sábado, 9 de enero de 2016

LA ARQUITECTURA BARROCA EN VALLADOLID (1650-1750) I. "El cambio de estilo"


En el día de ayer, 8 de enero de 2016, presenté al fin mi tesis, la cual lleva por título "Los Ávila: una familia de escultores barrocos vallisoletanos" y mereció la calificación de "Sobresaliente cum laude". Quiero, por tanto, dedicar este post, así como los que completarán este tema, a los profesores que compusieron el tribunal: René Payo, Carmen Morte, Blanca García, Manuel Pérez Hernández y Fernando Gutiérrez, así como a mi tutor, Jesús Parrado, y a todos los que me acompañaron en ese trance, especialmente a l@s que hicieron un gran esfuerzo por poder asistir. Gracias ;) Y ahora a por el tema: la arquitectura barroca en Valladolid, la cual se compondrá de varios capítulos.

Hacia mediados del siglo XVII se produce en Valladolid un cambio en el mundo de la arquitectura. Si durante la primera mitad del siglo el “clasicismo” había dominado el panorama arquitectónico vallisoletano, en esta segunda mitad, si bien se siguieron manteniendo ciertos aspectos del dicho estilo, la diferencia radicará en el progresivo apoderamiento de las superficies por parte de la decoración, que poco a poco se irá haciendo más abultada.
Por estas mismas fechas se produce en España una reacción en la arquitectura española, por cual se irá abandonando la sobriedad: Así, Alonso Cano en Granada además de idear la tarjeta abultada de hojarasca inaugura la moda de decorar a base de placas recortadas. Mientras tanto, en Castilla la “chispa” de esta nueva etapa, más decorativa, prende en la capilla de San Isidro de la madrileña iglesia de San Andrés. En ella se decora la cúpula mediante estucos policromados, figuras de ángeles y roleos.

Capilla de San Isidro en la iglesia de San Andrés de Madrid, antes el incendio. Fotografía tomada de http://www.mcu.es/fototeca_patrimonio
En Valladolid, la transición hacia este nuevo “estilo” fue lenta debido a que en la ciudad radicaba uno de los bastiones del clasicismo derivado de Juan de Herrera: la escuela clasicista vallisoletana. En esta ciudad vivieron y trabajaron algunos de los grandes arquitectos que profesaron este estilo: Francisco de Mora, Juan de Nates, Diego y Francisco de Praves…
Durante esta primera mitad de siglo se construyó mucho, si bien la mayoría fueron edificios religiosos, y más concretamente conventos. Esto nos conduce a esa afirmación que definía a Valladolid como una “ciudad levítica”. Apenas se levantaron palacios y casas nobles. El motivo no era otro que el que la nobleza que durante los años de la Corte estuvo asentada en Valladolid había emigrado a Madrid. El resultado fue el abandono y progresivo deterioro de los palacios. En comparación, la actividad constructiva en la segunda mitad del siglo XVII sería más pobre puesto que apenas se levantan edificios de nueva planta.
Ya en la década de 1660 el barroquismo comienza a penetrar en los edificios, fundamentalmente en sus interiores. Así, veremos cómo estos interiores se pueblan de abovedamientos y yeserías. En cambio, las fachadas, las plantas y los exteriores de las iglesias seguirán siguiendo, más o menos fielmente, los dictados clasicistas. Dos de los hitos que marcan este primer momento son los abovedamientos de la Catedral (1655) y de la iglesia penitencial de Nuestra Señora de la Pasión (1661). Las bóvedas de la nave central de la catedral están ya concebidas con una intención más decorativa, dejando atrás la característica desornamentación herreriana: así, veremos los adornos de puntas de diamante y tableros quebrados, diseño este último que corresponde ya a una evolución decorativa perceptible desde mediados del siglo XVII.

