martes, 16 de febrero de 2016

MONUMENTOS DESAPARECIDOS: EL TEATRO DE LA COMEDIA


El Teatro de la Comedia fue un edificio que provenía de un viejo corral de comedias del siglo XVI instalado en la actual plaza de Martí y Monsó. Pertenecía a la Cofradía de San José y Niños Expósitos, y funcionaba junto al hospital del mismo nombre. En 1609 ya llevaba largo tiempo de vida (“de muchos años a esta parte en cuyo patio se hacen y representan las comedias de los autores comediantes que vienen a esta ciudad”), y se hallaba en malas condiciones. Por ello, los patronos de la dicha fundación procedieron a restaurarla, y, en el mismo año, Bartolomé de la Calzada se ocupó de ello, contratando cinco columnas de piedra. Estas columnas serían, como veremos, las que se pusieron en la fachada del edificio –aunque estas fueron solamente cuatro– en la parte baja, separada de la alta por un friso, y en ésta, un balcón central flanqueado por dos bustos (que parece que han desaparecido, algo bastante habitual en esta ciudad). Interiormente se fue rehaciendo de acuerdo con las necesidades teatrales de la ciudad, y una descripción correspondiente a 1787 puede encontrarse en el Diario Pinciano de dicho año: “Valladolid tiene un teatro de comedias muy capaz y hermoso con dos órdenes de balcones, o palcos y un corredor que forma el tercer cuerpo: debajo de los balcones del primero hay unas gradas espaciosas y cómodas con otro corredor descubierto: la luneta es de dos órdenes de filas muy decentes; y en todo el patio caben hasta 20 personas. El foro podía estar más surtido de bastidores, pero hay los necesarios para representar cualquier faena, y cada día se irá mejorando. El Telón principal merecía retocarse pues es una buena pintura, que representa la fábula de Fineo, Rey de Arcadia, en el acto de venir las Arpías a ensuciar los manjares de su mesa, y levantarse a ahuyentarlas Calais y Cetheo, que convidados a ella, quisieron pagar el hospedaje a Fineo”.
 
Este teatro, el cual fue de las más famosos, amplios y cómodos de toda España, estaba vinculado con San José, como ya dijimos. Tal es así que en 1746 se decide pintar el techo de la sala con un cielo raso y un medallón con la figura del patrón San José en el centro y en el perímetro unos jarrones con flores, obra que es llevada a cabo por Francisco Manciles. El boceto se conserva en el Archivo Histórico Provincial.
 
Boceto del cielo raso. Fotografía tomada de http://domuspucelae.blogspot.com.es
El 26 de agosto de 1816 se dio principio a la obra de la entrada de comedias para hacer tres puertas y colocar entre ellas cuatro columnas con cornisa de piedra, de bella arquitectura, cuya obra fue dirigida por el arquitecto D. Julián Sánchez. El 30 de Diciembre de 1818 se cerró el coliseo de las comedias, suspendiendo las representaciones por tan sensible y temprana muerte de la Reina nuestra señora Doña María Isabel. Con el paso de los años, este espacio se fue cubriendo y, a partir de constantes obras, llegó transformado al siglo XIX en un teatro al siglo, aunque manifestaba en algunos aspectos su antiguo pasado.
En 1844 El Correo de Valladolid aseguraba que la casa-teatro tenía suficiente capacidad, que era de gustosa construcción y que contaba con un “completo y elegante surtido de decoraciones”. Sin embargo, parece ser que era mentira puesto que el edificio debía encontrarse en muy mal estado, tal y como lo indican las continuas obras que se llevan a cabo. En ese mismo año el actor José Revilla propone al Ayuntamiento diversas reformas de importancia, asegurando que el edificio se encontraba en un “estado deplorable”. El actor trataba de reformar totalmente el teatro, derribando el escenario para darle mayor anchura y altura, pintando todo el conjunto y reformando el proscenio y palcos. El proyecto no se llevó a cabo.
 
La situación llegó hasta tal punto que en enero de 1857 el gobernador civil pidió un informe al Ayuntamiento sobre las condiciones del teatro, ya que era pública y notoria la falta de seguridad del mismo. La Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción emitió el informe, asegurando que eran necesarias obras de consolidación. Llegados al 28 de enero de ese mismo año se ordena el cierre del teatro para realizar las obras. Una vez realizadas, se volvió a abrir el 7 de febrero. A pesar de la apertura, estaba claro que era necesario un nuevo teatro en la ciudad, cuyas gestiones se habían iniciado un año antes. No obstante, el de la Comedia seguía dispuesto a aguantar de pie a pesar de sus maltrechas instalaciones.
En el año 1861 el arquitecto municipal, Vicente Miranda, ordena nuevamente el cierre del establecimiento. No obstante, en la ciudad se comienza a extender la idea de que la decisión tenía claros tintes de prevaricación. El aguante impertérrito del edificio, la inmediata construcción del Teatro Lope de Vega y un oscuro asunto de una utilización fraudulenta de los enseres del teatro en el de Lope apuntalaban esta sensación, refrendadas dos años más tarde, cuando Martín Saracíbar, el arquitecto municipal que sustituyó  Miranda, emitió un informe en el que se aseguraba que el teatro ofrecía las medidas de seguridad exigidas. Será el inicio de una cierta disposición en contra del Lope de Vega, que trata de contrarrestar este estado de opinión lanzando panfletos atacando al Teatro de la Comedia y a cuantos le apoyan, que son duramente criticados por la prensa.
 
