viernes, 18 de noviembre de 2016

EL RETABLO MAYOR DE LA IGLESIA PARROQUIAL DE VILLAVERDE DE MEDINA


Uno de los primeros retablos en los que colaboró Gregorio Fernández fue el mayor de Villaverde de Medina, que es al que vamos a dedicar hoy el post. Esta iglesia posee numerosas joyas, entre las que podemos citar una Inmaculada de escuela granadina, las magníficas yeserías que cubren las paredes de la capilla mayor e, incluso, algunas esculturas dieciochescas que bien pudieron ser talladas por Luis Salvador Carmona. Pero, sin ningún género de dudas sobresale por encima de todo el maravilloso retablo mayor, obra de colaboración entre diferentes artistas, por encima de todos los cuales se encuentra el genio de Sarria.

El retablo mayor, que se adapta perfectamente a las formas del testero de la capilla mayor, fue construido por el célebre ensamblador vallisoletano Juan de Muniategui entre los años 1608-1612. Su traza es la que corresponde a esas fechas: clasicista derivada del retablo mayor del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial (Madrid), como así lo indican la estricta división de los cuerpos, la utilización de los órdenes clásicos, la falta de ornamentación, la aparición de esferas y puntas de diamante, etc… De la parte escultórica se ocupó en gran parte Gregorio Fernández, aunque también se intuye la participación de otros maestros como Pedro de la Cuadra y Juan Imberto. Por su parte, fue Diego Valentín Díez el que llevó a cabo el dorado del retablo y el policromado de las imágenes entre 1613-1619. El pintor debería policromar el retablo con oro de 24 quilates, "de suerte que las piezas que de oro limpio quedaren, parezcan ser oro macizo". Los relieves y las historias se habrían de pintar con los colores más convenientes, "enriqueciéndolos con brocados, grutescos, telas y damascos... de suerte que se conozca haber diferencia en el vestido de un pastor al de un rey". Por lo que respecta a las orillas de los mantos, se efectuarían labores a punta de pincel, decorándolas con pájaros o con imitación de perlas y piedras preciosas. Quedaba encargado el policromador de pintar con elementos figurativos los fondos de las historias, con cielos, ruinas, etc. Se usaría encarnación a pulimento, excepto en el Crucifijo, "que parece en parte mejor a carne muerte, poniendo llagas a la sangre, de suerte que cause devoción". Como vemos los comitentes del retablo contaron con los maestros vallisoletanos más destacados en cada uno de sus campos. Al parecer, este retablo sustituyó a otro más antiguo “dorado con ocho tableros grandes y ocho pequeños de diversas historia de santos de pincel” con “custodia dorada y un Ecce Homo pintando en su puerta”.
El retablo, que es de enormes proporciones, consta de banco, dos cuerpos con dos entrecalles en los extremos y tres calles centrales separadas por columnas estriadas de orden corintio y ático rematado en frontón triangular y flanqueado por dos puntas de diamante. En el banco se encuentran cuatro relieves que representan a los cuatro Doctores de la Iglesia (San Jerónimo, San Agustín, San Gregorio y San Ambrosio) que aparecen recostados adaptándose al espacio rectangular del marco. Cada uno porta sus atributos más conocidos: San Jerónimo viste de cardenal y le acompaña un manso león a sus pies, San Agustín se encuentra escribiendo su regla y a su lado se encuentra la maqueta de una iglesia, San Gregorio tiene a su lado una tiara papal, y San Ambrosio que viste según su alta dignidad. Todos ellos tienen en común, además de la postura recostada, la presencia de un libro entre sus manos. Estos relieves se disponen en repartimientos excesivamente apaisados, forzándose la ocupación del espacio con actitudes cómodas. Para guardar la simetría, las figuras tienen alternativamente la cabeza situada a la derecha y a la izquierda.

San Jerónimo
San Agustín
San Gregorio
San Ambrosio
En el primer cuerpo, en las entrecalles laterales, se hayan San Pedro y San Pablo dentro de sendas hornacinas de remate circular, mientras que en las calles figuran los relieves de la Circuncisión y el Nacimiento. El relieve de la Circuncisión presenta cuatro grandes figuras distribuidas simétricamente dos a dos, sirviendo de punto medio el Niño Jesús. Martín González atribuye esta escena a Pedro de la Cuadra y la califica de relieve rígidamente manierista del tipo del siglo XVI. Por su parte, el relieve del Nacimiento se considera la mejor obra de todo el conjunto. Los dos esposos adoran al Niño tumbado en su cuna, vigilado de cerca por las cabezas del buey y la mula. Los rostros y las manos poseen gran perfección técnica. El fondo arquitectónico que sugiere el Portal de Belén es de pilastras, capiteles, un arco de medio punto y un rudimentario sotechado. Dos ángeles que levitan en el cielo portan una enrollada filacteria con el consabido "Gloria in Excelsis Deo".

