domingo, 8 de mayo de 2011

CLAUDIO CORTIJO (1747-1813). El último escultor barroco de Valladolid


Claudio Cortijo fue el artífice que puso punto y final a la legendaria escuela vallisoletana de escultura. Con él se extingue un modo de ser, de vivir, y de pensar, dando paso al Neoclasicismo y lo que ello conllevaba: la Academia. Aunque vivió y trabajó en una época en la que ésta ya existía, y cada vez fue gozando de mayor importancia y prestigio, jamás se dejó seducir por ella, siendo por lo tanto el último escultor vallisoletano que trabajó de forma “artesana”.
Claudio Cortijo nació en el popular barrio de San Andrés el 27 de mayo de 1748. Sus padres, José Cortijo y Bernarda Hernández, lo llevaron a bautizar a la iglesia de San Andrés el 2 de junio de ese mismo año. Por parte paterna, el escultor tendría ascendencia zaratanera. Desconocemos en qué taller pudo formarse, quizás lo hiciera en alguno de los maestros más renombrados (aunque en la actualidad son personalidades muy oscuras) de este momento (década de 1760): Andrés Carballo, José Fernández, Juan López o Juan Macías.
El 7 de enero de 1770 contrae matrimonio con Francisca Fontaura en la iglesia de San Esteban el Real de Valladolid. La pareja tuvo una numerosa descendencia: Ángel (1771), Fernando (1774), Juan Mata (1777), Sebastián (1780), Marcelina Elena (1784), Victoriana (1784) y Manuela. Su mujer moriría a comienzos del año 1797, siendo enterrada el 10 de enero en la referida iglesia de San Esteban el Real. Ese mismo año sería nombrado alcalde del barrio de San Antón para la legislatura que comprendía el año 1798. Hacia 1800 vuelve a contraer matrimonio, en este caso sería con Manuela López Callejas, con la cual tendría una hija llamada María. Claudio Cortijo fallece el 10 de abril de 1813 a causa de "haberle sobrevenido un accidente repentino". Su cuerpo fue sepultado en la nombrada iglesia de San Esteban el Real, antiguo templo jesuítico del Colegio de San Ambrosio. Previamente había dictado testamento ante el escribano Gaspar Rodríguez Abel, en el cual instituía por herederos a sus hijos Ángel, Fernando, Manuel y María, el resto ya habían fallecido.
En lo que respecta a su faceta artística hay que destacar que no fue un escultor muy ducho ni especialmente dotado, un “piernas” que diría un admirado profesor. Sus obras no poseen demasiada calidad (si exceptuamos su Cristo del Despojo, su obra maestra), si bien su interés se encuentra en que son las últimas labradas en estilo barroco en Valladolid. Todas sus esculturas conocidas están labradas en madera, por lo que no sabemos si llegó a trabajar otros materiales, extremo bastante improbable dada la posible clientela y la competencia de los “escultores académicos”. Sus imágenes acusan cierta rigidez a la hora de componer los paños y un profundo envaramiento en lo que a composiciones se refiere. Los rostros de sus imágenes no transmiten nada, parecen anodinos. En el escaso catálogo que le tenemos documentado observamos obras ciertamente dignas como el referido Cristo Despojado de la Cofradía Penitencial de Nuestro Padre Jesús Nazareno o la Magdalena de Castrillo-Tejeriego, en contraposición hay otras bastante vulgares como el San Andrés conservado en la Ermita de Capilludos de Castrillo-Tejeriego (Valladolid).

MEDALLONES DE LA VIDA DE SAN JUAN BAUTISTA (h. 1782. Iglesia de San Juan de Letrán. Valladolid)
Hacia el año 1782 realiza una serie de ocho relieves de grandes dimensiones que ilustran la vida de San Juan Bautista, santo patrón de la portentosa iglesia de San Juan de Letrán. Estos relieves, más bien medallones, se disponen colgados en las paredes de la nave del templo. Todos ellos tienen forma ovalada y poseen marcos dorados decorados con hoja de laurel y rocalla. Las escenas se resuelven mediante altorrelieves pintados con colores planos (característica que preludia la llegada del Neoclasicismo), en los cuales la perspectiva no está lograda. Las escenas representadas son las siguientes: Nacimiento de San Juan Bautista, Zacarías ante el altar, San Juan Bautista niño, Predicación de San Juan en el desierto, Bautismo de Cristo, San Juan en la cárcel, La degollación del Bautista, La entrega de la cabeza a Herodías. Se trata de un ciclo completísimo de la vida del Bautista, tan solo comparable con el que el Maestro de Palanquinos pintó en el retablo mayor de la iglesia de San Juan de Villalón de Campos (Valladolid). A pesar de la modestia de los relieves se trata de un interesante conjunto.



VIRGEN DEL CARMEN (1797. Monasterio de San Benito el Real. Valladolid)
Esta Virgen del Carmen que desde hace un siglo preside el retablo mayor del Monasterio de San Benito el Real procede de la capilla de la Venerable Orden Tercera del Carmen del desaparecido Convento del Carmen Calzado. La imagen fue realizada en 1797 por Cortijo y policromada por el pintor, dorador y charolista Martín Mayo. La escultura toma como modelo la Virgen del Carmen que Gregorio Fernández había realizado un siglo y medio antes. La Virgen de Cortijo peca de rigidez y su rostro es muy duro, nada tiene que ver con la dulzura y viveza de los rostros de Gregorio Fernández. El Niño Jesús no parece el original.



