lunes, 21 de mayo de 2012

LA DESAPARECIDA IGLESIA DE LA SAGRADA FAMILIA

En 1898 llegaba a los oídos de García Crespo (tampoco habría que desechar la idea de que éste pudiera haber propuesto tal iniciativa a los futuros benefactores), párroco de San Ildefonso que desde hacía unos años buscaba unos terrenos para levantar una iglesia que ayudase a su parroquia en el cumplimiento de sus “deberes religiosos y (…) la administración de los Sacramentos a los enfermos”, la intención de un conocido industrial de la ciudad, don Pedro Pardo Urquiza, y su mujer, doña Ángela San José Goicoechea, de costear la construcción de una iglesia.
En agosto de 1898 se solicitaba la licencia de obras para levantar la nueva iglesia en los solares existentes entre los antiguos números 42 y 44 del Paseo de Zorrilla y su Fielato. El arquitecto elegido para llevar a cabo los planos fue Jerónimo Ortiz de Urbina, al cual auxilió su hijo Antonio en las labores de maestro de obras.


La primera piedra se colocaba el 1 de marzo de 1899. Asimismo, la conclusión de las obras llegó siete meses más tarde. El 15 de octubre se inauguraba y bendecía la iglesia, celebrándose “un suntuoso novenario a la Sagrada Familia” (a quien estaba dedicado el templo), según palabras de González García-Valladolid. Asimismo según dicho cronista la iglesia constituía "una linda y severa iglesia de orden románico en su época de los siglos VIII al XII; mide una superficie de trescientos quince metros cuadrados, con inclusión de la sacristía, teniendo veinte metros de longitud por quince metros con treinta centímetros de latitud y diez y nueve metros de altura hasta la cornisa. Su arco de entrada es elegante y esbelto, coronando la fachada un campanario de buenas proporciones y agradable conjunto".

Jerónimo Ortiz de Urbina había proyectado una iglesia de cruz latina de unos 20 metros de largo, ocupando su única nave 13,50 metros de largo y 8 de ancho, el crucero 7 metros de largo y 2,80 de ancho y el ábside, semicircular, un radio de 3 metros. En cuanto a la altura del edificio se pensó en dar 10 metros por el exterior. La superficie total sería de unos 300 metros cuadrados, además de los casi 35 de que constaría la sacristía. Aun así, cabe la posibilidad de que todo este juego de dimensiones variara con el transcurso de la obra.


Es interesante ver el estilo elegido para su construcción. En un tiempo donde se tendía, sobre todo en las localidades importantes, por la forma de hacer gótica para la construcción de una iglesia, el estilo base elegido para levantar el edificio fue en esta ocasión el Románico, no ajeno, en cualquier caso, a la elección ecléctica de la arquitectura para esta misma tipología. La concepción neorrománica del templo se evocaba a través de determinados elementos arquitectónicos vinculados, “históricamente”, a la arquitectura románica, caso de la bóveda de cañón (al menos en los planos), los vanos, todos ellos de medio punto, y la ventana doble (ajimezada) que sobre la puerta de acceso acabó por convertirse en una tripartida. Gracias a la simetría y al reiterado uso de vanos conformados por arcos de medio punto, remarcados con piedra sillar y decorados con un bocel, la fachada adquiría, también, un cierto aspecto que podría evocar a las construcciones románicas. Esto mismo es lo que Francisco de Cubas había hecho años antes en la iglesia de la Virgen de las Victorias de Madrid. Pese a que las imágenes que poseemos del interior no permiten confirmarlo, el crucero pudo cubrirse con una bóveda de arista, mientras que para la capilla mayor se prefirió una bóveda que fingía la apertura de lunetos.

El nuevo templo fue levantado con fábrica de mampostería concertada intercalando parte de fábrica de ladrillo. Como curiosidad, la labra de la piedra, en algunas zonas del exterior del templo, al menos en la fachada, siguió una forma hexagonal que, combinada y alternada con la rectangular, creaba un juego visual geométrico y variado. Efecto que se intensificaba, aún más, gracias al abundante uso del mortero y a las dos clases de piedra utilizadas. Estas últimas ofrecían dos variantes cromáticas que hacían destacar las cadenas de aristones, evocando, ligeramente, la arquitectura francesa del segundo imperio, y los cercos de los vanos del resto de la fábrica. Así, Jerónimo Ortiz de Urbina habría jugado también con el contraste colorista de los materiales. En la fachada destacaba la parte central, más ancha y alta que las laterales, y que avanzaba, ligeramente, sobre estas últimas. En ella se encontraba la entrada al templo, constituida por un arco de medio punto, moldurado y de considerables dimensiones (según el proyecto se pensó ornamentarlo con dientes de sierra), soportado por dos columnas cuyos capiteles se decoraban con gruesas hojas de acanto. La iluminación de la nave se conseguía a través de grandes ventanas dispuestas en los costados de la nave, entre los contrafuertes, además de las localizadas en la fachada y que subrayaban, exteriormente, ese aspecto “neorrománico”. Los únicos vanos que no guardarían fidelidad al arco de medio punto serían los dispuestos en los laterales del crucero, donde se dispusieron sendos óculos. Las obras no terminaron en la erección del cuerpo de iglesia, sino que también se levantó, lógicamente, una sacristía, en el lado de la Epístola y a la altura del ábside. A su vez, esta construcción comunicaría con la casa del capellán y la del sacristán, proyectada ya en 1903.


