jueves, 17 de mayo de 2012

Una escultura de Giambologna en el Palacio de la Ribera: "SANSÓN Y EL FILISTEO"

Hoy vamos a hablar de una escultura que si bien en la actualidad no se encuentra en Valladolid, y tampoco fue esculpida para ser contemplada en la ciudad del Pisuerga, estuvo durante algunos años situado en uno de los lugares más importantes de su época: el Palacio de la Ribera. En dicho palacio se conservó durante unos años el grueso de la colección del Museo del Prado, también fue el lugar en donde algunos de los más grandes maestros de la época pintaron. Pero hoy no es el día de hablar de este magnífico palacio, del que por suerte o por desgracia aún subsiste una mínima parte. ¿Por qué hemos consentido y seguimos consintiendo que nuestro patrimonio desaparezca? Si no cuidamos lo nuestro, nadie lo hará.
Ubicación del Palacio de la Ribera según el plano de Ventura Seco
 ¿DE DÓNDE PROCEDÍA?
Vasari, Milanesi, Borghini y Baldinucci recogen en sus textos referencias al grupo de “Sansón matando a un filisteo”, que fue hecho poco antes de 1570 para el Gran Duque Francesco, quien lo mandó emplazar en la Fontana del Cortile, en su Casino de Florencia. Baldinucci declara que en 1607 esta estatua, en unión de otra que representaba a “Sansón y el león” (en la actualidad se encuentra en el Instituto de Arte de Chicago), esculpida por Cristóforo Stati, fue regalada al Duque de Lerma, quien la mandó conducir a Valladolid. Se la destinó a los jardines del Palacio de la Ribera. Este había sido vendido por el Duque al Rey de España y sin duda lo fue también la estatua, de la cual hay otra referencia de que llegó en 1604. Ocupó sitio preferente: el centro de los jardines, señal de que se rendía reconocimiento a su gran valor.
El grupo es enteramente del gusto de Juan de Bolonia. Son dos figuras en actitud dinámica, de lucha. Técnicamente es irreprochable, por la habilidad que demuestra el haber sabido sacar todo el conjunto de un mismo bloque de mármol. Domina la línea abierta, usual en Bolonia, precursora del barroco; incluo hay un ligero movimiento giratorio. Sin embargo, Bolonia, siempre fiel al manierismo, deja la pasión sujeta, de forma que todo ello viene a ser un bello, un armonioso despliegue o exhibición de líneas; la acción queda encerrada en el grupo, sin rebasar los contornos.
En realidad la estatua no fue regalada al Duque de Lerma, sino que éste tuvo que desembolsar 5.712 maravedíes para "para vna fuente de mármol desde la casa del embaxador de Florencia a la huerta de la Rivera, y cargarla y descargarla".
Retrato de Giambologna. Hendrick Goltzius
Las tres fotos han sido obtenidas de http://chicago-architecture-jyoti.blogspot.com.es/2010/02/aic-samson-and-lion.html
SANSÓN Y EL FILISTEO EN EL PALACIO DE LA RIBERA
Pinheiro da Veiga, que tanto ha ayudado a conocer el Valladolid cortesano de Felipe III en su Fastiginia, tuvo ocasión de ver la Huerta, sus jardines, y por supuesto el conjunto escultor, todo lo cual describe así:
"En esta huerta hay campo para todo género de caza, y frente al palacio viejo unas casas, galerías y jardín y las calles con celosías de madera pintada sobre el río, con lo que queda pareciend painel de Flandes, principalmente con una barandilla que cae sobre ella, que tiene muy bien una carrera de caballo.
Está el jardín repartido en cuatro cuadros, con cuatro fuentes de invenciones, y en el medio una de alabastro que al duque mandó el duque de Florencia, que tiene las figuras de Caín y Abel, cosa tan perfecta que, como si fuera de Mirón o Policleto, la hallo digna de mandarse de Italia a España.
