viernes, 5 de enero de 2018

UNA CURIOSA ICONOGRAFÍA: CRISTO VESTIDO DE SACERDOTE



El mundo del arte está repleto de curiosas iconografías que por los motivos más diversos han triunfado en un momento o lugar concreto. Una de esas iconografías que calaron profundamente en el Valladolid del siglo XVII fue la de “Cristo vestido de sacerdote”, iconografía que llegó a tener tal éxito que llegaron numerosas peticiones de pinturas de esta temática desde gran cantidad de poblaciones del Castilla y León y del norte de España. Así, veremos ejemplos de esta iconografía desde Navarra hasta León, pasando por Ágreda, Madrigal de las Altas Torres, Medina del Campo, e incluso Alicante. En el caso concreto de Valladolid capital, rara es la iglesia o monasterio que no ha tenido, o tiene, algún ejemplar de esta curiosa iconografía.

DIEGO VALENTÍN DÍAZ. Hacia 1615. Iglesia de San Miguel. Valladolid
El origen de esta iconografía se encuentra en la mística vallisoletana Marina de Escobar (1554-1633), la cual ejerció enorme notoriedad gracias a su fama de visionaria y milagrera, siendo tenida por venerable por las autoridades eclesiásticas. En sus frecuentes raptos y éxtasis, doña Marina tuvo toda clase de apariciones pero la más habitual era la de Cristo, a quien, según su testimonio, veía generalmente “en su propio rostro y estatura de varón perfecto, de edad de 33 años…”. Fundadora de la Orden de Santa Brígida en España, puso todo su empeño en la fundación del Monasterio de Santa Brígida, objetivo que no llegó a ver con sus propios ojos dado que no se logró hasta 1637. Precisamente en las Brígidas se encuentran dos lienzos con el tema de doña Marina ante Cristo vestido de sacerdote, uno de ellos firmado por el citado pintor Diego Díez Ferreras.

TOMÁS PEÑASCO. Colección Privada. Barcelona
DIEGO VALENTÍN DÍAZ. Catedral. León
La iconografía de “Cristo vestido de sacerdote jesuita” hace referencia a la visión que tuvo de Cristo la referida Marina Escobar. Los padres de la Compañía de Jesús -especialmente su confesor, el padre Luis de la Puente- se encargaron de difundirla a través de la “Vida Maravillosa” y de los sermones que estos religiosos predicaron a su muerte, a partir de 1633. Desde la visión de doña Marina, con algunos matices, se difundió esta iconografía: “rostro y estatura de varón perfecto, de edad de 33 años, como está en el cielo, la cual no es alta ni pequeña, sino de buena proporción y aunque en diversos tiempos le veía con vestiduras muy ricas y misteriosas, más la ordinaria era honesta de un morado leonado escuro, larga hasta los pies, a modo de loba o sotana, cerrada por delante, que traen algunos eclesiásticos y encima de ella uno como manteo del mismo color, menos largo que la loba y sin cuello, preso en los hombros, y por allí muy ancho, descubriéndose por el cuello y bocas de las mangas algo como de lienzo muy blanco, el cabello largo hasta los hombros, partido por medio y en la cabeza una como diadema de oro finísimo y en todo esto representaba tanta autoridad y majestad que mostraba ser verdadero Dios como verdadero hombre (libro I, cap. III, p. 14).

Iglesia de San Ildefonso. Valladolid
FELIPE Y MANUEL GIL DE MENA Y MUGA. Iglesia de Santa María Magdalena. Valladolid
Tan detallada descripción fue plasmada en pinturas y, aprobada por la Inquisición, se difundió por Europa a través de grabados como el titular El Salvador “tel qui apparut à Marina d´Escovar”, surgido del taller de los Wierix, donde la figura de Cristo se rodea de una orla formada por diez escenas de su vida, del que se hicieron en París diversas copias en el siglo XVII; o el que el jesuita Filippo Bonanni incluye en su libro La gerarchia ecclesiastica considerata nelle vesti sacre e civil, publicado en Roma en 1720.
Esa doble condición, humana y divina, venía definida por la coronación dispuesta por los querubines que le rodean desde la gloria, adorado de los ángeles que servían también en otras visiones narradas por Marina de Escobar y pintadas también por Valentín Díaz. Esta vallisoletana no era ajena a las prácticas devocionales que habían conducido a vestir a Cristo -o al Niño Jesús- de sacerdote o con ropas eclesiásticas. Una costumbre que prohibió el papa Urbano VIII a través de la bula “Sacrosancta Tridentina Synodus”, aunque tuvo pocas consecuencias tanto en España como en América.

