sábado, 14 de septiembre de 2013

UN OASIS PLATERESCO EN VALLADOLID: Los medallones del patio del Palacio Real


El tema que abordaremos hoy son los medallones del Palacio Real de Valladolid, asique para ello creo conveniente centrar el tema mediante una pequeña introducción relativa al dicho edificio, aunque tampoco muy extensa puesto que podría ser objeto de nuevos posts. Antes de comenzar con el desarrollo: Quiero dedicarle este post a -Noelia-, espero que te guste.
El palacio de don Francisco de los Cobos –posteriormente Palacio Real– fue proyectado hacia los años 1525-1527 en plena plaza de San Pablo por el prestigio arquitecto clasicista Luis de Vega, arquitecto del Emperador. Aunque aún existen algunas dudas sobre la paternidad del edificio, no cabe duda de que es obra suya pues encaja perfectamente dentro de su producción conocida. Por los mismos años edificaba el palacio del Doctor Beltrán, luego de los Dueñas en Medina del Campo. La afinidad entre ambos, no deja lugar a dudas.
 
El palacio ha servido como alojamiento de la familia real en sus estancias en Valladolid. Así, por ejemplo, en 1528 la emperatriz Isabel da a luz al infante Don Juan, hijo de Carlos V. En 1592 se alojó Felipe II, cuando la jornada de Aragón, siendo necesario que Pedro de Mazuecos realizara algunos aderezos.
El 17 de septiembre de 1600 se firmó la venta del palacio a favor del Duque de Lerma, más poco tiempo retuvo la propiedad, pues a su vez éste se lo enajenó a favor de Felipe III, una vez que el rey hubiera decidido el restablecimiento de la Corte en Valladolid Pese a todo, el Duque conservó la alcaldía y ciertas dependencias del edificio, hasta el extremo que en ellas murió, ya de Cardenal, el 17 de mayo de 1625. Posteriormente seguirían alojándose en el palacio, o bien visitándolo otros muchos monarcas o personajes de la familia real. Como anécdota señalar que también vivió en él durante algunos días el emperador Napoleón Bonaparte.
 
La suntuosa casa realizada por Vega, fundamentándonos en la fecha en que se construía, constituye una clave principal por la que con valor primerizo se confina en el plateresco vallisoletano las dependencias goticistas del siglo anterior y se abren con valerosa fuerza las características del primer manierismo en la región. En la estructura y en la decoración de los capiteles “itálicos” resurge la figura de Bramante, recordando aquellos otros del claustro de Santa María de la Paz de Roma. Los que aparecen en el patio de la abadía de Fiésole o los de la casa Falinetti de Bolonia tampoco son ajenos a éstos. En España se encuentran muy parecidos en el monasterio de Lupiana, en el colegio Fonseca de Salamanca, en el Convento de la Piedad de Guadalajara y en Alcalá de Henares, donde Luis de Vega se formó; en el Palacio Arzobispal, en el convento de los Carmelitas y en el colegio de San Ildefonso. Martín González ha señalado la incidencia que produjeron éstos en numerosos patios de la ciudad de Valladolid.
 
El patio es sin ninguna dudo uno de los más importantes de todos los que se construyeron en Castilla en la primera mitad del siglo XVI. Se trata de una obra clave y significativa del primer manierismo español debido a sus proporciones y capacidad expresiva. Siempre levantó la admiración de los historiadores antiguos que lo consideraron como “imperial” unos, otros como el más rico y hermoso de Valladolid, méritos a los que hay que añadir el de ser el que posee mayores dimensiones de los que conserva la ciudad.
Mantiene extraordinariamente su carácter primitivo, incluso a pesar de que Nicolás de Campis labrara los antepechos de los balaustres que decoran la galería alta con los escudos de los diferentes reinos que en tiempos de Felipe III comprendía España, motivo por el que también aparece entre ellos el de Portugal. Con el paso del tiempo sufrió sus inclemencias y también algunos graves incidentes, tales como un incendio que se produjo en el año de 1683, y en el de 1926 tuvo que someterse a serias reparaciones debido a que las columnas y galerías amenazaban desplomarse por la contracción de fuerzas que entre sí ejercían, pero en ambos casos la solución llegó con rapidez.
 
Antepechos con los escudos de los reinos de Felipe III labrados por Nicolás de Campis
Su planta es cuadrangular, presentando en los pares alternancia de cinco y seis huecos respectivamente. En altura se compone de dos órdenes de galerías articuladas por esbeltas columnas que en la inferior portan basas de garras y en ambas capiteles iconográficos sobre los que descansan arcos carpaneles.
Son muy interesantes los capiteles que poseen decoración agrutescada, “itálicos” como los denominó el tratadista toledano Diego de Sagredo. Su trazado es estilizado y muestra labores minuciosas de trofeos, cintas, formas vegetales, etc., que cubren sus frentes; los ángulos de estos capiteles están decorados a manera de volutas por cabecitas de ángeles alados, monstruos, varias clases de animales, infantes, etc., y los del piso inferior tienen de particularidad de que figuras de niños arrancan de ellos enjarjándose en las piedra y ascendiendo por los ángulos de los salmeres. En el piso superior, para dotarle de una mayor altura y establecer con el de abajo la proporción de 1,6 : 1 sobre los capiteles colocó el arquitecto ábacos decorados con triglifos.
 
