sábado, 12 de septiembre de 2015

EXPOSICIÓN: PLASTIHISTORIA. Historia de Valladolid


En la Sala Municipal de Exposiciones de la Casa Revilla podéis contemplar hasta el día 20 de septiembre una muestra muy interesante que recoge en 20 escaparates otras tantas escenas, realizadas en plastilina, que narran buena parte de la historia de nuestra ciudad. La exposición es muy sugestiva y, dado el material en que están elaboradas las “viñetas”, pienso que será muy atrayente para los niños, por lo que no podemos perder esta oportunidad para que las nuevas generaciones de pucelanos vayan conociendo la historia de su ciudad desde pequeños. También deseo subrayar lo positivo que es el hecho de que en las exposiciones, por ejemplo ésta, dejen hacer fotografías puesto que así pueden conocer la muestra gente que no tiene posibilidades de acercarse a contemplarse, sea el motivo que sea
Los textos que a continuación se muestran son los que se han confeccionado para la exposición, tan solo poseen leves variantes que he creído correcto incorporar. Desde aquí mi más sincera enhorabuena al artista o artistas que han modelado las plastilinas puesto que, además del rigor histórico que en ellas se advierte, estas también cuentan con gran calidad e incluso un tono de humor que me ha encantado. Es una verdadera lástima que no figure en ninguna parte el nombre de los que han llevado a cabo estas pequeñas joyitas, una pena.

Pedro Ansúrez y la condesa Eylo modernizan su señorío de Valladolid (en el tránsito entre los siglos XI y XII)
El señorío que ejerció Pedro Ansúrez sobre Valladolid se entiende desde el proceso de repoblación y reorganización del territorio que se estaba realizando en aquella corona de Castilla, en el valle del Duero, en tiempos de Alfonso VI. No estamos hablando, pues, de un fundador, aunque sí de su señor, estructurador y hasta “modernización” de una población anterior que llamamos preansuriana. Con don Pedro nació una nueva villa en torno a las obras que él protegió, especialmente aquel monasterio de Santa María que se habría de convertir en Colegiata –en los orígenes documentales de Valladolid se encuentra la consagración de su iglesia en 1094–. Con su esposa doña Eylo, los condes consideraban la villa como su heredad, su propiedad y ejercieron ellos, y sus descendientes, una tutela sobre los sucesivos abades de esta Colegiata que dependía directamente de Roma. Un cambio político en Castilla, a principios del siglo XII, provocó la salida de don Pedro hacia el condado de Urgel, donde habría de ejercer la regencia sobre su nieto catalán que también habría de ser señor de Valladolid, Armengol VI. Cuando regresó a Castilla, en 1109, habían muerto casi todos los hombres de poder de su generación. Su cuerpo se encuentra enterrado en la actual Catedral, heredera de la iglesia mayor ansuriana.


Concesión del Fuero Real por Alfonso X “El Sabio” a la villa de Valladolid (1255)
Desde principios del siglo XIII, Valladolid era señorío efectivo del rey de Castilla, villa pues de realengo, aunque Alfonso VII “el Emperador” había ejercido una especial protección sobre ella y su viuda, Rica de Polonia, se la denomina “señora de Valladolid” pues la tenencia de la población formaba parte de las dotes de las reinas. La concesión del Fuero Real por el rey Alfonso X “el Sabio” en 1255, disposición que no fue un hecho aislado, fue concebido como una fórmula para superar la diversidad de derechos territoriales que existían en la villa. Junto con el de Valladolid se otorgaron los de Burgos o Santo Domingo de la Calzada, en la Merindad Mayor de Castilla. Al mismo tiempo, el concejo de Valladolid aumentaba la competencia sorbe una tierra mayor, incluyendo las villas de Tudela de Duero, Simancas y Peñaflor de Hornija. El monarca trató de articular y reorganizar la realidad económica de los reinos, multiplicó y remodeló el circuito de ferias del siglo XII –en el caso de Valladolid situadas mediada la Cuaresma y en septiembre–. Es el gran intelectual, escritor, músico, además de legista y recopilador de leyes, aunque dejó planteado un importante problema sucesorio, enfrentándose a su hijo Sancho IV, el cual contrajo matrimonio con María de Molina, hija del infante Alfonso de Molina.

