martes, 13 de agosto de 2013

ESCULTORES VALLISOLETANOS OLVIDADOS: Ángel Díaz Sánchez (1859-1938)


Aunque madrileño el escultor Ángel Díaz Sánchez constituye, junto con el pintor Martí y Monsó, la figura artística más sobresaliente y prolífica de las que vivieron en Valladolid en los últimos años del siglo XIX y primeros del XX. Llegó a la ciudad en un momento de completa decadencia artística, en el que no había ni iniciativas importantes ni apenas artistas de calidad por lo que se refiere a la escultura, pudiéndose calificar de discretos los pintores que aquí trabajaban.
El primero en biografiarle fue Manuel Osorio Bernard en 1883, es decir, cuando aún vivía. La  escueta biografía decía así: “Escultor natural de Madrid, discípulo de la Escuela Superior y pensionado por la Diputación provincial. En la Exposición Nacional de 1881 presentó una estatua en yeso representando a Aquiles herido, que fue premiada con una medalla de tercera clase y adquirida por el Gobierno. En la anterior Exposición (1878) había presentado una medalla en cera con el retrato de D. Antonio Cánovas del Castillo”.
Dos fotografías de Ángel Díaz en su estudio. En estas dos imágenes podemos ver una gran cantidad de sus obras
Ángel Díaz nació en Madrid el día 20 de febrero de 1859 en la castiza plaza de Santa Ana. Sus padres, oriundos de Valdepeñas (Ciudad Real), se resistieron en un principio a que el joven se dedicara por entero al mundo del arte. Siendo casi un niño ingresó como meritorio en los talleres de la Casa de la Moneda en la que estudió la técnica del grabado en hueco presentándose en 1878 por vez primera a una Exposición Nacional, precisamente con una medalla en cera con el retrato de D. Antonio Cánovas del Castillo. Sus estudios de escultura los realizó en la Real Academia de San Fernando, en la que ya estaba matriculado en 1875, obteniendo en cursos sucesivos diversos diplomas.
En 1879 consiguió una pensión de la Diputación Provincial madrileña, consistente en 1.500 pts. anuales, para ser disfrutada en Madrid, al no haber superado el año anterior, en opinión del jurado, al escultor barcelonés Torcuato Tasso y Nadal en el concurso que la Academia convocó para dotar sus pensiones de Roma. La Diputación Provincial de Madrid le otorgó hasta tres prórrogas en el disfrute de su beca debido al buen aprovechamiento de ella.
En 1881 envió a la Exposición Nacional su obra Aquiles herido, escultura en yeso, composición que había trabajado el artista años atrás en los ejercicios de la Academia de San Fernando y en cuyo estudio continuaría, ya que con ella ganó la medalla de 3ª clase en el referido certamen nacional. La obra fue adquirida por el Museo Nacional: “Es una hermosa estatua en yeso, que representa al héroe griego herido en el talón por la flecha de Paris… postrado y casi en la agonía aunque pugnando por arrancarse la traidora secta”. Su Aquiles, junto con otra escultura representando a Paris, evidencia hasta qué punto se encontraban todavía vigentes los principios neoclásicos.
ETAPA EN ROMA
En 1883 marchó a Roma, prorrogada su pensión por la Diputación. Se instaló en un estudio de la famosa Via Margutta, en la que también se habían establecido otros artistas españoles: Francisco Pradilla, Mariano Fortuny, José, Mariano y Juan Antonio Benlliure, Ricardo Villodas, Joaquín Sorolla (de quien realizó un soberbio retrato en 1885), etc. En la Academia de Gigi o de Luisito, el famoso modelo de Fortuny, coincidiría con el pintor vallisoletano Arturo Montero y Calvo, a quien conocería desde los tiempos de estudiante en la Academia de San Fernando. El mismo Díaz confesaría años más tarde a un periodista de El Norte que “visitó los Museos, conversó abundantemente con Villegas, Pradilla y otros, siendo amigo íntimo de Mariano Benlliure, vagando con ellos por las noches por Roma y haciendo viajes de recreo a los museos de Florencia, Venecia y Nápoles para contemplar las obras de Miguel Ángel y Canova”.
Sus años de estancia en Italia los dedicó a trabajar de manera incansable a juzgar por la gran cantidad de obras modeladas en aquella época, hasta el punto de que en 1890 un periodista afirmaba un tanto exageradamente que “apenas habrá estudio de artistas, ni español establecido en Italia, que no cuente en sus colecciones con algún recuerdo de este escultor”. Visitó también Florencia, Venecia y Nápoles, estudiando especialmente las obras de Miguel Ángel y Canova.
A la Exposición Nacional de 1884 envió dos obras: una figura de Lope de Vega y su monumental grupo Trafalgar (1884, Museo de Vilanova i la Geltrú. Barcelona) en el que representó a un joven soldado de marina, en pie subido a un escollo sobre el que yace muerto su oficial con la bandera en la mano. Tan acertado canto al heroísmo le valió una tercera medalla y el reconocimiento unánime de la crítica italiana y española. El boceto de Trafalgar siempre lo conservó el escultor, yendo posteriormente a parar al Museo Balaguer.
Trafalgar
De su actividad en Italia se pueden señalar otras muchas obras, como son: un busto del rey Alfonso XII; el retrato de Lorenzo Llanos, hijo del crítico Luis de Llanos; el Dómine, un busto de Dulcinea destinado al Casino del Quijote que fundó en Roma la colonia española; un bajorrelieve representando la Muerte de Cicerón; un grupo dedicado Al Genio español; varias figuras de tipos populares; La Primera idea del Amor (1888); la estatua de Quevedo, que el artista estuvo a punto de ver colocada en una plaza de Madrid y que fue suplantada por la de Querol; o el extraordinario grupo titulado Las hijas del Cid (1887. Museo de Arte Moderno. Madrid). La famosa escritora Emilia Pardo Bazán describió esta última obra como “muy hermoso. Recuerda la historia de Andrómeda atada a la roca. Son dos figuras admirablemente entendidas y de una elegancia sorprendente” y la crítica de la Exposición Nacional de aquel año lo consideró “una de las mejores producciones escultóricas presentadas”.

