martes, 1 de septiembre de 2015

DOS PIEDADES GERMÁNICAS GÓTICAS EN VALLADOLID


El presente post va a tratar sobre dos bellísimos grupos góticos de la Piedad que se conservan en la provincia vallisoletana pero que proceden de talleres germánicos. Se trata de los conservados en el Museo Nacional de Escultura y en la iglesia parroquial de la Visitación de Villanueva de Duero. Diversos estudios coinciden en señalar el notable parecido de estas con las numerosas “piedades” de fines del siglo XIV y principios del XV que se encuentran en un área que comprende todo el este y sur de Alemania, llegando incluso hasta la Alta Italia. A estas dos, y a manera de reseña, podemos recordar otra existente en el Museo de Arte Sacro ubicado en iglesia de Santiago de la localiad palentina de Carrión de los Condes.

Piedad. Iglesia de Santiago. Carrión de los Condes (Palencia)
El origen y desarrollo de este tema, tanto en sí mismo, como en relación con el de las “bellas Madonnas”, es en la actualidad cuestión de animado debate. Las opiniones se dividen entre los que mantiene que el lugar de origen fue Bohemia y que los sucesores de Peter Parler crearon hacia 1380 en Praga el llamado “estilo bello”, en el que se incluyen estas imágenes de la Piedad, llamadas también “bellas piedades” –denominación que matiza la de “piedades horizontales” que se les dio en principio–, y los que defienden que el centro de producción era Salzburgo, desempeñando Viena un papel importante en el desarrollo del género. También constituye otra cuestión polémica, el problema de la prioridad cronológica de una imagen respecto de otras, la formación de grupos en torno a algunas de ellas y la existencia de uno o varios talleres. Passarge indicaba que lo característico de todas ellas es que mantienen el cadáver de Cristo, sobre el regazo, en posición horizontal de ascenso oblicuo, el rico plegado de los vestidos de la Virgen partiendo de las rodillas, y el rasgo idealizador que supone la manifestación moderada de dolor. Coinciden todas ellas en el tipo de material empleado que es caliza o arenisca. Las denomina “piedades horizontales”. La aludida denominación de "Bellas Piedades" hace referencia a que se trata de figuras hermosas, de delicada e intensa expresión, envueltas en vestiduras de abundantes pliegues y decorativos ritmos curvos a través de los que se consigue imprimir un refinado movimiento a los cuerpos.
 
Piedad Křivákova. Museo Umeni Olomouc (República Checa)
El tema de la Piedad surgió al parecer como imagen independiente a finales del siglo XIII, los ejemplos más antiguos evidencian un tremendo dramatismo expresado a través de rostros demacrados y anatomías deformadas. De estas primeras representaciones se evolucionó a finales del siglo XIV y comienzos del XV hacia un modelo mucho más dulcificado, dentro de la corriente cortesana internacional y en concordancia con el estilo de las llamadas "bellas Madonnas", en las que la Virgen es representada con los rasgos de una adolescente asustada, cuya indumentaria se ordena con elegancia como puede apreciarse en la disposición ondulada de los velos, rematados en un característico borde rizado, y en los pliegues de los mantos que se extienden en abanico desde ambas rodillas. Todo parece indicar que el tema llega a la escultura castellana a través de una serie piezas cuyas características ofrecen una evidente relación con los modelos anteriormente señalados. El problema es delimitar si los ejemplares conservados en Castilla, recientemente estudiados por Weniger, son obras importadas o por el contrario pudieron ser realizadas por escultores de origen extranjero activos en España. Por el momento y hasta que no se realicen análisis petrológicos exhaustivos, no es posible dar una respuesta concluyente, aunque los datos que en la actualidad se conocen parecen demostrar la utilización de un material calcáreo extremadamente blando, muy similar al de las piedades de Bohemia. En todo caso, lo que parece fuera de toda duda es que fueron piezas especialmente estimadas. La propia noticia de la donación de la escultura del Museo por parte de Juan II a la capilla fundada en el convento de San Benito de Valladolid por Sancho de Rojas, obispo de Palencia y arzobispo de Toledo, testimonia el aprecio por la obra del propio rey y de un alto prelado, que tuvo además un notable protagonismo en las empresas artísticas del momento. La constancia del traslado de Sancho de Rojas a Toledo en 1415, facilita una pauta cronológica para fechar la pieza en los años anteriores.

PIEDAD DEL MUSEO NACIONAL DE ESCULTURA (h. 1406-1415)
Esta Piedad (87 x 78 x 44 cms.) procede del Monasterio de San Benito el Real de Valladolid, de donde se sacó a raíz de la Desamortización. En 1851 se encontraba ya en la capilla del Museo, concretamente en el retablo de San Antón, de igual procedencia. Juan Agapito y Revilla fue el que la identificó con la imagen de Nuestra Señora de las Angustias que se citaba en la antigua documentación del Monasterio de San Benito el Real.
 
El origen de esta Piedad se encuentra en una capilla del claustro, que después se llamó de los Condes de Fuensaldaña y que fue fundada por don Sancho de Rojas cuando era obispo de Palencia (1397-1415). Antes de ser nombrado arzobispo de Toledo, cuya sede ocupó hasta su muerte en 1422, logró que Juan II donase una imagen de Nuestra Señora de las Angustias y él personalmente costeó un retablo para dicha imagen, además de hacer una capilla a los pies de la iglesia vieja. Canesi la localizó junto al capítulo y señaló que la fecha de la fundación tuvo que oscilar entre 1407 y 1415. En 1588 pasó esta imagen a estar colocada en el retablo colateral de la Epístola de la nueva iglesia, dedicado a San Antonio Abad, lo que originó un pleito en 1606 entre los patronos de la capilla de Fuensaldaña y los monjes del convento. De allí pasó al Museo.
 
