miércoles, 7 de agosto de 2013

EL ÉXODO DEL MAESTRO DE PORTILLO. Un retablo de Viana de Cega en el Alcázar de Segovia


Procedente de la localidad vallisoletana de Viana de Cega se encuentra en la capilla del Alcázar de Segovia un magnífico retablo hispanoflamenco atribuido al Maestro de Portillo. Se piensa que el retablo, que se encuentra bajo la advocación de “Nuestra Señora de las Nieves”, pudo llegar a Viana procedente de la Cartuja de Aniago, así lo pensaba Francisco Sabadell a comienzos del siglo XX: “El pequeño retablo es obra de mérito, procedente de la Cartuja de Aniago, cosa que no pudimos comprobar porque los libros parroquiales de fábrica son mucho más modernos”. Por cierto, si os fijáis bien en la foto de la capilla veréis que hay un retablo a la izquierda, pues bien ese retablo también procede de una localidad vallisoletana: Megeces.

Capilla del Alcázar de Segovia
Antiguo retablo de Nuestra Señora de las Nieves

La arquitectura del retablo muestra una fina decoración plateresca en el zócalo y guardapolvo, mientras sigue el gusto gótico en las guarniciones de los encasamentos. Así, los doseles presentan ricas tracerías de arcos mixtilíneos típicamente hispano flamencas. El retablo consta de tres calles y dos entrecalles. En la calle central, sobre la hornacina en la que iría la escultura originaria, que hoy falta, se encuentra la tabla del Calvario; en la calle lateral izquierda, las tablas de la Anunciación y Adoración de los Reyes; en la calle lateral derecha, las del Nacimiento y Purificación. En cada una de las entrecalles se disponen tres tablitas y es tal el deterioro que incluso la identificación de lo en ellas representado es en algún caso dudoso. En la entrecalle de la izquierda, de arriba abajo, parecen sucederse San Sebastián, sedente; Santa Ana, triplex, y San Agustín; en la entrecalle de la derecha San Roque, San Gregorio y San Ambrosio. En la predela figuran, de izquierda a derecha, los Evangelistas San Marcos, San Juan, San Mateo y San Lucas. Y, en medio de ellos, en el espacio reservado al tabernáculo, aparecen pintadas cuatro pequeñas efigies de santos en nichos; y en lo que sería la puerta del tabernáculo, en medallones, los bustos, al parecer, de Santo Domingo y San Francisco, San Pedro y San Pablo.
Calvario
La Anunciación
El Nacimiento
La Adoración de los Magos
La Purificación
San Sebastián
San Agustín
San Roque
San Ambrosio
Santa Bárbara presidiendo el retablo. Patrona del ramo de artillería
A primera vista, desde la simple repetición de los tipos hasta las aureolas doradas formadas por billetes radiales, se confirma la acertada atribución de Post al Maestro de Portillo. De las tablas que por su estado de conservación se pueden observar menos mal son las de la Purificación y la de la Epifanía, en el cuerpo del retablo. En ambas la coincidencia con el estilo de Juan de Borgoña se sobrepone a los ecos berruguetescos: ordenación simétrica, de ritmos verticales, paralelos, con estabilidad que traduce quietud y con perfiles netos como los de los Reyes enfrentados y el de la doncella con la ofrenda en la escena de la Purificación. La berruguetesca preocupación por la luz se manifiesta en su difusión a través de los ámbitos –primero y segundo plano– que establece la arquitectura. Es de advertir que las arquitecturas, como en el retablo de Fuentes de Año, revelan el gusto por las nuevas formas, que apenas asoma sino en detalles en el retablo del Palacio Arzobispal de Valladolid. En la Purificación, los personajes se agrupan en primer término en torno a una mesa, y al fondo, y en el centro una puerta en arco renaciente se abre a un patio del mismo estilo, con arquerías rebajadas en el piso superior, donde parecen estar asomadas unas personas. El esquema arquitectónico puede compararse con el de la misma escena en el ala del altar Columba (Pinacoteca de Múnich), de Van der Weyden: la rotonda del fondo en este altar equivale al patio del maestro de Portillo y los estilos arquitectónicos de ambas obras –románico en Van der Weyden, renacimiento en el maestro de Portillo– tienen, sin duda alguna, el mismo significado simbólico. En la escena de la Epifanía, se alza en el centro el elegante trono en que se sienta la Virgen, rematados en graciosa venera.

San Marcos
San Juan Evangelista
San Mateo
San Lucas
Santo Domingo, San Pablo, San Francisco de Asís y San Pedro
Los Evangelistas de la predela revelan calidad y ascendencia berruguetesca, si bien dentro del tono más suave del maestro de Portillo. Sentados en tronos, los cuatro en actitud de escribir, tienen todos ellos sus dobles fisionómicos en otras tablas del maestro. León, águila, ángel y toro aparecen, respectivamente, al lado de cada uno de los Evangelistas. Frente a la predela del retablo de San Esteban, aquí los brocados se reducen al respaldo de los tronos, mientras que una parte del fondo se abre al paisaje a través de un vano renaciente. Hay verdadera elegancia en las poses de estos escribas inspirados por el cielo. Análoga disposición a la de los Evangelistas –si bien éstos se representan de tres cuartos y los otros de cuerpo entero–  ofrecen las efigies de los padres de la Iglesia, en lo que puede apreciarse: se sientan en tronos con brocados, en un interior que comunica a través de un vano con el paisaje.

BIBLIOGRAFÍA
  • CAAMAÑO MARTÍNEZ, Jesús María: “La presencia del Maestro de Portillo en Valladolid. Nuevas obras”, A.E.A., tomo XXXVIII, nº 150, 1965, pp. 87-104.

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