Quevedo
Busto de Quevedo
BREVE ESTANCIA MADRILEÑA
Regresado ya de Roma, en 1889 se encuentra nuevamente en Madrid, momento en el que decide hacer oposiciones. A fines de 1891 fue propuesto por unanimidad para ocupar la plaza de profesor numerario de la cátedra de dibujo y modelado de adorno y figura de la Escuela Provincial de Artes e Industrias de Bellas Artes de Valladolid, en la cual desarrollaría una gran labor docente, en los momentos de su auge, bajo la dirección de José Martí y Monsó. Para su ejercicio de oposición modeló un relieve con el tema de Apolo y Dafne (Rectorado de la Universidad. Valladolid) y un fragmento de Pilastra con dos sátiros.

ESTANCIA EN VALLADOLID
Al tomar posesión de su cátedra la Academia de Bellas Artes de Valladolid le admitió entre sus miembros, participando desde entonces muy activamente en sus reuniones. Fue miembro de la Comisión de Monumentos y en el Ateneo llegaría a ostentar la vicepresidencia de la sección de Literatura y Bellas Artes. En la Escuela ocupó los cargos de Secretario y Tesorero y a él le corresponde la redacción de las Memorias anuales de la Institución trabajando en estrecha colaboración con D. José Martí y Monsó que por entonces ostentaba la dirección. En 1910 fue nombrado Presidente de la Academia vallisoletana de Bellas Artes.

