martes, 4 de junio de 2013

UN RETABLO DE GREGORIO MARTÍNEZ EN CORCOS DEL VALLE


Con la entrada de hoy “comienzo” una nueva serie de temas en el blog. Me he propuesto, de aquí en adelante, enseñar más joyas de la provincia (que precisamente no son pocas), puesto que hasta ahora me he centrado casi exclusivamente en la capital. Los vallisoletanos deberíamos de dar gracias de tener todo el patrimonio artístico que tenemos en la provincia, puesto que poseemos de casi todas las épocas, y encima es que son obras de primer nivel. ¡Valoremos lo nuestro!, es la única manera de darlo a conocer, ¡que no todo lo bueno está fuera!. Y valga esto mismo para Castilla y León.
En la iglesia parroquial de Corcos del Valle se encuentra un precioso retablo, dedicado a la Virgen María, del último cuarto del siglo XVI. Se trata de un pequeño retablo (250 x 315 cms.) renacentista dorado y policromado, con una disposición en casillero dividiendo la arquitectura de su banco mediante ménsulas y anchas pilastras jónicas, y el cuerpo principal en tres calles separadas por columnas estriadas con tercio inferior tallado sobre pedestales que dan lugar a un segundo banco. Tanto en los dos bancos como en las entrecalles se disponen tableros para pinturas. Los entablamentos se decoran con cabezas aladas de serafines las cuales y al igual que las cintas, los motivos frutales y la composición general del diseño manierista de la traza, pueden fecharse dentro del último tercio del siglo XVI.
Como autor de la mazonería del retablo se pueden señalar a los talleres palentinos o vallisoletanos de la segunda mitad del siglo XVI. Entre estos se podría deslizar la idea de que fuera el “escultor y arquitecto” Manuel Álvarez el que realizara la traza del retablo. En dicho retablo figuran elementos que Álvarez suele utilizar en los suyos: elementos arquitectónicos similares (columnas estriadas con el tercio inferior tallado) y motivos ornamentales en sus entablamentos a base de cabezas de querubines como se puede ver en su retablo mayor de la iglesia parroquial de Santoyo o en el retablo de la iglesia de Santa María de Villalcázar de Sirga.
Las pinturas están atribuidas al magnífico pintor vallisoletano Gregorio Martínez (1547-1598), el cual posee unas marcadas referencias escurialenses y florentinas. Hay que matizar que no todas las pinturas poseen la misma calidad, por lo que habrá que pensar que hubo participación de taller en aquellas que ofrecen un nivel de perfección inferior en su dibujo desigual o en la rudeza de las expresiones. También se puede pensar que todas forman parte de un conjunto menor, de tamaño reducido, que acusaría un interés del autor equiparable con la paga que pudo percibir. Pese a las evidentes diferencias, todas presentan el mismo carácter esmaltado, destacando las que representan la Misa de San Gregorio y la Huída a Egipto.
Probablemente el retablo no fue realizado para la iglesia parroquial, puesto que no se le cita en ninguna de las antiguas visitas pastores de la iglesia, se ha pensado que pudiera provenir de algún monasterio, como el jerónimo de Nuestra Señora de Prado, o del vecino monasterio cisterciense de Palazuelos, si bien es cierto que la presencia de pintura con temas de santos franciscanos podría apuntar en otra dirección. Seguramente llegaría a Corcos en el siglo XIX, para paliar la pérdida de obras de arte que sufrió el templo durante la invasión francesa y como consecuencia del proceso desamortizador.

San Francisco penitente
San Antonio de Padua adorando al Niño
Las pinturas, realizadas al óleo sobre tabla, se distribuyen de la siguiente manera: en el banco, el Nacimiento de Jesús, la Misa de San Gregorio a la que asiste el supuesto donante del retablo, y la Visitación de la Virgen a Santa Isabel; en los entrecuerpos, segundo banco, San Francisco penitente y San Antonio de Padua adorando al Niño; en la calle izquierda de su cuerpo principal, la  Anunciación de la Virgen y la Asunción; y en la calle derecha, la Huída a Egipto y la Imposición de la casulla a San Ildefonso; en el tímpano del frontón superior, el Padre Eterno.

