viernes, 31 de mayo de 2013

MONASTERIO DE LAS HUELGAS REALES: La Capilla del Nacimiento


Dentro de la clausura del Monasterio de las Huelgas Reales existe una pequeña capilla, fundación de doña Isabel de Mendoza (la cual está sepultada en el suelo de la capilla), abadesa del monasterio, la misma que manda  realizar el retablo mayor de la iglesia. Consta que ella hace fabricar la capilla, que pone bajo la advocación del Nacimiento y que primeramente fue de San Juan. Tanto la capilla, como el retablo y la reja se hicieron a sus expensas.
La entrada se realiza por una portada en forma de arco del triunfo al cual se le añade un frontón triangular rematado por tres bolas, estando encima de la del medio el escudo de la patrona de la capilla. En el interior de frontón se dispone el escudo de la orden de San Bernardo dentro de un óvalo al cual escoltan dos puntas de diamante triangulares. Estas mismas puntas, que se convierten en tópico de la arquitectura vallisoletana después de los Nates y Praves, se encuentran en las albanegas del arco de acceso a la capilla. Toda la fachada está ricamente policromada en cuatro colores: azul, rojo, verde y dorado.

El arco de acceso posee una reja de  hierro, decorada con el escudo de la abadesa, en uno de cuyos cuarteles se ven las armas de los Mendoza. El interior se nos presenta como un ámbito con planta de cruz griega. El centro está cobijado por una bóveda de crucería cuatripartita, teniendo cada uno de los compartimentos otras dos puntas de diamante triangulares. Cada uno de los cuatro lados de la capilla está cubierto por una bóveda de cañón, siendo algo más ancha la del altar mayor. A la altura de la imposta existe una inscripción, borrada en algunas zonas, que recorre todo el perímetro de la capilla. También el interior está ricamente policromado con diversos colores, destacando los brillos dorados que lo llenan todo. Las decoraciones son geométricas y vegetales, nada escapa a la decoración, existe un horror vacui.
En dicho altar mayor se encuentra el retablo que da nombre a la capilla. Se trata de un retablo de un solo cuerpo (2,51 m. de ancho), con un relieve en el centro del Nacimiento de Cristo (1,87 x 1,02 m.), rematado en forma semicircular. Cuatro pilastras forman entrecalles. Falta la tabla central del banco. A los lados, pinturas de la Virgen recibiendo la comunión de manos de San Juan Evangelista revestido de sacerdote (25 x 24 cms.), y de la Virgen ofreciendo la leche a San Bernardo. Embutidos en el mismo retablo, dos relieves de cera, en forma de escaparates. Representan a San Juan Bautista en el desierto, 21 x 15 cms., y las Lágrimas de San Pedro, 20 x 16 cms. De gran calidad el último, pueden ser piezas napolitanas importadas, de la segunda mitad del siglo XVII, aunque sabemos que hubo cultivadores en España de este género.

San Juan Bautista en el desierto
Las lágrimas de San Pedro
El relieve del Nacimiento es obra de Gregorio Fernández. En el centro del relieve está el Niño en cuna en forma de cesto. La Virgen le adora, con las manos plegadas. A la izquierda hay un pastor, ofreciendo un cordero; lleva una cantimplora colgando del cinto y cubre sus piernas con polainas. Junto al Niño hay un ángel, de rodillas. Más arriba están San José y otro pastor. La cabeza de éste deriva de Juni, se cubre con bonete de hombre de campo, empuña una gaita gallega. En el fondo se divisa la choza, con techo de ramaje, y un fondo arquitectónico. En el cielo se mantienen ángeles entre nubes. La policromía raya en lo suntuoso. Encarnaciones mates, y ricos brocados. En el manto de la Virgen luce pedrería fingida.