El Gobierno de María de Molina sobre la Corona de Castilla y desde Valladolid (desde 1295 hasta 1321)
Cuando María de Molina ya había enviudado de Sancho IV, Valladolid ocupaba un puesto preeminente en la Corona de Castilla. Los monarcas se habían alojado en los palacios inmediatos a la iglesia de la Magdalena; se disponían de las primeras noticias fehacientes de que el Estudio de la villa se había convertido en modelo para el establecimiento de otros; se estaba construyendo una segunda cerca o muralla de mayor perímetro; el concejo sostenía que las viñas eran la base de la economía de la villa; han proliferado los conventos y su Colegiata no es dependiente sino vecina del obispo de Palencia. Con todo, Castilla está en guerra civil. La reina María era tutora de su hijo Fernando IV. Fue la mujer gobernadora que ejerció sus funciones con mesura frente a los levantamientos de los nobles y las presiones de sus partidarios. Pero María de Molina encontró en la villa y sus caballeros el bastión más seguro en los años más difíciles. La mayoría de reuniones de Cortes, en la regencia, se fijaron en Valladolid y, aunque se vio apartado por su hijo cuando asumió el poder, volvió a ser regente con si nieto Alfonso XI hasta su muerte en 1321. Fue enterrada –el único cuerpo “real” que permanece en Valladolid– en el monasterio de Santa María La Real de Huelgas, monjas establecidas en los palacios reales que había cedido a la comunidad doña María.

Los milagros de fray Pedro Regalado, el franciscano que se habría de convertir en patrono de Valladolid (1390-1456)
La iglesia, sus monasterios, las órdenes religiosas, se iban convirtiendo en un elemento esencial en Valladolid. Desde aquí nacieron también las reformas, aquellas que desde finales del siglo XIV y el XV estuvieron presididas por el rigor. Una de ellas fue la de los franciscanos, dirigidos por el vallisoletano fray Pedro de Villacreces, al que se unió como discípulo un joven de familia judeoconversa que se llamará fray Pedro de Valladolid o fray Pedro Regalado. El escenario de sus vidas serán los eremitorios, los más famosos en La Aguilera y en El Abrojo. El fraile sencillo, de la Ribera del Duero, que fue el futuro patrono de Valladolid, era un hijo de San Francisco que trataba de vivir el Evangelio con pobreza, cultivando la tierra, viajando entre las mencionadas casas, atendiendo a los menesterosos, siempre muy implicado con la naturaleza que le rodeaba y al que la gente sencilla le atribuyó en vida, y sobre todo después de muerto, numerosos prodigios y milagros. Uno de ellos fue el de templar a un toro que se había escapado. Pero también navegaba por el Duero con su capa, era transportado por los ángeles y se levantaba de su tumba para dar de comer al pobre. Su beatificación y canonización fueron en pleno barroco y en 1747 fue proclamado patrono de la ciudad de Valladolid, y más recientemente, por esta hazaña, de los toreros.

La boda de Isabel y Fernando que cambió la historia de España desde Valladolid (1469)
Juan II, monarca que residió mucho en Valladolid, hubiese preferido ser fraile en El Abrojo con fray Pedro Regalado que rey de Castilla. De sus dos matrimonios, nacieron los sucesivos titulares de esta corona: el vallisoletano Enrique IV y la princesa Isabel. Tras la muerte del príncipe Alfonso, nacido del segundo matrimonio del monarca, sus partidarios contrarios a Enrique IV, se reunieron en torno a Isabel de Trastámara. Ella no cedió a los candidatos que la proponían para su matrimonio y aceptó la candidatura de su pariente Fernando de Aragón. Aquel enlace incumplía lo acordado con su hermano Enrique de cara a la sucesión y se celebró en Valladolid, villa en la que los novios se conocieron, con el apoyo de los Pérez de Vivero –cuya casa fue escenario–, del almirante Enríquez –abuelo de don Fernando– y del ministro religioso que la presidía, el arzobispo de Toledo Alfonso Carrillo. El gran problema fue la utilización de una bula pontificia no destinada para aquel acontecimiento, lo que exigió posteriormente una legalización. El matrimonio, el 18 de octubre de 1469, fue uno de los hechos trascendentales que, desde Valladolid, cambió el rumbo de la historia de los reinos hispánicos.