BARRERA, Julio: Retrato de Ángel Díaz (1953)
En Valladolid se dio a conocer como escultor con dos obras: una de asunto religioso, que representaba a San Antonio de Padua, de tamaño académico y en barro cocido; y la otra de raíz anecdótica, la Cigarrera, busto en arcilla. Ambas fueron consideradas por la prensa local como “prodigio del arte”. Es curioso observar la aparición de un tema religioso e su obra y precisamente para darse a conocer públicamente en Valladolid, afirmando el periodista que la obra “le revela como un gran cincel en el grandioso arte de Gregorio Fernández y Berruguete”. El poeta Emilio Ferrari posó en 1893 en el estudio del escultor, que inmediatamente se granjeó un gran prestigio en la ciudad según puede deducirse de los numerosos bustos que modeló.
En 1895 se ofreció gratuitamente a hacer la lápida conmemorativa que se iba a colocar en la fachada de la casa natal del poeta Zorrilla. La comisión encargada del asunto prefirió en cambio elegir a Dionisio Pastor Valsero. En aquellos mismos momentos debía de encontrarse muy ocupado en preparar las obras que iba a presentar en la Nacional de aquel año, a la que envió: Valdepeñas o el Sueño de un cosechero, un retrato del poeta Ferrari, un busto de Goya, inspirado en el retrato de Vicente López, otro de Mesonero Romanos y el retrato de un hijo del escultor, y en la que obtuvo la cruz de Carlos III.
Retrato de Francisco de Goya
En octubre del mismo año ultimaba las alegorías de la Agricultura y la Industria, que rematarían la fachada principal de la Estación del Ferrocarril del Norte para las que Díaz había empleado modelos de la capital aunque inspirándose, según la crítica, “más en el estudio anatómico que en el plasticismo de la belleza”.
A la Exposición de 1897 envió un grupo de grandes dimensiones que había terminado en el mes de mayo y que no obtuvo ningún galardón honorífico, titulado la Buenaventura, a pesar de lo cual repitió esta temática de gitanas y chulas en alguna otra ocasión. Por los mismos días que concluía este último grupo un periodista que le visitó en su estudio pudo anotar una serie de obras que no se sabe si acababan de ser realizadas por el artista o si por el contrario eran anteriores: un busto alegórico de Beethoven, los retratos de Pérez Soto y Selva, la Chula, “busto portentoso de naturalidad, picardía y gracia” y bustos de los periodistas Martínez Viérgol y Tabanera y un bajo relieve titulado El carnaval moderno.
Aquel mismo año se ofreció Díaz a modelar la escultura que se pensaba levantar a la memoria de Zorrilla en una plaza vallisoletana, aunque finalmente el encargo recayó en Aurelio Carretero. Tal vez sea el fruto de este intento de proyecto la pequeña escultura que representando a Zorrilla y firmada en 1900 se conserva en la casa-museo del poeta (mide 28 cm., está dedicada “al Doctor arrimadas”). Sabemos que no fue éste el último intento que hizo el escultor por realizar una estatua del ilustre poeta; cuatro años más tarde envió a la Exposición Nacional otro boceto de Monumento a Zorrilla. También en torno a estos años modeló sus obras, Ninfa herida, la Fotografía y Marte y Venus.

Ninfa herida
Desde Valladolid continuó participando en las Exposiciones Nacionales y en 1904 consiguió con su relieve Los Mosquitos al vino (Escuela de Artes y Oficios. Valladolid) la tercera medalla por la sección de Arte Decorativo. En la Exposición Nacional de 1904 Díaz participó con los bustos de Leandro Mariscal y José Borrás y los bajo relieves “el joven pintor asturiano Uría sentado ante el caballete manchando un lienzo” y el titulado Los Mosquitos al vino con el que alcanzó nuevamente una tercera medalla, en esta ocasión por la sección de Arte Decorativo. Fue ésta, probablemente, su última obra ambiciosa.
Abrumado de trabajo en la Escuela, con innumerables asuntos que dirigir o solucionar en las instituciones de que formaba parte, sobre todo después de la jubilación de Martí y Monsó, después de haber contraído nuevo matrimonio, a sus 53 años, Díaz decidió trasladarse a Madrid, a la Escuela Superior de Artes Industriales. En 1912 regresa a Madrid, dejando atrás veinte años de servicios ininterrumpidos a Valladolid. En Valladolid había desarrollado una intensa e interesante actividad docente. Se preocupó por organizar visitas al Museo para niños y obreros, propuso a las Corporaciones locales el establecimiento de pensiones para que obreros y artistas visitaran las Exposiciones nacionales y extranjeras. A su iniciativa se debe la creación de la sección de Música en la Academia vallisoletana.
Ángel Díez contemplando una de sus obras, seguramenet una alegoria de la fotografía


