sábado, 19 de diciembre de 2015

LA ARQUITECTURA RACIONALISTA EN VALLADOLID


Hoy vamos a tratar un tema muy interesante, y a la vez poco conocido. Se trata de la arquitectura racionalista de Valladolid. Nuestra ciudad actualmente es un aborto arquitectónico debido a los desmanes que se dieron desde la época franquista hasta la actualidad (no hace falta recordar esos engendros levantados frente a la iglesia de las Angustias, en la plaza de Portugalete, a la mitad de la calle Regalado, etc…), momentos en los cuales se eliminaron edificios históricos (iglesia de San Antón o San Ignacio de Loyola, palacios, conventos, mercados, etc…) y otros que sin serlo también eran bastante bellos (Casa del Barco…). Debido a esto, quizás, los vallisoletanos no nos fijamos demasiado en los hermosos edificios contemporáneos que poseemos, porque haberlos los hay. Un buen grupo de estos edificios pertenecen a la arquitectura racionalista, desarrollada durante el primer tercio del siglo XX. Esta tipología busca la sencillez y pureza de líneas, pero esto no quiere decir que no sean bellos, para nada. Sencillez y belleza van muchas veces unidos, no tenemos más que recordar algunos edificios neoclásicos. El texto que explicará esta corriente arquitectónica procede de la indispensable Enciclopedia de Historia del Arte “Summa Artis”.
Los arquitectos encargados de hacer evolucionar la arquitectura hacia los cauces racionalistas encontraron en Castilla el firme arraigo de una práctica profesional dominada por el eclecticismo fin de siglo, que en algunos casos se concretó en tendencias modernistas y cosmopolitas y en otros se vinculó con tradiciones locales muy firmes.
En el área de Valladolid, que actúo como centro de una arquitectura ecléctica consolidada en sus distintas variantes por nombres tan ilustres como Ortiz de Urbina, Agapito y Revilla, Teodosio Torres, Julio Saracíbar, Jerónimo Arroyo o Emilio Baeza, vinieron a producirse escasos ejemplos racionalistas dirigidos por arquitectos de valía. La figura de Flórez puede considerarse un vínculo eficaz entre las tradiciones locales ligadas al ladrillo y un camino racionalizador de tipologías y métodos. En este sentido, su ejemplo pudo ser seguido por algunos de los arquitectos más lúcidos, como se verá más adelante.
ISIDRO RODRÍGUEZ ZARRAZÚA. Fábrica de la "Electra Popular Vallisoletana"
A este respecto, la arquitectura industrial y la escolar, realizada por los arquitectos de las generaciones prerracionalistas, alcanzó un elevado grado de sensatez.
Entre las realizaciones industriales destaca la Fábrica de la “Electra Popular Vallisoletana”, en la calle Veinte de Febrero, de 1905, proyectada por el ingeniero Isidro Rodríguez Zarrazúa, inventor del carburador I.R.Z. Las pautas formales de este y otros edificios fabriles son semejantes y destacan en ellos, además del empleo masivo del ladrillo, las estructuras de hormigón o metálicas y un acusado sentido de la desornamentación.
Los arquitectos que siguen los caminos racionalistas están titulados entre 1906 (Cuadrillero) y 1922 (Candeira), con muy pocos representantes intermedios. A pesar de todo, la producción de estos autores resulta minoritaria al compararla con la que siguen desarrollando hasta los años treinta las generaciones anteriores. A los arquitectos locales se sumaron actuaciones puntuales de otros foráneos (Flórez, Fungairiño), en algún caso importantes. Mezclado con composiciones clasicistas, el lenguaje “Déco”, se introduce en algún caso de la mano de maestros de obras como Modesto Coloma, que realiza en 1925 un edificio con estas características en la calle Gamazo, 42, o en el caso del edificio para la Confederación Hidrográfica del Duero (Calle Muro, 5), proyectado en 1929, desde Valencia, por Alfonso Fungairiño y Nebot el mismo año de su titulación. Tampoco desde la arquitectura “de extrarradio” se observa un impulso significativo por la renovación. Lo que verdaderamente seguía contando con el favor del público, y de los arquitectos en general, es lo que hacía aún en 1929 Manuel Cuadrillero y Sáez (titulado en 1906) y autor en 1917 del ecléctico Banco Castellano en la calle Duque de la Victoria, o en la calle López Gómez con vuelta al Salvador; o el mismo Jacobo Romero Fernández (titulado en 1914) en el edificio de viviendas en la Plaza Mayor, 3 (esquina de la Plaza Mayor con Corrillo) en 1926. Del mismo autor, en 1932, es la Casa del Pueblo, en la calle Fray Luis de León, 9, en la que pueden observarse restos de una actitud ecléctica y decorativa.
