martes, 7 de junio de 2016

LA ESCULTURA DE "SANTA CATALINA" (Pedro de Ávila, 1711-1712) DE LA IGLESIA PARROQUIAL DE GERIA


Hoy toca moverse de la capital, pero no mucho ya que nos vamos a la hermosa localidad de Geria, distante tan solo a unos cuantos kilómetros de la villa del Pisuerga. Antes de nada deseo dedicar este post a Laura, historiadora del arte y geriana de pro. Pues bien, en la iglesia parroquial de Geria se conserva una escultura de Santa Catalina de Alejandría que, aunque pasa bastante desapercibida por su colocación, es una obra indudable de Pedro de Ávila (1678-1755), el escultor vallisoletano más importante del primer tercio del siglo XVIII. Cuando se redactó el Inventario Artístico de Valladolid, en el cual se la definía como “Santa Catalina Virgen y Mártir, del siglo XVIII”, la imagen estaba situada bajo el coro.

Actualmente, Santa Catalina preside la hornacina del ático de un retablo situado en el lado de la Epístola junto a la puerta de entrada al templo. El retablo, que se encuentra articulado a través de cuatro estípites, está compuesto por un pequeño banco, un cuerpo con tres calles (las laterales más estrechas) y un ático rematado en semicírculo. En la cúspide del ático se exhibe una medalla adornada en la cual figura un anagrama que aludirá a la Virgen, decorado con tallos y una cabeza de angelote. El retablo puede ser fechado en el primer cuarto del siglo XVIII, si bien desconocemos que esculturas le integrarían en origen. Probablemente este retablo será el que figura reseñado en el Catálogo Monumental de Valladolid como “retablo barroco del siglo XVIII. Contiene una Virgen de vestir de este siglo”. Si hacemos caso del anagrama del medallón del ático, y a que Martín González refiere que el retablo estaba presidido por una Virgen de bastidor, parece claro que se realizó ex profeso para esta imagen mariana.

Llama la atención el hecho de que tanto el fondo de la hornacina principal como el de la del ático el fondo van pintado. La pintura del ático presenta un paisaje con árboles y un amplio cielo nublado; mientras que la de la hornacina principal es un paisaje parecido, aunque en el cielo aparecen unas cabezas aladas de serafines, lo que parece reforzar la idea de que esta hornacina la ocupó la referida Virgen de bastidor. Alrededor del hueco hay un marco formado por cabezas de angelotes separadas por sus propias alas. Es probable, tanto por tamaño como por su adaptación al marco, que la escultura de Santa Catalina que tratamos se encontrara en origen en esta misma hornacina del ático. En la actualidad, completa el retablo unas imágenes modernas de la Virgen de Fátima en la hornacina principal, y de San Cristóbal y el Niño Jesús de Praga en las laterales.

Como decíamos, Santa Catalina es obra, a no dudarlo, de Pedro de Ávila a la vista de los rasgos estilísticos que presenta su rostro. Además no falta su típica manera de disponer los pies (en un ángulo de 90º y separados por un pliegue afilado de la túnica) y la presencia del característico pliegue a cuchillo. Este pliegue no se está desarrollado en su totalidad, por lo que la escultura pertenecerá a los primeros años de su segunda etapa (1707-1713). Así lo confirma uno de los libros de fábrica de la parroquia, el cual nos señala que su ejecución se efectuó en el año 1711 o comienzos del siguiente. En 1711 el visitador general del obispo, don Andrés de Orbe y Larreátegui “colegial en el mayor de Santa Cruz de la ciudad de Valladolid”, realiza una Visita a la parroquia durante la cual examina los diferentes retablos y señala que en el “altar de Santa Catalina halló que su efigie de talla por antiguo y deslucido no estaba de suerte que causare devoción al pueblo mandó se quitase y en su lugar y nicho se pusiese otra imagen de talla de la misma santa que se hiciese con la mayor brevedad a costa del caudal de la Cofradía sita en su altar y capilla”. Esta antigua “efigie” de Santa Catalina que se encontraba en tal mal estado debía de estar situada, si hacemos caso de la visita realizada por el citado visitador el 2 de julio de 1702, en el colateral del Evangelio: “Altares. Visitó el altar mayor y halló ser de la advocación de Nuestra Señora de la Asunción y el altar con su ara, sábana y frontal con toda decencia. Visitó el altar colateral del lado del Evangelio que es su título de Santa Catalina y halló estar con su ara, sábana y altar y por ser el ara pequeña mando su merced que cuando se halla de decir misa en él se ponga otro portátil. Visitó el altar colateral del lado de la Epístola su título es de Nuestra Señora de la Purificación y halló estar con su ara, sábana y frontal con toda decencia”.

