miércoles, 11 de enero de 2017

LOS HERMANOS HERNÁNDEZ: ORFEBRES Y ESMALTISTAS ART DÉCO I: Semblanza biográfica 1/2


Con la presente entrega comenzamos una serie de cuatro capítulos en los que se abordará la vida y obra de dos de los artistas más importantes que dio la ciudad de Valladolid en el siglo XX, si bien nacieron a finales de la anterior centuria. No solo destacaron en el ámbito regional y nacional, sino que también lo hicieron en el internacional puesto que fueron de los más reputados maestros dentro de su oficio. Sin más preámbulos diremos que se trata de Eloy y Osmundo Hernández, más conocidos como los “hermanos Hernández”. Sus nombres no nos dirán nada, como de costumbre, puesto que Valladolid, y más concretamente los vallisoletanos, sufrimos ese “problema” que nos lleva a no conocer y homenajear satisfactoriamente a nuestros grandes artistas del pasado (véase Berruguete, Juni o Gregorio Fernández, los cuales en otra ciudad ya tendrían sus correspondientes monumentos), y a desconocer por completo a los contemporáneos, algunos de los cuales han obtenido los más preciados galardones a los que un artista puede aspirar. Ese fue el caso de los geniales hermanos Hernández, los cuales llevaron a cabo algunas de las mejores piezas de orfebrería, joyería y esmaltería que se realizaron en la primera mitad del siglo XX; siendo, además, de los pocos cultivadores de la estética Art Déco en España.

Los hermanos Hernández al poco tiempo de establecerse en Vigo
Las cuatro entregas que pretenden homenajear a los hermanos Hernández están elaboradas con una selección de textos tomados de la monografía escrita hace unos años por Carlos Brasas, máxima autoridad en la materia y quien me animó fervientemente a tratar sobre ellos en el blog. Pues bien, llegó el momento de empezar a tratar sobre estas dos magnas figuras del arte vallisoletano. El plan es el siguiente: en los dos primeros posts se trazará un relato biográfico de los Hernández, el tercero se centrará en su obra dentro de los campos de la orfebrería, esmaltería y joyería, reservándose el cuarto y último post a la labor escultórica, desarrollada fundamentalmente por Eloy.
Sería deseable que alguna sala de exposiciones de Valladolid u otra institución preparara una muestra dedicada a ambos hermanos, de tal forma que la ciudad que les vio nacer tuviera la ocasión de contemplar de cerca las maravillas que salieron del taller de estos hermanos que llegaron a lo más alto de las artes aplicadas del siglo XX y del Art Déco español.

Casa familiar de los Hernández (desaparecida, Calle Santa Clara nº 14)
Osmundo Hernández nació en Valladolid el 4 de diciembre de 1893, y cuatro años después, el 1 de diciembre de 1897, su hermano Eloy, precisamente el día de la festividad del santo francés patrono de los orfebres. Sus padres, el maestro constructor Julián Hernández e Isidora Calzada, tenía el hogar familiar establecido en un antiguo caserón de la calle de Santa Clara, concretamente en el número catorce. La vocación por lo artesanal de Osmundo y Eloy fue muy temprana. De niños su predisposición al arte les haría ya modelar en barro y dibujar continuamente en sus cuadernos de escuela con lápices de color. Siendo unos muchachos jugaban ya -según sus propias palabras- “con cristales de la calle y pobres pucheros”, ensayando con medios muy rudimentarios los procedimientos más sencillos de la orfebrería.
Sus primeros pasos los dieron en la Escuela de Artes y Oficios de Valladolid, donde fueron sus maestros Ramón Núñez, entre los escultores, y entre los pintores, Salvador Seijas, Luciano Sánchez Santarén y José Martí y Monsó. Por este último, asimismo director del centro, sentirían siempre gran aprecio y admiración, hasta el punto de que el propio Osmundo portaría la bandera de la Escuela en el entierro de don José en 1912. Enseguida van a simultanear las clases en el citado centro con el esfuerzo y el trabajo profesional, dirigiendo sus inclinaciones hacia la orfebrería. Por esos años, Eloy entraría a trabajar en el taller de platería de Monedero, en la calle de Fray Luis de León; mientras que por su parte Osmundo, se colocaría en una conocida joyería de la ciudad -los talleres de Anastasio Gil-, situada en la calle Ferrari (concretamente en el número 15 de la antigua Acera de San Francisco).

