jueves, 22 de diciembre de 2016

EXPOSICIÓN: ADOLFO SARABIA (1928-2015). Más allá del realismo


Hoy os quiero recomendar otro plan para estos días de fiesta. Si en la entrada anterior vimos que puede ser un buen momento para ir a visitar el Museo Diocesano y Catedralicio, también podemos aprovechar para ir a ver una interesantísima exposición en la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid, la cual comparte edificio con la Casa de Cervantes en la calle Miguel Íscar.
La muestra, que lleva por título “Adolfo Sarabia (1928-2015). Más allá del realismo”, reúne la obra de este interesantísimo pintor vallisoletano, y académico de la Purísima Concepción que ingresó en la misma el 21 de noviembre de 1986, recibiendo la medalla número XVI, aquella que décadas antes había llevado pintores vallisoletanos tan ilustres como el paisajista Aurelio García Lesmes o Sinforiano de Toro. La exposición estará abierta en horario de 12 a 14 hasta el 30 de diciembre.

Inauguración de la exposición
Su faceta artística no solamente comprende la pintura puesto que fue un hombre multidisciplinar. La pintura fue solo una de sus vocaciones, señala Brasas Egido que era quizá “la que sentía más hondamente, pero no la única, ni la entendía tampoco como una dedicación exclusiva ni mucho menos como una mera profesión. Y es que, considerada en un conjunto, la obra del artista se nos muestra como la expresión de un humanista culto, inquieto y polifacético. Imposible explicarla y entenderla sin su labor como profesor universitario, como traductor, o sin su apasionada dedicación a la poesía. La obra creadora de Adolfo Sarabia, no habría podido manifestarse de un solo modo, en él todas esas facetas se complementan y enriquecían entre sí”. Al igual que al pintor que más llegó a admirar, el prerrafaelita Dante Gabriel Rossetti, “a lo largo de su trayectoria y experiencia estética, Sarabia puso también en práctica el célebre pensamiento de Horacio: “La pintura es como la poesía”. En ese sentido, al evocar la polifacética personalidad de Adolfo Sarabia, tan interesante como versátil, no es posible desligar esas distintas orientaciones; imposible desvincular su dedicación profesional a la docencia de su pasión por la creación artística y literaria”. Además, según el profesor Brasas “si nos aproximamos a su obra artística y en concreto a su dedicación a la pintura, enseguida advertimos que Sarabia la entendió siempre como emanación que se desprende espontáneamente de la poesía. La poesía le llevó a Sarabia hacia la pintura, dotándola siempre de un aura de pureza y refinado eclecticismo”. Aunque podríamos llegar a calificar su pintura como realista, sería inexacto, al igual que lo sería el definirla como hiperrealista, puesto que Sarabia siempre fue más allá del realismo.

Berenice
Before the dawning of the death day
Cebolla en la ventana
El realismo, que vino a imponerse como reacción frente a la pesadez y repetitividad de las tendencias informalistas y abstractas, surgió en Madrid en la década de 1950. Fue sobre todo un fenómeno surgido en el ámbito de los jóvenes pintores madrileños, el grupo de los Realistas de Madrid (Antonio López, Julio López Hernández, Francisco López Hernández, Isabel Quintanilla, Amalia Avia y María Moreno), que propugnaba una figuración radical que conectaba y se nutría tanto de ciertas corrientes figurativas del siglo XX (como la pintura metafísica, la nueva objetividad o el surrealismo), como de la gran tradición de la pintura española del Siglo de Oro. Aunque el realismo llevaba consigo una reproducción fidedigna de la realidad, y por lo tanto una vuelta a la primacía del dibujo y del “disegno”, “en modo alguno se trataba de un arte cuyo propósito fuera la mera reproducción de la realidad física” sino que iba “más allá del mundo real, era una pintura que aspiraba a estar por encima de lo físico, un arte para ampliar la conciencia que intentaba entrar y entender otro tipo de realidad, no precisamente la realidad física sino espiritual”. En definitiva, y según palabras de Brasas Egido, el realismo “apostaba ante todo por una poética en la visión de la figura, de los espacios y los objetos, marcada por el paso del tiempo que impregnaba de misterio, melancolía e intimidad de las cosas”.

