viernes, 9 de octubre de 2015

MERCADOS HISTÓRICOS DE VALLADOLID I: UN PROYECTO INÉDITO DE JERÓNIMO DE LA GÁNDARA PARA LA PLAZA DE PORTUGALETE


Hoy vamos a hablar sobre un proyecto que no se llegó a materializar. Se trata del mercado cubierto que proyectó en 1862 el grandísimo arquitecto Jerónimo de la Gándara, el cual, por suerte, trabajó en diversas ocasiones en nuestra ciudad, dejando algunos de los edificios más conocidos que hoy podemos observar al caminar por ella.
Como cuando un texto es magnífico, y además se trata de un trabajo que aporta una noticia inédita, lo mejor es dejarlo tal cual, asique el siguiente post esta copiado casi literalmente del magnífico artículo redactado por el profesor Domínguez Burrieza, uno de los grandes expertos en la arquitectura decimonónica vallisoletana. Primeramente, realizaremos un pequeño bosquejo biográfico de Gándara, para conocer al artista, y posteriormente ya hablaremos sobre el proyecto irrealizado.
 












Jerónimo de la Gándara (1825-1877) fue uno de los arquitectos españoles más importantes de la segunda mitad del siglo XIX, siendo su especialidad la construcción teatros. Gándara nació en Ceceñas (Cantabria) en 1825. En Madrid, fue alumno de Antonio de Zabaleta, titulándose en la Escuela Especial de Arquitectura en 1848, siendo el primero de su promoción. Viajó por Europa para completar sus estudios, siendo pensionado en Alemania y el Reino Unido. Al parecer, fue el primer arquitecto español que conoció de primera manos las ruinas del Partenón (Atenas).
En 1853 ingresó como profesor en la Escuela de Arquitectura de Madrid, donde llegó a ser catedrático en 1855. Desarrolló una amplia labor al amparo del despegue urbano del primer proceso industrializador de España, con la expansión de las ciudades y la construcción de nuevos edificios de carácter público durante el reinado de Isabel II.
Entre sus trabajos, que suelen ser bastante eclécticos, destaca su interés por los estilos clásicos, especialmente el renacentista, en el cual realizó el pabellón español en la Exposición Universal de París de 1867. Sus obras más conocidas son el Teatro de la Zarzuela de Madrid, donde las remodelaciones posteriores apenas han dejado nada de lo ejecutado por el arquitecto cántabro, y los teatros vallisoletanos de Lope de Vega y Calderón. También le debemos la remodelación de la fachada del Senado.

Teatro de la Zarzuela (Madrid). Antes y despues de su remodelación

Teatro Lópe de Vega (Valladolid). Antes y después de su remodelación
Teatro Calderón (Valladolid). Exterior e interior
Gándara destacó por la perfección y la rapidez con que hacía sus trabajos, especialmente en lo referido a los teatros, los cuales construía en plazos muy cortos: el Teatro de la Zarzuela lo construyó en tan solo siete meses, el Lope de Vega en nueve meses y medio, y el Calderón en diez meses. Todo ello nos habla de sus dotes artísticas y de su gran capacidad como organizador de obras.
Gracias al profesor Francisco Javier Domínguez Burrieza sabemos que Jerónimo de la Gándara realizó un proyecto para levantar un mercado cubierto en Valladolid. A Gándara se le conoce, sobre todo, por su aportación arquitectónica a la tipología teatral del siglo XIX en España, siendo autor, como ya hemos dicho, del teatro de la Zarzuela (Madrid); del Calderón y Lope de Vega, estos dos últimos en Valladolid; y del proyecto del de Jerez de la Frontera (Cádiz).
La construcción de una serie de mercados públicos que pudieran satisfacer las necesidades de una ciudad como Valladolid acabó por convertirse, durante algo más de un cuarto de siglo, en un verdadero problema, sin solución, para el Ayuntamiento. Desde 1856 existieron numerosas tentativas para llevar a cabo la instalación de éstos. Sin embargo, los proyectos presentados siempre se toparon con alguna dificultad que impidió la materialización final de los mismos. En 1862, y tras varios intentos fallidos para ejecutar las obras de los mercados de la Rinconada y Portugalete, el Arquitecto Municipal, Martín Saracíbar, presenta, en el mes de febrero, el proyecto de construcción de unos mercados para aquellas plazas. Este mes, sorprendentemente, Gándara firma, al menos, dos planos como sería propuesta de mercado para la plaza de Portugalete. Es cierto que, hasta entonces, el intento de construcción de los mercados había corrido a cargo del Arquitecto Municipal de turno. Sin embargo, la importancia y fama de Gándara habría aumentado, en Valladolid, tras la exitosa construcción del Lope de Vega, abriéndose las puertas, posiblemente a diferentes proyectos que pudieran generarse en la ciudad (como el Teatro Calderón), incluso, de aquellos que formaran parte de la iniciativa pública, como sería el caso. Por aquellos años, asimismo, se había convertido en el arquitecto de moda en Madrid. Al parecer, Gándara estaría bien informado de las necesidades arquitectónicas de la localidad, por lo que debió de aprovechar la buena opinión que en torno a su trabajo se habría generado en Valladolid para presentar una propuesta de mercado. Probablemente, el objetivo último de ésta fuera conseguir, de la mima manera, el encargo del que se pretendía levantar en la plaza de la Rinconada, pero, desafortunadamente, no se ha logrado documentar tal suposición. Otra posibilidad es que el Ayuntamiento, reconociendo las exitosas obras del Lope de Vega, encargase a Gándara la realización de un proyecto. Lo que es evidente es que nada se conocía sobre la existencia real de dos planos firmados por el arquitecto cántabro y que representan, por una parte, la planta y sección longitudinal del mercado, y, por otra, la sección transversal y fachada lateral del mismo. Gracias a ellos por fin comprendemos aquellas palabras del Segundo Teniente de Alcalde del Ayuntamiento de Jerez de la Frontera, Calixto Fernández Formentani, donde afirmaba, en 24 de febrero de 1862 (curiosamente, al día siguiente de firmar el proyecto de mercado para la plaza de Portugalete) y en relación a la adjudicación de las obras de un teatro y de un mercado para dicha localidad, que Gándara era el “autor del Teatro de Jovellanos de Madrid y autor y constructor del de Lope de Vega de Valladolid y su nuevo mercado”. Hay que volver a señalar que, hasta que no dio a conocer este proyecto el profesor Domínguez Burrieza, este proyecto era totalmente desconocido.