REGRESO A MADRID
Sus enseñanzas las continuó en la Escuela de Pacífico, pero no perdió, al menos al principio, sus relaciones con Valladolid. Aquel mismo año el Ayuntamiento vallisoletano le encargó la medalla que se otorgaría a don Santiago Alba, ex ministro de Instrucción Pública. Durante la última etapa de su vida fue poco a poco abandonando la práctica escultórica en favor de la pintura (sobre todo retratos de mujer), entreteniendo su atención en escribir poesía y a resumir sus intereses estéticos en papeles que nunca publicó, si se exceptúa algún artículo periodístico. Murió en Madrid el día 19 de agosto de 1938.
Retrato del escultor Pablo Cilleruelo
Señora del Harén
Ángel Díaz, al que algunos de los críticos contemporáneos llegaron a denominar “el escultor de los bustos” fue un escultor prolífico, pero a diferencia de muchos escultores que se encasillaban en un tipo de escultura, Díaz cultivo una gran variedad de temas: religiosos, mitológicos, históricos, retratos, alegorías, escenas de género. Debido a la gran cantidad de obras que de él conservamos, los distribuiremos por temáticas:

TEMAS MITOLÓGICOS
Cultivó asuntos mitológicos, propios de épocas pasadas, como el Aquiles herido que presentó a la Exposición Nacional de 1881, Paris o el Rapto de las sabinas en barro cocido, temas juveniles que no volverá a tratar, pues, qué duda cabe, eran de gustos trasnochados, más propios del neoclasicismo que de finales del siglo XIX. 
Aquiles herido

TEMAS HISTÓRICOS
Igualmente afrontó el género histórico, como la Muerte de Cicerón, las no conservadas Hijas del Cid, grupo de bellas muchachas elogiado por Pardo Bazán, modelado en Roma en 1887, y la Pérdida de Trafalgar, tres años más antiguo, temas uno y otro muy queridos en estos años finiseculares.
Las Hijas del Cid

ESCULTURA RELIGIOSA
Sólo de una manera esporádica trabajó la escultura religiosa; precisamente recién llegado a Valladolid modeló en barro un San Antonio de Padua (1893) que mereció elogios en la prensa local; una Virgen con Niño y un Nacimiento de Eva (Valladolid. Colección particular), también en barro cocido, que haría hacia 1900, y en el que destacan los atinados desnudos; es de señalar la facilidad que tuvo Díaz para representar desnudeces, en particular femeninas, que volverá a  tratar en su Ninfa herida en 1901. 