Eloy Hernández, en el estudio de Martínez Oteiza, y el niño José Antonio
Allí, aparte de conocer los rudimentos del oficio, poco más pudieron aprender, compensando la falta de enseñanza con un tesón fuera de lo común y una inquebrantable fe en sus propias posibilidades. Su optimismo y entusiasmo juvenil les llevaría desde el primer momento a dirigir su mirada hacia las tradiciones de oficios artísticos ya olvidados, y a querer emular a los antiguos plateros vallisoletanos, que tanto lustre habían dado a la orfebrería nacional en siglos pasados. Al mismo tiempo, la contemplación en el Museo Provincial de Bellas Artes (Museo de Escultura) de las obras de los grandes imagineros castellanos avivarían fuertemente su vocación artística.
Considerado como uno de los alumnos más aventajados de la Escuela, en julio de 1915, Osmundo ejecutaría ya una artística placa de plata repujada, realizada sobre un boceto a lápiz del entonces director de la Escuela, el escultor Ramón Núñez, placa que sería obsequiada en el transcurso de un homenaje a la maestra doña Primitiva Medrano, directora de la Escuela Nacional Graduada de Párvulos de la ciudad. Por entonces, y contando ya en su haber con gran número de proyectos de orfebrería pintados a la aguada, recibirían su primer encargo importante, al cincelar los Siete cuchillos de plata, símbolo de sus siete dolores, que recoge entre sus dedos la Virgen de las Angustias, de Juan de Juni, trabajo que les daría cierta notoriedad en el ambiente artístico de la ciudad.

Cuchillos de plata de la Virgen de las Angustias
A comienzos de noviembre de 1917 recibirían del jurado del Certamen del Trabajo celebrado en la capital castellana, uno de los premios en metálico por una serie de obras de plata repujada.
En un primer momento se aplicarían también a repujar en cuero, y dentro del arte de la orfebrería empezarían dedicándose al nielado, tratando de dominar poco a poco los muchos secretos del oficio. Por su parte, Eloy, que tendía más al ejercicio de la escultura, trabajaría durante algún tiempo a los cuidados y órdenes del escultor y teniente-coronel José Martínez Oteiza, en cuya compañía harían frecuentes viajes ambos hermanos a las ciudades de alrededor de Valladolid. Precisamente en una de estas excursiones -concretamente a Burgos- tendrían ocasión de admirar en el Museo Provincial el célebre frontal de Silos, que les impresionaría profundamente, marcándoles para siempre y dejando su contemplación huella indeleble. Fue entonces cuando surgió su vocación por el esmalte, cuando entrevieron sus enormes posibilidades, deseando desde ese momento aprender la técnica y reproducir lo más fielmente posible las obras románicas y góticas. Esa aspiración de llegar algún día a copiar el frontal de Silos -sueño y empeño que efectivamente llegaría a materializarse bastantes años después- fue el motivo que les indujo a comenzar a hacer primero pequeños ensayos, y más tarde dedicarse intensamente a esmaltar, actividad que, con el tiempo y tras su paso por Francia, llegaría a convertirse en su más importante especialidad artística.

Los hermanos Hernández en la Place Terraux de Lyon, delante de la Fontaine Bartholdi
En 1917 Osmundo sería becado en París por la Junta de Ampliación de Estudios en el extranjero (que dependía del Instituto de Enseñanza Libre), acompañándole varios años después su hermano Eloy. Osmundo, becado por la sección de platería, vivió en París los difíciles momentos de la Primera Guerra Mundial, ya que su pensión coincidiría con los años de la conflagración europea. La casa donde residían los pensionados -en el número 5 de la rue Geoffroy-Marie-, la noche del 8 de marzo de 1918, sería enteramente derribada por un obús alemán. El joven artista salvaría su vida de milagro, al refugiarse en el sótano del inmueble. Por entonces, Eloy, que deseaba intensamente viajar a la capital francesa para reunirse con su hermano, continuaba en Valladolid, trabajando en el estudio de Pepe Oteiza. Allí le visitaría en abril de 1919 Fernando De´Lapi, quien, además de elogiar su labor, le describiría en las páginas de El Norte de Castilla como “un mozo alto, sencillo y optimista, cuya actividad se aplica a la ilustre orfebrería”. 

