miércoles, 10 de febrero de 2016

LA ESCULTURA FUNERARIA DE DON LOPE DE BARRIENTOS DE EGAS CUEMAN (h. 1447-1454)


Se trata de la mejor escultura funeraria del gótico”. Así de tajante se mostró, según nos dijeron, el profesor Lorne Campbell, una de las grandes autoridades en pintura flamenca del mundo, al ver frente a frente la escultura de Fray Lope de Barrientos (h. 1447-1454) conservada en el Museo de las Ferias de Medina del Campo. No es para menos, se trata de una escultura fabulosa de la que no puedes apartar la mirada y observar cada uno de sus detalles y de las filigranas que ha realizado el escultor. A continuación se explicará esta preciosa imagen siguiendo las sabias palabras de los profesores Ara Gil y Campbell.
Antes de comenzar a tratar el tema, quería recomendar un blog fabuloso que os va a encantar tanto a los que os gusta la historia como a los que no. Se trata de TEMPUS FUGIT. Los temas elegidos por su autora son muy curiosos, algunos de los cuales no creo que los veáis en otro lado. El desarrollo de los mismos es atractivo, riguroso, y con una narración ágil y comprensible para todos. Vamos, que se trata de una de esas joyitas que uno se encuentra en la red de redes cada mucho mucho tiempo. Y, nada, por último reclamar el papel de las humanidades. ¿Qué sería de nosotros sin la Historia y el Arte?

La estatua, realizada en alabastro policromado y dorado, fue realizada en vida del propio obispo, el cual la menciona en su testamento de 17 de noviembre de 1454. El obispo deseaba que se colocara sobre su sepulcro, en el centro de la capilla del hospital de la Piedad de Medina del Campo que él mismo había fundado. La imagen permaneció en aquel sitio hasta que hacia 1860 se trasladó a un nicho en la pared. El féretro, que se situaba bajo la estatua, estaba vacío, lo que mueve a pensar que el cuerpo de Barrientos se pudo trasladar con anterioridad o bien que nunca llegara desde Cuenca, donde murió el obispo. El hospital se cerró en 1864 para convertirse en una residencia de ancianos y después en una fábrica textil, antes de su demolición definitiva. Mientras tanto, en 1902 la estatua se había vendido ilegalmente y había llegado a manos del marchante Settiner, de París. Se recuperó después, y al volver a Medina del Campo se colocó en un nicho de la capilla del hospital de Simón Ruiz. Allí estuvo hasta 1999, año en el que se trasladó para su restauración. Una vez terminada esta, se depositó en el Museo de las Ferias, inaugurado en el año 2000.

La estatua del obispo y su policromía se conservan en un magnífico estado. Su figura (150 x 58 x 72 cms.) y la del perro (28 x 33 x 63 cms.) están construidas con 28 piezas distintas de alabastro, algunas muy pequeñas. Las piezas están unidas mediante armaduras de hierro, espigas de madera o de alabastro y diversos adhesivos. Hay pérdidas en la parte superior de la mitra y en la posterior de la cabeza y la mitra, donde falta una sección rectangular. Muchos de los dedos están dañados. El almohadón ha perdido las borlas de la parte delantera; al perro le faltan las patas delanteras y algo de policromía, aunque se han aprovechado los diversos tonos del alabastro para indicar el pelaje (es lo que se denomina “estudio de calidades”). Un orificio rectangular en la base de la columna vertebral del animal, hoy rellenado, contenía quizás un soporte, posiblemente para un dosel. No se ha podido determinar ni si todo el alabastro utilizado procedía de una misma cantera ni cuál era esta.

El obispo figura arrodillado, en oración y con la vista baja, y tiene la boca cerrada. Viste un alba bajo una dalmática que tiene adornos de hilo de oro y perlas y piedras preciosas aplicadas. Los bordes se rematan en flecos, así como los extremos de la estola. El precioso cuello puede formar parte de la dalmática o de un amito. En el medallón del pecho, un escudo sostenido por dos ángeles seguramente contuvo las armas de Barrientos. El escudo está coronado por un capelo, los cordones deberían tener seis borlas a cada lado dispuestas escalonadamente, las correspondientes a la dignidad de obispo, pero es imposible distinguirlas todas. Tras la copa del capelo sobresale una cruz sencilla. La policromía de la casulla permite pensar que esta es de terciopelo azul e hilo de oro, con forro de seda verde.