El piso superior se remata por una greca decorada con ovas y palmetas sobre las que destaca una airosa cornisa que muestra gárgolas monstruosas para el desalojo de las aguas de las lluvias, éstas se colocan en una cadencia rítmica alternante, es decir: a: b: a: b:…
De extraordinario interés se pueden clasificar los medallones figurados que ocupan las enjutas de ambas galerías. Constituyen un rico muestrario de representaciones humanas conferidas de un hondo sentido simbólico que se complementa con la expresividad de los capiteles itálicos.
Su calidad es muy irregular y desde el punto de vista estético se aprecia que no formuló un criterio definido en la colocación estratégica de los mascarones ya que en ambos pisos se entremezclan unos con otros. Técnicamente los del piso inferior están labrados de forma plana, e incluso algunos aparecen rehundidos, mientras que el resto llegan a alcanzar un medio relieve en la mayoría de los casos, sin duda para equilibrar la perspectiva óptica que se infiere al observarlos desde el suelo.
 
La mayoría de estos medallones son de difícil interpretación ya que salvo algunos, muy pocos, el resto carece de indicadores, además, los que los tienen, han sido fuertemente erosionados por los agentes atmosféricos, aparece de que los escultores que los labraron utilizaron para señalarlos cualquier parte del ropaje. No obstante, en algunos, así como en un par de capiteles, se han podido precisar conjunciones de letras similares a estas composiciones: “FORTUNE”, “A:V:B:E”, “A:V:I:F”, OPUS PAULIO”, “A.V.”, “A:V:E”, etc. De todas las maneras la identificación de estos personajes de ambos sexos es harto dudosa; tomando por base los atuendos que muestran y el parecido que se aprecia al comprarlos con grabados de los Promptuarios de medallas de insignes barones que entonces circulaban por Europa con gran profusión sirviendo de modelo para numerosos edificios platerescos, se puede deducir con cierta proximidad que Lucrecia parece estar figurada en un medallón que representa a una mujer suicidándose con un puñal; que al aparecer otra figura con una inscripción que parece aludir a la Fortuna junto a ella estarán las Virtudes; será Aquiles un varón coronado con casco y con penacho de plumas; acaso sea Moisés otro en el que un hombre porta una especie de tablero, y así sucesivamente un prelado que pudiera ser el Cardenal Cisneros; Judith otra de las mujeres; Aníbal, Príamo, Carlomagno y Augusto serían sendos guerreros e incluso podría ser que estuvieran representados los propios patronos de la construcción, doña María de Mendoza y don Francisco de los Cobos, así como el Emperador Carlos V, los reyes Católicos y algunos de los familiares o ascendientes militares que en el pasado honraron a la familia.
 
Entre los tallistas, canteros y escultores que labraron los medallones capiteles, etc., se pueden citar algunos nombres conocidos, aunque es lástima no poseer la lista completa, pues a buen seguro y tal como indica la calidad irregular de los trabajos, debieron ser numerosos los que los realizaron. En primer lugar se puede señalar aquél que firma un medallón de la galería alta y que representa a una mujer, está firmado “OPUS PAULIO”, modismo que ha hecho pensar en un maestro italiano. Por testimonio escrito de Cristóbal de Villalón (1539) es sabido que el secretario del Emperador contó con varios italianos para decorar su casa, certifica en fecha tan próxima a las obras que dos hábiles jóvenes Julio de Aquiles y Alejandro Mayner, labraron en su casa “al gentil y antigüedad”.
 
También del escultor Esteban Jamete se tiene constancia de que trabajara para el arquitecto Luis de Vega en Valladolid, pues en una audiencia se le concedió como reo en la causa de herejía que le incoó el tribunal de la Inquisición de Cuenca declaró que hacia 1536 había residido en “Medina del Campo e estuvo allí dos o tres meses labrando unas medallas en casa del doctor Beltrán e unas gárgolas e armas e otras cosas de talla, e de allí se fue a Valladolid donde estuvo fasta mes y medio e trabajó en las casas de Cobos a su oficio de entallador”.
En definitiva, es evidente que Francisco de los Cobos gracias a su cultura pretendió rodearse de artífices avanzados y en buen número de los casos que tuvieran serios conocimientos del arte italiano coetáneo. Zarco del Valle documentó la tentativa que tuvo el poderoso comendador de traer a Valladolid a Bartolomeo Ramenghi “il Bagna Cavallo” y Biagio delle Lame “il Pipini”, pintores boloñeses, con la intención de que trabajaran en su palacio.
 