ALFONSO FUNGAIRIÑO. Edificio de viviendas de la calle Gamazo nº 22
ALFONSO FUNGAIRIÑO Confederación Hidrográfica del Duero (calle Muro nº 5)
MANUEL CUADRILLERO. Banco Castellano (calle Duque de la Victoria)
MANUEL CUADRILLERO. Edificio de viviendas de la calle López Gómez, esquina calle Santuario
JACOBO ROMERO. Edificio de viviendas de la Plaza Mayor, esquina Plaza del Corrillo
En algunos autores, la inercia a mantenerse en arquitecturas ya superadas se continúa hasta bien entrada la década. Es el caso, por ejemplo, de Cuadrillero en el edificio de la calle Santiago con vuelta a Plaza Mayor, de 1934.
Sin embargo, en torno a 1932, ya en época republicana, comienza a difundirse un gusto “déco” que tiñe con sus detalles obras compuestas con mentalidad clasicista. Así, Jacobo Romero construye en la calle Muro, 3, un edificio en el que tanto los remates de sus cuerpos laterales como los dinteles de todos sus huecos y el tratamiento en bandas verticales de ladrillo y enfoscado, son una clara manifestación “1925”. En el Edificio de Viviendas en la calle Perú, 2 (esquina de las calles Perú y Rastro) de 1935, el arquitecto va decantándose por expresiones modernas. El ejemplo más decididamente racionalista de Romero es el Edificio de Viviendas en la calle Santiago 6 (calle Santiago con vuelta a Héroes de Alcántara); de 1934-1935, con un remate en el ático achaflanado muy cerrado en los frentes laterales, enmarcados por los balcones corridos de las plantas superior e inferior. La rotonda de la esquina acentúa su independencia de los laterales cortándose en ángulo recto con ellos.
MANUEL CUADRILLERO. Edificio de viviendas de la Plaza Mayor, esquina calle de Santiago
JACOBO ROMERO. Edificio de vivivendas de la calle Muro nº 3
JACOBO ROMERO. Edificio de viviendas esquina calles de Perú y Rastro
JACOBO ROMERO. Edificio de viviendas esquina calles Santiago y Héroes de Alcántara
Constantino Candeira proyectó en 1935 un interesante edificio para depósito y refino de aceite, con viviendas, en el actual paseo del Hospital Militar. Sus huecos sin inequívocamente racionalistas de corte expresionista, con referencias a la arquitectura naval, con terrazas planas, barandillas de tubo, ojos de buey, ventanales en bandas horizontales…
Ramón Pérez Lozana (nacido en 1890 en Oviedo, y titulado en Madrid en 1916), realizó, entre 1935-1936, el Edificio de Viviendas en la calle Santiago, 26, claramente ligado al racionalismo convencional. Esta casa adapta una solución típica de las propuestas modernas: la de volar sobre la planta baja en chaflán un cuerpo en cuarto de círculo que establece una continuidad entre ambas fachadas.
A Pérez Lozana se deben también otras arquitecturas que pueden inscribirse en esta línea. El edificio en la calle Doctrinos con vuelta a María de Molina, de 1936, y el Teatro Carrión, inaugurado en 1943.
RAMÓN PÉREZ LOZANA. Edificio de viviendas de la calle Santiago nº 26
Edificio de viviendas de la calle María de Molina, vuelta con calle Doctrinos
Teatro Carrión
El Fungairiño que vimos en 1929 como moderamente “déco”, en 1932 proyectó en la calle Santiago, 4, un edificio intencionadamente moderno, en el que el color de los elementos de fachadas desempeña un papel tan importante como los volúmenes de los balcones y miradores. La terraza plana en cubierta, entendida como superficie aprovechable, la distinción funcional de las piezas de habitación y su correspondiente expresión en fachada, apuntan a una reflexión novedosa en Valladolid, capaz de transformar tanto la estructura interior de las viviendas como sus fachadas. El uso de muros de carga dificultad su entendimiento en términos de fluidez espacial, si bien la planta resuelve la cuestión con gran eficacia.
ALFONSO FUNGAIRIÑO. Edificio de viviendas de la calle Santiago nº 4
Algunas de las piezas racionalistas vallisoletanas son de autor desconocido, como la de Panaderos, 68, de 1935, o la de Gamazo, 22, aunque quizás se pudieran atribuir a José María de la Vega Samper (nacido en 1900, y titulado en 1924 en la Escuela de Madrid), de quien se conoce el excelente edifico en la calle Capuchinos, 1, de 1939, en el que unas torres en el ático, con sus correspondientes ojos de buey, articulan el volumen. Los planos de las fachadas no se relacionan entre sí a través de su intersección, sino que acentúan la esquina como arista.