La construcción del colegio mayor de Santa Cruz por el Cardenal Mendoza (hacia 1483)
Pedro González de Mendoza fue uno de los personajes más interesantes de la Castilla del siglo XV, esencial en la modernidad de estos reinos. Su carrera eclesiástica, apoyada por su linaje familiar, fue ascendente hasta llegar a ser arzobispo de Toledo, pero tampoco faltó como abad de la Colegiata de Valladolid y cardenal de Santa Cruz. Con esta advocación fundó en Valladolid, y sin limitación de presupuesto, un colegio próximo a la Universidad para la formación de estudiantes que no tuviesen posibilidades económicas, con el fin de proveer a la Monarquía de hombres de leyes. Y aunque la estética del edificio comenzó siendo gótica, adoptó posteriormente el nuevo estilo, el renacentista, convirtiéndose especialmente en su portada en el primer edificio que lo plasmó en España. En el tímpano de la puerta encontramos al cardenal Mendoza arrodillado ante Santa Elena, la madre del emperador Constantino que, en el siglo IV, buscó la que se consideró la verdadera cruz de Cristo en Jerusalén. Los colegiales mayores, posteriormente, fueron un grupo poderoso en la administración castellana y hoy, el edificio, es sede del Rectorado de la Universidad de Valladolid.

Cristóbal Colón en Valladolid: una muerte por escaso eco (20 mayo 1506)
Ocurrió el 20 de mayo de 1506. Si, entonces, hubiésemos vivido en la sociedad de los medios de comunicación, el fallecimiento del almirante Cristóbal Colón no hubiese ocupado los primeros titulares. Tardó en conocerse y fue de la mano de un regidor de esta ciudad, como se refleja en el llamado “Diario de los Verdesoto”. Había realizado cuatro viajes a las Indias por Occidente, no siempre con los mejores resultados: había perdido la confianza de quién gobernaba en Castilla –tras el fallecimiento de Isabel La Católica y la regencia de su esposo Fernando–; estaba esperando presentar nuevos proyectos a los monarcas que habían desembarcado, doña Juana y don Felipe. Contaba con la cercanía de los frailes franciscanos y quizás bajo su sombra falleció en Valladolid. Con seguridad afirmamos que en una de las capillas de aquel complejo convento de San Francisco recibió su primera sepultura. Muchos se empeñaron en que no fuese la primitiva, cuando en 1509 se produjo el traslado de los restos a Sevilla y, supuestamente después, a las Indias. Después Valladolid intentó trazar sus últimos pasos en esta antigua Corte. Nunca los deberemos situar en la Casa que fue construida en 1968, en la huerta del convento de las salesas. Eso sí, allí habituaron algunos de sus descendientes en el siglo XVIII, aunque hoy podemos recordar la importancia histórica del Almirante, desde el ámbito universitario de estudio de los investigadores americanistas de esta ciudad.

El nacimiento del príncipe de la Monarquía en Valladolid: el bautizo de Felipe II en la iglesia de San Pablo (1527)
Tras atajar el emperador Carlos la revuelta de las Comunidades, comenzaba una etapa de encuentra con su Corona de Castilla, que tendrá consecuencias posteriores para el importante papel que van a desempeñar estas tierras y sus gentes en la Monarquía de España. No solamente contrajo matrimonio con Isabel de Portugal, sino que en casa de su amigo Bernardino de Pimentel en Valladolid, nacía su hijo primogénito, el príncipe Felipe, el futuro Felipe II, tras trece horas de duro parto. La ceremonia del bautismo se iba a celebrar en la vecina iglesia del convento de los dominicos de San Pablo, escenario de numerosos acontecimientos anteriores de la Monarquía. Para ello no existió ningún conflicto jurisdiccional entre parroquias, porque San Pablo no lo era y, además, el emperador Carlos, hubiese estado por encima de ellas. No hay razón para pensar que se rompió ninguna reja, aunque sí para la construcción de un pasadizo que sirviese para comunicar el interior del palacio con el espacio sagrado, convenientemente adornado y separado de la multitud congregada. Al mismo tiempo, se tuvo noticia que las tropas mercenarias imperiales habían saqueado Roma, debatiéndose también en Valladolid sobre las obras del gran Erasmo de Rotterdam.


