martes, 27 de diciembre de 2011

EL CRUCIFIJO GÓTICO DE CIGUÑUELA. ¿Resto del retablo de la capilla del Colegio de San Gregorio?


El Crucifijo de la iglesia parroquial de Ciguñuela es quizás el crucifico más importante de los realizados en la provincia vallisoletana durante el siglo XV, y es más, para mi gusto es uno de los mejores realizados a lo largo de la historia de la escultura pucelana. El crucificado, realizado hacia 1500, es una obra de madera policromada, la cual aún conserva la policromía original. Mide unos 2 metros de altura. La anterior ubicación del Cristo fue el antiguo humilladero del pueblo, aunque su origen es otro, el cual seguramente sea la capilla del Colegio de San Gregorio de Valladolid.
 
La corona de espinas tallada está rota, faltando algunos fragmentos de ella. Tiene los ojos abiertos, vueltos hacia arriba, incluso se han tallado las pestaña. La boca está abierta, mostrando los dientes y la lengua. El cuerpo es muy esbelto y describe un ligero movimiento sinuoso que no existe en las demás esculturas. Va completamente cubierto de pequeñas llagas, de las que cuelgan gruesas gotas de sangre, que con la que brota de las heridas de la corona y de la llaga del costado le confieren un profundo patetismo. El deseo de movimiento se ve subrayado por el "perizonium", cuyos extremos flotan como agitados por el viento. El "perizonium" se cruza en la parte delantera y forma a los lados dos volutas flotantes, siendo su plegado menudo y duro. Los brazos se sitúan por encima de la horizontal, con las manos cerradas en torno a los clavos. El cuerpo toma un movimiento en "S" y los pies se cruzan en rotación interna.



Se le relaciona con el crucifijo realizado por Gil de Siloé para el retablo mayor de la Cartuja de Miraflores de Burgos. La gran calidad del ejemplar vallisoletano le hace aparecer aislado de todos los del momento y es muy superior al mismo crucifijo del retablo de la cartuja de Miraflores. La forma de representación es parecida al crucifijo de la parte superior de la capilla de Santa Ana de la Catedral de Burgos. Hay que suponer que se trata de una obra importada posiblemente de talleres alemanes, pues en Castilla no se conoce nada parecido. Los crucificados del siglo XV en la provincia solían seguir unos mismos patrones:
Es característico el enderezamiento general de la silueta de Cristo Crucificado. Solamente la cabeza se inclina un poco hacia la derecha y hacia abajo y las rodillas pueden doblarse ligeramente hacia delante. Los brazos se mantienen por encima de la horizontal, pero el ángulo que forman es muy abierto y en algunos casos incluso llegan a estar casi perpendiculares al cuerpo. Es constante en las imágenes de este momento el incurvamiento de los dedos de las manos en torno a los clavos y la disposición de los pies en rotación interna. El "perizonium" se acorta considerablemente, cubriendo solamente las caderas. Esta característica es común a todos los crucifijos europeos, a excepción de los italianos, que mantienen durante más tiempo una longitud hasta por encima de las rodillas. La disposición que adopta, varía según los casos, pero en términos generales suele reducirse a una banda estrecha de tela que se ciñe horizontalmente a las caderas, mediante una lazada o cruzando entre las piernas. En algunos casos, los extremos del lienzo cuelgan por los lados o aparecen desplegados como agitados por el viento. La corona de espinas tiene una gran entidad en los crucifijos del siglo XV y son escasos los que no la llevan. Está tallada adoptando la forma de dos gruesas ramas de espino retorcidas. También en esto se sigue la tradición centroeuropea, pues los crucifijos italianos, o no la llevan o es más pequeña y disimulada.

Todas las imágenes del Crucificado suelen estar sometidas a la influencia flamenca o alemana que se impone en Castilla en la segunda mitad del siglo XV. En los rostros hay una marcada tendencia hacia el expresionismo. Los ojos suelen estar abiertos o entreabiertos y en las obras de más calidad la boca se talla dejando ver los dientes. La anatomía por regla general aparece distorsionada, observándose el interés por el estudio de las venas superficiales. No es muy frecuente, por lo menos en las esculturas de procedencia local, el abuso de la sangre ni de las llagas. El perizoma presenta multitud de pliegues de duras angulosidades, pero también existe un tipo de crucifijo en el que los pliegues se hacen estrechos, largos y cortantes en disposición apretada y paralela. Este tipo debe de corresponder ya a los primeros años del siglo XVI por la configuración anatómica.
BIBLIOGRAFÍA
  • ARA GIL, Clementina Julia: Escultura gótica en Valladolid y su provincia, Institución Cultural Simancas, Valladolid, 1977.

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