miércoles, 16 de mayo de 2018

EXPOSICIÓN: "SOROLLA. Un jardín para pintar"


Actualmente se desarrollan en el Museo de Arte Contemporáneo Patio Herreriano dos exposiciones dedicadas a uno de los grandes genios de la pintura contemporánea, el valenciano Joaquín Sorolla (1863-1923). La primera de ellas, “SOROLLA. Un jardín para pintar” se celebra en las salas 3, 4 y 5 entre los días 28 de marzo y 24 de junio, y expone casi un centenar de óleos dedicados a jardines, así como algunos elementos del jardín de su casa madrileña; por su parte, “SOROLLA en su paraíso” es una exposición fotográfica sobre el artista, que podrá verse hasta el 17 de junio en la sala 8. En el presente post tan solo trataremos, mediante unos textos contenidos en el folleto de la exposición, la primera de las exposiciones.

Jardín de la Casa Sorolla (1919)
Jardines de Carlos V, Alcázar de Sevilla (1910)
El Grutesco. Alcázar de Sevilla (1908)
Jardín de la Casa Sorolla (1916)
Joaquín Sorolla (1863-1923) fue uno de los pocos pintores de su generación que obtuvo reconocimiento internacional. A comienzos del siglo XX, justo cuando París se alzaba como centro de la cultura y las vanguardias europeas, el pintor valenciano despuntó con lo mejor de su pintura. Fueron sus años de oro: recibió el gran premio de la Exposición Universal, expuso en la galería de Georges Petit, uno de los principales divulgadores de los impresionistas; participó en exposiciones en Berlín, Dusseldorf, Colonia, Londres, Nueva York, Boston, Chicago y San Luis. Su éxito en el extranjero apuntaló su éxito en España.
Nació en un hogar modesto de la ciudad de Valencia. Sus padres eran comerciantes de telas. Fallecieron ambos con una semana de diferencia en una epidemia de cólera, cuando Joaquín Sorolla tenía apenas dos años. Él y su hermano crecieron en casa de su tío, un cerrajero de profesión, que intentó enseñarle el oficio. Sorolla sin embargo estudió Bellas Artes en Valencia. En los años siguientes decidió trasladarse a Madrid. En esa década tiene su gran encuentro con la obra de Velázquez, en quien encuentra un tema de análisis y estudio. En este tiempo presenta sus obras en los grandes certámenes internacional, especialmente en las exposiciones de Berlín, Múnich y Viena, y en la Bienal de Venecia, y, por supuesto, en el Salón de París. Durante aquellos años afina su técnica y temática, pinta al aire libre, construye un estilo que integra el paisaje y las escenas de la vida cotidiana y en el que la luz se erige como protagonista. Su carácter mediterráneo, colorido y brillante recibe una muy buena acogida en Europa. Su pintura tiene un carácter vibrante, suelto y vigoroso que le valdrá no pocos reconocimientos.

Jardín de la Casa Sorolla (hacia 1917-1918)
Fuente y rosal de la Casa Sorolla (1918)
El patio andaluz de la Casa Sorolla (1918-1919)
Jardín de la Casa Sorolla (1918)
Su lugar de mayor impacto será la capital parisina. En 1893 recibe por primera vez un premio en el Salón de la Societé des Artistes con El beso de la reliquia, un cuadro que retrata una España atávica de sacristía. Dos años después, su imponente Regreso de la pesca es adquirido por el Estado francés para la pinacoteca del Palacio de Luxemburgo. En 1900 es la apoteosis ya que recibe el gran premio de la Exposición Universal, donde expone Triste herencia, un cuadro social y la explosión de luz que es Cosiendo la vela. Aquellos son los años de mayor reconocimiento. Sorolla celebra su primera exposición en solitario, con 450 obras, en la galería de Georges Petit, uno de los principales divulgadores de los impresionistas.
Sorolla incorporó a su jardín multitud de colores a través de especies típicamente meditarráneas. Árboles como el ciprés, el mirto, el naranjo, el limonero o el laurel, junto a flores como la rosa, el alhelí, la adelfa, el jazmín, el lirio y la cala, que se daban con gran exuberancia cuando el jardín gozaba de mucho sol.

La alberca, Alcázar de Sevilla (1910)
Patio de Comares, Alhambra, Granada (1917)
Fuente árabe del Alcázar de Sevilla (1910)
Jardín de la Casa Sorolla (1918-1919)
Detalle del jardín de la Casa Sorolla (hacia 1916)
Con el tiempo, la sombra de los árboles crecidos y los edificios altos de alrededor han creado otro clima, más húmedo y oscuro, perfecto para especies más atlánticas, como las azaleas, los rododendros y las camelias, que aportaban color en los rincones más umbríos.

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