Los publicitados Autos de Fe de 1559, la inspiración de la narrativa de Miguel Delibes (1559)
1559 fue un antes y un después con dos autos de fe desarrollados contra un supuesto grupo de tempranos protestantes que moraban en Valladolid –otro se va a celebrar en Sevilla–, La villa se convirtió en escenario de uno de los acontecimientos de mayor repercusión en la Europa del momento y en tiempos posteriores. El supuesto grupo de “herejes” estaba formado por élites intelectuales y religiosas. Gentes inquietas que se lanzaron a la búsqueda de nuevas ideas relacionadas con el estallido espiritual del centro y norte de Europa, con especial presencia de Agustín de Cazalla –capellán del Emperador y predicador de la Corte–, buena parte de su familia, el dominico fray Domingo de Rojas, cuatro monjas Bernardas del monasterio de Belén o Carlos de Sesa. El Auto de Fe era la exaltación de la ortodoxia frente a las sospechas y condenas de heterodoxia. Aquellos que acumulaban delitos de gran gravedad y no estuviesen arrepentidos de ellos, eran condenados a la hoguera en el quemadero del Campo Grande, conducidos hasta allí en mulos. Tanto le impresionaron al escritor Miguel Delibes estos acontecimientos sucedidos en Valladolid, a mediados del siglo XVI, que dedicó su última gran novela a narrarlos. Se tituló, desde 1998, “El Hereje” y sus páginas estuvieron dedicadas a su ciudad, siendo su protagonista de ficción –Cipriano Salcedo– un grito de exaltación hacia la libertad de conciencia, cuando este derecho no se concebía en ningún lugar, ni en religión alguna.


La reconstrucción de un Valladolid en llamas y el proyecto de una Catedral de ensueño (entre 1561 y 1583)
Las llamas no se detuvieron en las hogueras de la Inquisición, sino que, por otras circunstancias probablemente, se extendieron por el centro comercial de Valladolid, en uno más de los incendios que sufrían los núcleos urbanos, poco dotados de barreras de contención. Fue en los días de San Mateo de 1561. Las consecuencias fueron más dramáticas en lo material que en lo humano, pero Felipe II impulsó, a través de Francisco de Salamanca, la reconstrucción de una parte de la ciudad, con nuevos criterios urbanísticos, renacentistas, de construcción de grandes perspectivas en el nacimiento del escenario adecuado para la ciudad procesional, gremial y comercial. Veinte años más tarde se disponía del trabajo del gran arquitecto Juan de Herrera, procedente de un monasterio de San Lorenzo de El Escorial casi finalizado –y no al revés– par la construcción de una nueva Iglesia Mayor que, después, se transformaría en Catedral cuando se creó en 1595 la diócesis de Valladolid. Un proyecto asociado con la espiritualidad del Concilio de Trento que nunca se llegó a culminar y que la historia ha condenado a vivir mutilado en medio de la ciudad que le vio nacer en su grandeza. Pronto perdió a sus impulsores –Felipe II y Juan de Herrera–, la ciudad vio volar su condición de Corte y, a pesar de gozar de curiosos monopolios económicos, no dispuso de los recursos suficientes para ser culminado, fuera ya de la época de la construcción de las grandes Catedrales.


La entrada de Teresa de Jesús en la ciudad cortesana y servicios (1568)
Teresa de Jesús, la monja reformadora más importante de la historia de España, tenía claro que por Valladolid tenía que pasar su proyecto fundador. Si su segundo convento se abrió en la Medina de las ferias, próspera todavía para las limosnas; la cuarta debía ser en el Valladolid de las instituciones, de la economía del terciario, de la Universidad y la Chancillería y de algunos nobles que vivían todavía en sus palacios, a pesar de la ausencia de la Corte. Sus protectores fueron la familia Mendoza, especialmente la que había sido la esposa del secretario del Emperador, la viuda de Francisco de los Cobos. Y aunque, al principio, las monjas vivieron en una finca de recreo muy alejada llamada Río de Olmos, después gracias a María de Mendoza, se establecieron en 1569 en la ubicación actual. El convento de la Concepción del Carmen reúne un importante y único patrimonio artístico y documental sobre la madre Teresa de Jesús, que habría de volver a Valladolid en 1574, 1579, 1580 y en dos ocasiones en 1582. La primera Doctora de la Iglesia, maestra espiritual de vanguardia y autoridad en la lengua castellana, es además vecina de honor de la ciudad desde 1968, cuatrocientos años después de su fundación junto al Pisuerga.