Eloy Hernández
Poco tiempo después, Eloy consiguió una beca de la Junta de la Ampliación de Estudios para ir a París. En los meses de marzo y abril de 1921, Eloy había participado con dos esculturas en la Primera Exposición de la Asociación Castellana de Arte, celebrada en el Ateneo de Valladolid, muestra en la que figuraron los pintores y escultores más representativos de la ciudad.
Al año siguiente, Osmundo tras regresar temporalmente a Valladolid, contraería matrimonio en la capilla del Hospital Militar con la joven Jerónima Sánchez Gil. Poco tiempo después. Regresaría con su hermano a la capital gala. Allí ambos artistas compaginarían el trabajo en el taller con las visitas y el estudio en museos y colecciones privadas. Principalmente, tendrían ocasión de admirar las piezas de joyería antigua conservadas en el Museo del Louvre, atrayendo su atención, sobre todo, las mascarillas y bustos egipcios labrados en oro y esmaltados, y otras muestras de la rica orfebrería oriental, así como los antiguos esmaltes franceses de Limoges.

Desnudo de rodillas (entre 1922-1930)
Fue también en París donde se afianzó su gran afición por las artes suntuarias, y donde decidirían plenamente ya su vocación de esmaltadores. Durante su estancia -exactamente en la Escuela de Artes y Oficios Boull-, estudiaron técnicas, sistemas, gustos…, teniendo ocasión de conocer, asimismo, la moderna joyería parisina, cuyas creaciones pudieron admirar fascinados en los suntuosos escaparates de la rue de la Paix.
Con la exigua pensión de que disfrutaron viajarían en diversas ocasiones a Limoges, donde se dedicarían a estudiar con pasión los célebres esmaltes medievales y renacentistas de aquella escuela, así como los diversos procedimientos técnicos. Posteriormente, de París marcharían a Grenoble -a donde fueron trasladados los jóvenes pensionados españoles-, y desde esta ciudad serían enviados a Lyon, donde por último serían repatriados a comienzos de 1923.

CARLOS MASIDE. Caricatura de los hermanos Hernández. Eloy en los extremos y Osmundo en el centro
Autorretrato juvenil de Eloy (1919)
De nuevo en su ciudad natal, unos meses después de su regreso -concretamente en junio de 1923-, montarían ambos hermanos, en el salón del Ateneo, la que iba a ser su primera exposición, con la que pretendían darse a conocer entre sus paisanos. Se trató de una muestra realizada conjuntamente con el escultor-decorador catalán Francisco Artigas Dernis, a quien Osmundo había conocido en París, donde asimismo había formado parte de la expedición de obreros pensionados entre los años 1916-1918. Sería allí donde entablaron una buena amistad y decidieron iniciar una fructífera colaboración en algunas obras de joyería. La exposición se componía de un centenar de piezas de muy variada gama (tallas policromadas de Artigas, camafeos montados en plata repujada y piedras preciosas, dibujos a la “gouache” de los Hernández, reproducciones en plata repujada y patinada de algunas estatuillas de Artigas, hechas también por ambos hermanos…), obras todas ejecutadas, al decir de la crítica, con gran habilidad y exquisito buen gusto. A través de la prensa local, se solicitaría del Ateneo que prorrogase la exposición, dado el número de público que acudiría a ella, visitantes que -como podía leerse en El Norte de Castilla, nunca pudieron sospechar que hubiese en Valladolid orfebres capaces de enlazar con la secular tradición artística que las creaciones suntuarias habían conocido en el pasado.
Por esas mismas fechas decidirían presentarse al concurso convocado por el Cabildo burgalés, con motivo de la celebración del VII Centenario de la fundación de la catedral, para la construcción de una suntuosa custodia procesional de plata. A dicha convocatoria acudirían con un ambicioso proyecto de custodia turriforme, de extraordinaria riqueza e inspirada en las creaciones de los Arfes. Habiendo presentado un artístico dibujo a escala, juntamente con una detalla memoria sobre sus características al cabildo, aun reconociendo su valía, juzgaría excesivamente costoso el proyecto, y por ello irrealizable para los limitados recursos de que disponía. No obstante, el Cardenal Benlloch, arzobispo de Brugos, nombró a ambos hermanos “Orfebres Honorarios” de la Catedral de Burgos.

