jueves, 7 de agosto de 2014

LA YESERÍA EN LA PROVINCIA DE VALLADOLID I: San Martín de Valladolid y Santiago de Alcazarén


El rasgo que mejor define el arte barroco hispano es su profundo sentido decorativo en contraste con la sencillez de las estructuras. Parte esencial de esta decoración lo constituyen, por su variedad y riqueza de invención, las yeserías polícromas que tapizan interiores de bóvedas y las cúpulas, siguiendo diseños que evolucionan desde lo puramente lineal hasta motivos figurados muy diversos.
Las labores en yeso, de tradición mudéjar fuertemente arraigada, se cultivaron de modo aislado durante el renacimiento –no podemos olvidar la capilla de los Benavente en la iglesia de Santa María, de Medina de Rioseco–, para resurgir con los albores del siglo XVII y desarrollarse durante esa centuria y la siguiente, dando lugar a múltiples y fastuosas creaciones barrocas.

Yeserías de la Capilla de los Benavente en la iglesia de Santa María, de Medina de Rioseco. Fotografía tomada de: http://www.montorocastro.es
Fotografía tomada de: http://rutastranquilas.blogspot.com.es/2013/06/medina-de-rioseco-2.html
El yeso cuenta a su favor con la facilidad para su modelaje y además un precio más que económico. Gracias a ello la arquitectura más ambiciosa pero también, y sobre todo, la más modesta, pudo revestirse de una exuberante ornamentación, acorde con el sentido español de la estética, que se hace especialmente patente en la región andaluza. Las yeserías de la bóveda de la catedral de Córdoba se consideran el punto de partida del gran desarrollo que el arte del estuco figurado polícromo alcanzaría en las distintas ciudades andaluzas.
Pero si el gusto por lo decorativo es característico de lo hispano, parece fuera de duda que la gran mayoría de los modelos ornamentales utilizados aquí y allá proceden de repertorios europeos, del manierismo italiano primero al que se unen más tarde los diseños de tratadistas nórdicos. Guirnaldas, acantos, grutescos de muy variadas formas, tarjas, roleos, cintas, cartuchos, etc., formas, en suma, como las que aparecen en la Arquitectura de Dietterlin, con su carga de fantasía e incluso de irracionalidad, penetran en España a través de grabados y, sobre todo, del libro impreso y por la misma vía llegan a las provincias americanas. Los prototipos manieristas perviven en ambos casos durante todo el barroco, junto a otros motivos vegetales, heráldicos y de rocallas, a los que se unen en América, aunque en mucho menor grado, otros surgidos de la flora y fauna local.
Los más notables ejemplos de yeserías figurativas revisten los interiores de edificios de reducidas dimensiones: capillas sacramentales, hospitales, ermitas y, sobre todo, capillas y camarines dedicados al culto mariano, en los que arquitectura y decoración se funden creando ámbitos de gran barroquismo donde se desarrollan complejos programas iconográficos.
El barroco vallisoletano es rico en cubiertas adornadas con yeserías si bien los motivos más usuales son abstractos y, frecuentemente, sin policromar. En la primera mitad del siglo XVII aparecen exclusivamente formas geométricas, singularmente las puntas de diamantes. Más tarde los modelos van enriqueciéndose y abultándose, con inclusión también de rameados y tarjetas hasta llegar al hito que supone la decoración de las bóvedas de la iglesia de Santiago, en Medina de Rioseco, realizadas entre 1672-1673 por el arquitecto Felipe Berrojo, en las que aparecen tarjetas vegetales, escudos e incluso decoración figurada con motivos santiaguistas que incluyen el relieve del apóstol titular, que además se policroman. No obstante, los motivos se disponen de forma aislada, sin ocultar las líneas arquitectónicas, rasgo éste que, con muy pocas excepciones, será constante del estilo local.

Yeserías de la iglesia de Santiago Apóstol de Medina de Rioseco
Así pues, lo poco compacto de los diseños, la falta de policromía y la escasez de motivos estrictamente decorativos son las características de las yeserías vallisoletanas. Curiosamente los casos de decoración más profusa se dan en edificios modestos, como las ermitas de Nuestra Señora del Carmen, de Torrecilla de la Orden, y de la Virgen de Tiedra Vieja, en Tiedra, singularmente ésta última, con motivos vegetales, veneras, emblemas marianos y relieves historiados en las pechinas que hacen de ella el conjunto más cercano a la sensibilidad andaluza.