A pesar del informe del arquitecto municipal, el teatro siguió cerrado estando a punto de desaparecer ese mismo año. En mayo de 1863  un perito tasó el edificio con el fin de enajenarle y construir en su lugar una bolsa de valores. Un año después hubo un nuevo intento para convertir el edificio en una sucursal del Banco de España, dedicada primordialmente al cambio de billetes, aunque también resultó fallido el intento.
La fachada, en palabras de García-Valladolid, “afecta de la una casa particular: consta de dos pisos, ofreciendo en la planta baja tres puertas rectangulares comprendidas dentro de cuatro columnas de piedra, de orden toscano, al que corresponde también el interior de la sala; en el piso principal un balcón central y en los extremos por encima de la imposta que separa ambos cuerpos, dos bustos vaciados en yeso, leyéndose por bajo de la cornisa y sobre la puerta del medio, la inscripción que dice: TEATRO DE LA COMEDIA”.
 
El interior tenía forma de “U”, con dos pisos de palcos. En el primer piso había 16 palcos, además de uno central de mayor tamaño del Ayuntamiento, llamado palco de Presidencia o de la Ciudad. En el segundo piso había 18 palcos desde algunas reformas llevadas a cabo a mediados de siglo. Siempre estuvo pintado en tonos claros, que abarcaban desde el color marfil al rosa pálido, con detalles de oro bruñido. El escenario, por su parte, era pequeño en comparación con la sala, con una embocadura corta en los muros laterales, lo que hacía que el actor perdiera su voz al no servir como propagador.
Al Teatro de la Comedia le quedaban aún años de vida. En 1865 se confirma que “el vetusto teatro (…) el feo y desmantelado coliseo, que fue declarado ruinoso por los arquitectos y cerrado contra la voluntad del público (…) vuelve a hacer pinitos, hay quien quiere rehabilitarlos”. La idea de enajenar el teatro fue calando en el Ayuntamiento vallisoletano, que veía en esta operación un modo de desprenderse de un edificio que ya nada podía aportarle. A finales de 1865 se comienza a promover, anunciándose definitivamente la subasta para mayo de 1866.
 
Evolución sufrida por el Teatro. En la actualidad su terreno está ocupado por pisos. No recuerdo de dónde tomé esta fantástica serie, créditos a quien corresponda
El edificio se reabrirá en 1867 bajo el nombre de Teatro de Variedades. En este año se constata que antes de la apertura, en mayo, se llevaron a cabo obras de importancia en el escenario. Diez años después, en septiembre de 1877, hubo un nuevo cambio de dueños en el teatro, recuperando el nombre de Teatro de Comedias. A partir de este momento recuperaría su dedicación dramática –durante el período del Teatro de Variedades se decantó por los bailes y representaciones gimnásticas y circenses– con gran éxito. El día 11 de octubre de 1877 se reinaugura con la obra Los Comuneros de Ángel Medel.
A partir de aquí, la vida del teatro fluirá sin gloria pero sin los problemas que a punto estuvieron de hacerlo objetivo de la piqueta. Ya en el siglo XX hubo nuevas reformas hasta el derribo definitivo, llevado a cabo en 1930 cuando se construye el Cinema Coca, institución, que como es habitual en esta ciudad, murió también gracias a la piqueta y a la especulación.

BIBLIOGRAFÍA
  • MARTÍNEZ MARTEL Y ABADÍA, Demetrio: Diario de Valladolid que comprende desde Junio de 1810 hasta fin de dicho mes de 1834, precedido de un prólogo del Director de LA CRÓNICA MERCANTIL, Imprenta y Librería Nacional y Extranjera de Hijos de Rodríguez, Valladolid, 1887.
  • GAYA NUÑO, Juan Antonio: La arquitectura española en sus monumentos desaparecidos, Espasa Calpe, Madrid, 1961.
  • BERISTAIN, José Mariano: Diario pinciano. Primer periódico de Valladolid (1787-1788), Grupo Pinciano, Valladolid, 1978.
  • ORTEGA DEL RÍO, José Miguel: El siglo en que cambió la ciudad. Noticias artísticas de la prensa vallisoletana del XIX, Ayuntamiento de Valladolid, Valladolid, 2000.

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