jueves, 23 de junio de 2016

EL RETABLO MAYOR DEL ORATORIO DE SAN FELIPE NERI


El Oratorio de San Felipe Neri fue fundado, según señala el Catálogo Monumental de Valladolid, por la Congregación de sacerdotes de la advocación de San Felipe Neri, “como resultado final de una larga gestión que conduciría a integrar a sacerdotes seculares en una entidad que les permitiera vivir en colectividad. Eran muchas las calamidades que pasaban los sacerdotes encargados fundamentalmente de atender a las parroquias, porque no poseían un hogar adecuado ni eran socorridos en los momentos de postración, enfermedad e invalidez. No era raro verlos fallecer abandonados”. El origen de esta Congregación se encuentra en la iglesia de Santiago, templo en el que se establecieron en 1645 en una capilla (actualmente es la segunda del lado de la Epístola) que les cedió el Hospital de Esgueva. Acomodaron la capilla a su gusto, y de hecho fabricaron un retablo en el que pusieron la efigie de su patrón, San Felipe Neri. Al tiempo que la Congregación se mudó al Oratorio, llegaron a un acuerdo con la iglesia para cederles, a cambio de una determinada cantidad, tanto el retablo como la escultura del santo italiano. Tanto uno como otra se conservan en el lugar para el que fueron fabricados.

Oratorio de San Felipe Neri
San Felipe Neri que la Congregación mandó tallar para su capilla en la iglesia de Santiago
El Oratorio se comenzó a construir en 1675 bajo la dirección de los maestros de obras Antonio Iglesias y Juan de la Paz. La colocación de la primera piedra tuvo lugar el día 17 de mayo de ese año. Las obras se prolongaron hasta 1683, año en que se bendijo el templo. El resultado fue una iglesia que sigue una tipología que tuvo gran éxito en el Valladolid de finales del siglo XVII: se trataba de templos de planta de cruz latina, cubiertos con bóvedas de medio cañón y cúpula no trasdosada sobre el crucero, que presentan una fachada íntegramente realizada en ladrillo, salvo el basamento. A este modelo pertenecen también la iglesia del Monasterio de Santa Brígida y la desaparecida iglesia del Convento del Carmen Calzado. El Oratorio es fastuoso y posee el conjunto de arte barroco más importante de la ciudad, tanto en escultura, como en retablística y pintura. Tras finalizar la parte arquitectónica se inició el amueblamiento del interior, para lo cual, lo primero que se llevó a cabo fue el retablo mayor, el cual cuenta con una historia muy azarosa, como veremos a continuación:
El 10 de agosto de 1685 los ensambladores Antonio Billota y su hijo Francisco elaboraron las condiciones, traza y planta con las cuales se comprometían a realizar el retablo mayor del Oratorio. Los maestros exigieron por su ejecución 15.000 reales de vellón “a toda costa excepto la escultura que llevare dicho retablo y que ésta ha de correr por cuenta del dicho señor cura y de la congregación”. Asimismo, se obligaban a “hacer una custodia para dicho retablo conforme la planta hecha con doce columnas”. Es bastante extraño que la Congregación quisiera afrontar por entonces la construcción del retablo mayor puesto que se encontraba muy mal económicamente debido al continuo desembolso realizado, desde hacía muchos años, para la construcción de la iglesia.

FRANCISCO BILLOTA. Retablo mayor
Hubo que esperar tres años, hasta 1688, para que la Congregación se planteara de una manera más seria la construcción del retablo mayor. Concretamente, en la Congregación extraordinaria celebrada el 11 de marzo se habla de ir acopiando fondos de las más diversas maneras (refacciones a los congregantes, sisas municipales o reales, donaciones económicas de los nuevos congregantes o bienhechores) para “ayuda de fabricar el retablo que se pretende hacer para la iglesia de Nuestro Padre San Felipe Neri”. Las donaciones fueron llegando poco a poco, de tal manera que en la Congregación de 30 de mayo se habla de que “fueron recibidos por congregantes de esta Congregación los señores don Manuel Blanco y don Gabriel de Terán y Mantilla, los cuales cedieron las refacciones para ayuda de la fábrica del retablo que se ha de hacer en esta iglesia”. Unos días después los congregantes deciden que el retablo se había de fabricar cuanto antes, por lo que dejan sin pagar 3.000 reales que debían de las obras del coro, capillas y portada de la iglesia, para poder afrontar la construcción del nuevo retablo. Para ello deciden que “se renovase la cesión que estaba hecha de todas las Sisas municipales hasta el año de noventa y dos y juntamente se otorgó poder hasta el año de setecientos y cesión y que las cobraren los depositarios actuales de la Congregación”.
Finalmente, y tras conseguir los fondos necesarios, el 11 de julio de 1689 comisionan al “ministro, el vicario, el señor don Felipe Sánchez, el señor don Bernabé Gil, el señor don Juan Redondo, el señor don Juan Casado, el señor don Pedro de Rozas” para que “ajusten y concierten con la persona que les pareciere más a propósito” el referido retablo mayor. Unos días después, en la Congregación del 8 de agosto se da la noticia de que los comisionados se habían concertado con el ensamblador Francisco Billota para que lo construya en precio de 10.500 reales.

