miércoles, 3 de octubre de 2012

ANTIGUOS RETABLOS MAYORES DE LA CATEDRAL DE VALLADOLID I: El retablo mayor de Amusquillo


Con esta nueva entrada voy a comenzar una nueva serie dedicada a los diferentes retablos mayores que ha poseído la antigua Colegiata de Valladolid y posteriormente la Catedral. La primera parte, la que hoy se tratará, versa sobre un retablo ya realizado en el siglo XVI, esto no quiere decir que anteriormente a éste no hubiera otros, que con total seguridad hubo, sino que de ellos no he podido lograr ninguna información.
Este primer retablo, que por suerte aún se conserva, fue realizado (en su ensamblaje) hacia 1520 por el ensamblador vallisoletano Pedro de Guadalupe (del cual ya se habló en la entrada anterior dedicada al retablo mayor de Olivares de Duero). La atribución a Pedro de Guadalupe, formulada por el profesor Parrado del Olmo, se fundamenta en el estrecho parentesco que presenta el diseño de sus diferentes miembros con el retablo mayor de la Catedral de Palencia. Asimismo presenta unas claras relaciones con el ensamblaje de Olivares, en especial por el uso del mismo sistema de columnas con capiteles en esviaje, y por determinados elementos de la decoración similares a aquel retablo.


El retablo presidiría el altar mayor de la catedral hasta 1676, año en el que el Cabildo catedralicio lo vende a la parroquial de Renedo por 2.500 reales. En los libros de la catedral se anota ese pago en concepto del “retablo que estaba en la iglesia vieja”. Asimismo se vendió a la iglesia del Arrabal de La Cistérniga “la hechura del Santo Cristo que estaba en el altar mayor de la iglesia vieja”, por un precio de 200 reales. Este Cristo no sería otro que el que componía el Calvario del ático del retablo mayor dicho.
El retablo volverá a sufrir una nueva mudanza en 1751, fecha en la que la parroquial de Renedo vende “el retablo antiguo para la capilla mayor de esta referida iglesia” a la iglesia de San Esteban de Amusquillo por 2.500 reales. Llama la tención que sin haber transcurrido un siglo se vendiera por la misma cantidad que por la que había sido comprado.
En 1856 el escultor Elías Chicote presentó un presupuesto para arreglar el retablo “de todo el trabajo artístico, restauración, encarnación y demás pintura” advirtiendo al párroco que si la restauración no “se hace por un artífice inteligente y de conciencia, es muy expuesto a que le echen a perder y que lleven más que lo que deben”. En 1997 se llevó a cabo una restauración, gracias a la cual se ha recuperado su policromía original.


El retablo, que se apoya sobre un zócalo de azulejos de Talavera del año 1580, está formado por tres calles y tres cuerpos, dos entrecalles en los extremos, a modo de cierre del conjunto, coronado por un arco rebajado decorado con tres cabezas de serafines alados.  El armazón del retablo es de madera de pino y las figuras se nogal. Los cuerpos se hallan separados por frisos decorados con cabezas de serafines alados, algo muy típico del estilo plateresco. Las columnas que dividen las distintas casillas son abalaustradas en el banco y simplemente agrutescadas en los demás pisos. La hornacinas se rematan con veneras planas con las charnelas hacia afuera, salvo en la central del retablo, en que está orientada hacia adentro.
Acerca de las figuras, hay que señalar que se observan dos tipos: unas que son más hieráticas, primitivas y goticistas, como puede ser la Presentación de la Virgen en el Templo o la Bajada a Limbo; y por otro lado las más modernas y ya renacentistas como son el Entierro de Cristo, la Natividad o la Resurrección. En su mayoría las esculturas son altorrelieves, aunque también las hay de bulto redondo, estas últimas fundamentalmente las de las entrecalles.
En cuanto a la mano que llevó a cabo todas estas esculturas hay dos teorías: por un lado Portela Sandoval se las atribuye a algún seguidor palentino de Felipe Bigarny, mientras que por otro el profesor Parrado se las adjudicada a Juan Ortiz el Viejo, discípulo asimismo de Bigarny, aunque cree ver otro artífice, que sería el maestro de las piezas más goticistas, un colaborador del taller del propio Bigarny. Personalmente yo me inclino más por la atribución realizada por el profesor Parrado del Olmo a Juan Ortiz el Viejo.


En la predela, en el lado izquierdo, se sitúa el Nacimiento de la Virgen, compuesto por las figuras de Santa Ana en cama y San Joaquín de pie con las manos ambos en actitud orante, mientras una mujer sostienen en sus brazos el minúsculo bebé recién alumbrado. A continuación aparece la escena de la Bajada al limbo, con Jesús resucitado en el centro acompañado de tres ángeles, que es recibido por Adán y Eva, esta última totalmente desnuda, con el curioso detalle de tener pintado el pubis, en tanto que otros personajes salen de las fauces de un monstruo que simboliza el Limbo y al fondo se divisa un castillo, que sería el infierno y que otorga una incipiente perspectiva. Le sigue en una diminuta entrecalle una imagen de un Papa o quizá de Dios Padre, faltando en el medio del banco el sagrario, cuyo hueco aparece vacío. Al otro lado se encuentra otra entrecalle, también en blanco. A continuación un relieve del Santo Entierro, con el cuerpo inerte de Cristo tumbado en un sudario sostenido por José de Arimatea y Nicodemo, en un segundo plano las santas mujeres. El banco se completa en su extremo derecho con otro pequeño relieve de la Presentación de la Virgen, la cual sube por una escalera hacia el templo, rodeada de seis figuras que la observan. Las hornacinas de la predela están separadas entre sí por balaustres achaparrados.


