lunes, 15 de octubre de 2012

ANTIGUOS RETABLOS MAYORES DE LA CATEDRAL DE VALLADOLID III: La Asunción del pintor Zacarías González Velázquez


En esta nueva entrega voy a hacer algo diferente a lo que vengo haciendo en esta serie, y es que voy a tratar sobre dos retablos en vez de uno. El motivo es que la obra principal en ambos retablos será la misma: un lienzo efigiando a la Asunción. Las únicas diferencias serán los retablos y figuras que lo acompañen en cada una de las dos composiciones.
Retomando el hilo del anterior post nos habíamos quedado en el año 1797, fecha en que vimos como se hablaba de realizar algunas obras en la capilla mayor. Inmediatamente se presentaron “los planos para el adorno y obra de la capilla mayor” que merecieron la aprobación del Cabildo. Fue en octubre de ese mismo año cuando se ordenó a los integrantes de la comisión encargada de esta reforma que “dispongan sobre la pintura de Nuestra Señora lo que tuvieren por conveniente”, informando el 29 de marzo de 1798 “estar ya acabada la pintura de Nuestra Señora de la Asunción para la capilla mayor”. El encargado de llevar a cargo este lienzo, de gran tamaño (3,73 x 2,66 m.), fue el pintor madrileño Zacarías González Velázquez, el cual con el tiempo llegó a ostentar el cargo de Director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. La pintura es una buena obra en la se puede rastrear la huella de Mariano Salvador Maella, maestro de González Velázquez. Es una lástima que pese a su gran calidad no pueda verse más a menudo, aunque ya estamos acostumbrados a que no se exploten las diferentes joyas que tenemos en la catedral.