Abovedamientos de las naves laterales de la catedral

A- EDIFICIOS RELIGIOSOS
IGLESIA PENITENICIAL DE NUESTRA SEÑORA DE LA PASIÓN
Según palabras de Martín González, la iglesia de Nuestra Señora de la Pasión es la “que mejor señala el giro hacia el barroquismo en Valladolid”. El gran impulsor de este cambio fue el arquitecto paredeño Felipe Berrojo de Isla, al cual se le encargó la realización de las bóvedas de la iglesia. En ellas veremos por primera vez un cambio en el tipo de la decoración. Realizadas en yeso policromado, las ornamentaciones se basaban en motivos lineales con dibujos vegetales: hojas crespas, tarjetas, roleos, grandes rameados avolutados, de formas espinosas, etc…. También utiliza para las bóvedas grandes tarjetas de formas hinchadas como hojas de cactus. La bóveda de la nave, que servía para ocultar el techo de madera del siglo XVI, era de cañón con lunetos. Los arcos fajones se apeaban en ménsulas, decoradas con veneras y hojarasca.
Del prestigio que gozaba por entonces Felipe Berrojo habla bien la afirmación que se expone en el contrato que se hizo para encargarle la obra de las bóvedas: se habla de él como “el más insigne que se conoce de su profesión e que no hay otro en esta ciudad de que se pueda fiar”.

En el año 1666 ya se había finalizado la decoración de la nave, precisándose que “era necesario se tratase de hace en la media naranja de la capilla mayor otra obra que correspondiese de la dicha iglesia, diferenciando las labores, florones y rosones”. Como podemos comprobar la reforma no afectó a ningún elemento estructural, tan sólo se tocaron los abovedamientos del templo.
La otra gran intervención llevada a cabo en la iglesia, y que a su vez pregona la llegada de un nuevo estilo mucho más decorativo, tiene por protagonista a la fachada. En 1671 el arquitecto Pedro Ezquerra traza el segundo cuerpo de la fachada, encargándose de su ejecución, de manera conjunta, con Antonio de la Iglesia. La fachada se distribuye en dos cuerpos, remate y espadaña. Los elementos, posiblemente procedentes de Felipe Berrojo, que la integran son típicamente barrocos: “los vanos se orlan con gruesos baquetones, a veces con orejas. Las columnas del cuerpo inferior van decoradas con acanaladuras helicoidales, cuya ilusión de movimiento es mayor a causa de que en los fustes se disponen cinco tambores, cuya acanaladuras van en sentido alternante (…) Dentro de tarjetas de formas carnosas se disponen emblemas de la Pasión”. En definitiva, “toda esta ornamentación es muy abultada y claroscurista”.


REAL COLEGIO DE LOS INGLESES
Una fase más avanzada la representa el Real Colegio de los Ingleses, que si bien no exhibe mucha decoración nos muestra su barroquismo en la adopción de una planta de plan central, concretamente octogonal alargado, modelo tomado de la iglesia de San Antonio de los Portugueses de Madrid, y de la iglesia conventual de las Bernardas de Alcalá de Henares. La gran virtud de las iglesias de plan octogonal alargado es la total visibilidad de la misma, así como la buena acústica derivada del uso de yeserías. Desde el punto de vista religioso existía la posibilidad de celebrar numerosas misas simultáneamente debido a la multiplicación de las capillas.
El Colegio jesuita de los Ingleses fue fundado por el rey Felipe II en honor a San Albano, protomártir de Inglaterra. Las obras del edificio se llevan a cabo entre los años 1672-1679 gracias al impulso dado por el padre Manuel de Calatayud, Rector del colegio, el cual se encargó de buscar fondos para su construcción a lo largo de toda España. Calatayud tenía la intención de edificar un templo expiatorio para reparar la memoria de la Virgen Vulnerata, imagen renacentista que fue ultrajada por los ingleses tras un desembarco en Cádiz.

Otro elemento que nos muestra una tendencia claramente barroca es el embutido lienzos en las cúpulas o en las bóvedas (tenemos otro ejemplo en la iglesia de San Felipe Neri). Estas pinturas del Colegio están debidas a los pinceles del maestro vallisoletano, aunque nacido en Carmona (Sevilla), Diego Valentín Díez, quizás el maestro local de mayor prestigio en el tercer cuarto del siglo XVII.