BIBLIOGRAFÍA
  • MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José: Catálogo Monumental de la provincia de Valladolid. Tomo XIII. Monumentos civiles de la ciudad de Valladolid, Diputación de Valladolid, Valladolid, 1983.
  •  RIVERA BLANCO, José Javier: El Palacio Real de Valladolid, Institución Cultural Simancas, Valladolid, 1981.

2 comentarios:

  1. Me parece extraordinaria la galería de arcos serlianos del último piso que aparece en la foto antígua. Ha desaparecido sin razón alguna. Están relacionadas con las galerías de los palacios de Ubeda y Baeza vinculados a De Los Cobos. Tiene una función ideológica: se trata de importar lo nuevo del día y vinculado al imperio del César Carlos. Lar serlianas tienen su origen en el palacio Lateranense, palacio de Constantino y posterior residencia pontificia, en el que había en la fachada una de estas venanas. La del centro, con arco de medio punto, era la que usaban los papas para las benciciones.
    Deberían de reconstruirse exactamente como estaban. Y si los cuerpos superiores de las torres no tenían ventanas, hay que cegarlas. ¿El enlucido moderno es como el que había o es una fantasía del restaurador?
    No son cuestiones baladíes. Se trata de recuperar un edificio excepcional que tiene importancia en la Historia del Arte
    de España.
    A ver si los vallesoletanos se enteran de una vez de que Valladolid no es una ciudad dormitorio de Madrid.

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  2. Lar serlianas de la foto antigua han sido macizadas y reemplazadas por una ventana sencilla. El hecho de que no estén cerradas con carpintería de madera es que son realmente un mirador, que al contrario de las soluciones típicas castellanas (una o dos torres con mirador abierto ), aquí recorre toda la fachada, incluso la parte que corresponde a las "torres". Este mirador corrido es una cosa específica del palacio que debe ser conservado.
    En la foto nueva aparece reforzada el diseño de palacio enmarcado entre dos torres. Es una falsedad. Se ve claramente en la foto antigua un palacio horizontal, según la moda importada de italia del renacimiento -que no tenían torres-. Si esas "torres" fueron realmente construidas en la época, sería como un recuerdo de la típica casa fuerte / casa palacio de la nobleza feudal de Castilla y de otros países europeos -es un símbolo de autoridad-. La restauración claramente desvirtúa el sentido del diseño quitándole su singuralidad. La cosa tiene importancia por que con los Austrias se impone el diseño de palacio enmarcado entre dos torres (los palacios reales tienen cuatro) con chapiteles a la flamenca. Este parece que no es el caso y eso a pesar de haber sido palacio real en el S XVII.
    En la foto nueva aparece una balaustrada corrida que nunca tuvo el edificio: se ve en la foto antigua claramente el alero corrido del tejado, que cubre toda la fachada, incluídas las "torres", como sucede en los palacios de Úbeda y Baeza, lo que refuerza la idea de que el diseño de la foto antígua fue el original. Lo importante para los edificios es que el agua de lluvia se evacue lo más rápido posible, cosa que no favorece las balaustradas u otro adorno.
    La solución de ventanas y balcones enmarcados con 2 marcos con pilares sobre pedestales (pero no capiteles, al contrario de los dóricos que aparecen en la foto) Tiene un ritmo muy clásico y muy elegante ¿el segmento aureo? ha desaparecido completamente en la foto nueva. Es una falsificación. (De todos modos el diseño de la foto antigua, por su estructura y su sencillez, parece una solución típica del S XVII). Es también muy interesante la separación entre los pilares, separación que desaparece con la restauración. Creo que esas líneas claras que aparecen en la foto nueva son las tuberías de pluviales, cosa que no estaba en la decoración original.
    Naturalmente en la foto antigua no existen los modillones en el cuerpo bajo del palacio. En la época de su construcción ya se habían importado de Italia, de modo que si no se emplea en este palacio, por algo será.
    Parece que han tomado los escudos de la monarquía hispánica del Civitates orbis terrarum, en el que aparece el del
    Reino de Toledo representado con una corona.
    No soy un purista: el patio, con sus elegantes galerías castellanas modernizadas con elementos renancentistas, debería recobrar las cristaleras: Valladolid tiene un clima extremo en invierno, y el palacio debió diseñarse utilizando la galería del patio como pasillo que une las habitaciones y salones. Hay soluciones modernas que permiten no quitar protagonismo a los arcos y columnas. Las cristaleras no solo protegen a los hombres, también protegen a los edificios.
    Por último me gustaría que el Ayuntamiento revalorizase el edificio quitando los árboles que están en la fachada.
    Una solución elegante sería poner bolardos cerrados con cadenas a "la antigua" a lo largo de la fachada comprendida entre las dos torres. No tan altos como los de la época que hay en las puertas de algunas catedrales, o en Úbeda, pero tampoco tan modernos como los que hoy ponen los ayuntamientos. Naturalmente con un espacio abierto correspondiente a la entrada principal.

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