La Asunción. Zacarías González Velázquez. 1797. Catedral. Capilla de San Pedro Regalado
Al lienzo solamente le acompañaría un enmarcamiento o altar de madera imitando jaspe, aunque se acordó que “éste en adelante sirva de diseño, por si en algún tiempo hubiese proporción para hacerle de piedra” y que el nuevo altar mayor se inaugurase solemnemente el día de Todos los Santos por haberse concluido enteramente la obra de la capilla mayor.
Esta nueva disposición, quizás demasiado humilde, no duraría ni un siglo puesto que ya en 1863 se hablaba de colocar un nuevo retablo más acorde con la recientemente obtenida dignidad archidiocesana. Por ese motivo se pensó en solicitar el retablo mayor (obra de Alonso Berruguete realizada entre 1526-1530, actualmente en el Museo Nacional de Escultura) y tabernáculo del extinguido monasterio de San Benito el Real, y que por entonces se hallaba abandonado en la antigua iglesia monástica, convertida en cuartel. Los canónigos se dirigieron a la Academia de Bellas Artes y la respuesta fue negativa ya que “ni por su forma ni por el deterioro en que se encuentra el citado altar y tabernáculo pueden ni deben trasladarlo a la capilla mayor de esta Santa iglesia”.
Debido a esta negativa el recién estrenado arzobispo, Moreno Maisonave, consigue traer en 1865 un retablo barroco desde la iglesia parroquial de San Juan Evangelista de Arrabal de Portillo. En realidad el retablo, realizado en 1703, procedía del convento agustino recoleto de la Fuensanta, el cual estuvo situado hasta la Desamortización en las proximidades de aquel pueblo. En dicho retablo, que sería el mayor de la iglesia de dicho convento, estaría instalada la escultura de Nuestra Señora de la Fuensanta, titular de los frailes agustinos de Portillo.
Antiguo retablo mayor de la Catedral, procedente de la iglesia parroquial de Arrabal de Portillo. En la actualiduad en la iglesia del Monasterio de San Benito el Real. 1703
Una vez instalado en el altar mayor de la catedral, en la hornacina central del retablo se colocó el anteriormente citado óleo de la Asunción de la Virgen de Zacarías González Velázquez. En las laterales se le añadieron las esculturas de San Pedro y San Pablo, copias de los que hizo Gregorio Fernández para la iglesia parroquial de San Miguel de Valladolid, y que el Cabildo había conseguido, en depósito, en 1865 con destino a la catedral del entonces Museo Provincial. Ambas esculturas, estucadas en blanco, estuvieron colocadas sobre el trascoro de padres abades del monasterio de San Benito hasta que ingresaron en el Museo. El retablo se coronaba en su segundo cuerpo con una pintura de Santiago en Clavijo (1,85 x 3,14 m.), obra original de Manuel Petí y cuyo origen se desconoce.
Esculturas de San Pedro y San Pablo, y cuadro de Santiago Matamoros (obra de Manuel Petí Vander)
En la descripción del retablo que realizó en 1905 A. de Nicolás, estando todavía colocado en la iglesia mayor, afirma que “sobre enorme, sencillo y dorado zócalo, cuya desusada altura quizás indica que se ha querido dar al conjunto de la obra más elevación de que primitivamente tuviera, cuatro grandes columnas salomónicas, sustentadas en repisas, con otras superiores y de menor diámetro, limitan lateralmente las tres partes del retablo mayor de la catedral vallisoletana, compuesto horizontalmente, de solo dos cuerpos iguales en ancho, pero doblando casi en altura el primero al segundo. Llena el centro de éste un lienzo de Santiago en Clavijo y el de aquél la Asunción de la Virgen, ambos asuntos en pintura y ocupan análogo lugar; en las mucho más estrechas partes flanqueantes, arriba, sencillos adornos, y abajo, las imágenes de San Pedro y San Pablo, de tamaño mayor que el natural y situadas en los lados del Evangelio y la Epístola, respectivamente”.
En este nuevo altar, estrenado el día de la Inmaculada de aquel mismo año, existía una total falta armonía entre las dos pinturas y las dos esculturas, de ahí que Casimiro González García-Valladolid, pocos años después, afirmase que “ni por su gusto ni por su tamaño y mérito es digno del lugar que ocupa”.
Por fortuna, y no como ocurriera con el baldaquino barroco, se conservan casi todas las obras mencionadas, a excepción del enmarcamiento de madera imitando al jaspe, del cual desconocemos si ha desaparecido o se conserva junto a otro cuadro. El resto de obras se ubican en diferentes puntos de la catedral: el cuadro de La Asunción se encuentra en la actualmente denominada capilla de San Pedro Regalado; el cuadro de Santiago Matamoros en el zaguán de entrada al Museo Diocesano; y las esculturas de San Pedro y San Pablo en sendas hornacinas de la capilla de Nuestro Señora del Sagrario.
En 1922 se volvió a pensar en cambiar el retablo mayor para poder colocar en él alguno digno y que encajara mejor con la altura y sobriedad de la capilla mayor. Las primeras gestiones fueron el ceder en depósito el retablo mayor, a excepción de los cuadros de la Asunción y Santiago y las esculturas de San Pedro y San Pablo, a iglesia del Convento de San Benito (lugar donde a día de hoy todavía se encuentra presidiendo el altar mayor). Y hasta aquí llega esta historia, el desenlace le veremos ya en el último post dedicado a esta serie.

BIBLIOGRAFÍA
  • URREA, Jesús: “La actividad artística en la catedral de Valladolid entre los arzobispos Lastra y Gandásegui”, Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, Tomo XXX, 1995,  pp. 27-42.
  • URREA, Jesús: “El retablo mayor y los colaterales de la catedral de Valladolid”, Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, Tomo XXXVI, 2001, pp. 121-132.

1 comentario:

  1. El retablo actual de San Benito, que estuvo en la Catedral, no era el de la iglesia parroquial de Arrabal de Portillo, que felizmente sigue en su sitio, sino el del Covento de la Fuensanta, de Agustinos recoletos, que estuvo en Arrabal de Portillo y hoy no quedan más que restos de sus cimientos.

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