Proyecto de custodia procesional de la catedral de Burgos (1921)
A comienzos de 1922, y conscientes de la necesidad de ampliar horizontes profesionales, los hermanos Hernández proyectaban buscar casa en Madrid para fijar allí su residencia y lugar de trabajo. Mientras tanto, viviendo aún en Valladolid, un buen día, en una de sus habituales tertulias en el Café Suizo, su amigo Virgilio Garrote, profesor de la Escuela de Comercio de Vigo les sugirió trasladarse durante algún tiempo a la industriosa población gallega en busca de mercado para sus obras. Vigo por entonces conocía un extraordinario desarrollo, y su puerto comercial ofrecía grandes posibilidades de promoción y trabajo puesto que llegaban gran número de barcos procedentes, sobre todo, de Inglaterra y América. Los propios hermanos Hernández afirmarían años después que llegaron a Vigo circunstancialmente, pero, lo cierto, es que se quedarían allí para siempre, al encontrar la más favorable acogida.
En marzo de ese mismo año se encontraban ya en Vigo, comenzando a trabajar ilusionados en un taller que montaron en la Puerta del Sol. Una de las primeras obras que ejecutarían nada más establecerse allí, sería la corona de plata sobredorada de la Virgen de los Dolores, de la parroquial de San Francisco. Muy pronto comenzarían a ser reconocidos y estimados en la ciudad, exponiendo sus obras en los escaparates de los comercios más céntricos de Vigo.

Corona de plata y piedras preciosas para la Virgen de los Dolores de Cangas (Vigo)
En su taller, montado con cierto sabor de “Renacimiento”, trabajarían silenciosa y modestamente, experimentado las más diversas técnicas, y en especial la del esmalte, cuyo cultivo intensificarían a partir de entonces. Su presentación artística en la ciudad tuvo lugar en agosto de 1924, cuando concurrieron con sus obras a la Primera Exposición de Arte Gallego, organizada por el Ateneo de Vigo e instalada en la Escuela de Artes y Oficios. Allí expusieron tres esculturas y diversos trabajos de orfebrería. Las primeras, correspondientes exclusivamente a Eloy, eran las tituladas, Busto de mi hermano, Busto de mi aprendiz y Perfume (esta última un gracioso desnudo de línea moderna). Entre las piezas de orfebrería, figuraban una bandeja de plata, relieves en oro repujado, una medalla y una cruz en oro esmaltado, un libro de misa de plata repujada y marfil, etc. Todas estas obras fueron muy bien acogidas por la crítica gallega, elogiando la fina sensibilidad, inquietud artística y laboriosidad de ambos hermanos. La perfección y belleza de las joyas y piezas reunidas constituyó sin duda toda una relevación.

Busto de mi hermano Osmundo (h. 1926)
Perfume (h. 1921)
En ese mismo año, el gran escultor pontevedrés Francisco Asorey, que conocía su producción, iba a animarles y convencerles para que preparasen alguna obra con destino a la Exposición Internacional de Filadelfia, que se celebraría en los meses de junio a diciembre de 1926. Tras haberlos exhibido durante algunos días en los escaparates del comercio “Fin de siglo” en el número 1 de la calle del Príncipe, Osmundo y Eloy enviarían dieciséis artísticos objetos a la exposición de la ciudad estadounidense, una de las muestras que mayor resonancia mundial tuvo en su tiempo. Entre esas obras remitirían un magnífico busto de plata repujada de una castellana de época entre medieval y renacentista, titulado Dama de Castilla, escultura -realizada años antes en Valladolid- que causaría sensación en el citado certamen, y que merecería del Jurado Internacional ser galardonada con Medalla de Honor, una de las tres otorgadas a España.

Dama de Castilla (1926)
La distinción daría lugar a un emotivo homenaje que el pueblo de Vigo tributaría al año siguiente a los dos artistas, concediéndoles el título de hijos adoptivos de la ciudad. En efecto, el 19 de febrero de 1927, se celebró una cena-homenaje en el Hotel Moderno de Vigo. Por su parte, ambos hermanos, expresarían su agradecimiento a la Corporación Municipal, regalando al Ayuntamiento a comienzos de diciembre de 1928 un tríptico en esmalte con destino al futuro Museo Municipal.
A partir de este destacado galardón, la historia artística de ambos hermanos sería una sucesión ininterrumpida de éxitos. Su fama irá sucesivamente en aumento y su firma empezaría ya por entonces a gozar de reconocido prestigio en toda Galicia. En 1926 instalaron su taller en el entonces número 22 de la calle del Príncipe, la arteria principal de Vigo, montando con sus obras en una de las salas una pequeña exposición-museo, pronto celebrada entre las mejores de su género en España. A su taller acude selecta clientela, principalmente ricos turistas, coleccionistas y expertos en arte, que se disputan sus joyas y esmaltes.