En los otros tres cuerpos, divididos en tres calles, tienen dos entrecalles, una a cada extremo, las cuales se subdividen en dos espacios en cada una de las calles, conteniendo en su interior pequeñas imágenes de santos y profetas, entre los cuales se encuentran San Juan Evangelista, San Juan Bautista, Santiago Peregrino, San Roque, o San Antonio Abad.


En el primer cuerpo se encuentra el relieve dedicado a la Anunciación, la cual es representada por las imágenes de las esbeltas figuras del Arcángel San Gabriel y la Virgen María arrodillada ante un atril con un libro abierto al que está pasando la página, asimismo hay otros dos libros cerrados en la base de aquél. La capa del arcángel porta una inscripción repetida en los bordes: “Abe María Gratia Plena”. En la calle centra se sitúa la Dormición de la Virgen, en el que se sitúa en primer plano el cuerpo yacente de Nuestra Señora con las manos adorantes. Los apóstoles miran a San Pedro ataviado como un sacerdote que imparte la Extremaunción a la Virgen. Este primer piso se completa con el relieve de la Natividad, escena con una gran dulzura en los rostros de San José que mira al Niño con un gesto casi sonriente, y de la Virgen, que contempla a su Hijo con expresión arrobada.


En el segundo cuerpo se sitúa la Circuncisión con un grupo de personaje en torno al sacerdote Simeón, destacando en primera línea un San José y una Virgen genuflexos y el detalle de la mujer que aguanta la cesta con la ofrenda de los dos pichones. En el tablero central del retablo se encuentra en la actualidad una estatuilla gótica del siglo XIII del patrón de la iglesia, San Esteban, que nada tiene que ver, obviamente, con el resto de tallas. Curiosamente la nueva “echura de San Esteban protomártir”, que en 1755 se mandó hacer para colocarla en el retablo mayor y que costó 150 reales, “respecto de que estaba indecente e indevoto el que había” (con total seguridad fuera esta que ahora se halla al presente en el retablo) ha desaparecido. Como curiosidad señalar que la actual imagen fue encontrada hace unos años enterrada en los alrededores de la iglesia. El entierro de las esculturas se realizaba debido a que ya se encontraban en mal estado e iban a ser sustituidas por otras más modernas. Remontándonos a cuando el retablo fue realizado para su sitio original, la catedral vallisoletana, desconozco la imagen que presidiría el retablo, aunque con total seguridad lo fuera una de la Asunción. En el lado de la Epístola de este cuerpo encontramos la Epifanía, en la que destaca la elegancia de los Reyes Magos, vestidos con indumentaria de la época del retablo, y la belleza del semblante de Baltasar, el cual aparece con el brazo izquierdo en alto y el cofre de los presentes en la diestra, mientras su compañero Melchor besa el pie del Niño. Gaspar porta espada al cinto, adoptando una pose casi de lucimiento ante el espectador.


Ya en el tercer cuerpo encontramos en el lado izquierdo un Llanto sobre Cristo Muerto con el cuerpo sin vida de Cristo en el regazo de su Madre. A continuación, un Calvario desproporcionado y en el cual hay figuras de varias épocas: por una parte las esculturas de la Virgen y San Juan son figuras originales del retablo, siendo la del Crucificado un añadido debido a que el original fue vendido, como ya hemos dicho, a la parroquial de La Cistérniga. Finalmente en el lado derecho aparece la Resurrección, en la cual se efigia a Jesucristo en una postura triunfante, levantando la mano derecha, ocupando altura toda la altura de la hornacina, y cinco soldados, uno de los cuales duerme en el suelo y los demás manifiestan asombro, particularmente el que se ubica a la izquierda del Jesús, que articula un gesto de gran susto ante el evento.


Para finalizar os dejo aquí la foto del Crucificado original del Calvario del retablo, actualmente conservado en la iglesia de La Cistérniga:



BIBLIOGRAFÍA
  • MARTÍN JIMÉNEZ, Carlos Manuel y MARTÍN RUIZ, Abelardo: Retablos escultóricos: renacentistas y clasicistas, Diputación de Valladolid, Valladolid, 2010, pp. 224-229.
  • PARRADO DEL OLMO, Jesús María: “Pedro de Guadalupe (¿ – 1530) y la evolución de retablo castellano en el primer cuarto del siglo XVI” en Retablos góticos esculpidos en Aragón del gótico al barroco, Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 2002, pp. 65-105.
  • URREA, Jesús: “El retablo de Amusquillo (Valladolid), obra de Pedro de Guadalupe”, B.S.A.A., Tomo LVII, 1991, pp. 327-330.
  • URREA, Jesús: “La primera catedral de Valladolid”, Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, Tomo XXXII, 1997, pp. 147-160.

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