viernes, 23 de noviembre de 2012

PINTORES VALLISOLETANOS OLVIDADOS: El paisajista Francisco Fernández de la Oliva (1854-1893)


El vallisoletano Francisco Fernández de la Oliva se distinguió como notable paisajista en la línea realista marcada por Carlos de Haes. Logró una proyección discreta en el panorama artístico nacional, circunscribiéndose fundamentalmente su escenario de actuación a su ciudad natal, aunque, como es natural en los artistas de la época, no dejó de enviar sus obras a las Exposiciones Nacionales.
Francisco Fernández de la Oliva nació en Valladolid en 1854, siendo hijo del escultor local y profesor de la Escuela de Bellas Artes, Nicolás Fernández de la Oliva. Familiarmente vinculado con el mundo artístico local, desde muy joven encamina su formación hacia la pintura en la Academia de Bellas Artes de Valladolid.
Una vez completada su formación en la Escuela vallisoletana, y llevado por su vocación por el paisaje se traslada a Madrid en 1872. Allí estudia durante dos cursos (1872-73 y 1873-74) en la Escuela Superior de la Academia de Bellas Artes de San Fernando las asignaturas de paisaje, bajo la dirección de Carlos de Haes (quizás el paisajista español más importante del siglo XIX), de quien fue discípulo y seguidor, obteniendo en ambos un accésit en la asignatura de Paisaje superior. 
Un recuerdo de Lozoya
Su producción artística se ciñe al género de paisaje de tradición tardorromántica. Concurrió a las Exposiciones Nacionales, presentando obras en las de 1875, 1878, 1881 y 1887: Valle de Villalba (conservado en la Facultad de Medicina de Madrid), Camino del Paular, Después de una tempestad en la Sierra, y El río de la Miel en la Sierra de Guadarrama, Post núbila, Recuerdo del Jarama. Cosechó su primer y único éxito la primera vez que concurrió a ellas en 1875, año en que presentó una vista del Valle de Villalba (100 x 149 cm.). El óleo fue adquirido para el Museo del Prado, en 750 reales, por Real Orden de 31 de octubre de 1876. Fue depositado en 1903 en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, lugar en el que todavía se encuentra.
Valle de Villalba
El lienzo es testimonio de la marcada preferencia de este artista por los paisajes de los alrededores de Madrid, fundamentalmente localizados en parajes de la sierra norte, protagonista de la gran mayoría de las obras que representaron a este artista en los certámenes nacionales, a los que siguió concurriendo de forma regular hasta 1887. El cuadro está concebido dentro de las pautas compositivas y estilísticas que definían los paisajes de su maestro Carlos de Haes en la década anterior, tales como la cuidada selección del encuadre, sereno y equilibrado, en el que los diferentes elementos del paisaje están dispuestos convenientemente para lograr el mayor efecto, o la presencia de rasgos claramente procedentes del primer paisaje realista flamenco, como el protagonismo de elementos como el río, el árbol y el pastor con su rebaño de cabras situados en los primeros términos. Junto a ello, la técnica precisa y detenida en la descripción de la orografía, las figurillas y el caserío del pueblo, que se vislumbra al fondo, de marcado rigor dibujístico, con una entonación luminosa de contrastes muy marcados, que definen nítidamente los perfiles de los distintos componentes del paisaje, integrados todos ellos con una innegable habilidad y oficio, anuncian en esta obra juvenil, pintada por Fernández de Oliva a sus 21 años, cualidades muy estimables para este género, como puede advertirse especialmente en el tratamiento de la vegetación, la sutil delicadeza con que están resueltos los picos de la sierra de Guadarrama que se levantan en la lejanía, o en el cielo rasgado de nubes, a pesar de estar concebido todavía el tono general de su ambientación bajo el influjo de ciertos resabios del pintoresquismo romántico.
Octubre
También participó en los concursos celebrados por la Academia de Bellas Artes de Valladolid presentó obras, obteniendo los años 1877, 1878 y 1879 el premio de primera clase. En 1877: Paisaje de los alrededores de Canencia a la falda de la Sierra; en 1878, El mes de Octubre, y en 1879, Un recuerdo del Lozoya. Todos ellos se conservan en la Academia vallisoletana.
Paisaje de los alrededores de Canencia a la falta de la Sierra

BIBLIOGRAFÍA
  • BRASAS EGIDO, José Carlos, La pintura del siglo XIX en Valladolid, Valladolid, Institución Cultural Simancas, Diputación Provincial, 1982
  • DÍEZ GARCÍA, José Luis, «Los discípulos de Haes y su repercusión pública. Las huellas del maestro», Carlos de Haes (1826-1898), cat. exp., Santander, Fundación Marcelino Botín, 2002
  • GONZÁLEZ GARCÍA-VALLADOLID, Casimiro: Datos para la historia biográfica de la M. N. M. N. H. y Excma. ciudad de Valladolid, Tomo I, Maxtor, Valladolid, 2003

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