B- EDIFICIOS CIVILES
Como ya hemos dicho, en este periodo se llevaron a cabo muy pocos edificios civiles, la gran mayoría fueron de carácter religioso. Las dos obras civiles de mayor empeño fueron el Archivo y Cárcel de la Real Chancillería (1675) y la Hospedería del Colegio Mayor de Santa Cruz (1675).
El Archivo y Cárcel de la Real Chancillería fue construido de manera conjunta por Felipe Berrojo, Juan Tejedor Lozano y Juan de Medina Arguelles, los cuales debían de seguir los planos elaborados en 1675 por el arquitecto Nicolás Bueno. Las obras del Archivo fueron a buen ritmo, de manera que en 1682 el edificio estaba concluido, en cambio las de la cárcel se alargaron. En 1698 se realizó un nuevo pregón para su construcción, quedándose con la obra José Gómez y el maestro de obras Pedro del Biermo, el cual la terminó a principios de la siguiente centuria. La fachada es toda de piedra y las rejas son de gruesos barrotes. No hay espacio apenas para la decoración.

La Hospedería del Colegio Mayor de Santa Cruz fue trazada por Antonio del Solar,  mientras que de su construcción se encargó el maestro de obras Francisco de la Torre. El edificio posee un plan muy sencillo: se trata de un edificio de planta cuadrada con las fachadas de ladrillo y mampostería. El patio, que asemeja un claustro, también cuadrado, cuenta con dos pisos de arquerías de medio punto. La fachada principal está orientada hacia las traseras del Colegio de Santa Cruz. La portada, realizada también en piedra, posee un balcón encima y en el frontispicio un escudo.


C- OTRAS INTERVENCIONES
En el año 1667 se lleva a cabo una ampliación de la iglesia penitencial de la Santa Vera Cruz. Los artífices fueron Francisco de la Torre y Lucas López, los cuales siguieron la traza realizada por Juan Tejedor Lozano. El plan afectaba a toda la iglesia, “excepto al frontispicio y pórtico”.

En Valladolid consiguió fortuna un modelo de iglesia (fundamentalmente para las de tipo conventual) que, con planta de cruz latina, cubierta con bóvedas de medio cañón y cúpula no trasdosada sobre el crucero, presenta una fachada íntegramente realizada en ladrillo, salvo el basamento. Dentro de esta tipología encontraremos numerosos ejemplos, entre los que destacan las iglesias de San Felipe Neri y la conventual de Santa Brígida. Otros ejemplos, aunque ya desaparecidos, son la iglesia penitencial de Nuestra Señora de la Piedad y la del Convento del Carmen Calzado.
La iglesia de San Felipe Neri, para la cual realizarán los tres miembros de la familia Ávila un gran número de esculturas, fue concertada en 1675 por el maestro de obras Antonio de la Iglesia. La fachada se divide en dos cuerpos con alas rematadas en sendos campanarios. Las bóvedas del templo se adornan con yeserías a base de líneas quebradas y puntas de diamante triédricas. También tenemos a lo largo de la bóveda principal diversos lienzos embutidos.

Iglesia de San Felipe Neri
El convento de Santa Brígida ya contaba con una iglesia cuando en 1690 se decide realizar una nueva, la cual se finalizó en el año 1701. Aunque se desconoce el maestro que la edificaría, se piensa que debe ser obra del mismo que realizó la de San Felipe Neri debido a las semejanzas que presentan. El interior presenta una sola nave, con media naranja en el crucero y bóveda de cañón con fajones y lunetos en la nave principal. Todo se decora con labores de yesería, de cintas finas y bien resaltadas, pintadas de color gris, de forma que resaltan sobre el fondo blanco. Para Martín González, “el resalto de los motivos y el empleo de la línea quebrada son indicios ya de éste tránsito al barroco de formas abultadas”.

Convento de Santa Brígida
Convento del Carmen Calzado (desaparecido)
Reconstrucción de la fachada de la iglesia penitencial de Nuestra Señora de la Piedad realizada por Juan Carlos Urueña Paredes en su libro Rincones con fantasma



BIBLIOGRAFÍA
  • BRASAS EGIDO: José Carlos: “Arquitectura y urbanismo del siglo XVIII”. En Valladolid en el siglo XVIII. Historia de Valladolid, V, Ateneo de Valladolid, Valladolid, 1984.
  • MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José: Arquitectura barroca vallisoletana, Diputación Provincial de Valladolid, Valladolid, 1967.

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