En el brazo izquierdo lleva un manípulo. Los guantes semejan probablemente un cuero muy fino; sobre ellos se ven varios anillos, entre los que destaca por su tamaño, en la mano derecha, el anillo episcopal con una piedra roja central rodeada por perlas. En el guante derecho se puede leer la inscripción “jhs” [Jhesus], y en el izquierdo “xps” [Christus]. La mitra es alta y está forrada con tela roja, y bajo ella lleva un gorro; las ínfulas, rotas, son muy largas y están cargadas de pedrería. En el estolón de la casulla están bordados sobre fondo de oro unos ángeles que portan los instrumentos de la Pasión: el situado detrás de las manos tiene el flagelo y la columna; el que está debajo, la lanza y los tres clavos, y el inferior las tenazas; en la espalda del obispo, el ángel superior lleva el martillo y la escalera; el siguiente, la cruz, y el inferior la corona de espinas y lo que parece ser la caña. La mitra y muchas de las prendas se enriquecen con aplicaciones de perlas de diversos tamaños. El alabastro está finamente labrado e inciso para sugerir los motivos, ondas y texturas de las telas de oro. El dorado se combina con detalles lineales para indicar el efecto de la luz sobre los tejidos. En algunas zonas, como los puños, el escultor aprovecha las características del material en una magnífica exhibición de virtuosismo técnico.

La cabeza de Barrientos es un poco mayor del natural. Los ojos están tratados con gran detalle, con los iris y las pupilas perfectamente definidos e incluso con pestañas y brillos, conseguidos mediante marcas raspadas en los globos oculares. Los ojos parecen presentarnos a una persona inmersa en una intensa concentración, mientras que la forma de concebir la boca es como si el obispo estuviera hablando. Las arrugas entre los párpados y las cejas, y por encima de estas, son objeto de una esmerada descripción, al igual que los pliegues que hay entre la nariz y las mejillas y los de las comisuras de la boca. Esas arrugas contrastan con la piel tersa y brillante de la parte superior y prominente de la frente, de los pómulos igualmente marcados, de la nariz, muy recta, y de la barbilla. El aspecto del rostro varía según incida la luz en él, por ejemplo cuando el observador se mueve en torno a la estatua y cuando esta se estudia desde arriba y desde abajo. De hecho, la figura en su conjunto invita a contemplarla despacio y desde todos los puntos de vista, con lo que se aprecia su gran calidad.


¿Quién fue Fray Lope de Barrientos?
Lope de Barrientos nació en Medina del Campo en 1382, siendo el segundo hijo de una familia distinguida –su padre, Pedro Gutiérrez de Barrientos, fue caballero del infante don Fernando de Antequera–. Estudió en Salamanca y muy joven ingresó en la Orden Dominica, en el convento de San Andrés de Medina del Campo. Vuelto a Salamanca, continuó sus estudios en San Esteban. Parece que en 1416 ya era catedrático de teología y que regentó la Cátedra de Prima. En el otoño de 1429 fue nombrado tutor de Enrique, hijo de Juan II de Castilla y de María de Aragón, que entonces tenía cuatro años. Barrientos fue instructor de Enrique hasta 1440. En ese tiempo se ganó la confianza de Juan II, quien le nombró confesor suyo en 1434 y le recompensó generosamente por su entrega y lealtad. Fue promovido a la Sede Episcopal de Segovia hacia 1437 o 1438, pero enemistado con Juan Pacheco, no vivió en aquella ciudad sino en Turégano, hasta que en 1441 le nombraron obispo de Ávila. En 1445 pasó a la Diócesis de Cuenca, rechazando la de Santiago. Murió en Cuenca en mayo de 1469. Aunque dejó la corte en 1440, se le reclamó casi inmediatamente, y durante el resto del reinado de Juan II fue para este una constante ayuda en el gobierno de Castilla, sobre todo tras la muerte de don Álvaro de Luna. En 1446 solicitó al papa que le absolviera de los delitos cometidos por él o en su nombre, incluidos asesinatos, mutilaciones, incendios y otras iniquidades. Promovió a su bastardo Pedro del Águila, quien, tras su muerte, fue reconocido como hijo suyo, tomó el apellido de Barrientos y contrajo matrimonio con una dama muy bien relacionada, María de Mendoza, que era descendiente de Enrique II de Castilla.