Custodia de la Catedral de Valladolid (1927)
Tras su éxito en la Exposición de Filadelfia, los laureados artistas se ocuparon de dos importantes obras destinadas a Valladolid, donde se seguía con gran interés su carrera. Se trataba de una fastuosa Custodia de oro y pedrería para la Catedral de Valladolid, y de un suntuoso anillo episcopal, ofrecido por la ciudad a su prelado el arzobispo Gandásegui. La custodia, de oro, platino, esmaltes, perlas y abundantes piedras preciosas, estaba valorada en 100.000 pesetas, cantidad muy elevada para la época. Lo más llamativo de tan magnífico viril es el “sol de rayos”, que se asienta sobre una peana anterior -fechada en 1867- y aprovechada para la nueva obra. El ostensorio se compone de un cerco decorado con sesenta brillantes y cuatro perlas, rodeado por un nimbo de oro, del que surgen ocho ángeles orantes, de marfil, policromados y con aplicaciones de esmalte “champlevé”, separados por racimos de perlas y amatistas sobre ráfagas de rayos de oro. Lleva, asimismo, el escudo de la catedral vallisoletana, sobre un zafiro en oro cincelado, sirviendo de base a una cruz también de oro, adornada con quince brillantes y cincuenta y dos rubíes.
Por estos mismos años Eloy trabajaría durante algún tiempo como profesor de Modelado y Vaciado en la Escuela de Artes y Oficios de Vigo. Como muestras de su arte y de su dedicación a la escultura acostumbraría a exponer por entonces sus obras -cabezas y bustos principalmente de escayola- en los escaparates de conocidos comercios y bazares de la calle del Príncipe.

Eloy tallando una escultura de San Sebastián
La presentación de ambos hermanos en Madrid tendría lugar poco tiempo después, cuando en junio de 1928 participaron en la Exposición de Arte Gallego, organizada por el Heraldo de Madrid, en las salas del Palacio del Retiro. En la sala tercera, el público pudo admirar las muestras de la más depurada técnica que presentaron los hermanos Hernández, obras que fueron puestas para el lema “Pincia”, aludiendo claramente al origen y formación vallisoletanos de ambos artífices. La vitrina en la que fueron expuestas las obras de los hermanos cosechó tal éxito de público que el periodista del Heraldo, Rafael Marquina llegó a comentar: “los esmaltes de “Pincia” son, en la actualidad, lo más acabado, bello y perfecto que se conoce. En Madrid han producido sensación y constituyen una de las notas más celebradas de este certamen”.
Especial relevancia tendría en su trayectoria artística el año de 1929, en el que ambos hermanos desplegaron una febril actividad, labor estimulada por el éxito y una creciente aceptación. Por entonces, colaboraba con ellos su gran amigo vallisoletano, el dibujante y escultor Juan José Moreno “Cheché”, quien trabajaría en Vigo en el taller de los Hernández, proporcionándoles dibujos y bocetos para sus objetos de orfebrería.

Los hermanos Hernández trabajando con Cheché en su taller de la Puerta del Sol en Vigo (1925)
Ese mismo año, van a conseguir su espaldarazo definitivo en la capital de España, a través de la importante exposición que montarían en colaboración con “Cheché”, a fines de mayo, en la Sala del Círculo de Bellas Artes, y en la que darían a conocer lo más selecto de su producción. De nuevo bajo el título solariego de “Pincia”, ambos hermanos concurrirían al escenario artístico madrileño, esta vez ya individualmente, con la que sin duda constituía su exposición más ambiciosa hasta el momento. En un rincón de la Sala del Círculo, Osmundo y Eloy -secundados por “Cheché-, reunirían una rica y variada colección de modernos esmaltes, artísticas joyas y suntuosas piezas de orfebrería, destacando como obra de mayor empeño un curioso y medievalizante busto-relicario, de plata repujada, marfil, esmaltes y pedrería, titulado Ella.