Nacimiento de Eva
ALEGORÍAS
La primera vez que trató esta temática fue en el año 1891 Por vez primera lo hizo en 1891 con la obra titulada Valdepeñas o El sueño de un cosechero (Valladolid. Colección particular) dedicada evidentemente a la producción del vino; sobre una gran tinaja aparece un bodeguero dormido al que una ninfa intenta despertar. El tema del vino lo volvió a tratar en la obra titulada Los mosquitos al vino, que debe ser la composición de mayor tamaño por él creada (se trata de un relieve en yeso que mide de largo 375 cm, y en su parte más alta casi 150 cm). Esta obra, ubicada en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos de Valladolid, comporta una extensa composición presenta numerosos niños, de formas regordetas, muy bien modelados con excelente conocimiento de la anatomía infantil, en actitudes y posturas variadas.
Valdepeñas o El suelo de un cosechero
Jarrón con sátiros (Museo de la Universidad, Valladolid)
Detalle del Jarrón con sátiros
Los mosquitos al vino
En 1893, para la estación de ferrocarril de Valladolid, modeló las alegorías de la Agricultura y la Industria, representando lo que la región había sido y lo que quería ser. El boceto, en barro cocido, se encuentra en el Museo de la Universidad de Valladolid (M.U.V.A.). Su materialización en piedra, con pequeños cambios, se alargó hasta 1895; las esculturas miden 4 metro, con lo que son las mayores entre las suyas. A uno y otro lado del escudo de la ciudad aparecen sentadas las figuras femeninas dichas, una y otra con sus símbolos –mieses, rueda, etc.–; las dos tienen el torso desnudo y dirigen sus miradas hacia el eje de la fachada. Son las únicas estatuas de Díaz en piedra y su estado actual de conservación no es el deseable.
Boceto del remate de la estación de ferrocarril de Valladolid. La Agricultura y la Industria
De hacia 1900 es su alegoría de La fotografía, personificada en una joven muchacha desnuda, de pie, en actitud elegante, junto a una máquina fotográfica montada sobre el caballete de modelar. De este tema hizo dos versiones, perdida la de mayor tamaño, sólo se conserva la pequeña, en yeso, custodiada en la Academia de la Purísima.
La fotografía
RETRATOS
Fue quizás el capítulo más importante en su producción, y para el que particularmente estuvo más dotado. Ya entre sus obras juveniles encontramos ejemplos, como la medalla en cera en la que efigió a Cánovas del Castillo en 1878; la serie la va a continuar durante su estancia romana, cuando modeló el retrato de Joaquín Sorolla (1885. Paradero desconocido); sería fruto de la amistad, tal y como consta en la dedicatoria. De esos años son también los de Alfonso XII y Lorenzo Llanos. De 1886 es el de Mesonero Romanos (M.U.V.A., Valladolid), fallecido en 1882; el busto, en yeso pintado, descansa sobre ramas de laural y dos libros escritos por el retratado, en concreto “Escenas matritenses” y “Memorias de un sesentón”. Tal y como señalaron los críticos del momento, guarda gran parecido con el modelo. También en Roma y en yeso firmó un año después el busto de Goya (Valladolid. Academia de la Purísima); con éste y el anterior concurrió a la Exposición Nacional de 1895; recibiendo reseñas elogiosas. Representa al pintor con rostro bien modelado y gran corbata de lazo; se inspiró para este retrato en el que hiciera Vicente López. Particular esmero puso a la hora de retratar a su hijo Antoñito (Valladolid. Colección particular), nacido en Roma; es una obra, en barro cocido y pintado, llena de amor hacia el pequeño. Sin fechar quedó el busto de Quevedo (Valladolid. Universidad. Rectorado), realizado en yeso y del que no se sabe si fue modelado en Roma, donde hizo varios bocetos del poeta.
Retrato de Joaquín Sorolla
Retrato de Juan Martínez Cabezas
Retrato de Mesonero Romanos
Retrato de un hombre sin identificar
Antoñito
Su dedicación al retrato la mantuvo durante su etapa en Valladolid y a esa época pertenecen varios, como el relieve en barro cocido en que efigia a su amigo José Uría y Uría (Oviedo. Museo de Bellas Artes de Asturias) pintado, con paleta en la mano izquierda y sentado en una silla de tijera.
José Uría y Uría
No se sabe con certeza a quién representa un retrato masculino conservado en el rectorado de la Universidad de Valladolid, pues tanto puede efigiar a Leandro Mariscal y Espiga, profesor de la Academia de Caballería, como al poeta José Borrás Bayones; sea como fuere, este busto, en yeso pintado, está pleno de naturalismo, nota sobresaliente en el quehacer de Ángel Díaz, que en 1899 retrató a su amigo Caracciolo (Valladolid. Colección particular), oficial de artillería, con expresión una pizca arrogante en el rostro, los bigotes con las guías hacia arriba.
Caracciolo
La serie de retratos de Díaz, con un gran paréntesis, se cierra con el de Liborio Hoyos (Madrid, Colección particular), hecho en 1934 y por lo mismo una de sus últimas obras.

