deudoras éstas de las del Greco, fosforescencias que el maestro pinta a veces en sus cielos, y poblado por esas figuras que ella llaman las madres que se suponen habitan otro planeta, Marte, pues en ese momento se hablaba de viajes a Marte en la ficción, de ahí tomaría la idea de la Tierra vista desde Marte. Ha querido relaciona esta extraña visión del mundo donde hay lápidas con los nombres de grandes literatos como Stendhal, Goethe y otros, enterrados allí, en su mundo, que han muerto pero desde la tumba nos están llamado a través de sus libros, con su ansia por saber, por leer, con esa extraordinaria curiosidad que tenía.
Aunque no solía realizar dibujos previos para elaborar sus cuadros, en este caso sí que los preparó, lo que nos permite ver los detalles de estas mujeres que son siempre madres al tiempo que tocan instrumentos musicales.
Un mundo. Boceto (1929)
La extraña pintura Alma que huye un sueño tenía que ver con versos de García Lorca y representa algo muy enraizado con su manera de sentir. El cuerpo de esta niña aparece como un estuche que se ha roto por la mitad y dejar salir el alma, la sombra del cuerpo se proyecta, no la del alma que se escapa y enciende los luceros al amanecer. Estas almas que huyen tiene quizás que ver con esa angustia suya por lo inalcanzable que atraviesa lo mejor de su obra.
Sueño [Alma que huye de un sueño] (c. 1929)
Otra obra de esta época muy conectada con la fantasía cósmica, es la titulada La Tierra, un pueblo primitivo. Representa un extraño planeta en el que las casas en esta ocasión son esféricas, con personaje recolectando frutas o adorando a un astro que aparece en el parte superior. Tiene que ver con El Mundo pero en esta ocasión de formato y complejidad mcho menor. Continúa en ese mundo de fantasía extraordinaria en la que ella vive.
La tierra [Pueblo primitivo] (1929)
En los años treinta se produce una mutación muy fuerte, llamada “expresionismo místico”, donde hay un interés por personajes medo deformes, caricaturescos, muy vinculados con la tradición expresionista centroeuropea, como La familia comiendo patatas de Van Gogh, donde se representa a unos individuos de baja extracción social, con unos rostros embotados representando una condición social primitiva o bárbara. Relacionada con esta manera de hacer está la obra, mutilada, La habitación con unas figuras femeninas en la parte de abajo que fueron suprimidas. El talante técnico es diferente, la pintura es mucho más suelta, con un toque más esponjoso que en las pinturas anteriores.
Familia cenando [Cena familiar] (1930)
Habitación (c. 1930)
El mundo de los desasistidos también figurará en su obra, concretamente en Niños pobres. Vemos una angulación extraña, cinematográfica, los sitúa en las galerías que tenían las casas de la época, hacia el patio inferior de la manzana, donde se tendía la ropa, donde se jugaba, con dimensiones muy grandes.
Niños pobres [Dos hermanos] (c. 1930)
En 1930 está fechado La niña muerta o Héroe muerto. Sirve de modelo una niña mendiga que ella recogió, la figura está rodeada por unos personajes extraños.
Un muerto [La Niña muerta. Héroe muerto] (1930)
Un cuadro muy extraño en su producción es Niños y plantas en la que unos niños con deformidades especialmente llamativas, las manos gigantescas, ella desea representar ramas de árbol, raíces, buscando una ambigüedad que probablemente tiene que ver con los síntomas de una neurosis que se estaba apoderando de ella de una manera muy virulenta.
Niños y plantas (1930)
Lilas y calavera cerraría la serie de pinturas realizadas durante estos dos años, pues vuelve a una iluminación tenebrosa muy de la pintura española del siglo XVII, donde coloca junto a una jarra con lilas una serie de objetos de los cuales llama precisamente la atención, una calavera mutilada que se apoya sobre unos platos vacíos, conexión que resulta cuanto menos inquietante, mostrando esa obsesión por la muere que la llevó a un conato de suicidio.
Lilas y calaveras [Naturaleza muerta] (1930)

BIBLIOGRAFÍA:
  • BRASAS ÉGIDO, José Carlos: Pintura y escultura en el siglo XX (1900-1936), Ateneo de Valladolid, Valladolid, 1988.
  • CASAMARTINA I PARASSOLS, Josep: Ángeles Santos, un mundo insólito en Valladolid [exposición], Museo Patio Herreriano, Valladolid, 2003.
  • PLAZA SANTIAGO, Francisco Javier de la: “La pintura vallisoletana de Ángeles Santos”, Conocer Valladolid. IV Curso de patrimonio cultural 2010/2011, Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, Valladolid, 2011.