Padre Eterno
En la calle central se dispondría una escultura cuya advocación, al no haberse conservado ésta, se desconoce. Sin embargo, puesto que en la tabla que serviría de respaldo a aquélla se aprecia un deslumbrante rompimiento de luz bordeado de cabezas de querubines, es muy probable se dispusiese originalmente una escultura de la Inmaculada cuya presencia complementaría adecuadamente de la vida de la Virgen que tienen las restantes pinturas, si se exceptúan los santos franciscanos y la Misa de San Gregorio, cuyo argumento se adecúa perfectamente con su colocación sobre la mesa del altar. En la actualidad ocupa esta hornacina central una escultura, parece que de la misma época del retablo, que representa a la Virgen con el Niño.

Virgen con el Niño
La disposición de las tablas del banco  puede estar descabalada puesto que la pintura de la Visitación debería estar situada en la calle izquierda y la del Nacimiento en la derecha en cuyo caso la lectura iconográfica del conjunto se realizaría de manera más ordenada.
El programa iconográfico comienza por la Anunciación, que no alude exclusivamente a un episodio de la vida de la Virgen sino que al ser el momento de la Encarnación representa el origen de la vida de Cristo; atestiguado en el Evangelio de San Lucas, algunos detalles se han tomado de los Evangelios apócrifos (el Protoevangelio de Santiago y el Evangelio de la Natividad de María) como el lirio (símbolo de la pureza de la Virgen) o el momento en que tiene lugar el suceso que, por razones litúrgicas, se sitúa a la hora del ángelus.

La Anunciación
A continuación, se representa el episodio de la Visitación de la Virgen a su prima Santa Isabel. Después la historia del Nacimiento, en el cual el Niño Jesús aparece dispuesto en el suelo irradiando una luz que baña toda la escena; la Virgen no está arrodillada, como es habitual, sino en pie, ocupando toda la escena; detrás a su izquierda, San José en un segundo plano y envuelto por un marcado claroscuro; al otro lado, dos pastores.

La Visitación
El Nacimiento
La historia de la Huída a Egipto sólo se menciona en el Evangelio de San Mateo y de una manera muy concisa: “(…) toma al niño y a su madre y huye a Egipto, permaneciendo allí hasta la muerte de Herodes (…)”, el resto de la historia procede de los evangelios apócrifos. En esta ocasión se representa el momento en que la palmera se inclina para que la Sagrada Familia pueda coger sus frutos aunque, curiosamente, San José ofrece al Niño, no a la Virgen, una manzana en lugar de dátiles.

La Huida a Egipto
El programa iconográfico del retablo prosigue con las pinturas dedicadas a la Asunción y al episodio de Nuestra señora imponiendo la casulla a San Ildefonso. En la primera la Virgen se representa con los brazos alzados, saliendo una figura de gran corporeidad y de facciones duras y angulosas, repitiéndose el modelo femenino en la segunda tabla en la que figura una Virgen de tipo matrona romana de una gran rotundidad corporal.

La Asunción
La Imposición de la casulla a San Ildefonso
La pintura central del banco del retablo, la Misa de San Gregorio, se aparta del programa iconográfico mariano que une las restantes tablas. En esta pintura hay una peculiaridad, se trata de un personaje arrodillado en devota actitud que asiste a la referida ceremonia religiosa caracterizado como clérigo revestido de alba y que indudablemente aludirá a la persona que mandó fabricar el retablo. Su identidad, hasta el momento, es desconocida, aunque sus rasgos fisionómicos muy marcados aluden a la identidad de un personaje real.

La Misa de San Gregorio
Detalle del supuesto donante

BIBLIOGRAFÍA
  • URREA FERNÁNDEZ, Jesús (coord.): Retablos: Patrimonio restaurado de la provincia de Valladolid. 1, Diputación, Valladolid, 2008.

1 comentario:

  1. tiene un espacio fantástico , muy bueno , y ensalzando la gran historia que esta tierra posee, hay otro espacio muy similar a este -el rincón de la imagen- , les recomiendo lo visiten pueden llegar a ser buenos aliados en estas lides , ya que tiene intereses muy afines a ustedes y son de la zona también
    muchas gracias por dejarnos disfrutar de su trabajo

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