jueves, 9 de julio de 2015

MONUMENTOS DESAPARECIDOS: LA CASA DE LOS DUERO-MONROY Y EL SEPULCRO DE MARTÍN DE DUERO VENDIDO A INGLATERRA


La Casa de la familia Duero-Monroy, también conocida como de don Juan de Duero y doña Juana de Monroy, o del Conde de Gramedo fue otra de esas decenas de casas nobles y palacios que, por ser un impedimento para ciertas personas y dirigentes vallisoletanos para poder especular que sus terrenos, fueron destruidas por la piqueta a lo largo de las ominosas décadas de 1960 y 1970. Ésta se encontraba situada en el número 13 de la calle de la Torrecilla, una de las calles y zonas más afectadas por este furor asesino contra el patrimonio. Si cuando vayáis paseando por estas zonas en las que la piqueta actuó con más saña (plazas de San Miguel o del Rosarillo, calles Esgueva o Angustias, barrio de San Martín,  etc…) os fijáis en los edificios que sustituyeron a estos venerables palacios, casas, hospitales e iglesias, os daréis cuenta de que son seguramente los mayores abortos arquitectónicos levantados en nuestra ciudad.

Situación de la Casa de los Duero-Monroy en el plano de Bentura Seco (1738)
Esta casa, de la que tan solo se conserva su portada de piedra formada por un arco de medio punto cobijado por un alfiz gótico en el que se albergan los escudos de la familia, databa de principios del siglo XVI. El origen de esta casa se encuentra en doña Catalina Rodríguez de Entrambasaguas, hija de Juan Rodríguez de Entrambasaguas y de su esposa Isabel Andrés de Cartagena, fallecidos en 1402, que contrajo matrimonio con un miembro del linaje de los Duero; de esta forma se unieron las casas que ambas familias poseían en la calle de la Torrecilla, extendiéndose por la parte posterior hasta enfrontar con el Colegio de San Gregorio.
A su nieto, Juan de Duero, casado con doña Juana de Monroy, se debió la reedificación de estas mismas casas, a mediados del siglo XV, puesto que en los escudos que flanquean su puerta de acceso se aprecian las armas de los Duero-Entrambasaguas (cruz de San Andrés y dos fajas de veros, con ancha bordura de escudetes con aguilillas y bandas), en el de la izquierda, y de los Monroy (cuartelado, veros y castillos), en el de la derecha.
Fue en los días de don Pedro de Duero y Monroy, casado con doña Constanza de Miranda, cuando el maestro de cantería Juan de la Lastra se dio por bien pagado por las obras que había realizado en 1576 “así en unas casas principales como en la casa nueva que está enfrente de ellas y en la casa que está frontero del Colegio de San Gregorio donde vive doña Catalina Cueto, difunta”. Dataría de este momento también la obra del reducido patio que tuvo este desaparecido edificio, que disponía de dos pisos con columnas toscanas y arquerías de medio punto en su planta baja y arcos rebajados en la principal.

Fachada de la Casa de los Duero-Monroy
En el año 1597, refiriéndose a estas mismas casas se aclara que los Duero, además de las casas de su mayorazgo, frontero a ellas y en la misma calle de Santa Clara (hoy c/ de Torrecilla), poseían otra “que linda con casa del duque de Nájera y con casas del mayorazgo de mí el dicho D. Pedro”, a las que había que sumar las situadas a espaldas de las principales, enfrente por lo tanto de San Gregorio”.
El hijo primogénito se llamó Pedro y tuvo una hermana, Juana, que ingresó monja en el Convento de Santa Isabel, y otro hermano varón llamado Clemente que fue fraile dominico en San Pablo. A don Pedro, caballero de Santiago, que casó con doña Beatriz Arce Sarmiento, le sucedió en 1638 en todos los mayorazgos su sobrina doña María Briceño de Duero, casada con don Antonio Briceño Ronquillo de Duero, comendador del Peso Real de Valencia y del Consejo de Castilla, gran canciller de Milán, señor de los lugares de Molezuelas, Gramedo y Villar de Farfán.
En el referido convento dominico de San Pablo la familia disponía de capilla funeraria que estaba dedicada al Crucifijo; para ella trabajó en 1576 el cantero Lastra fabricando “los arcos y bóvedas”. Aunque la capilla ha desaparecido sin embargo, no hace muchos años, se descubrió próximo a ella un arcosolio con restos de pinturas murales en las que se puede apreciar la representación de San Juan Bautista y encima del arco un espacio vacío, como para disponer en él una inscripción, y un enmarcamiento fingido, pintado a manera de orla, con los escudos de las familias Duero-Entrambasaguas y Monroy y el emblema de la orden de San Juan de Malta, en la que se sabe profesaron los señores Martín (1582) y Juan de Duero Monroy (1593). Más tarde volveremos a este punto.