La talla alcanza un virtuosismo extremado, especialmente en los cabellos. Es el Fernández manierista, de formas suaves y facciones pequeñas (bocas, nariz y ojos). La obra entra de lleno en su primera época. Como fecha límite habrá que poner la de 1614, que es cuando se hace el retablo mayor. En cuanto a la atribución, no ofrece la menor duda. Aparte de las razones estilísticas está el dato de que manda hacer esta obra la misma abadesa que encarga el retablo mayor. El modelo de relieve sería empleado por Fernández en el retablo mayor de San Miguel, de Vitoria.

Retablo mayor de la iglesia de San Miguel, de Vitoria. El relieve del Nacimiento se encuentra a la izquierda
A los lados del relieve se sitúan sendas esculturas que representan a Santiago apóstol y a San Pablo. La cronología de ambas debe estar cercana al año 1600. Bajo el relieve debió de haber algún relieve o pintura del que en la actualidad carece.

San Pablo
Santiago apóstol
El “altar mayor” de la capilla se completa con dos cuadros, embutidos con su marco en la pared. El de la derecha representan la Anunciación (98 x 123 cms.), mientras que el de la izquierda se trata de Cristo apareciéndose a San Ignacio (98 x 123 cms.). La iconografía de este último es interesante por cuanto además de aparecer Cristo con la cruz a cuestas, en el cielo se presenta tras un rompimiento de gloria Dios padre. Ambos cuadros se pueden fechar en el segundo cuarto del siglo XVII, pudiéndose atribuir el de la Anunciación al prestigio pintor vallisoletano Diego Valentín Díaz.
Los lados de la epístola y del evangelio de la capilla se disponen de manera idéntica. En cada uno de los dos arranques de la bóveda se encuentra una hornacina, cerrada en semicírculo, practicada en la pared. En el centro se dispone una puerta, a la que rodean tres cuadros, uno a cada lado y otro encima.
En el lado del evangelio encontramos en las hornacinas a un Cristo atado a la columna y un Niño Jesús bendiciendo con una mano mientras que con la otra sujeta una bola del mundo. Los cuadros representan al Salvador, a un Niño Jesús de la Pasión y a una Virgen con el Niño cuya advocación desconozco. El Cristo a la columna (42 cms.), realizado en madera policromada, es una obra atribuible a Alejo de Vahía hacia el año 1500. El Niño Jesús de la Pasión, pintura sobre lienzo. A hombro y en la mano porta los instrumentos; pisa la bola del mundo, 72 x 58 cms.; marco pintado al trampantojo; segunda mitad del siglo XVII.

Niño Jesús bendiciendo
En el lado de la epístola tenemos a un Santo diácono y a San Roque (fines del siglo XVI; en el pecho, teca para reliquia) en las hornacinas, mientras que los cuadros, que en este caso son dos porque no hay sobre la puerta, representan la lactación de San Bernardo y a San Jerónimo escribiendo.

Santo Diácono
San Roque
BIBLIOGRAFÍA
  • MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José: El escultor Gregorio Fernández, Ministerio de Cultura, Madrid, 1980.
  • MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José y DE LA PLAZA SANTIAGO, Francisco Javier: Catálogo Monumental de la provincia de Valladolid. Tomo XV. Monumentos religiosos de la ciudad de Valladolid (2ª parte), Institución Cultural Simancas, Valladolid, 2001.

2 comentarios:

  1. Mágnifica entrada.Enhorabuena tambien por este blog que nos ayuda a descubrir la riqueza ( tan desconocida a veces) de la ciudad en la que vivimos...nos enseña a valorarla un poquito mas.

    Un saludo

    http://abogadadbarra.blogspot.com.es/

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  2. El escudo de la abadesa se puede leer: Velasco, Mendoza, Alvarado y Castilla (éste de los descendientes del rey don Pedro), así que esta señora sería probablemente de varonía Velasco, aunque se llamase Mendoza.

    Da gusto ver en cada entrada los temas que tratas y los reportajes fotográficos.

    Acuérdate de los "frikis heráldicos" y proporciónanos buenos materiales cuando se tercie, como en este lugar insospechado.

    Un saludo y gracias por el blog.

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