jueves, 8 de noviembre de 2012

EL MONASTERIO DE SAN JOAQUÍN Y SANTA ANA: GOYA Y BAYEU A UN PASO DE LA PLAZA MAYOR


En pleno centro de Valladolid, en la monasterio de San Joaquín y Santa Ana (que ya por sí solo merece una visita), que dentro de unos días cumple 225 años, se custodian los únicos lienzos debidos a los pinceles de Francisco de Goya que existen en Castilla y León. Esto no quiere decir que no existieran más puesto que para el Colegio de las Calatravas de Salamanca pintó, para sendos retablos de la iglesia, otros tres óleos, desaparecidos durante la Guerra de la Independencia.

Salamanca. Colegio de las Calatravas
El conjunto pictórico existente en la iglesia está formado por las tres pinturas realizadas por Goya (Santa Ludgarda, La muerte de San José y Los Santos Bernardo y Roberto), en el lado de la epístola, y otras tres realizadas por su cuñado Ramón Bayeu (Santa Escolástica, La Inmaculada con San Francisco de Asís y San Antonio de Padua y San Benito), éstas en el del evangelio. La historia de todas estas pinturas comienza recién acabada la reconstrucción del monasterio, costeada por la Hacienda Real. Las obras del nuevo monasterio se alargaban y mientras las monjas se impacientaban por regresar a él, aun así no lo hacían porque consideraban que la iglesia no estaba finalizada, puesto que los seis retablos laterales carecían de imágenes. Por ello solicitaron que “inmediatamente se pinten y ejecuten dichas pinturas en la prontitud que exige la necesidad”. Sabatini, máximo responsable de las obras, contestó que no estaban incluidos en el proyecto ni en el presupuesto “los adornos y muebles de la Iglesia y Monasterio, porque supuse, como lo hago siempre, que continuarían en servirse de los antiguos, o que los costearía la comunidad de sus fondos si necesitase renovarlos”. Pero las cuatro pinturas para altares que tenía la comunidad, además de ser insuficientes en número, no podían utilizarse para este fin porque sus dimensiones excedían las de los nuevos retablos-marco (en torno a 220 x 150 cm.).
Tipología de los nuevos retablos-marcos para las pinturas de Goya y Ramón Bayeu
En el convento aún se conservan varios cuadros que pudieron formar parte de esos cuatro altares. Uno de ellos es el de San Joaquín y Santa Ana llevando a la Virgen al templo (325 x 261 cm.), obra del primer cuarto del siglo XVII cercana a los estilos de Bartolomé de Cárdenas y a Blas de Cervera. Aún sopesando la posibilidad de que fuera una de las pinturas que conformaban los laterales de la iglesia, con casi toda probabilidad fuera el que formaba el retablo mayor de la misma. Otro es el de San Benito y San Bernardo adorando al Santísimo Sacramento (245 cm. de ancho), obra seguramente de Gregorio Ferro, el cual pintó un cuadro similar para el altar mayor del Convento del Sacramento de Madrid. Ambos lienzos son de tal tamaño que no pueden guardarse en ninguna sala del convento, por lo cual el primero se encuentra instalado en el hueco de la escalera del Museo, y el segundo en el hueco de la escalera de la clausura. Además existen otros dos cuadros de similar tamaño (y que no podrían colocarse en los nuevos retablos) que pudieron pertenecen al referido conjunto de cuatro pinturas que existían en la antigua iglesia. Se trata del Cristo vestido de sacerdote (234 x 186 cm), obra relacionada con el estilo de Felipe Gil de Mena; y un Cristo de Burgos (249 x 188), óleo firmado por Mateo Cerezo.
San Joaquñin y Santa Ana llevando a la Virgen al templo. Atr. Blas de Cervera y Bartolomé Cárdenas
San Benito y San Bernardo adorando al Santísimo Sacramento. Atr. Gregorio Ferro
Madrid. Iglesia del Sacramento. San Benito y San Bernardo adorando al Santísimo Sacamento. Imagen tomada de http://www.viendomadrid.com/2010/03/catedral-castrense-de-las-fuerzas.html
Cristo vestido de Sacerdote. Atr. Felipe Gil de Mena
Cristo de Burgos. Mateo Cerezo
El 12 de abril de 1787 Sabatini propuso que “en caso de acceder S.M. a la solicitud de la Comunidad, podrán encargarse los seis que se necesitan a los pintores don Ramón Bayeu y don Francisco de Goia respecto de que gozan sueldo y tengo confianza de su habilidad a quienes luego que se les pase la orden daré las dimensiones y noticias que necesitan para su desempeño”. Semanas más tarde, el 6 del junio siguiente, Goya hablaba del encargo a su amigo Martin Zapater: “para el día de Santa Ana, an de estar tres cuadros de figuras del natural colocados en su sitio y de composición, el uno el tránsito de San Josef, otro de San Bernardo y otro de Santa Ludgarda y aún no tengo nada empezado para tal obra y se a de hacer porque lo ha mandado el Rey con que mira si estaré contento”.
Martín Zapater retratado por su buen amigo Goya
Algunos autores han visto en el encargo una especie de concurso entre pintores, ya que tras ser Ramón Bayeu excluido de los trabajos en San Francisco el Grande se ha llegado a pensar que nunca perdonaría a Goya. Si nos damos cuenta, en este trabajo de San Joaquín y Santa Ana al que primero se menciona es a Ramón, no sólo eso, sino que además sus lienzos son los que están colocados en el lado del evangelio, lo que posiblemente nos indique que su posición fuera predominante respecto a Goya.
No se conoce quien decidió los temas que habían de representarse en las pinturas, aunque se ha pesando que fuera el mismo Sabatini. Cuatro de los lienzos forman parte de un programa totalmente adecuado a la orden Bernarda propietaria del monasterio, pues se dedican a santos benedictinos y cistercienses, en “paridad” de orden religiosa y de género. Tres de ellos, San Benito, Santa Escolástica –ambos en el lado del Evangelio– y San Bernardo, fueron fundadores, mientras que Santa Ludgarda –en el lado de la Epístola, al igual que el anterior– se distinguió por sus visiones místicas. Entre ellos se intercalan, ocupando la posición central en cada lado, un tema de la Virgen y otro de San José. La elección de la Inmaculada Concepción, acompañada por San Francisco y San Antonio de Padua –obra de Ramón Bayeu, al igual que las otras dos pinturas del lado del Evangelio– resulta lógica en un ámbito dedicado a los padres de la Virgen. En correspondencia con el lienzo mariano, se alza la Muerte de San José.
Francisco deGoya. San Bernardo y San Roberto socorriendo a un pobre
Francisco de Goya. El tránsito de San José
Francisco de Goya. Santa Ludgarda
Ramón Bayeu. San Pablo Ermitaño
Ramón Bayeu. Santa Escolástica
Ramon Bayeu. La Virgen con San Francisco de Asís y San Antonio de Padua
En referencia al cuadro de la Muerte de San José hay que reseñar que no fue la única vez que Goya trató el tema, puesto que en ese mismo año de 1787 se fecha un boceto con idéntica iconografía. No sabemos a que cuadro correspondería el boceto, quizás fuera una primera idea para realizar el de Santa Ana, si bien nada tiene que ver uno con otro, asique todo indica que Goya debió de realizar otra obra representando la muerte del santo.