¿JUAN DE ÁVILA?. San Felipe Neri
En la construcción de la gran máquina lígnea, llevada a cabo en la sala capitular del Oratorio, no le ayudaría su padre puesto que ya había fallecido. El retablo construido por Francisco Billota difiere bastante del actual puesto se articulaba a través de cuatro grandes columnas salomónicas, las cuales fueron posteriormente sustituidas por simples pilastras. El retablo ya estaba finalizado a mediados del mes de septiembre de 1690 ya que en la Congregación celebrada el día 19 se debatió “que medio se podía tomar para dorarle” puesto que una vez más las arcas estaban muy mermadas. La junta acordó “se pidiese por vía de empréstito a los señores veinte y cuatro de la Memoria del Sr. D. Andrés López Calderón la cantidad que fuese necesaria”. También se comisionó a siete congregantes para que “hiciesen la escritura necesaria de parte de la Congregación a favor del maestro que le ha de dorar, y recibirla también de parte de dichos maestros a favor de dicha Congregación”.
Unos días después, el 9 de octubre, los referidos señores comisionados se concertaron con el dorador y estofador Manuel Martínez de Estrada para que este dorara “un retablo de madera en blanco con sus columnas salomónicas (…) para mayor adorno y culto de la dicha iglesia”. El dorador percibiría por tan magna empresa la crecida cantidad de 19.000 reales de vellón, teniendo como condición expresa el tenerla acabada en toda perfección para el día 20 de mayo de 1691. La escritura, en la cual figura como testigo el ensamblador Gregorio Díez de Mata, explica de una manera muy pormenorizada la forma en que debía ejecutarse el dorado del retablo y el policromado y estofado de cada uno de los diferentes relieves y esculturas. Aparte de todo esto, la escritura nos es muy útil para conocer la forma y distribución primigenia tanto del retablo como de sus decoraciones escultóricas.
PEDRO DE ÁVILA. San Pedro

El 27 de junio de 1691 se trató en Congregación del momento en que debía de celebrarse “la fiesta de la traslación del Santísimo y de Nuestro Padre San Felipe Neri al retablo nuevo”, síntoma de que las obras estaban ya finalizadas. Que los problemas económicos de la Congregación de San Felipe Neri eran reales lo demuestra el que Francisco Billota no otorgara carta de pago y finiquito hasta el día 25 de agosto de 1694. En ella se daba por contento de las cantidades que le adeudaban “de la fábrica de dicho retablo y de armar y desarmar el monumento”.
Nos podemos hacer una idea de cómo era la disposición original del retablo gracias a la pormenorizada descripción realizada por el licenciado don Pablo del Moral y Tejada, visitador del obispado, el 28 de abril de 1692. Según sus palabras se trataba “de un retablo ahora nuevamente hecho de toda hermosura a costa de los congregantes de dicha venerable Congregación, juntamente con la iglesia y oratorio, el cual está hecho un ascua de oro”. El primer cuerpo se compone de “cuatro columnas salomónicas () donde está la efigie del Santo de bulto con su diadema de plata y a los lados y en el intercolumnio las efigies del patriarca San José con el Niño de la mano en el lado del evangelio y en el de la epístola el glorioso San Joaquín con la Virgen Santísima de la mano siendo niña, las cuales son asimismo de bulto”. En su pedestal “dos historias de media talla, la una la entrega de las llaves por Cristo a San Pedro y la otra la predicación de San Pablo a Félix y Drusila, doradas y estofadas”. En el ático “un Cristo crucificado con María y San Juan y a los lados dos ángeles con diferentes instrumentos de la pasión de Cristo que dejan sobre las columnas de él, unos y otros de bulto dorado y estofados, y en dos enjutas Cristo nuestro bien en la calle de la Amargura y otra de la oración del huerto, de media talla doradas y estofadas”.