La monumentalidad del proyecto supera a la de los levantados, con anterioridad, por los Arquitectos Municipales. Sin embargo, de planta rectangular, el mercado no difiere demasiado, en cuanto a distribución, de los diseños precedentes, aunque sí se aprecia una mejor organización del espacio, resultando un interior más amplio y funcional. En torno a unas galerías simétricas a los muros del edificio se disponen las tiendas permanentes, y, en el centro, trayendo a la memoria aquellos patios centrales que ya protagonizaron los primeros proyectos, los puestos por días. En cuanto a las variaciones arquitectónicas que se distinguen de los anteriores trabajos hay que señalar la utilización del hierro en columnas y cubierta central. Para configurar esta última, Gándara hace uso de un ligero esqueleto de cables y tirantes metálicos que materializa una cercha de tipo Polonceau sencillo. Sobre ésta se montaría una solución acristalada, como ya había pensado instalar, tímidamente y con cierta inseguridad, Saracíbar. Gándara comprendía el importante papel que el hierro estaba jugando en la arquitectura de su tiempo, y, sobre todo, en determinadas tipologías, como era el caso de los mercados. Por eso, aun manteniendo en su proyecto el uso de materiales tradicionales, los cuchillos ideados para el mercado de Portugalete, ya propuestos, entre otros ejemplos, para Les Halles Centrales de París por Eugène Flachat, podrían haber cobrado sentido junto a la utilización de una serie de soportes puntuales, sin muros perimetrales, en todo el edificio y no sólo en el cuerpo central, como ya desde mediados de siglo, en el ámbito español, se estaba planteando, principalmente, en Barcelona (estos ejemplos se materializarían, mayoritariamente, a lo largo del último cuarto del siglo XIX). Con ello pudo obviarse la opacidad de los muros como elementos fundamentales sustentantes. Por otro lado, el objetivo de las dos vertientes de cristal no sería otro que el de asegurar la luz y la ventilación al gran espacio interior, potenciado, así, el nivel de higiene y salubridad exigido para este tipo de construcciones.

El exterior del edificio, de una gran monumentalidad, sigue parámetros estilísticos eclécticos. En él, el clasicismo de Gándara se hace patente, al menos, en las fachadas laterales, y es de suponer que también habría de serlo en todo el perímetro externo. Simetría, rigor y orden son las características fundamentales de la fachada representada en planos. Además, también es evidente la clara tendencia a la horizontalidad de lo proyectado. A diferencia de los diseños anteriores, los parámetros exteriores ofrecen escasa ligereza a la construcción. De hecho, esta característica con la que se habría de levantar el cuerpo principal contrasta con la pesadez del resto, que sólo abre el muro ante una serie de vanos, en forma de arcos de medio punto, que permitirían la ventilación y la luz adecuada para cada una de las tiendas. Gándara trata estas últimas con cierta independencia unas de otras, como si cada una de ellas se articulara a la manera de pequeñas capillas, en su sentido estructural y decorativo. Así, a cada tienda le corresponde, exteriormente, un pequeño trozo de cornisa, consecuencia de la línea mixtilínea con la que se conforma toda ella, simulando un pequeño frontón decorado por acróteras en cada uno de sus vértices y una decoración de ladrillo entre éste y el arco de medio punto. Esta última, llevada a cabo a partir de la unidad hexagonal del material, enmarca superiormente el vano e inferiormente el trozo de cornisa angular. El diseño del cuerpo superior de ventanas es muy similar a lo que Gándara realizara, con posterioridad, en el teatro Calderón. Éste, junto a la simulación de frontones, la utilización del ladrillo con un sentido claramente decorativo, la simetría, el orden y la idea de monumentalidad, acerca el proyecto a la moderna arquitectura alemana que tan bien conocía Gándara.