Yeserías de la ermita de Nuestra Señora de Tiedra
Junto a ellos contamos con dos ejemplos que bien pueden ser considerados como de los más bellos de la provincia, puesto que además presentan una cierta originalidad y ofrecen rasgos que pueden vincularlos con creaciones americanas. Se trata de la Capilla de don Gaspar de Vallejo en la iglesia de San Martín de Valladolid y la Capilla de la Virgen del Carmen de la iglesia de Santiago de la villa de Alcazarén.

VALLADOLID. IGLESIA DE SAN MARTÍN. CAPILLA DE DON GASPAR DE VALLEJO
A finales del siglo XVII se abre en el tramo central del muro del evangelio una capilla perpendicular al cuerpo de la iglesia integrada en tres ámbitos: el central, cuadrado, se cubre con cúpula sobre pechinas que presenta una interesante decoración de yeserías figurativas. La capilla tuvo la advocación de San Juan de Sahagún y fue fundación de don Gaspar de Vallejo, Caballero de Santiago, del Consejo Supremo de Castilla, que tenía sus casas principales fronteras a la iglesia aunque residía en la corte.
La edificación de la capilla se comenzó en octubre de 1693, cuando se nombró a varios maestros de obras “para ber y reconozer la planta y fábrica de la capilla que se a de hazer”, determinando la disposición que debía tener. Inmediatamente se adquirió el terreno y se pregonó la obra, adjudicándose a los maestros de obras Pablo Mínguez y Manuel Izquierdo en 33.000 reales de manos y materiales. La edificación se prolongaría hasta septiembre de 1697, momento en que se certifica “que la dha capilla estaba acabada”. En octubre los maestros dieron carta de pago y finiquito del precio estipulado más 5.350 rs. “que an ynportado las mejoras que ycieron en dha capilla” y acrecentaron después del remate de ella conforme a la traza planta y condiciones de Juan Tejedor.

La profesa Fernández el Hoyo piensa que las citadas mejoras harían referencia a la decoración de yeserías, corriendo por tanto el diseño de las mismas por cuenta de Tejedor Lozano. Abona esta suposición el que el propio artista sea el autor de las trazas de la capilla de los Gaitán, en la iglesia de San Pedro, de Tordesillas (Valladolid), construida en 1674 y que presenta yeserías con rameados y escudos en paredes, pechinas y media naranja En tanto que en la capilla tordesillana aparecen únicamente motivos vegetales y heráldicos, la cúpula vallisoletana incluye la figura humana en contraste con los motivos estrictamente geométricos que cubren el resto de la capilla.

Yeserías de la capilla de los Gaitán, en la iglesia de San Pedro de Tordesillas
Pasando ya a analizar las yeserías de San Martín, en el vértice de las pechinas un mascarón fitomorfo sirve de punto de arranque a follajes de zarcillos de acanto que envuelven atributos marianos: jarrón de flores, ciprés, espejo, palma respectivamente; la policromía es de tonos oscuros. La cúpula presenta un tambor en el que se disponen alternativamente 8 ventanas –de las cuales sólo una está abierta– y 8 pedestales adornados con sartas de frutas. Sobre éstos, y ya en la curva de la cúpula, figuras de apóstoles en relieve asimismo policromados en tonos predominantemente oscuros. Es fácil reconocer a San Pedro, San Pablo, San Andrés, San Juan y Santiago el Mayor, y, de forma más dudosa, a San Mateo, Santo Tomás y San Felipe (?). El casquete que remata la cúpula lleva en el centro un marco rectangular, con grandes orejeras, que encierra la figura en relieve de la Inmaculada; uno y otra están asimismo policromados. En torno a ellos y a modo de corona se disponen 8 medias figuras, al parecer femeninas, de rostros delicados y abundante y rizada melena, cuerpos vestidos y cortados a la altura de los hombres como si fuesen maniquíes; de cintura para abajo los cuerpos se convierten en follaje en tanto que los inexistentes brazos se sustituyen por guirnaldas de flores y frutas que enlazan, sin solución de continuidad, con la figura siguiente. Estas figuras están sin policromar.

La iconografía es muy sencilla: la Inmaculada, a la que se refieren los emblemas de las pechinas, aparece escoltada por los apóstoles, con una disposición para la que pueden encontrarse abundantes paralelismos, entre los que podemos recordar la cúpula octogonal de la capilla del Rosario, en la iglesia de Santo Domingo, de Oaxaca (México), contemporánea, con relieves de apóstoles en torno a la Virgen del Rosario, si bien la desnudez de la cúpula vallisoletana contrasta abiertamente con el abigarramiento de la mexicana.