Con el transcurso de los años, la iglesia apenas sufrió modificaciones. En 1906, Pedro Pardo Urquiza hizo colocar una cancela de hierro, adosada a la fachada, con el objeto de “defender la puerta de madera de entrada a la iglesia y evitar que los chicos jueguen en el espacio que queda desde la línea exterior de fachada hasta la puerta”. Sin embargo, no fue hasta 1937 cuando la fachada principal se cerrara por completo gracias a una verja decorativa. En cuanto al interior, en 1931, la Junta directiva de la “Pía Unión” de San Antonio de Padua, presidida por doña Ángela San José Goicoechea, solicitó la edificación de una capilla dedicada al santo, coincidiendo así con el séptimo centenario de su muerte. Ésta, adosada a la iglesia, en el último tramo de la nave y apoyándose en el crucero, debía abrirse al interior por medio de un gran arco de medio punto. Sin embargo, la falta de datos impide constatar la construcción final.
Con el paulatino crecimiento urbanístico del Paseo de Zorrilla su estilo neorrománico había quedado descontextualizado –la iglesia se situó entre edificios que la superaban en altura, donde hoy se levanta el actual número 74 del Paseo de Zorrilla, esquina calle Tres Amigos–. A finales de la década de los sesenta, la comunidad franciscana, propietaria de la iglesia, negoció con diversas sociedades constructoras para la venta definitiva del solar. Ésta, cerrada al público ya desde el 11 de octubre de 1967, sería vendida a un particular, que trasladó su fachada, piedra a piedra, a una finca particular, hoy de nombre “Los Álamos”, en las afueras de Valladolid, inmediata al Camino Viejo de Simancas. Bendecida el 21 de agosto de 1971, hoy día todavía al menos esta parte del edifico se conserva, adosada a un cuerpo de iglesia, en inmejorables condiciones de conservación. Aunque solamente la fachada fue llevada a esta finca, desde un principio se pensó en mantener, lo máximo posible, la imagen arquitectónica de la iglesia. De ahí la creación de una sola nave de tres tramos y la colocación de grandes ventanales entre contrafuertes.

El amueblamiento del interior lo formaban el retablo principal, un púlpito, también románicos, y dos altares colaterales y dos confesionarios góticos, todo de madera tallada y pintada.
En el altar mayor figuraban las imágenes en talla de la Sagrada Familia, del Ángel de la Guarda y de San Pedro Nolasco, la primera como titular de la iglesia, y las segundas como patronos de los fundadores; y además los Sagrados corazones de Jesús y de María, pintados al óleo sobre tabla e imitando las pinturas de la época y del estilo a que corresponde la iglesia: en los colaterales las estatuas de San Ramón Nonnato, en el del Evangelio, y Nuestra Señora del Carmen en el de la Epístola: todas estas imágenes son esculturas modernas sobresaliendo entre ellas el Niño Jesús del grupo de la Sagrada Familia, San Pedro Nolasco, la Virgen del Carmen, que es preciosísima, y San Ramón.

El retablo principal, los colaterales, los confesionarios y el púlpito, son obra del inteligente tallista Don Ignacio Robledo; los Sagrados Corazones, del laureado pintor Gabriel Osmundo Gómez, ambos señores vecinos de Valladolid; las esculturas proceden de los renombrados talleres de Don Pedro Martí, de Barcelona.
Frente al altar del lado de la epístola se hallaba colocada una gran lápida conmemorativa, de mármol blanco, con la inscripción siguiente labrada en letras doradas: “En el año del Señor de mil ochocientos noventa y nueve, rigiendo la Iglesia Universal el Sumo Pontífice León XIII, mandaron construir este Santo Templo Don Pedro Pardo Urquiza y su mujer Doña Ángela San José Goicoechea, vecinos de Valladolid. Le pusieron bajo la advocación de la Sagrada Familia y le dotaron de todo cuanto en absoluto necesitó para el culto divino y un Santo servicio. Se suplica una oración por los fundadores”.

TODAS LAS FOTOS HAN SIDO OBTENIDAS DEL CD DE: DOMÍNGUEZ BURRIEZA, Francisco Javier: El Valladolid de los Ortiz de Urbina: arquitectura y urbanismo en Valladolidd (1852-1936), Ayuntamiento de Valladolid, Valladolid, 2010

BIBLIOGRAFÍA
  • DOMÍNGUEZ BURRIEZA, Francisco Javier: El Valladolid de los Ortiz de Urbina: arquitectura y urbanismo en Valladolidd (1852-1936), Ayuntamiento de Valladolid, Valladolid, 2010
  • GONZÁLEZ GARCÍA VALLADOLID, Casimiro: Valladolid, recuerdos y grandezas. Tomo 1, (1900-1902), Grupo Pinciano, Valladolid, 1980

3 comentarios:

  1. Y ¿que fué de esta iglesia?. Yo vi como la desmontaron piedra a piedra alla por los 60

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  2. Si alguien lo sabe, la respuesta será bienvenida a: troncova@hotmail.com

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  3. Efectivamente la Iglesia fue desmontada y trasladada su fachada para posteriormente reconstruirla en la finca de los Alamos propiedad de la familia Adulce,cerca del PRAE

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