San Pedro
San Pablo
La Circuncisión
El Nacimiento
La calle central del primer cuerpo se encuentra presidida por un monumental tabernáculo de tres cuerpos que simula ser una custodia procesional. Al igual que el retablo, fue llevado a cabo por Juan de Muniategui, que empezó su elaboración en 1609 y al morir en 1612 todavía estaba sin acabar. En su terminación actuaron varios maestros, entre los que destaca Gregorio Fernández. Responde a la tipología de los sagrarios que invaden el encasamiento principal del primer cuerpo, como ocurrirá también con el de Tudela de Duero, obra igualmente del artista gallego. Consta de tres alturas de menor tamaño a medida que avanzamos hacia arriba. El piso inferior acoge la puerta del sagrado espacio, ornada con un relieve del Salvador bendiciendo con una mano, mientras que con la otra sujeta el orbe terráqueo; y a los lados los profetas Aarón y Moisés. Encima del dintel de la portezuela, dos angelitos volanderos despliegan una sábana en la que campea un cáliz alegórico de la Eucaristía. El segundo piso lo ocupan la Caridad, otra Virtud sin identificar y un Apóstol sin identificar; mientras que ya en el tercer cuerpo corona el conjunto una hermosa efigie de Cristo Resucitado, cuyas piernas se disponen con contraposto clásico y formas hinchadas, peculiares del primer estilo del maestro gallego. Levanta el brazo derecho para exhibir la banderola que indica su vuelta de entre los muertos.

Volviendo al retablo en sí, el segundo cuerpo posee una estructura similar, ya que las hornacinas de los extremos presentan sendas imágenes de santos, en este caso los Santos Juanes, San Juan Bautista y San Juan Evangelista. Martín González alaba la elegante y rítmica actitud de este último, como atestigua su pie sobre un escabel contraponiendo a este movimiento el brazo en bella curva y girando el semblante. Por su parte, los relieves de este piso efigian la Epifanía y la Visitación, mientras que en la calle central se encuentra la Asunción de la Virgen. La Epifanía se resuelve en dos ambientes bien diferenciados, con una parte superior poblada por San José, Gaspar y Baltasar alineados detrás de la narración principal, en que son protagonistas la Virgen sedente con el Niño y el rey Melchor que le venera arrodillado. Martín González atribuye este relieve a Pedro de la Cuadra y observa plagios del retablo mayor de la iglesia de Santiago de Medina del Campo, obra de Adrián Álvarez. Por su parte, el relieve de la Visitación presenta en el centro el abrazo de la Virgen y su prima Santa Isabel, acompañadas a cada lado de otras dos figuras de menor resalte. Esta historia quizás pudo ser obra de Juan Imberto. En el encasamento central de este piso se encuentra la Asunción de la Virgen. Los rasgos faciales de María denotan gran dulzura. Martín González piensa que es obra personal de Fernández, y para ello se basa en la comparación de los pliegues de su vestido con los de la Asunción del Monasterio de las Huelgas de Valladolid.