El 17 de noviembre de 1454, catorce años antes de su muerte, Barrientos hizo su deseo de ser enterrado en el hospital que había fundado en Medina del Campo, el hospital de la Piedad. Debía ser enterrado en el centro de la capilla, bajo la efigie de alabastro que ya se había realizado. Aunque no mencionaba el nombre del autor de la imagen, en otro pasaje posterior del mismo documento se cita al “maestro Hanequin”, residente en Toledo. Se trata de Hanequín de Bruselas, el hermano de Egas Cueman. Por el testamento sabemos que una dama le había encomendado a Barrientos que encargara varias efigies para la ciudad de Ávila; el obispo transfirió la suma de dinero necesaria a un canónigo de Ávila, quien debía pagarle a Hanequín por terminar las efigies e instalarlas en la ciudad, según un contrato que obraba en poder del canónigo. Se establece así una conexión entre Barrientos y Hanequín de Bruselas, quien al parecer estaba especializado en arquitectura pero que trabajaba en colaboración con su hermano Egas Cueman, más dedicado a la escultura. Como la estatua de Barrientos se asemeja mucho a la que Egas realizó de Gonzalo de Illescas, encargada en 1458, es plausible atribuirle a Egas la del obispo. 

Durante los siglos XIV y XV, los escultores franceses y españoles cultivaron tanto el tipo de estatua arrodillada como el de yacente. Al encargar una efigie exenta y arrodillada, es posible que Barrientos se acordara de las figuras de bronce dorado de Álvaro de Luna y su esposa que estuvieron en su día en la catedral de Toledo y se destruyeron después, durante los disturbios de 1440. Eran, al parecer, figuras yacentes que mediante un mecanismo podían incorporarse, arrodillarse y rezar. Entre 1467 y 1476 Egas realizaría las efigies arrodilladas de Alfonso de Velasco y su esposa. Lamentablemente sabemos poco del aspecto que tendría el monumento de Barrientos, salvo que la estatua se iba a colocar, como hemos dicho, encima del sepulcro, contenido en un nicho en el centro de la capilla de su hospital. Esta tenía techumbre de madera al estilo mudéjar, con una inscripción que conmemoraba la figura del obispo.
 
Tumba de Alfonso de Velasco y su esposa. Monasterio de Guadalupe (Cáceres). Fotografía tomada de https://www.superstock.com/stock-photos-images/4409-103780
Finalmente hay que señalar que la escultura formó parte en el año 2015 de la exposición sobre Van der Weyden que organizó el Museo del Prado. Os dejo un enlace a un video en el que se muestra el traslado de la pieza desde el Museo de las Ferias a la pinacoteca madrileña.

BIBLIOGRAFÍA
  • ARA GIL, Clementina Julia: Escultura gótica en Valladolid y su provincia, Institución Cultural Simancas, Valladolid, 1977.
  • CAMPBELL, Lorne y PÉREZ PRECIADO, Juan José: “Fray Lope de Barrientos (h. 1447-1454)”. En CAMPBELL, Lorne: Rogier van der Weyden y los reinos de la península ibérica, Museo Nacional del Prado, Madrid, 2015.

1 comentario:

  1. Preciosa arte funeraria. Normalmente este arte no es apreciada ya que esta destinada a los cementerios y la gente la asocia con la muerte.

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