Cerrojo
El escultor Bonifacio Pedraz
Frutero
Aún dicho todo esto, Sarabia renunció a utilizar la palabra realismo para su pintura, de hecho, creó para ella el término "metarrealismo", un concepto que quería reflejar la profunda interrelación que debía existir entre sujeto y objeto a lo largo del proceso creativo. No creía en una pintura que reflejase fielmente lo que veía con sus ojos, sino como un “proceso integrador de la mano, el espíritu y el más allá”.
Sarabia definió “metarrealismo” de la siguiente manera: “El Metarrealismo más que una corriente pictórica es una meditación intensa, profunda, lenta, muchas veces dolorosa, sobre el objeto que tienes delante. Toda creación es poesía. Poesía es buscar recóndito espejo de tu alma, una imagen que devuelves al aire hecha música, o palabras o pigmento extendido sobre un lienzo, pero siempre con ritmo, con un golpeteo evidente y oculto que se acompasa con el tic tac del corazón, con la Tau horizontal y vertical, masculina y femenina, principio de todo". "Ritmo, entrar y salir: deseo platónico de engendrar en lo bello. Ir y volver al objeto y traerlo lentamente a la superficie tersa de la tabla, capa tras capa, desde la grisalla que quedará oculta bajo las sucesivas manos de color en una función imprescindible, aunque nadie la vea, la función que Milton definía como "they also serve who only stand and wait", también son importantes los servidores quietos en la sombra". "Y luego las capas de color que se van acumulando una tras otra como los versos de un poema, rimeros de color, rimas, sensación final de una obra redonda, acabada hasta donde pueda, esmeralda pulida que acaricias entre los dedos, luz que palpitará para siempre en el recuerdo. Amor por el detalle, por toda cosa mínima en la que está implícito el universo. Veneración por la técnica, léxico sin el cual no existe posibilidad de hablar en el cuadro: pulir la técnica es pulir el lenguaje pictórico que quiere fundir el ser y el tiempo. Ir más allá: ser uno mismo y algo más".

Herradura
Huevera
La sibila de Tricio
Anteriormente referimos que Sarabia sintió profunda devoción por Rossetti, pero también por el resto de prerrafaelitas ingleses. Asimismo, le interesaron los pintores simbolistas y los del Siglo de Oro español, especialmente los que se dedicaron a la pintura de bodegón, casos de Zurbarán y Fray Juan Sánchez Cotán. Señala Brasas que también estuvo “atento en su pintura a recuperar la técnica minuciosa de los primitivos del Renacimiento, también estudió con profundidad a pintores como Fra Angélico o Alberto Durero”.
Su pintura, que la componen exclusivamente naturalezas muertas y dibujos, se basa en un excepcional dominio del dibujo. “A la hora de valorar su pintura con acierto se ha escrito que sus temas alcanzaban dimensión simbólica. Su actitud era la trascendencia de lo cotidiano, siempre con una fuerte carga de simbología, que rozaba incluso el ámbito de lo místico. El ser, los objetos, la figura humana, el retrato o el desnudo alcanzan en sus lienzos o tablas profundidad poética y simbólica, destacando del espacio vacío, aislado. A través de sus figuras y retratos, o bien a través de sus bodegones, Sarabia confiaba en que más allá de su apariencia simple de lienzo, su pintura pudiera llegar a lo más hondo del espíritu del que miraba su obra, y de ese modo contemplar también los ecos pagados del alma del modelo”.

Pera y planchas
Santa Lucía
Ser en sí
Por último, quiero dar las gracias a la Academia por las exposiciones que van celebrando anualmente, pues dan a conocer a aquellas grandes figuras ignoradas que ha poseído el panorama artístico vallisoletano. También hay que agradecer los magníficos catálogos a todo color que editan con motivo de las exposiciones.

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