PEDRO DE ÁVILA. San Pablo
Años después el retablo sufriría una importante modificación: la sustitución de las cuatro grandes columnas salomónicas que articulaban el cuerpo del retablo por unas simples pilastras. Este cambio otorgó al conjunto un esquema compositivo más plano y sencillo. En las hornacinas de los intercolumnios, actualmente ocupadas por las efigies de San Pedro y el San Pablo de Pedro de Ávila, se situaban los grupos de San Joaquín con la Virgen Niña y San José con el Niño Jesús realizados por José de Rozas y Andrés de Pereda. El cambio debió de acontecer entre 1719-1720 puesto que en febrero de este último año Pedro de Ávila se encontraba ya trabajando en las esculturas. Los motivos que implicaron esta modificación estarían relacionados con problemas estructurales y el excesivo peso que suponían los citados grupos; motivo por el cual se decidió cambiar las columnas salomónicas por pilastras, y sustituir los pesados grupos escultóricos por dos imágenes algo más livianas. Fue entonces cuando el grupo de San Joaquín con la Virgen Niña fue a parar a la capilla de los pies del lado del Evangelio, y allí estuvo hasta que en la década de 1960 la efigie de San Joaquín marchó al Monasterio de Santa Ana y la de la Virgen Niña desapareció. Por su parte, el grupo de San José con el Niño se colocó en la capilla frontera a ésta, la de los pies del lado de la Epístola. Allí permaneció hasta la década de 1960, momento en el que se volvió a trasladar el grupo, esta vez al retablo colateral de la Epístola.

JOSÉ DE ROZAS Y ANDRÉS DE PEREDA. San Joaquín
JOSÉ DE ROZAS Y ANDRÉS DE PEREDA. La Virgen Niña ¿Desaparecida? (No lo creo)
JOSÉ DE ROZAS Y ANDRÉS DE PEREDA. San José con el Niño
En la actualidad, el retablo se compone de un banco, en el que tienen cabida el tabernáculo con el sagrario y dos relieves relativos a San Pedro y San Pablo: Cristo con San Pedro y San Pablo predicando a Félix y Drusila; un único cuerpo articulado mediante cuatro grandes pilastras entre las cuales ellas se sitúan la hornacina central, presidida por San Felipe Neri, y las laterales, con San Pedro y San Pablo. Finalmente, en el ático, que adquiere forma semicircular y se adapta perfectamente al testero de la iglesia, nos encontramos con un Calvario en la portada, y a los lados dos relieves de La Oración en el Huerto y Cristo camino del Calvario. Respecto al retablo original se han perdido, además de los grupos de San Joaquín y San José, “dos ángeles con diferentes instrumentos de la Pasión”. Cabe señalar que para las esculturas de San Pedro y San Pablo Pedro de Ávila se inspiró en Gregorio Fernández, y más concretamente en las hechuras que de estos santos realizó para la iglesia de San Miguel. En cuanto a los relieves de la Oración del Huerto y Cristo camino del Calvario queda claro que los escultores se inspiraron en los pasos procesionales homónimos. Finalmente, las esculturas del Calvario vienen a ser una versión mejorada de las que el propio José de Rozas y Antonio Vázquez realizaron por esas mismas fechas para el ático del retablo mayor del Rosarillo. Resumiendo las autorías de este retablo: la parte arquitectónica fue llevada a cabo por el ensamblador Francisco Billota; mientras que de la escultórica se ocuparon José de Rozas y Andrés de Pereda en 1688 (los cuatro relieves, el Calvario y ¿los ángeles con las Arma Christi?), Pedro de Ávila en 1720 (San Pedro y San Pablo), y ¿Juan de Ávila? (San Felipe Neri).

JOSÉ DE ROZAS Y ANDRÉS DE PEREDA. Cristo con San Pedro
JOSÉ DE ROZAS Y ANDRÉS DE PEREDA. San Pablo predicando a Félix y Drusila
JOSÉ DE ROZAS Y ANDRÉS DE PEREDA. Calvario
JOSÉ DE ROZAS Y ANDRÉS DE PEREDA. Cristo camino del Calvario
JOSÉ DE ROZAS Y ANDRÉS DE PEREDA. La Oración del Huerto

BIBLIOGRAFÍA
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  • MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José: Escultura barroca en España, 1600-1770, Cátedra, Madrid, 1983.
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  • URREA FERNÁNDEZ, Jesús: “El oratorio de San Felipe Neri de Valladolid”, Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, Tomo XXXIII, 1998, pp. 9-23.

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