La Corte de Felipe III: el nacimiento del príncipe de Asturias Felipe IV y la presencia de vecinos singulares (1601-1606)
Fruto de las intrigas políticas del valido del rey Felipe III, el duque de Lerma trasladó en 1601 la Corte a Valladolid. Fueron cinco años de acontecimientos singulares y vecinos extraordinarios –pensemos en Miguel de Cervantes, Francisco de Quevedo o a llegada del escultor Gregorio Fernández–, de grandes días políticos –la ratificación de la paz que se había firmado en Londres entre Inglaterra y España, con la presencia del embajador el duque de Nottingham–. Se había convertido esta sociedad urbana en muy heterogénea, casi un mundo en abreviado. De tal manera ocurrió, que algunas de las instituciones que residían en la ciudad cortesana, la Chancillería por ejemplo, tuvieron que salir ante la acumulación, para regresar posteriormente. Lo más singular fue el nacimiento, un Viernes Santo de 1605, 8 de abril, del príncipe de Asturias en el palacio real, el futuro Felipe IV. Posteriormente, su bautizo coincidió con el mencionado acontecimiento diplomático con los ingleses –a veces no bien comprendido–, además de una posterior misa de partida, la primera salida de su madre, la reina Margarita de Austria, en acción de gracias ante la Virgen de San Lorenzo, descrita por Miguel de Cervantes –que la debió contemplar– en la Novela Ejemplar de “La Gitanilla”.

El taller de Gregorio Fernández: el nacimiento de los pasos procesionales (1605-1636)
Las cofradías penitenciales habían nacido a lo largo de los finales del siglo XV y las décadas del XVI. A su horizonte de penitencia y caridad, se unió el desarrollo de una espectacular imaginería, impulsada desde una escuela castellana que fijó su centro –para no moverse– en Valladolid. A Juan de Juni, Esteban Jordán, Manuel Álvarez, Adrián Álvarez y Francisco del Rincón, les sucedió con fuerza el gallego Gregorio Fernández, maestro único desde la muerte del último de los mencionados escultores en 1608. Las cofradías fueron uno de sus clientes para obras más singulares: aquellas que no se iban a quedar encerradas en una iglesia sino que iban a salir a las calles para contar una historia y despertar una devoción y un modo de comportamiento hacia la Pasión de Cristo. Para los pasos procesionales en madera policromada, Gregorio Fernández disponía de diferentes fuentes literarias, artísticas y espirituales, sin olvidar la dimensión teatral de la escena. Y todo ello gracias a una organización del trabajo en un taller potente, capaz de servir desde la Acera de Sancti Spiritus a los numerosos clientes que deseaban una obra del “insigne escultor” que trabajaba en los reinos de Felipe IV.

Desde el siglo de la Ilustración: el Valladolid que construye nuevas ideas (Siglo XVIII)
Los cambios del siglo XVIII tendrán una dimensión más cualitativa. Es lo que conocemos como Ilustración y sus Ilustrados. Frente a la sacralización anterior y la preocupación por la salvación del alma en un más allá, los hombres de esta centuria se ocuparon por la salvación y la mejora del cada día, del ritmo cotidiano. Los protagonistas no serán muy distintos: los profesores y alumnos de la Universidad o los miembros de la Chancillería. El gremio de la primera estrenó una nueva fachada, exaltación del saber y del conocimiento, con sus disciplinas y los monarcas que en esta ciudad los habían protegido. Es lo único que nos resta del histórico edificio de la Universidad de Valladolid. Pero surgirán nuevos ámbitos de conocimiento en las Reales Academias de Matemáticas y Nobles Artes –la actual de Bellas Artes de la Purísima Concepción–, de Medicina y Cirugía, de Jurisprudencia; o la Real Sociedad de Amigos del País. Nacerá, además, en 1787-1788, el primer periódico de una ciudad que va a tener hasta el presente una prolongada trayectoria periodística y de periodista, desde aquel Diario Pinciano del diácono mexicano –ilustrado singular– José Mariano Beristain. Ilustración que también fue reforma educativa, medidas higiénicas de vida, ecologismo y aprecio por la naturaleza.