Convento de San Pablo
La línea masculina de la familia Duero se extinguió pero el mayorazgo lo heredó don José Briceño y Ronquillo, vizconde de Villar de Farfán, que fue creado en 1677 conde de Gramedo. En el seno familiar hubo destacados miembros que sirvieron en el ejército o en la diplomacia, siendo muchos los que pertenecieron a diferentes órdenes militares.
En 1719 viví en esta casa la entonces condesa viuda de Gramedo y al hacerse cargo, en aquella fecha, del referido condado doña Ángela Manuela de Ronquillo, confiesa que encontró la casa “tan deteriorada que no se podía habilitar en mucha parte de lo principal, sin que fuese con mucho riesgo y se me precisó el repararla, en lo cual dicho mi marido y yo hemos gastado más de 24.000 reales”. Doña Ángela, marquesa viuda de Prado, condesa de Ovedos y de Gramedo, señora de la Casa de los Duero y de la hacienda de San Miguel de Arroyo ordenó en su testamento, redactado en 1732, sepultarse “en la capilla del Santo Cristo de que soy patrona, sita en el convento de San Pablo, en el nicho que está debajo del retrato de piedra mármol de su fundador”. Al mismo tiempo confesaba que había gastado mucho dinero en “obras y reparos de las casas y demás efectos de los mayorazgos”.

Gracias a diferentes noticias sabemos que en la casa colgaban varias tapicerías: una de la historia de Eneas, otra de la de Noé, que constaba de diez paños y otra más de la historia de Tarquino, compuesta por ocho paños. Entre las pinturas, en 1742, destacaba, un lienzo del Descendimientode cosa de dos varas de ancho y una de alto, con marco negro regular y media caña dorada” tasado en 1.000 reales.
Al morir, en 11 de mayo de 1743, le sucedió en la posesión del condado de Gramedo, su nieto don Vicente Pascual Vázquez Coronado, marqués de Coquilla, que tomó posesión de las casas principales que pertenecían a su condado en la calle de la Torrecilla, en donde falleció la referida señora, “linde como se sube la calle arriba intitulada Torrecilla y Plazuela Vieja casas de los señores doctor D. Juan Francisco de Lemos, catedrático de prima de cánones jubilado en la real Universidad de esta dicha ciudad y de Josef de Vergara y Lemos, dignidad de prior en la santa iglesia catedral de ella, catedrático de código más antiguo en la misma real Universidad, y por calle abajo como se va a la del Excmo. Sr. Conde de Grajal e iglesia parroquial de San Benito y barrio de Santa Clara, con casa del curato de la misma parroquia de San Benito el viejo, y [se] le dio posesión de las mencionadas casas que tienen puerta accesoria frente del insigne colegio de San Gregorio del orden de Santo Domingo de esta ciudad. Vivía entonces en la casa don Ignacio de Prado y Ronquillo, marqués de Prado y conde de Ovedos”. No obstante el heredero prefirió marchar a vivir a Valencia y allí residía cuando se redactó el Castro del marqués de la Ensenada, describiéndose su casa vallisoletana como de 44 x 59 varas (= 36,52 x 48,97 m.). Sus vecinos continuaban siendo los mismos: por su izquierda la casa de don José Vergara y por la derecha la propi del curato de San Benito. En 1861 la casa pertenecía al marqués de Bedmar y Escalona, poseedor asimismo de los condados de Gramedo y Ovedos.

Capilla de los Duero-Monroy en el Convento de San Pablo, advocada bajo San Juan Bautista
A continuación retomamos el tema de la capilla funeraria que la familia Duero Monroy poseía en el Convento de San Pablo. El arcosolio que hemos dicho que existía en dicha capilla guardaba en su interior el sepulcro de frey Martín de Duero, bailío de Negroponte (1575), Nueve Villas (1579) y Lora (1582) y uno de los personajes más importante del Gran Priorato de la Orden Militar de San Juan de Jerusalén o de Malta en el partido de Valladolid. Dicho sepulcro fue contemplado en una de las paredes del crucero de la iglesia de San Pablo por el famoso historiador y viajero del siglo XIX Isidoro Bosarte: “un bulto de personaje militar vestido de todas armas, echado sobre un plano inclinado (…) cuya ejecución es de mano muy franca, muy maestra, y muy expedita. El morrión está a un lado, para que se le vea la cabeza. No tiene inscripción, cosa que no debía haber quedado así (…) El bulto es de mármol, tamaño natural”. También se hizo eco de que se decía que era “de mano de Gregorio Hernández”, reconociendo que “no lo desmiente su estilo” pero prefirió incluir a su autor entre los “escultores inciertos”.