La composición presenta a la Virgen como una niña de expresión tierna, asustada y llorosa, vestida con un manto de amplísimos pliegues y un velo de borde ondulado y doblado en su caída, que se repite como una marca en este tipo de creaciones. Es muy típica también la manera de distribuir los pliegues de la falda de la Virgen a modo de abanico, partiendo de cada una de las rodillas. María sostiene en su regazo a un Cristo muerto, naturalista en su tratamiento anatómico y rígido en su posición, siguiendo fielmente las descripciones de los textos místicos del momento, como las célebres Revelaciones de la Virgen a Santa Brígida de Suecia: Cuando le bajaron de la cruz… le cerré la boca y le arreglé los ojos. Pero sus yertos brazos no puede doblarlos para que descansaran sobre el pecho, sino sobre el vientre. Las rodillas tampoco pudieron extenderse, sino que quedaron dobladas como habían estado en la cruz”. Weise no se atrevió a afirmar de una manera rotunda que fuesen obras importadas porque, aunque le inclinaban a ello la semejanza del plegado del ropaje y la disposición del cuerpo de Cristo sobre el regazo de la Virgen, creía advertir algún rasgo autóctono de realismo español en el rostro. Hay que advertir que las pequeñas diferencias que pueden observarse en relación con algunos ejemplares austro-bohemios son perfectamente equiparables a las que existen entre las propias esculturas conservadas en la zona de origen.
 
Desde el punto de vista cronológico, existe una perfecta correspondencia entre la fecha que puede suponerse por comparación de su estilo con las de Austria y Bohemia –cuyo momento de máximo esplendor está comprendido entre 1390 y 1430– y la que aportan las noticias que de ellas se conservan, ya que, al parecer, su colocación en la capilla debió de hacerse antes de 1415 en que Sancho de Rojas pasó a la sede de Toledo, pero después de 1406, puesto que fue el rey Juan II el que donó la imagen a petición del obispo.
Cuantos han estudiado esta imagen están de acuerdo también en señalar la semejanza con otra que se encuentra en la capilla de la Piedad de la catedral de Toledo, fundada por el tesorero, canónigo y obrero mayor de la catedral, Alfonso Martínez, que murió en 1456.

PIEDAD DE LA IGLESIA PARROQUIAL DE VILLANUEVA DE DUERO
La Piedad (75,5 x 67 x 34 cms.) de Villanueva de Duero se encuentra ubicada en el retablo colateral de la Epístola. Era la titular de la Cartuja de Aniago, de donde pasó a la iglesia de Villanueva a consecuencia de la Desamortización. La historia de la imagen está relacionada con la del Convento. Se sabe que el lugar de Aniago perteneció a principios del siglo XV a Valladolid y que don Juan de Cepeda, obispo de Segovia y Chanciller Mayor de la reina doña Catalina, madre y tutora de Juan II, deseando implantar allí el oficio gótico, que ahora llaman mozárabe, lo compró en 1409. Comenzó este Obispo a levantar la iglesia, de la cual no dejó acabada más que la capilla mayor, y en ella hizo un altar de madera donde puso la imagen de Nuestra Señora, “que es la Quinta Angustia”, imagen de grandísima devoción regalada por el rey de Aragón don Fernando de Antequera al referido obispo Vázquez de Cepeda para el monasterio-hospital que había fundado en el lugar de Aniago, convertido tras su muerte en cartuja. Las obras de la iglesia y claustro se comenzaron en 1425 y pocos años más tarde, con la protección real quedó totalmente terminada la iglesia.
La imagen, realiza en arenisca policromada, es un poco más pequeña que la del Museo de Escultura y sus características se acomodan también a las llamadas “bellas piedades” austro-bohemias. Sin embargo, como observa Matthias Weniger, sus características no encajan por completo con lo que se conoce con la producción centroeuropea, si bien la Piedad de Villanueva es la más cercana a los citados modelos.
 
Coincide con la del Museo Nacional de Escultura, en la posición de la mano derecha sobre el antebrazo de Cristo, pero desde el punto de vista del estilo ambas imágenes son diferentes, pudiendo establecerse entre ellas disparidades semejantes a las que se aprecian entre las esculturas que se localizan actualmente en Alemania, Austria o la República Checa. La cronología que sugieren las fechas de la compra de terrenos y del reinado de Fernando de Aragón para la Piedad de Villanueva de Duero, viene a coincidir con la aportada por las noticias del convento de San Benito. Gracias a una reciente restauración se puede apreciar en toda su calidad la policromía original, incluidas las gruesas gotas de sangre caídas sobre la cabeza y los hombros de la Virgen. Se enlaza así con la devoción por la sangre de Cristo, símbolo de la redención del hombre, que adquirió gran difusión a partir del siglo XIV.
 
BIBLIOGRAFÍA
  • ARA GIL, Clementina Julia: Escultura gótica en Valladolid y su provincia, Institución Cultural Simancas, Valladolid, 1977.
  • HERNÁNDEZ REDONDO, José Ignacio: “Piedad”. En VV.AA.: Las Edades del Hombre. Passio, Fundación Las Edades del Hombre, Valladolid, 2011, p. 254.
  • WEB DEL MNE: museoescultura.mcu.es

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