Está el jardín acompañado de casas, galerías, barandas, que vienen al río de un lado a otro, con lo que queda más hermoso y apacible; tiene casas de pajarillos con árboles en que se crían, y otras curiosidades. Las casas, así las altas como las bajas, están todas llenas de las más hermosas pinturas que hay en España, y muchas de ellas originales de Urbino, Miguel Ángel, Ticiano, Leonardo, Mantegna y otros más modernos, que fueron los Apeles, Timates, Zeuxis, Parrasios, Protógenes y Apolodoros de nuestros tiempos".
La fuente de "Caín y Abel" o de "Sansón matando a un filisteo" a la que se refiere Pinheiro no es otra que la escultura conservada en el Victoria and Albert Museum de Londres, obra de Juan de Bolonia. Su dibujo original se conserva en la galería de los Uffizi de Florencia, pudiéndose contemplar en él la obra en su conjunto, ya que posteriormente el remate escultórico y la base seguirían caminos diferentes. Es más, parece que a España nunca llegó la obra completa, pues los cuatro monos de bronce que se distinguen en la taza del citado dibujo habrían sido separados en las últimas décadas del siglo XVI, siendo identificados dos de ellos hace unos años en una subasta inglesa por C. P. Wilson.
Dibujo de la fuente de Sansón y el Filisteo (Galeria degli Uffizi. Florencia). La fuente llegó a Valladolid sin los monos de la base
¿A DÓNDE MARCHÓ?
En 1623 el grupo fue regalado al príncipe de Gales -que tomó también un cuadro de Pablo Veronés representando Un niño huyendo de un perro-, desdeñando éste llevarse el resto a causa de su mal estado. El Príncipe había venido a España con objeto de concertar su matrimonio con la Infanta española Doña María, aunque finalmente las negociaciones fracasaron. Ello no fue óbice para que fuera galantemente obsequiado en los diversos lugares por donde pasó a su retorno. De regreso a su patria llegó a Valladolid el 16 de septiembre, aquí se organizó la comitiva presidida por una Junta con autoridad real para tomar las providencias para el viaje de regreso a su país. Formaban esta Junta el Cardenal Zapata, el Marqués de Aytona, el Conde de Monterrey y el Conde de Gondomar, los cuales con gran frecuencia participaban al Rey el desarrollo de las jornadas.
En un escrito fechado en Dueñas el 17 de septiembre de 1623 se relata lo sucedido desde Olmedo hasta aquella población, comprendiendo el paso y estancia en Valladolid. Salidos muy de mañana desde Olmedo, el sábado 16, comieron en Puente Duero, de donde el Príncipe partió a poco más de las doce, haciendo su entrada en la ciudad castellana rodeado de los miembros de la Junta antes citados, del Duque de Buckingham y del embajador inglés en España que también formaba parte del séquito.
Después de apeado en Palacio vino el Presidente con el Acuerdo a visitarle que pareció a la Junta era justo se hiziese ahí pues assi hizieron lo mismo todos los Tribunales en forma de Consejos. Después de la Chançillería vino el Corregidor y regidores en forma de Ciudad a darle la bienvenida recivolos a todos con mucho agrado y en acabándose estas dos visitas se fue a ver la huerta de Su Magestad acompañándole el Conde de Monterrey, el Duque Boquingan y su Embaxador ordinario y el Conde de Barajas y don Rodrigo Enríquez.
Vio todo lo que avia que ver en ella y contentole tanto la statua de Cayn y Abel que estava en la fuente grande y una pintura de Paulo Veronese, que dio a entender gustaría de llevarlas, y la Junta dio orden al Veedor de las Obras que se las diese juzgando que Vuestra Magestad lo tendrá por bien y que no se podía escusar aviendolas pedido y dexó un criado allí para solo recibirlas”.
Terminada la excursión volvió antes de anochecer a Palacio donde recibió la visita del Marqués de los Vélez con mucho acompañamiento. Después de cenar fue agasajado con unos fuegos artificiales preparados en la propia plaza de Palacio, hoy de San Pablo, retirándose seguidamente a descansar. Al día siguiente se reanudó la marcha de madrugada para llegar a comer a Dueñas, desde donde se dirigió el Rey al escrito antes mencionado.