El ferrocarril, el motor del cambio, en el siglo XIX
Los cambios en el siglo XIX se apreciaron más tangiblemente que los propuestos por la Ilustración. Comenzó con una invasión extranjera, motivando un cambio político presente ya en Europa; será el comienzo del liberalismo, con la resistencia del absolutismo; la llegada de las clases sociales frente a los estamentos antiguos anteriores. Una nueva economía que ha intentado transformar las manos muertas y un motor del cambio que provocará el crecimiento. Buena parte de éste, en Valladolid, se sitúa en el ferrocarril. Todo ello vendrá sancionado y comprobado por la que era Reina de España, Isabel II, que no entendió siempre el liberalismo abanderado en su tiempo. En tres ocasiones estuvo en esta ciudad (1858, 1861 y 1865). La última de las cuales, cuando se dirigía a su veraneo en Zarautz, es la que se representa en el escaparate. Para entonces, la Universidad iba siendo la de los hombres de leyes y médicos; había nacido El Norte de Castilla y se edificaban los teatros Lope de Vega y Calderón. Habrían de producirse muchos pronunciamientos, golpes de estado, revoluciones, a la par que desamortizaciones y constituciones. Con todas las inestabilidades, la ciudad del Pisuerga estaba creciendo. El Valladolid que se encontró era “burgués, moderno, urbano, cosmopolita, fabril y ferroviario”. Hoy, este medio de comunicación sigue teniendo gran importancia en la estructuración del territorio y en el desarrollo de una economía industrial.

La gran ciudad de la Restauración de finales del siglo XIX: entre José Zorrilla y Miguel Íscar
Todos los cambios planteados en las décadas anteriores, se consolidaron y despegaron en el Valladolid de la llamada Restauración canovista, desde 1875. Por aquellos años habría de alcanzar la alcaldía de Valladolid Miguel Íscar Juárez. No todo lo relacionado con él, lo pudo conocer: derribo del edificio del viejo Ayuntamiento, culminación del Campo Grande o de los Mercados de hierro. Él será recordado como el alcalde de la transformación por antonomasia. José Zorrilla será el hombre de esas letras que también renacieron en la ciudad de la burguesía harinera. Era un hombre nacido en el absolutismo, que creció con la rebeldía del romanticismo, el autor reconocido, celebrado y coronado. Valladolid era también la ciudad que se abría hacia el exterior, hacia la llegada de la población que viajaba hacia sus atractivos. Y así, en este escaparate, no sólo se ha representado lo genuinamente vallisoletano sino lo que viene de fuera, en el escenario de aquella Casa Mantilla de esa ciudad del ensanche, de la burguesía y del Campo Grande, que quizás soñó Miguel Íscar y que continúa versificando Zorrilla desde el monumento que sus paisanos inauguraron en su honor en septiembre de 1900.

Una ciudad con despegue industrial…, sobre cuatro ruedas
Si en el siglo XIX hablábamos del motor en el ferrocarril, sobre raíles; en el XX, el motor estará sobre cuatro ruedas. Se instalaba en la ciudad las sociedades “Fabricación de Automóviles, S.A.” (FASA) y “S.A. Vehículos Automóviles” (SAVA). Con ellas, sobre todo con la primera, llegada el camino del futuro. Era agosto de 1953 cuando desfilaron los once primeros coches ante la admiración general por las principales calles de Valladolid. El despegue industrial conducirá al establecimiento de otras muchas inversiones, de mano de obra, del apoyo financiero, de las absorciones de estos proyectos industriales por otras, así como de una multiplicación demográfica de la población que transformará físicamente la ciudad. Tras una dramática guerra, represión y posguerra, se producía ese Valladolid de las grandes transformaciones en los años sesenta y setenta, cuando la ciudad del Pisuerga se convertía en Polo de Desarrollo en 24 de enero de 1964.