Santa Catalina de Alejandría (que posee cierto parecido en su disposición con la santa homónima que se atribuía a Juan de Ávila en el vallisoletano Convento de Santa Catalina, tras el cierre de este cenobio desconozco a cual otro fue a parar) aparece de pie, con la pierna derecha levemente adelantada, conformando el típico contraposto al que acostumbra el escultor. Eleva su mano derecha, en la cual porta la espada con la cual fue martirizada, mientras que el brazo izquierdo lo dispone oblicuamente. En esta última mano quizás pudo portar la palma del martirio, al igual que el citado modelo de su padre. A sus pies se sitúa una corona, que quizás la llevara puesta en la testa, y la cabeza cortada del Emperador Maximiano, su perseguidor y asesino. Según Santiago de la Vorágine, ese verdugo no fue Maximiano sino el emperador Majencio. La cabeza apenas es visible debido a su posición y a la altura a la que se encuentra; a pesar de ello observamos que va coronada y que el rostro es el de un personaje bastante moreno con largos bigotes. Extraña que no figure su atributo más característico: la rueda con cuchillas en la cual fue martirizada.

JUAN DE ÁVILA (atrib.). Santa Catalina (finales del siglo XVII). Convento de Santa Catalina. Valladolid
Viste una túnica verde hasta los pies, de los cuales tan solo observamos las puntas. El cuello de la túnica tiene las solapas vueltas. Por encima un ampuloso manto rojo, recorrido por una esplendorosa cenefa dorada sobre la que figuran motivos botánicos en diferentes colores, que le cubre gran parte del cuerpo, sujetándose una parte en su axila izquierda y el otro extremo sobre el hombro derecho (este detalle lo observamos en muchísimas ocasiones, parece que lo pudo tomar de los San Juan Bautista de su padre y de Gregorio Fernández). Los pliegues son berninescos como podemos observar en el acuchillamiento presente en las dobladuras que forman la rodilla adelantada, los pliegues que chocan contra el suelo o los situados en la parte derecha a la altura de la cintura, los cuales se doblan sobre sí mismos dejándonos ver el envés. Concibe el manto a través de grandes concavidades situadas en diversos planos. También está presente el pliegue incurvado en la túnica y en ciertas partes del borde del manto. Sea como fuere, la combinación de ambos pliegues dota a la escultura de un movimiento muy naturalista y una apariencia delicada muy dieciochesca.
El rostro, que sigue los parámetros generales a los que nos tiene acostumbrados Ávila durante su segunda etapa, es muy similar al de la de la Virgen de la Anunciación conservada en Renedo (Valladolid), al del San Miguel de Castil de Vela (Palencia) y al del San Juan Evangelista de la catedral vallisoletana. El pelo se distribuye simétricamente desde su nacimiento hasta las puntas, las cuales se recogen en la parte trasera de la cabeza, a la altura del cuello. Como en la mayoría de las ocasiones, las melenas se distribuyen a ambos lados del rostro en sinuosos mechones que ocultan ambas orejas.

En definitiva, estamos ante una excelente escultura que bien merecería la plena contemplarse más de cerca. Se trata de otro ejemplo más de escultura vallisoletana dieciochesca de calidad que ayuda a romper esa creencia (totalmente falsa) de que la escultura del siglo XVIII en la escuela de Valladolid no vale la pena.

BIBLIOGRAFÍA
  • MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José (dir.): Inventario artístico de Valladolid y su provincia, Ministerio de Educación, Valladolid, 1970, p. 139.
  • MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José: Catálogo Monumental de la provincia de Valladolid. Tomo VI. Antiguo partido judicial de Valladolid, Diputación de Valladolid, Valladolid, 1973, p. 45.

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