Vistas de la cúpula de la capilla del Rosario de la iglesia de Santo Domingo de Oaxaca. Fotografía tomada de: http://cvc.cervantes.es/artes/ciudades_patrimonio/oaxaca/paseo/acc-santodomingo.htm
Fotografía tomada de http://www.taringa.net/posts/info/12670014/Artes-de-mexico.html
El motivo del torso humano mezclado con vegetación, que deriva del grutesco, es forma muy habitual desde el renacimiento. Difundida a través de grabados y orlas de libros, prolifera como motivo decorativo en piedra, madera, metal y estuco, recubriendo fachadas, soportes arquitectónicos, retablos y bóvedas en la Península y América, presentando figuras variadas.
Sin embargo no son tan frecuentes los casos de una disposición similar a la que presentan las figuras de San Martín, entrelazadas formando círculo, aunque no falten ejemplos relacionables. El más conocido probablemente sea pese a la diferencia de material, el de la cúpula de la iglesia de Santiago, de Pomata (Perú), en la que tres tipos diferentes de figuras-follaje se unen en una rítmica composición que algunos han interpretado como corona de ángeles derivada de pinturas renacentistas italianas y otros como una danza rítmica de estirpe indígena.

Cúpula de la iglesia de Santiago de Pomata (Perú). Fotografía tomada de https://www.flickr.com/photos/plushot/
La cúpula se ha relacionado con la tradición mudéjar y sus repercusiones en el barroco andaluz; cúpulas del camarín de la Virgen del Rosario, en la iglesia de Santo Domingo, de Archidona (Málaga) y de la parroquial de Herrera (Sevilla), aunque en ésta última predominen las formas inorgánicas.
Junto a estas realizaciones, las figuras de San Martín destacan por su elegancia si bien no podemos obviar la irregular disposición de las cuatro que coinciden con las orejeras del marco de la Virgen, lo que pudiera atribuirse a una torpeza del tallista en la plasmación del diseño.

ALCAZARÉN. IGLESIA DE SANTIAGO. CAPILLA DE LA VIRGEN DEL CARMEN
La parroquia de Santiago, de Alcazarén (Valladolid), originariamente un edificio románico mudéjar, experimentó profundas transformaciones en los siglos XVII y XVIII. Adosada a la cabecera por el lado del evangelio se construyó en esta última centuria una pequeña capilla, a modo de camarín con transparente, dedicada a la Virgen del Carmen y que tiene acceso directo desde el presbiterio del templo. En contraste con la sencillez de su arquitectura, un cuadrado sin ningún ornamento arquitectónico, y sobre pechinas desornamentadas, se levanta una media naranja adornada con yeserías polícromas de original diseño.

La capilla estaba ya en construcción en mayo de 1762, fecha en que se anotan las primeras cantidades “para la fábrica de la capilla de Nuestra Señora del Carmen que con licencia de Su Sª Ilma. se está haziendo en mi iglesia”. Quien consigna el pago es el párroco D. Diego Ramírez de Arellano, que desempeñó un importante papel en la realización de la obra aunque no pueda considerársele fundador o patrono de la capilla ya que ésta se construyó con la aportación de los fieles. La capilla estaba terminada en lo esencial en julio de 1768, cando el sacerdote rinde cuentas del coste de la misma.
El autor de las trazas fue el arquitecto Fray Antonio de San José Pontones, religioso jerónimo en el convento de la Mejorada de Olmedo, quien acudió en tres ocasiones a vigilar la marcha de las obras. Según afirma el párroco él mismo costeó los gastos del arquitecto a quien “gratificó” por ambas actuaciones. Su actividad como arquitecto se constata en diversas provincias castellanas y en El Escorial, con especial dedicación a las obras públicas; su estilo es, naturalmente, sobrio y desornamentado, en nada afecto a las fantasías barrocas. Precisamente en 1762 Pontones supervisaba la construcción del camarín del mismo Alcazarén, que realizaba al maestro Antonio Cecilia con trazas probablemente suyas y que se decoraba también con yeserías “con los atributos de María Santísima”.