El interior manifiesta una personal reinterpretación de los órdenes clásicos. La planta baja se caracteriza por las columnas de hierro que delimitan el perímetro del cuerpo central y por los arcos geminados de medio punto que, desposeídos de su supuesto soporte columnario y divisorio, colaboran en la decoración y delimitación de cada una de las tiendas, separadas, entre sí, por pilares que, a su vez, funcionan como reflejo de las columnas que soportan el cuerpo superior de ventanas. El segundo nivel insiste en el juego de órdenes clásicos. De esta forma, una serie de pilastras acanaladas, que no olvida su conexión estructural y visual con los soportes del piso inferior y marcan, sucesivamente, la lógica arquitectónica del edificio, organiza los numerosos vanos superiores.
Los planos relativos al proyecto de Saracíbar se firman en mayo de 1862 y no en febrero como sí corresponde al presupuesto redactado por el mismo arquitecto. Debieron de existir otros planos anteriores a los presentados en el mes de mayo, puesto que a finales de marzo la Comisión de Hacienda del Ayuntamiento ordena que se pase “al Sr. Regidor, D. Máximo Alonso, el cálculo del coste y planos de las Plazas mercados de la Red y Portugalete, formados por el Arquitecto de Ciudad, D. Martín Saracíbar”. Con estos datos cobra mayor interés el cabal conocimiento que Gándara tendría de los proyectos arquitectónicos que, en aquellos momentos, se pensaban ejecutar en la ciudad. Es más, la buena relación que todavía mantendría con José León, capitular del Ayuntamiento, refuerza esta hipótesis y hace comprensible que tan sólo doce días después de que Saracíbar presentase los presupuestos de los futuros mercados, Gándara firmase su propio proyecto. Curiosamente, los defectos que, desde Madrid, la Junta Consultiva de la Policía Urbana y Edificios Públicos achacaba al proyecto de Saracíbar, serían resueltos, en parte, por la propuesta de Gándara. Pero todavía es más interesante, si cabe, añadir que el informe emitido por la anterior Junta Consultiva se firma en julio de 1863, es decir, casi un año y medio después de que Gándara diseñara su merca. Así, la problemática surgida en torno a los sistemas de acceso al edificio no existiría como tal en el proyecto del arquitecto cántabro. Éste adopta seis entradas que, en ningún caso, sería estorbadas por vendedores en el exterior, como sí ocurría en lo ideado por el Arquitecto Municipal. Por otro lado, es cierto que el proyecto de Gándara todavía carecía de la ventilación suficiente si lo comparamos con los mercados que durante el último cuarto de siglo se ejecutarán en España. Pero, aun así, el problema lo resuelve con mayor agudeza que Saracíbar, no limitándose, casi de forma exclusiva, a la ventilación surgida de los extremos cortos del edificio. En este caso, a la mayor altura que Gándara otorga a su mercado, y la correspondiente fila de ventanas que surge en ese cuerpo central, hay que añadir los vanos dispuestos en cada una de las tiendas, los ubicados en los extremos cortos del rectángulo y las ya señaladas seis entradas de la construcción.

La contribución de Gándara a la problemática de los mercados no ha quedado reflejada ni en los Libros de Actas del Ayuntamiento ni en expediente alguno, por lo que, aun siendo difícil pensar que su trabajo quedase archivado como una aportación más, a tenor de lo expuesto, eso pudo ser lo que verdaderamente sucedió. Entre las posibles causas que pudieron acabar por frustrar las intenciones de Gándara debemos señalar una fundamental: la oposición del Cabildo catedralicio a la construcción, debido a la proximidad a la catedral, de un mercado en la plaza de Portugalete. Durante años, Ayuntamiento y Cabildo negociaron, hasta que en mayo de 1863 llegaron, definitivamente, a un acuerdo. Para entonces, Gándara ya estaba al frente del proyecto del Calderón y Martín Saracíbar a punto de abandonar su puesto de Arquitecto Municipal, por lo que se complicaba, todavía más, la ejecución de cualquiera de los dos proyectos. Sin embargo, la oposición eclesiástica sólo fue una de las muchas dificultades que encontraron todos los proyectos de mercados. En este caso, las continuas reformas de aquellos, lo obsoleto que alguno de ellos resultaba tras el paso del tiempo, los informes negativos de la Administración, los problemas económicos, constructivos y los surgidos en torno a los emplazamientos, además de la pasividad mostrada, durante una época, por el Ayuntamiento, hizo que Valladolid no disfrutara de un mercado cubierto hasta los años ochenta, tiempo en que se ejecutaron los tres proyectos llevados a cabo por el nuevo Arquitecto Municipal, Joaquín Ruiz Sierra.

BIBLIOGRAFÍA
DOMÍNGUEZ BURRIEZA, Francisco Javier: “Aproximación a la obra de Jerónimo de la Gándara: Dos proyectos inéditos en Valladolid”, B.S.A.A., Tomo LXXI-2, 2005, pp. 313-331. Para descargarte el artículo, pulsa aquí

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