sábado, 15 de febrero de 2014

EL RETABLO MAYOR DE LA IGLESIA PARROQUIAL DE SAN PEDRO DE ALAEJOS


Si en la entrada anterior tratamos el retablo mayor de la iglesia parroquial de Santa María de Alaejos hoy haremos lo propio con el retablo mayor de la de San Pedro, la otra “catedral” de la localidad.
El retablo mayor de la iglesia parroquial de San Pedro de Alaejos se realizó en época similar al de Santa María, aunque las soluciones arquitectónicas pasan por ser más clásicas. En este retablo está clara la influencia del retablo de tipo escurialense y que en tierras castellanas se propagó a través del retablo mayor de la Colegiata de San Luis de Villagarcía de Campos.

Vista de la iglesia de San Pedro desde la Plaza
Retablo mayor de San Pedro
Retablo mayor de la Colegiata de Villgarcía de Campos
Como características fundamentales, el retablo escurialense cuenta con una total desornamentación, ningún elemento decorativo tiene cabida en ellos. El predominio de la línea recta es total, lo que implica que nos encontremos con casilleros en los que tienen su desarrollo los relieves o las esculturas en bulto redondo. Este tipo de retablo fue el último de la etapa renacentista, y el que dio paso poco a poco al desarrollo del barroco, el cual tardaría bastante en imponerse en nuestra retablística (hasta mediados del siglo XVII veremos pocos elementos que nos indiquen algo del movimiento clásico con que se relaciona el barroco).
El retablo, perfectamente adaptado a la forma de la cabecera, a la cual se amolda como si fuera un político, se articula en banco, tres pisos, tres calles, cuatro entrecalles y un ático. El primer piso cuenta con columnas dóricas, detrás de la cuales se proyectan sendas pilastras, a las que hay que sumar otras dos pilastras que flanquean la hornacina central de este piso, en la cual se sitúa el titular del retablo y de la iglesia. En el segundo piso observamos la misma distribución, si bien en este caso son columnas jónicas y las dos pilastras de la zona central han desaparecido. Ya en el tercer piso las columnas mutarán a corintias. El remate del retablo se realiza a través de un frontón triangular recto, no hay apenas espacio para la línea curva.

Como elementos retardatarios para este tipo de retablos encontramos la especie de hornacinas circulares que cierran los respectivos pisos en sus extremos, los cuales sirven de acomodo a diferentes esculturas de santos. Asimismo, gran parte de las hornacinas que incluyen figuras de bulto redondo en el retablo están rematadas en forma de concha, tan del gusto renaciente.
La escultura que puebla el retablo, tanto en relieves como en bulto redondo, es de clara raigambre romanista, viendo incluso en algunos detalles ciertos atisbos de un naturalismo muy tenue.
Aunque se desconoce quién o quienes fueron sus autores, el retablo se ha atribuido a Cristóbal Velázquez y la escultura a Francisco del Rincón. Asimismo, Parrado del Olmo sugiere la participación en él del escultor palentino Juan Sáez de Torrecilla hacia el año 1592, fecha en la que se encontraba avecindado en Alaejos. La pintura y el dorado corrieron a cargo de Francisco Martínez y Lázaro Andrés. El retablo debió de concluirse en el año 1603.
Pasando ya a comentar el programa iconográfico del retablo, empezaremos por el banco: en las esquinas podemos observar escudos eclesiásticos y tarjas de cueros recortados con decoraciones de frutas en su interior. El resto del banco está reservado a relieves de Santa Clara, Santa Apolonia, Jonás, otros Santos, Padres de la Iglesia e incluso Evangelistas.

Santa Clara
Jonás
San Juan Evangelista
San Marcos
San Jerónimo
San Mateo
Santa Apolonia
Rey David?? y San Lucas
El primer piso se encuentra presidido por San Pedro, aparece representado de pie, tocado con la tiara pontificia, en una mano sujeta un libro y con la otra imparte la bendición. Las entrecalles están ocupadas por las esculturas en bulto redondo de San Juan Bautista, San Pablo, Santa Catalina de Alejandría y San Andrés. Las dos calles incluyen sendos relieves de la vida de San Pedro, el del Evangelio es San Pedro en Prisión y el de la Epístola el de Cristo sobre las aguas.

San Pedro
San Juan Bautista
San Pablo
Santa Catalina de Alejandría
San Andrés
San Pedro en prisión
Cristo sobre las aguas
Al subir al segundo piso vemos un pequeño friso, casi a la manera de un segundo banco, que se encuentra decorado con diferentes relieves de santos y de escenas, entre las cuales podemos adivinar la de la Adoración de los Reyes Magos en la calle central. Ya propiamente en el segundo piso, las calles incluyen los relieves de La Anunciación, la Asunción y Coronación de la Virgen, y la Presentación en el templo. Las entrecalles disponen las esculturas de Santo Domingo, San Juan Evangelista, ¿Santiago? y San Francisco.

La Anunciación
La Asunción de la Virgen
Presentación en el templo
Santo Domingo
San Juan Evangelista
Santiago Apóstol
San Francisco
El tercer piso dispone de una iconografía claramente pasionista. Las calles incluyen los relieves de Cristo camino del Calvario, Cristo presentado al pueblo y en la calle central el típico Calvario. Las entrecalles nos muestran a Santa Catalina de Siena, Cristo atado a la columna y otra santa que no acierto a adivinar.

Camino del Calvario
Presentación ante el pueblo
Calvario
Santa Catalina de Siena
Cristo atado a la columna
Ecce Homo
Santa sin identificar
Finalmente, el ático dispone de un gran desarrollo, a la manera renacentista. La calle central la preside el Padre Eterno, mientras que las laterales están protagonizadas por cuatro Virtudes.

Padre Eterno
Virtudes
Virtudes
La belleza del retablo se ve incrementada por la reciente restauración tanto del templo como de las pinturas que decoran la totalidad de la iglesia, conjunto que pienso no tiene parangón en toda la provincia. Las pinturas son una maravilla para la vista, pienso que merecen una entrada propia.

BIBLIOGRAFÍA
  • MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José: “Tipología e iconografía del retablo español del Renacimiento”, B.S.A.A., Tomo XXX, 1964, pp. 5-66.
  • PARRADO DEL OLMO, Jesús María: “Atribuciones de obras inéditas a escultores castellanos del siglo XVI”, B.S.A.A., Tomo LXV, 1999, pp. 241-258.

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