TEMAS POPULARES
Ángel Díaz representó temas populares, como bien indican los propios títulos de las obras. Así, la Cigarrera, en arcilla, que fue de sus primeras obra vallisoletanas y con la que concurrió a la Exposición Nacional de 1890. Antes, en 1899, firmó en Madrid el busto de la Chula (Valladolid. Colección particular), una de sus obras realistas más acertada, pues capta muy bien la personalidad de la joven muchacha, con actitud entre engreída y pícara.
La Chula
En algunas ocasiones, estos temas populares los resolvió con más de una figura, como hizo en la Buenaventura (Valladolid. Academia de Caballería), presentada a la Exposición Nacional de 1897; este grupo, realizado en yeso, recoge el momento en que una gitana madura, con el vestido que hasta hace poco tiempo les era propio, agarra la mano de un soldado de caballería, sentado y con el sable sobre las piernas, para adivinarle el porvenir; desde luego es un asunto visto en la calle y magníficamente plasmado.
La Buenaventura
También sería observado en cualquier parte público el grupo titulado Marte y Venus que, bajo esa denominación mitológica, interpreta un tema mucho más próximo, pues se trata de una escena en la que un soldado y un ama de cría conversan a la vez que ésta atiende al pequeño niño. Nada más lejos del mundo clásico, y por el contrario asunto bien común en la España de hace pocos años. Es obra en barro cocido, anterior a 1904.

BIBLIOGRAFÍA
  • OSSORIO Y BERNARD, Manuel: Galería biográfica de artistas españoles del siglo XIX, Giner, Madrid, 1883.
  • URREA, Jesús: La escultura en Valladolid de 1800 a 1936, Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid, Valladolid, 1980.
  • URREA, Jesús: El escultor Ángel Díaz (1859-1938), Caja de Ahorros Popular de Valladolid, Valladolid, 1982.
  • URREA, Jesús (dir.): La escultura en Valladolid (1850 a 1936), Caja de Ahorros Popular de Valladolid, Valladolid, 1984.
  • URREA, Jesús: Pintores vallisoletanos del siglo XIX, Caja de Ahorros Popular de Valladolid, Valladolid, 1987.
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  • DE LA PLAZA SANTIAGO, Francisco Javier: Historia del Arte de Castilla y León. 7, Del Neoclasicismo al Modernismo, Ámbito, Valladolid, 1998.
  • URREA, Jesús: Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción: pinturas y esculturas, Diputación Provincial de Valladolid, Valladolid 1998.
  • REDONDO CANTERA, María José (coord.): Tradición y futuro: la Universidad de Valladolid a través de nueve siglos: exposición, Universidad de Valladolid, Valladolid, 2002.
  • VV.AA.: Inventario de bienes artísticos II, Diputación Provincial de Valladolid, Valladolid, 2005.

2 comentarios:

  1. Conocí una obra de él (Los Mosquitos) en mis épocas de aprendizaje en la Escuela de Artes y Oficios de Valladolid.Fue un excelente escultor contemporáneo de Benlliure con un gran conocimiento de la técnica y oficio de entonces.
    Jesús Trapote(Escultor)

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  2. Me ha sorprendido mucho el blog, enhorabuena! Me encantaria saber mas sobre la obra de Jose Marti y Monso. No logro encontrar casi nada mas alla de sus 2,3 obras mas conocidas. Me podrias hacer alguna recomendacion? Muchas gracias de antemano!

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