San Juan Bautista
San Juan Evangelista
Adoración de los Magos
La Visitación
Asunción
Arriba del todo tenemos el ático, que se encuentra presidido por un Calvario, mientras que en los extremos encuentran asiento las figuras del Arcángel San Gabriel y la Virgen, Cada una de estas dos imágenes va flanqueada por sendas bolas herrerianas, mientras que al Calvario lo rodean dos puntas triédricas. Esta curiosa Anunciación, según Martín González, copia puntualmente la conservada en la fachada de la iglesia penitencial de Nuestra Señora de las Angustias de Valladolid. Por su parte, el Calvario no deja de ser uno más de cuantos realizó durante su primera etapa.
Calvario
San Gabriel
Virgen
Y hasta aquí la historia del retablo, pero, no nos podemos ir sin tratar brevemente sobre las magníficas yeserías que exornan la capilla mayor, y las cuales dan mayor relumbrón al citado retablo. Explican Miguel Ángel Marcos Villán y Ana María Fraile Gómez que “La bóveda estrellada que cubre la capilla mayor aparece decorada con motivos de yesería que se extienden por las claves de las bóvedas, los nervios y los plementos, destacando por su riqueza decorativa la clave central con un pinjante dorado rodeado de cabezas barbadas y figuritas infantiles. En su decoración predominan los bustos de personajes masculinos y femeninos tomados del Antiguo Testamento y de la mitología clásica, inscritos en un tondo circular con el nombre de cada uno de ellos; en el arranque de los nervios FAIACIS, LUCRECIA, PIRA, DEVALIO, DALILA, NOELA, ADONI, TROCO, (VEN)VS, ANTEO, y en la plementería TISBE, OLOFERNES, IUDIT, TOBIAS, RACHE, IACOBI, otro personaje con cartela ilegible y (…)MOS. Repartidos por la bóveda hay ocho tondos ovalados con figuras pintadas que corresponden a profetas y personajes del Antiguo Testamento que sujetan filacterias con su nombre: ZACARIAS, DANIEL, DAVID, ISAIAS, IHEREMIAS, MOISEN, OSSIAS, MOSSES; en las paredes de la capilla, sobre el arco triunfal, están JONAS y ELISEO, y en la pared del lado del Evangelio, sobre la ventana ELIAS, y en la de la Epístola ENOC.

El conjunto se completa con las figuras de los cuatro Evangelistas en relieve dentro de tondos formados por guirnaldas de frutas en los muros laterales o lunetos: San Mateo y San Juan en el lado del Evangelio, y San Marcos y San Lucas en el de la Epístola rodeando la pintura mural de la Coronación de la Virgen.
En el tramo de bóveda que cubre el testero, se reparten en medallones circulares los siguientes personajes: R-BIN?, IBURTI, PROCRIS, CEFALO, CAVNO, BIBLIS, ANDROMACA, IVLIO y IVLIA. En las paredes del testero, al interior del arco apuntado que forman las nervaduras de la bóveda, se representan diversas escenas de la Pasión pintadas al fresco: Oración en el huerto, Prendimiento, Adán y Eva (ocultos por el ático del retablo y flanqueando una ventana cegada con su intradós decorada con grutescos pintados), Azotamiento y Camino del Calvario; en la del Azotamiento, sobre el friso arquitectónico que encuadra la escena, está inscrita la fecha de 1558.

El intradós de los arcos fajones se decora con motivos circulares de yeso con pinjantes; en los frisos del arco triunfal figura la inscripción “ANNO/ D / 1561 / N” que debe aludir a la fecha en que se acaba de decorar el presbiterio. Partiendo del arco triunfal recorre todo el circuito de la capilla mayor un friso con la inscripción “MAGNA EST GLORIA DOMVS ISTIVS NOVISSIMAE PL[US QUAM PRIMAE ET IN LOCO ISTO] DABO PACEM DICIT DOMINVS EXERCITVVM & AGGAE I * CAPIT * Z”, parte de ella oculta por el retablo.
Según las fechas en ella inscritas la decoración de la bóveda debió realizarse entre 1558 y 1561. Atribuida por García Chico a los Corral de Villalpando, a pesar de la falta de confirmación documental las estrechas relaciones existentes entre esta obra y las realizadas por estos maestros yeseros en la tribuna del convento de San Francisco y en la Capilla de los Benavente en Medina de Rioseco, el patio de la Casa Blanca en Medina del Campo y en la bóveda de Rodilana confirman tal atribución”.

BIBLIOGRAFÍA
  • GARCÍA CHICO, Esteban: Catálogo Monumental de la provincia de Valladolid. Tomo IV. Partido judicial de Medina del Campo, Diputación de Valladolid, Valladolid, 1964.
  • MARCOS VILLÁN. Miguel Ángel y FRAILE GÓMEZ, Ana María: Catálogo Monumental de la provincia de Valladolid. Tomo XVIII. Antiguo partido judicial de Medina del Campo, Diputación de Valladolid, Valladolid, 2003.
  • MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José: El escultor Gregorio Fernández, Ministerio de Cultura, Madrid, 1980.
  • MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José: Escultura barroca castellana, Fundación Lázaro Galdiano, Madrid, 1959.
  • MARTÍN JIMENEZ, Carlos Manuel y MARTÍN RUIZ, Abelardo: Retablos Escultóricos: renacentistas y clasicistas, Diputación de Valladolid, Valladolid, 2010.

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