viernes, 8 de junio de 2018

EL RETABLO MAYOR DE LA IGLESIA DE SAN ANDRÉS (Pedro Correas, 1741-1742)


La década de 1740 supuso para Valladolid una gran explosión creativa dentro del mundo de la retablística ya que se fabricaron multitud de retablos mayores para las más diversas parroquias y conventos. Dos fueron los artífices sobre los que recayó el mayor peso: Pedro Correas y Pedro Bahamonde. Aunque la iglesia de San Andrés venía deseando poseer un retablo más monumental del que por entonces tenía, el cual había sido adquirido al Convento de San Pablo entre los años 1615-1618 y era obra del exquisito escultor gótico Simón de Colonia, no fue hasta 1724 en que se trató ampliamente el asunto, aunque se desistió por entonces de tal propósito “por falta de medios”. Antes de proseguir me gustaría recordar que ya hemos hablado en otras dos ocasiones de esta iglesia, concretamente acerca de su magnífica Capilla de las Maldonadas, uno de esos espacios barrocos que se conservan casi intactos, y del "desaparecido" Sepulcro de Fray Mateo de Burgos.
San Andrés presidiendo la hornacina-baldaquino principal del retablo
Fue el 13 de febrero de 1741 cuando el tallista Pedro Correas se concertó con el presbítero beneficiado, el mayordomo y una comisión de feligreses de la iglesia parroquial de San Andrés Apóstol para “hacer y ejecutar un retablo para la capilla mayor de la referida iglesia parroquial de San Andrés arreglado a la traza y planta que tengo hecha y condiciones que irán declaradas, cuya traza planta y condiciones entregue a dicho don Joaquín Pérez el cual y los dichos comisarios de dicha parroquia parece no sólo haber reconocido su contenido sino es haberle comunicado y enseñado a personas peritas e inteligentes en dicha profesión de arquitectura”.
Correas, que debía de tener acabada y asentada la nueva máquina lígnea para el día de San Miguel del año siguiente de 1742, percibiría por su trabajo la crecida cantidad de 25.000 reales de vellón “y asimismo se me ha de dar por dicha fábrica el retablo viejo que tiene dicho altar mayor para hacer y disponer de él como de cosa mía propia”. El dinero se le pagaría en esta manera: 9.000 reales de contado, 8.000 reales “puesto que sea por dicho Pedro Correas el primer cuerpo de dicho retablo y asentado en el dicho altar mayor hasta la cornisa”, y los últimos 8.000 reales cuando estuviera “fenecido y acabado de asentar dicho retablo en dicho altar mayor y reconocido y declarado por bien hecho por los peritos que como dicho es se nombrasen por las partes y que está ejecutado y asentado según dicha traza planta y condiciones”. El total del dinero lo aportarían a partes iguales, 12.500 reales cada uno, el cura don Joaquín Pérez y la feligresía de la parroquia.

El retablo se articula a través de cuatro potentes columnas corintias de orden gigante. Para los intercolumnios se tallarían cuatro esculturas, las cuales también realizaría Correas puesto que además de ensamblador era escultor, que ocuparían otras tantas hornacinas, dos en cada lado, uno sobre la otra. Los santos que serían de tamaño natural efigiarían a San José y San Joaquín “con los atributos que les corresponde” y San Pedro y San Pablo “hechos con garbo y valentía bien trasteados y movidos”. En el cuerpo central, en una hornacina sobre la custodia, se colocaría a San Andrés apóstol, “el que al presente se halla en dicha iglesia, y al pie del santo se ha de hacer una peana para que levante más de manera que iguale con los demás santos de los lados que han de tener a seis pies de alto cada uno”. Finalmente para el ático se tallaría “una historia de la Asunción bien trasteada de niños y serafines y nubes con bastante valentía que dé a entender lo que es y se perciba desde abajo y divierta su espacio con desahogo que se distingan las cosas, y encima su trono de nubes serafines y rayos muy hermosos y de bastante relieve para colocar y poner el Padre Eterno con la compostura que le corresponde y corone dicha obra”, y alrededor de la historia su guarnición de talla con su pabellón, con sus caída como demuestra la traza. En el espacio correspondiente entre la hornacina central y el ático iría ocupado por “el Espíritu Santo en figura de paloma todo arreglado como demuestra la traza con el relieve entero como lo requiere dicha pieza”. Además de todo ello se habrían de poner sobre unas pequeñas peanas situadas encima de las puertas del retablo a las patronas de Sevilla: las Santa Justa y Santa Rufina.