Años atrás, hacia 1745, Manuel Canesi había escrito en su Historia de Valladolid, a propósito del Convento de San Pablo y de sus hijos ilustres, que entre ellos debían figurar “dos hijos de D. Pedro de Duero y doña Catalina Miranda: uno fue el P. Fr. Clemente y [el otro] Fr. Martín Duero caballero del hábito de San Juan”, señalando más adelante que los dominicos vendieron la capilla del Cristo “a D. Pedro de Duero, caballero del orden de San Juan y Baylio de Lora (…) y en la [capilla] del Cristo se ve una estatua de piedra tendida al lado del evangelio y es de D. Pedro de Duero que yace allí (…)”. Hay que tener en cuenta, según apunta Urrea, que la genealogía e identificación que aporta el historiador local no son correctas.
Junto con su sobrino don Pedro de Duero, señor de Aldea de San Miguel de Arroyo (Valladolid), frey Martín, como dueños que eran de la capilla del Santísimo Crucifijo, ofrecieron en 1573/1575 al convento 700 ducados en razón de “la obra, edificio, reja, retablo y crucifijo y parte del esconce (…) que está debajo del balcón del oratorio de Navarrete para que en la pared pudiese poner sus armas, bultos, letreros y arcos para sepulcro con tal que no entrase más de dos pies en la pared y en lo bajo poner sus sepulturas, estrados y lo que gustase”.

Sepulcro de frey Martín de Duero, actualmente en la iglesia de Saint John en el barrio de Clerkenwell (Londres)
Del citado bulto de alabastro representando la figura de este caballero de Malta, que costó 400 ducados, no se ha vuelto a saber nada pero en la década de 1970 se descubrieron en la pared de dicha capilla unas pinturas, imitando el enmarcado arquitectónico de una tarjeta sin inscripción alguna, con la historia de San Juan Bautista, el emblema de la cruz de Malta y los escudos de la familia Duero Monroy, situadas precisamente en el esconce –después convertido en puerta– al que alude la expresada noticia documental. Es muy posible que los acontecimientos bélicos que padeció la iglesia y convento dominico de San Pablo o aquellos otros derivados de la desamortización provocaran la remoción del sepulcro, si es que no se destruyó, y quizás la estatua del difunto fuera a parar, junto con otras muchas obras de arte de idéntica procedencia, a la catedral de Valladolid.
Urrea propone la identificación de la referida escultura con la magnífica que se conserva en la iglesia de San Juan en Clerkenwell, barrio de Londres, y en la que se ha querido reconocer al caballero sanjuanista y recibidor general don Juan Ruiz de Vergara, que fue adquirida a la catedral vallisoletana en 1912. Efectivamente en cabildo de 1908 se autorizó al canónigo fabriquero “a vender el contrabajo y la estatua (sic)”, sin hacerse en el acta más precisiones, así como “varios trozos de alabastro, restos de una estatua”, destinados, se dice, “a las reparaciones que se están haciendo en el sepulcro de San Pedro Regalado en el convento de La Aguilera”.

Por otra parte, los argumentos para la identificación del representado como miembro de la familia Ruiz Vergara se limitaban a señalar que ésta disponía de una capilla en la vieja catedral, lo cual no es cierto, o que la escultura podía proceder de la capilla que en el Convento de la Trinidad Calzada gozaba un tal Martín de Vergara, cuyo bulto sepulcral, documentado como de Esteban Jordán y alabado por Ponz; sin embargo no le figuraba como caballero sanjuanista por no poseer tal condición, no teniéndose noticia de ninguna otra estatua de la familia Vergara en Valladolid.
Atribuida esta de Londres al propio Esteban Jordán, a pesar de ofrecer una calidad muy superior a otras piezas documentadas como suyas, hay que celebrar también el interés que tiene la escultura funeraria de don Pedro Boninseni, todavía situada en la capilla mayor de la iglesia conventual de Santa Clara de Valladolid, aceptada comúnmente como obra de Francisco de la Maza, discípulo de aquél, y cuya ejecución, si es que le pertenece, correspondería a la última etapa de su producción ya que el artista falleció en 1585. Si comparamos ambas imágenes veremos que adoptaron prácticamente idéntico modelo para su sepulcro, representados ambos en su cama funeraria; hasta es posible que el del primero sirviera de modelo al del segundo si es que no se trabajaron en el mismo taller.

Sepulcros de los Boninseni en el Convento de Santa Clara
BIBLIOGRAFÍA
  • MARTÍN GONZALEZ, Juan José: La arquitectura doméstica del renacimiento en Valladolid, Imprenta Castellana, Valladolid, 1948.
  • URREA FERNÁNDEZ, Jesús: “Caballeros de la Orden de San Juan de Malta en Valladolid”, B.S.A.A. Arte, Tomo LXXV-2, 2009, pp. 157-158.
  • URREA FERNÁNDEZ, Jesús: Arquitectura y nobleza: casas y palacios de Valladolid, IV Centenario Ciudad de Valladolid, Valladolid, 1996.

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