Inauguración de la Exposición -Pincia- en el Círculo de Bellas Artes (1929)
Busto relicario -Ella- (h. 1929)
La crítica coincidiría unánimemente en reconocer que desde hacía mucho tiempo no se recordaba en Madrid mejor colección de joyas, ni obras más originales y logradas, tanto desde el punto de vista artístico como técnico. A la modernidad y avanzado diseño de los esmaltes y trabajos de orfebrería, que respondían en muchos casos al más genuino estilo Art Déco, se unía la perfección y virtuosismo en el oficio, así como la decidida voluntad de crear nuevos tipos, enlazando sin embargo con la tradición de la antigua orfebrería española.
Poco tiempo después -concretamente en el mes de junio-, Osmundo y Eloy tendrían la satisfacción de ser invitados por la Dirección General de Bellas Artes para participar en la magna Exposición Internacional celebrada ese mismo año en Barcelona. Allí, en el centro de una de las siete salas que ocupaba la sección española, figuraría dentro de una vitrina su hierático busto-relicario titulado Ella, que tanta curiosidad había despertado días antes en la muestra del Círculo de Bellas Artes madrileño.

Plato de Venus I (entre 1922-1929)
Plato de Venus II (entre 1922-1929)
Tras el paréntesis del verano, en noviembre de 1929, concurrirían en Madrid al IX Salón de Otoño con Dos cabecitas esmaltadas, juzgadas por Fernando De´Lapi como “dos pequeñas obras maestras”. Asimismo, en los meses de noviembre y diciembre participarían en las dos Exposiciones de Artistas Gallegos, celebradas respectivamente en los centros gallegos de Buenos Aires y Montevideo. Los Hernández enviaron una bellísima colección de esmaltes, azabaches y objetos de plata repujada, entre los que destacó su laureada Dama de Castilla. La exposición supuso todo un éxito, no sólo artístico, sino también comercial, ya que, por nutrida suscripción de la colonia española, se adquirieron numerosas obras para museos de ambas ciudades, aparte de las que se vendieron a coleccionistas particulares. Especial acogida tendrían las piezas remitidas por Osmundo y Eloy, iniciándose a partir de entonces sus frecuentes contactos con América, a cuyos países irían a parar un buen número de sus mejores obras.

Cuchillo y figuras de azabache
Plato de mujer acariciando el cabello (entre 1920-1932)
Desnudo sobre pedestal (entre 1920-1930)
Insistiendo en esta misma línea de promoción de sus obras, al año siguiente acudirían a la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid, en la sección de arte decorativo. Era la primera vez que los Hernández concurrían a estos certámenes oficiales, cuyo prestigio e influencia seguían siendo todavía decisivos en el panorama artístico nacional. En esa ocasión presentarían una única obra, un Busto-retrato de Saturnina Santo Domingo (la joven y reciente esposa de Eloy) de acusada modernidad y solemne concepción. La escultura combinaba con habilidad diferentes materiales. Así, la cabeza y manos, que eran de plata repujada, iban insertadas en el cuerpo de madera tallada; los ojos del enigmático rostro, estaban realizados con jade, lapislázuli y ónice; mientras que las uñas de la mano eran de coral.

Busto retrato (h. 1930)
Aunque este interesante retrato no fue premiado, tal vez por parecer al jurado en exceso vanguardista, ambos hermanos decidirían a partir de entonces concurrir a estas importantes exposiciones bienales, conscientes del protagonismo y repercusión que tenían en el moderno arte decorativo, así como de la necesidad de dar a conocer sus últimas y cada vez más ambiciosas creaciones.

BIBLIOGRAFÍA
  • BRASAS EGIDO, José Carlos: Los hermanos Hernández. Orfebres y esmaltistas Art Déco, Diputación de Valladolid, Valladolid, 2003.
  • BRASAS EGIDO, José Carlos: “Los hermanos Hernández”. En GONZÁLEZ, Félix Antonio: Personajes vallisoletanos, II, Diputación de Valladolid, Valladolid 2004, pp. 245-256.
  • BRASAS EGIDO, José Carlos [at. al.]: Os Hernández ourives de Vigo, Concello de Vigo, Vigo, 2006.

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