Casi la totalidad de las fotografías de Alcazarén se las debo a Víctor Gutiérrez e Ismael Catalina
De la construcción de la capilla del Carmen fueron responsables Joseph Muñoz y Fernando Álvarez, maestros alarifes de Alcazarén, mientras que el artífice de la talla fue Domingo Fernández Pedrosa, “de oficio tallista vzº de la vª de Íscar” a quien se pagan 1.116 reales “por 75 días que se ocupó en la talla de yeso de dha capª”.
La decoración de la media naranja adopta una disposición radial, a partir de una clave adornada con 4 cabezas de ángel en medio de follaje: 8 pilastras originan 8 segmentos trapezoidales de molduras mixtilíneas; unas y otros ostentan yeserías. En el segundo que coincide con el remate del retablo, un águila bicéfala coronada, que porta en sus garras espada y cetro, sirve de marco al escudo del Carmelo; entre sus dos cabezas aparece otra humana; encima el monograma de María, con corona imperial. En el resto de los espacios trapezoidales, los emblemas de la Virgen: sol, luna, espejo, rosa, ciprés, torre y palmera aparecen rodeados de un variado repertorio de formas de raigambre claramente manierista, entre las que figuran grutescos, veneras, cestas de frutas, vegetales, volutas, etc. que se repiten alternativamente dos a dos. Bajo ellos, en el arranque de la cúpula, alternan cartelas rodeadas de volutas y ramos con 4 grupos de dos sirenas enfrentadas que sostienen una venera con una de sus manos mientras se llevan la otra al torso; bajo el águila bicéfala aparece un ángel de cuerpo entero que parece llevarse un dedo a los labios en actitud de reclamar silencio.

Tras este retablo, conservado en la iglesia, se encuentra el camarín de la Virgen del Carmen
Sobre las pilastras, y a modo de estípites figurados, se superponen figuras de torso humano, vestidas con variados atuendos, que se resuelven en formas inorgánicas, mascarones, ángeles-atlantes, emblemas musicales, cintas, drapeados, elementos vegetales, etc. Cinco de ellas tocan instrumentos musicales de cuerda: violín, guitarra, y de viento: serpentón, fagot y chirimía, en tanto que la sexta –que difiere por su factura, tamaño y atavío– parece tener las manos vacías aunque por su postura podría tocar unas invisibles castañuelas. Las dos pilastras que restan acogen a las que parecen ser las figuras principales: el rey David, barbado, con manto y corona, tañe el arpa; a su lado un personaje que con la derecha parece dirigir la orquesta. Completando la decoración, cuatro niños de bulto redondo se sientan sobre la cornisa con las piernas en el vacío; en sus manos derechas quedan argollas que bien podrían haber servido para colgar lámparas.

Todas las figuras están talladas en yeso con bastante resalto, singularmente las humanas que son también las más toscas dentro de la factura eminentemente popular de todo el conjunto. La cúpula ostenta una rica policromía de colores fuertes de los que está ausente el oro, lo que contribuye a acentuar el aspecto exótico de las yeserías. En 1774 se pagaba a “Roque Felipe, vº de Cuéllar y a Segundo del Río, vº de Olmedo doradores”, por “dar de colores a la talla de la media naranja de la capilla”.
La mayoría de los motivos que aparecen en la cúpula son habituales en el barroco peninsular y americano. La verdadera originalidad de la decoración reside en las figura de músicos que forman los estípites animados. Ángeles que tañen instrumentos musicales aparecen en la capilla del Rosario, de Oaxaca, y en el sotocoro de Tonantzintla, en México, pero no conocemos ejemplos de músicos adultos en la época. Quizá sería preciso retrotraerse a iconografías medievales. El rey David de la Portada de las Platerías y los ancianos apocalípticos del Pórtico de la Gloria, de Santiago de Compostela, podrían haberse unido con un sentido de exaltación mariana, en cuyo honor se interpreta el celestial concierto.

La factura eminentemente popular de la talla, a lo que contribuyen de un modo muy notable los fuertes y contrastados colores de la policromía, hacen de las yeserías de Alcazarén algo verdaderamente inusual, exótico en el barroco castellano.

BIBLIOGRAFÍA
  • FERNÁNDEZ DEL HOYO, María Antonia: “Las yeserías figurativas: apuntes para su estudio”, Actas del V Simposio hispano-portugués de historia del arte, Valladolid, 1990, pp. 113-117.

1 comentario:

  1. Muchas gracias por la entrada, Javier ! A ver si te pasas por Alcazarén !
    Víctor G.

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