Iglesia de San Miguel. Valladolid
Monasterio de San Quirce. Valladolid
A pesar de poseer un esquema compositivo bastante rígido hubo variantes en la composición. En ocasiones, a los pies de Cristo sacerdote aparecía Marina de Escobar, escribiendo a su dictado -iglesia de San Miguel y Monasterio de las Brígidas, ambas en Valladolid-; arrodillada en compañía de su confesor el padre La Puente -convento de Sancti Spiritus-. Las más de las veces, Cristo sacerdote era adorado por ángeles -en éste de la parroquia de San Ildefonso-, aquéllos mismos ángeles que en otras ocasiones, y con instrumentos en las manos, poblaban las escenas divinas de las obras de Valentín Díaz. Por último, Cristo jesuita podía aparecer solo a modo de retrato, como lo encontramos en el Colegio de los Ingleses o en la parroquia de Santa María Magdalena.
Los autores de estas pinturas fueron en su mayoría los pintores más destacados del foco vallisoletano del siglo XVII: Diego Valentín Díaz, Felipe Gil de Mena, Tomás Peñasco, Diego Díez Ferreras, e incluso la monja pintora Teresa del Niño Jesús Ribadeneira, la cual fue abadesa del Monasterio de Santa Brígida. Uno de los primeros ejemplos fue el Cristo vestido de jesuita adorado por ángeles que Diego Valentín Díaz pintó para la iglesia de San Miguel, antiguo colegio jesuítico de San Ignacio, hacia 1615. Precisamente, Diego Valentín Díaz, conoció personalmente a doña Marina a quien retrató en diversas ocasiones, llegando incluso a testificar en el proceso informativo incoado para su beatificación, que nunca se produciría.

Monasterio de Santa Brígida. Valladolid
DIEGO DÍEZ FERRERAS. 1672. Ágreda
La obra encierra un mensaje postridentino y pone de manifiesto la autoridad y preeminencia del sacerdocio católico y muy especialmente el jesuítico. El hieratismo de Jesús sacerdote no conmueve al espectador, y lo único que transmite es una verdad teológica destinada a la devoción a Jesús, sumo y eterno sacerdote, propagada por los jesuitas y las Madres Brígidas.
En la exégesis cristiana el supremo sacerdocio de Cristo se prefigura en el Antiguo Testamento mediante la figura de Melquisedec, rey sacerdote que, según el relato del Génesis (14, 18-20) ofrece pan y vino -alegoría de la Eucaristía- a Abraham y le bendice al tiempo que recibe el diezmo que éste le ofrece, mostrando así la superioridad de su sacerdocio sobre el levítico. Así lo alaba David “Tu eres Sacerdote eterno según el orden de Melquisedec” (Salmo 110, 4) y lo glosa San Pablo en su epístola a los Hebreos (5-7).

FELIPE GIL DE MENA (atrib.). Monasterio de San Joaquín y Santa Ana. Valladolid
BIBLIOGRAFÍA
  • BURRIEZA SÁNCHEZ, Javier: “Cristo sacerdote, vestido de jesuita”. En REBOLLO MATÍAS, Alejandro (coord.): Vera Icon. Símbolo e imagen de Pasión, Ayuntamiento de Valladolid, Valladolid, 2017, pp. 38-39.
  • CALVO CALLEJA, José Luis y MARTÍNEZ GONZÁLEZ, Rafael: Santa Teresa en Palencia. Huellas y Moradas, Diputación de Palencia, Palencia, 2015.
  • FERNÁNDEZ DEL HOYO, María Antonia: “16. Cristo Sacerdote”. En VV.AA.: Las Edades del Hombre. Kyrios, Fundación Las Edades del Hombre, Valbuena de Duero, 2006, pp. 109-110.
  • FERNÁNDEZ GRACIA, Ricardo: Arte, devoción y política: la promoción de las artes en torno a sor María de Ágreda, Diputación Provincial de Soria, Soria, 2002.
  • GARCÍA GAÍNZA, María Concepción y FERNÁNDEZ GRACIA: “La pintura”. En FERNÁNDEZ GRACIA, Ricardo (coord.): El arte del Barroco en Navarra, Gobierno de Navarra, Pamplona, 2014.
  • PEÑA MARTÍN, A.: “Tan verdadero Dios, como verdadero hombre. Cristo vestido de jesuita”. En ÁLVARO, M. I. e IBÁÑEZ, J. (coord.): La Compañía de Jesús y las artes: nuevas perspectivas de investigación, Zaragoza, 2014, pp. 337-350.
  • URREA, Jesús y VALDIVIESO, Enrique: Pintura barroca vallisoletana, Editorial Universidad de Sevilla y Universidad de Valladolid, Sevilla, 2017.

No hay comentarios:

Publicar un comentario