MARÍA LA MAGDALENA (1797. Iglesia parroquial de la Magdalena. Castrillo-Tejeriego)
La imagen preside la hornacina principal del retablo mayor de la iglesia de su advocación. En esta ocasión Cortijo sigue puntualmente el modelo utilizado por el escultor andaluz Pedro de Mena; y decimos utilizado porque no fue su creador, este honor parece pertenecer a Gregorio Fernández, quien en el primer tercio del siglo XVII tallaría una Magdalena para el Monasterio de las Descalzas Reales de Madrid. A diferencia de la escultura de Mena, el vestido de la imagen de Cortijo no está hecha en aspillera sino que se trata de madera policromada.


SAN ANDRÉS (1797. Ermita de Capilludos. Castrillo-Tejeriego)
Preside un retablo neoclásico. Es con diferencia la peor obra realizada por Cortijo, aunque a ello seguramente ayuda el horrendo repolicromado de la imagen, el cual deja casi sin expresión al santo. Aparece de pie, con una pierna adelantada. En una mano porta un libro y con la otra sujeta la cruz aspada, símbolo de su martirio.


CRISTO DEL DESPOJO (1801. Iglesia Penitencial de N. P. Jesús Nazareno. Valladolid)
Representa los momentos previos a la Crucifixión, concretamente el del Expolio. Este Cristo le fue encargado a Cortijo debido a que el primitivo, que era el titular del paso del Despojo tallado en 1678 por Juan de Ávila, había perecido en 1799 víctima de un pavoroso incendio que provocó grandes estragos en la iglesia penitencial. Este incendio arrasó toda la decoración barroca de la iglesia, entre los que destacaban el retablo mayor y los colaterales, en uno de los cuales se ubicaba el Cristo del Despojo realizado por Juan de Ávila. A raíz de la desaparición de este Cristo se decidió realizar uno nuevo, para ello se acudió al escultor vallisoletano Pedro de León Sedano para que realizara un boceto, y sobre éste se le encargaría a Cortijo la realización de la escultura definitiva. En la actualidad preside el retablo neoclásico del lado del evangelio de la referida iglesia, el retablo fue realizado en 1811 por el ensamblador José Bahamonde. El policromado de la imagen se ajustó con Anastasio Chicote, y la realización de las potencias con el platero Manuel Torices.
Cristo aparece desnudo, de pie y en actitud inclinada. Tiende los brazos al frente, con los codos y rodillas ensangrentados. En esta imagen, Cortijo, se tuvo que enfrente a un desnudo, lo que conllevaba la realización de un buen estudio anatómico, labor en la que fracasó, pues la representa de una forma excesivamente rígida. La cabeza es lo mejor del conjunto, destaca por el minucioso tratamiento del cabello y la barba. El tratamiento del paño nos introduce ya de pleno en el mundo neoclásico. Es sin ninguna duda su obra maestra.



CRISTO DE LA "ORACIÓN DEL HUERTO" (h. 1800. Iglesia de San Pedro. Tordesillas)
Esta escultura fue atribuida a Cortijo por el profesor Parrado del Olmo, el cual la fecha hacia el año 1800. Para fundamentar su atribución relaciona su cabeza con la del Cristo del Despojo que acabamos de ver. Este Cristo forma junto a un Ángel del siglo XVII, en ocasiones atribuido a Juan de Ávila, un paso de la Oración del Huerto que copia puntualmente, si bien tan solo la escena principal, el realizado en 1629 por el escultor Andrés Solanes para la Cofradía Penitencial de la Santa Vera Cruz de Valladolid.




BIBLIOGRAFÍA

  • ÁLVAREZ VICENTE, Andrés y GARCÍA RODRÍGUEZ, Julio César: Damnatus, Ayuntamiento de Valladolid, Valladolid, 2009.
  • ARRIBAS ARRANZ, Filemón: La Cofradía Penitencial de N. P. Jesús Nazareno de Valladolid, Andrés Martín, Valladolid, 1946.
  • GARCÍA CHICO, Esteban: Documentos para el estudio del arte en Castilla. 3, Pintores II, Universidad de Valladolid, Valladolid, 1946.
  • MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José y DE LA PLAZA SANTIAGO, Francisco Javier: Catálogo Monumental de la provincia de Valladolid. Tomo XV. Monumentos religiosos de la ciudad de Valladolid (2ª parte), Institución Cultural Simancas, Valladolid, 2001.
  • MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José y URREA FERNÁNDEZ, Jesús: Catálogo Monumental de la provincia de Valladolid. Tomo XIV. Monumentos religiosos de la ciudad de Valladolid (1ª parte), Institución Cultural Simancas, Valladolid, 1985.
  • URREA FERNÁNDEZ, Jesús: Catálogo Monumental de la provincia de Valladolid. Tomo XX. Antiguo partido judicial de Valoria la Buena, Diputación de Valladolid, Valladolid, 2004.

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