La fundación del Real Valladolid: el deporte se practica y gusta en lo cotidiano (desde 1928, aunque el futbol se practicaba antes)
Curiosamente, el callejero ha relacionado el fútbol con José Zorrilla y quien dice Real Valladolid estará ubicándolo y buscándolo en el Estadio Zorrilla, primero situado en su Paseo prolongado, después en los terrenos de un Valladolid que se expandía a finales del siglo XIX. Quizás podemos afirmar sin vergüenza alguna que en esta ciudad se empezó a jugar a este deporte del balompié muy pronto y todo ello, gracias a Dios, o, mejor dicho, gracias a la existencia de seminarios de ingleses y escoceses, que sabían traer a sus claustros las costumbres exportables de sus tierras natales. Y probablemente, en la calle Don Sancho o en las propiedades de recreo que poseían, se empezó a jugar al fútbol antes que en Huelva. Otra cosa serán los foráneos, cuando se funde el Real Valladolid en 1928, cuyos primeros terrenos se vincularán con aquella Plaza de Toros inaugurada en 1890. Era la llegada del deporte a la cotidianidad, en ámbitos diversos, abandonando ya excentricidades y generalizándose a la afición de muchos. Después las tardes ante el Real Valladolid serán de gloria y paciencia. Pero lo queremos como nuestro y de Primera.

La ciudad saca la democracia el gobierno del municipio (desde 1979)
No fueron las elecciones municipales las primeras que se celebraron en Valladolid después de 1975. Tras la muerte del dictador asesino Francisco Franco era necesario transformar su dictadura golpista en una democracia con una ley de la reforma política que se consultó en referéndum entre los vallisoletanos, como ocurrió con las primeras elecciones generales de 1977, el referéndum constitucional de diciembre de 1978, las nuevas elecciones generales de 1979 y, para entonces, las primeras elecciones municipales de ese mismo año, con una importante abstención pero con una victoria del Partido Socialista Obrero Español y un primer alcalde democrático desde 1936, Tomás Rodríguez Bolaños. En su cartera tenía muchos temas pendientes que desarrollar. Así ocurrió hasta 1995, en que vencía el Partido Popular y provocaba el relevo en la alcaldía. Le sustituía Javier León de la Riva. En 2015 un nuevo cambio hizo alcalde a Óscar Puente y devolvió al PSOE al gobierno, en esta ocasión de la mano de VALLADOLID TOMA LA PALABRA. Ellos han sido, y son, los alcaldes de la democracia que han transformado Valladolid.

El símbolo de un Valladolid moderno (en el siglo XXI)
La Cúpula del Milenio es el símbolo de un Valladolid moderno, con una imagen diferente, un atractivo distinto y hasta una luz artística en el día y en la noche. Estamos ante un edificio multiusos que, con forma de cúpula, formó pate de la Exposición Internacional de Zaragoza en 2008. Después la adquirió el Ayuntamiento de Valladolid y la situó entre edificios administrativos en lo que habría de llamarse la Plaza del Milenio. Era el año 2011, en que se abrió. La estética del edificio se une al Puente de Isabel La Católica y de un río Pisuerga revalorizado, que se empezaba a reconciliar con los vallisoletanos. Su silueta rompía la línea de las construcciones de la ciudad, incluso con aquellos que anteriormente habían eliminado también esa armonía. Junto a la Cúpula del Milenio, el Valladolid del siglo XXI también es el Archivo Municipal en el antiguo convento de San Agustín, el Museo de Arte Contemporáneo “Patio Herreriano”; los nuevos barrios residenciales, la limpieza de los edificios históricos, los jardines y parques, además de paseos. Es una ciudad para ser feliz cada día, sabiendo que ésta cuenta con memoria.

Información de utilidad:
Sala Municipal de Exposiciones de la Casa Revilla
Del 1 al 20 de septiembre de 2015
C/Torrecilla, 5. Teléfono: 983-426246
De martes a domingo y festivos de 12 a 14 h.
y de 18.30 a 21.30 h. (lunes cerrado)

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