Santa Justa
Santa Rufina



















 
La construcción transcurrió con toda normalidad de tal forma que una vez finalizada la obra se procedió a su reconocimiento. El encargado fue Pedro de Sierra “vecino de esta dicha ciudad, maestro de arquitectura y escultura nombrado por ambas partes”. El riosecano declaró el 24 de noviembre de 1742 que el “dicho otorgante tenía cumplido en todo con mucho exceso con lo que se obligó en dicha escritura y que en dicho retablo había hecho ciertas mejoras dicho otorgante que importaban tres mil seiscientos y cincuenta y dos reales”. También se procedió a entregarle el retablo antiguo. Una vez abonadas las últimas cantidades a excepción de las mejoras, puesto que habían capitulado que en caso de haberlas no se le pagarían, Correas otorgó el día 29 de septiembre de 1743 carta de pago en favor del cura y comisarios de la iglesia. Unos meses antes, el 6 de junio de 1742 el maestro dorador Bonifacio Núñez se había ajustado para “dorar y pintar cinco santos de cuerpo entero y dos imágenes de Santa Justa y Rufina, dorar y pintar el sagrario del retablo mayor de San Andrés y púlpito y sombrero, arreglado a las condiciones que tengo hechas y firmadas. Por todo ello debían abonarle 1.700 reales. La falta de fondos impidió que se dorara también el retablo, por lo que quedó en blanco hasta 1759, año en que acometió dicha tarea Gabriel Fernández, percibiendo por su tarea 38.000 reales. El resultado fue claro: una cueva de oro refulgente.

San José con el Niño
San Joaquín con la Virgen Niña
Según relata Ventura Pérez, el retablo fue inaugurado solemnemente el 29 de septiembre de 1742: “colocaron a S.M. en el retablo nuevo en la iglesia de San Andrés. Hubo grandísima función; estuvo todo el barroco colgado de tapices y altares, y llevaron al atrio la Santa Vera Cruz. Este retablo se hizo a expensas de los parroquianos; y el señor cura, don Joaquín Pérez, que al presente era, pagó la mitad de su costo, y fue Dios servido llevarle el día de San Andrés en premio de su buena obra. Dejó unas viñas a la fábrica para ayuda de dorar el retablo, el cual se doró al folio. Dieron el curato a don Simón Morente, cura de San Juan Bautista”.

San Pedro
San Pablo
El retablo se adapta perfectamente al ábside poligonal, siendo, según Armendáriz Ubiola, “uno de esos retablos característicos españoles que por sus magnas proporciones reciben el nombre de “Retablos gigantes”. Consta de banco, un gran cuerpo sustentado por cuatro columnas corintias de orden gigante que asientan sobre otras tantas repisas que son un prodigio de inventiva y habilidad técnica y que siguen el estilo de Alonso de Manzano, de motivos vegetales retorcidos, viéndose cabezas de serafines de mofletudos carrillos, bien compuestos y expresivos. Las gigantescas columnas se labran con tercio de talla adornado con cabezas de serafines y los dos tercios altos con panoplias, tema renacentista ahora resurgido. Hermosísima es la hornacina central, con su basamento y entablamento partidos, lo que la presta gran movimiento y gracia. Constituye una especie de balcón borrominesco, muy movido; va flanqueado por columnas de talla, “de buen dibujo, sin confusión”. Encima de la caja viene un “trono” de rayos, nubes y serafines, con la figura del Espíritu Santo en el centro. En los intercolumnios se abren nichos, de fondo plano y curvo, de forma que las esculturas van colocadas dentro o fuera de las hornacinas. Las repisas se disponen en la forma característica de Correas, a base de varios cubos volados a la manera de los entablamentos partidos. El cascarón se forma con sus arcos, que terminan en la medalla central, decorada con el relieve del Padre Eterno. En el entrepaño central figura un alto relieve de la Asunción y en los laterales, tarjetas con cabezas de serafines. El retablo, de conformidad con las condiciones, conserva los “morteretes” (palmatorias), para asiento de las velas, que se colocarían los días de fiesta


BIBLIOGRAFÍA
  • ARMENDÁRIZ UBIOLA, Fermín: “El retablo de la iglesia de San Andrés, de Valladolid”, B.S.A.A., Nº 7, 1940-1941, pp. 187-195.
  • MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José y URREA FERNÁNDEZ, Jesús: Catálogo Monumental de la provincia de Valladolid. Tomo XIV. Monumentos religiosos de la ciudad de Valladolid (1ª parte), Institución Cultural Simancas, Valladolid, 1985.
  • MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José: Escultura barroca castellana, Fundación Lázaro Galdiano, Madrid, 1959.
  • MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José: Escultura barroca en España, 1600-1770, Cátedra, Madrid, 1983.
  • PÉREZ, Ventura: Diario de Valladolid (1885), Grupo Pinciano, Valladolid, 1983, pp. 203-204.

1 comentario:

  1. Siempre he admirado el nuevo arte, su frescura y espontaneidad son elementos muy interesantes al momento de admirar una buena pintura. Las mejores obras, son las que se hacen sin forzar elementos, y de la manera más sutil y amena posible. Puesto esto transmite cierto grado de paz y felicidad a su espectador. En el mundo del arte nos encontramos con muchas corrientes y estilos, desde el más clásico hasta el más moderno contemporáneo. Hoy vemos, en el arte abstracto consolidación de nuevos estilos y técnicas, como lo es el Puntillismo Abstracto; arte que es de origen español por el exitoso pintor Gabino Amaya Cacho.
    http://gabinoamaya.com/ Música: Elton John - Sacrifice https://youtu.be/NrLkTZrPZA4

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