AUTOR DESCONOCIDO. Edificio de viviendas de la calle Panaderos nº 68
El último ejemplo, quizás el más definitivo, se debe a Jesús Carrasco Muñoz y Pérez Isla (nacido en Madrid en 1900, y titulado en Barcelona en 1930), que proyectó en 1937  los bloques de viviendas colectivas para la Obra del Hogar Nacional Sindicalista (O.H.N.S.) en los terrenos de San Isidro. El excepcional proyecto de ordenación se organizaba, según las experiencias europeas, en grandes bloques lineales cerrando un espacio interior penetrado por éstos. La realidad edificada simplificó posteriormente el conjunto, desvirtuando su intención primitiva. Igualmente los bloques proyectados en agosto de 1937 y marzo de 1938, que preveían servicios colectivos comunes, que no se construyeron, se vio modificada sustancialmente. El conjunto construido en Zamora por el mismo autor indica una búsqueda consciente, truncada lamentablemente.
JESÚS CARRASCO Y PÉREZ ISLA. Viviendas colectivas para la Obra del Hogar Nacional Sindicalista
En 1925, el Ayuntamiento de Valladolid convocó un concurso de proyectos para realizar un Nuevo Matadero para sustituir al realizado en 1877 por el arquitecto municipal Joaquín Ruiz Sierra. El ganador del concurso fue Alberto Colomina y Botí en contra de la opinión de algunos miembros del jurado, López Otero entre ellos, que defendían la opción racionalista presentada por Gaspar Blein. En 1931, el mismo Colomina retomó su proyecto inicial para adaptarse a las observaciones del jurado y a las nuevas corrientes estéticas. Un nuevo proyecto, firmado en 1932, ajustó definitivamente todos los requerimientos planteados, y pudieron terminarse las obras en 1936.
ALBERTO COLOMINA Y BOTÍ. Nuevo Matadero. Fotografía tomada de http://valladoliddailyphoto.blogspot.com.es
En 1934, otro concurso municipal dio lugar a la construcción de unas Piscinas públicas en Las Moreras, según proyecto de Emilio Paramés Gómez Barrio (titulado en Madrid en 1929). Las referencias formales a la piscina La Isla, de Gutiérrez Soto, son evidentes aunque su planteamiento abierto es, sustancialmente, distinto de aquélla. Su adscripción racionalista resulta vinculable a soluciones volumétricas muy próximas a la arquitectura holandesa de De Stijl.
En 1936, otro concurso municipal, cuando el Ayuntamiento tenía mayoría socialista, intentó acometer la construcción de viviendas económicas, siguiendo el ejemplo de Madrid y Bilbao. El proyecto ganador, del arquitecto José María Castell (titulado en Madrid en 1922), presentaba una interesante solución en bloque abierto lineal dispuesto en peine, heredero en diversos aspectos de la casa de las Flores, de Zuazo. No llegó a realizarse debido a los acontecimientos.
Donde la política municipal logró colaborar con la arquitectura racionalista de forma más eficaz fue en el campo de las construcciones escolares. Tras las “escuelas normales”, proyectadas en 1926 por Antonio Flórez, entre las calles Teresa Gil, López Gómez y José María Lacort, una pieza importante en la producción de este arquitecto, pero estilísticamente alejada de las corrientes innovadoras, la vanguardia se abrió paso en el Colegio de San Fernando. Las escuelas de Flórez se emparentan con otras escuelas proyectadas por Agapito y Revilla (Colegio Macías Picavea), de éste con Baeza (Instituto Zorrilla) y de Joaquín Muro (Escuelas Isabel la Católica y Ponce de León).
En 1928, Joaquín Muro Antón (nacido en 1892, y titulado en Madrid en 1916), proyectó las Escuelas graduadas en la calle del Padre Claret (antigua de Fructuoso García), hoy conocido Colegio público San Fernando. El solar, de esquina, tiene una extraña y complicada forma, que aprovecha el arquitecto para, adosándose a la fachada, liberar al interior un espacio abierto.
JOAQUÍN MURO. Colegio público San Fernando
El esquema de su planta resulta así básicamente una L, uno de cuyos extremos se dobla en la esquina de la calle con dos rotondas, una interior y otra exterior, y se prolonga hasta el límite del solar. El lado menor de la L no se adosa a la medianería y recoge, en cambio, en su encuentro interior con el brazo largo, una rotonda a juego con la del eje de la esquina. El edificio, de dos plantas, contiene todos los síntomas del racionalismo desarrollado por Giner y su grupo en Madrid junto con alguna herencia de los elementos de Flórez o del mismo Muro en Valladolid.
El tratamiento en bandas del aparejo de ladrillo, reforzando los huecos y subrayando los petos, juega con las barandillas y los vuelos de los alteros que confieren al conjunto un aire expresionista y horizontal.

BIBLIOGRAFÍA
  • BALDELLOU, Miguel Ángel: Summa Artis. Tomo XL. Arquitectura española del siglo XX, Espasa-Calpe, Madrid, 1996.
  • VIRGILI BLANQUET, María Antonia: Desarrollo urbanístico y arquitectónico de Valladolid (1851-1936), Ayuntamiento de Valladolid, Valladolid, 1979.
  • ARNUNCIO PASTOR, Juan Carlos (dir.): Guía de arquitectura de Valladolid, IV Centenario Ciudad de Valladolid, Valladolid, 1996.

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