La muerte de San José (1787). Flint Institute of Arts, Estados Unidos
La presencia de una pintura dedicada al padre adoptivo de Cristo en este contexto pudo estar determinado por la devoción del monasterio vallisoletano, para componer, en unión de la representación de la Virgen y de los padres de ésta, una evocación del tema de la Sagrada Parentela, aunque la comunidad ya poseía un cuadro representando a la sacra familia. Entre los fondos del convento también se encuentran dos esculturas de San José, además de varias pinturas con escenas en las que participa.
San José con el Niño. Primer cuarto siglo XVIII. Escuela madrileña
San José. Primera mitad siglo XVII. Anónimo
San José con el Niño. Siglo XVIII. Anónimo
San José con el Niño. Anónimo
Hay que reflejar que los rostros del lienzo del Tránsito de San José representan a la familia de Goya. Por lo tanto Jesús sería el propio Goya, pero no solo eso, sino que además la fisionomía del cuerpo de Cristo correspondería a la de Goya. La Virgen efigiaría el rostro de la madre de Goya (Gracia Lucientes), y San José la del padre (José Goya). El rostro de San José es tan terrible que me lleva a pensar que Goya pudiera haber presenciado esa misma escena.
Los lienzos pintados por Goya han tenido tanto defensores como detractores. Mayer, Sánchez Cantón o Camón Azar entre los primeros. Éste último llegó a hablar de ellos como uno de los conjuntos más armoniosos de la pintura española. Viñaza, Von Loga o Beruete, por el contrario, han llegado a difamarlas y dudar de su originalidad, ya que según Beruete las monjas encargaron unas copias en la Revolución de 1868 para salvaguardar los originales, aunque de estoy no hay otras noticias. Yo por supuesto me sumo a los tres primeros puesto que son obras de una calidad y originalidad fuera de dudas, además si hay tres nombres reconocidos por la historiografía del arte en España son los de los tres primeros.
Para acabar pongo aquí un fragmento escrito por Francisco de Cossío en el cual describe los cuadros: “No existen en Valladolid otras obras pictóricas que posean el interés de estos tres Goyas de Santa Ana. Representan los lienzos a San Bernardino, Santa Ludgarda y el Tránsito de San José. Le fueron encargados por el rey el año de 1787, y Goya debió pintarlos con cierta precipitación, pues la obra había de estar terminada en la fiesta de Santa Ana, y aún no se había comenzado en los primeros días de junio. Sin embargo, acusan la técnica sólida y segura del maestro, que ya en un período de madurez pinta con suprema facilidad; y, dentro de los caracteres de la pintura religiosa de este artista, presentan algunas notas especiales, de sumo interés, para estudiar un momento, quizá, único en su técnica. Admira en estos tres lienzos el equilibrio que se observa entre las ideas y el medio de expresión, y en la Santa Ludgarda, especialmente, blanca figura envuelta en una dulce claridad, ultraterrena, llega el pintor a la cumbre de la inspiración mística”.

BIBLIOGRAFÍA
  • ÁLVAREZ VICENTE, Andrés y MARTÍN PÉREZ, Fernando: Historia de la Cofradía del Santo Entierro. Sede y pasos, Cofradía del Santo Entierro, Valladolid, 2010
  • COSSIO, Francisco de: Guía de Valladolid y provincia (1922), Grupo Pinciano, Valladolid, 1990
  • REDONDO CANTERA, María José: La “Muerte de San José”, de Goya, en el monasterio de San Joaquín y Santa Ana de Valladolid. Propuestas para sus fuentes, Estudios de historia del arte: homenaje al profesor de la Plaza Santiago, Valladolid, 2009, pp. 245-252

1 comentario:

  1. He visto con gusto la entrada dedicada a las obras de nuestra iglesia y monasterio de San Joaquin y Santa Ana, aunque las tengo de sobra conocidas siempre me gusta verlas, y encontrar esta página ha sido casual, tengo un blog del Monasterio y puesto una entrada haciendo referencia y enlazando con este blog.

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