Las vicisitudes de la estatua en Inglaterra fueron reveladas por el Museo Victoria y Alberto. El Príncipe de Gales regaló en 1624 la estatua al Duque de Buckingham, quien le había acompañado durante su viaje por España. Podríamos colegir de este hecho, que fue Buckingham en realidad quien se entusiasmara de la estatua, valiéndose de su gran señor para conseguirla. Al salir de España la obra llevaba el título de “Caín y Abel”, y de este modo fue conocida largo tiempo en Inglaterra. El grupo permaneció en el jardín de York House, pero en la primera década del siglo XVIII fue trasladado a Buckingham House. Este edificio fue luego adquirido por Jorge III, incluyendo la estatua. Posteriormente, el Rey hizo donación de la estatua a Thomas Worsley, Superintendente General de las Obras de Su Majestad, quien la hizo trasladar a Hovingham. Y aquí permaneció hasta que fue adquirida en 1953 por el Museo Victoria y Alberto.
 VICISITUDES DE LA FUENTE TRAS LA MARCHA DE “SANSÓN Y EL FILISTEO”
Tras su salida, el 23 de septiembre de ese mismo año Jerónimo de Angulo solicitó licencia para adquirir una nueva figura que coronase la taza. Casi un mes después, el 28 de octubre, el propio Angulo envió a la Junta de Obras y Bosques dos proyectos de esculturas para la misma, "el uno de bronce dorado; el otro de piedra de Nabares finxido de jaspeados al olio, quel de piedra costará asta tres mill reales poco menos; el de bronçe costará quinientos ducados". Pedía que se hiciesen llegar al arquitecto real, Juan Gómez de Mora, para que los valorase y decidiese, y recordaba igualmente, no sin cierto pesar, cómo las figuras que se llevó el príncipe de Gales "valían... mucho y eran de grande estimaçión; por lo menos no ay ahora en España quien las pueda hazer, aunque ay en este lugar un escultor exçelente artífice de los buenos que ay en España y Ytalia, que hiço el modelo de las dhas figuras, a dho que no se atreberá açerlas tan buenas con muchos quilates; Diçe que se las ubiera de hazer abía de menester tres años de tiempo, valían las figuras por lo menos veynte mill ducados". Se ha pensado que este "escultor excelente" era Gregorio Fernández, cosa que no se puede asegurar, aunque se sabe que alguna vez participó en alguna obra de los palacios reales vallisoletanos.
Tres décadas después, el 19 de noviembre de 1653, se ordenó la entrega de la taza y pilar para instalarlos en El Pardo. La orden real se comunicó el 22 de noviembre, pero el 27 del mes siguiente el maestro de obras Nicolás Bueno, Juan de Répide, Bartolomé de Castrillo y el fontanero Bartolomé Benítez, emitieron un informe desfavorable respecto a la idea de entregar "la fuente en que estaba Cayn y Abel que está puesta en medio del xardín principal de la Rivera que es pedestal, taça y bassa". Informaron entonces de que cincuenta años atrás se había traído la fuente de Florencia, asentándose ya quebrada. Por esta razón, el príncipe de Gales sólo se llevó las figuras, pues la taza estaba quebrada por veinte partes, aderezada con clavijas, grapas de hierro y betún. Los oficiales, pues, no creían conveniente el traslado, aunque no se oponían a ello si se mantenía la orden, advirtiendo del coste de su andamiaje y empaquetado. Sin embargo, la Junta de Obras y Bosques estaba decidida a dotar de una nueva utilizada a una obra que, en estos momentos, prestaba servicio a un jardín que había perdido ya buena parte del interés que tuviera para los monarcas. Así pues, en 1653 la taza abandonó también la Ribera vallisoletana, sirviendo hoy de pie a la fuente de Baco de Joghenlink, en el Jardín de la Isla de Aranjuez, tal y como puede verse en los grabados de Louis Meusnier y Álvarez Colmenar.
Dibujos y fotografía de la Fuente de Baco, con la taza que corresponió a la Fuente del Palacio de la Ribera
Al año siguiente, en 1654, el sobrestante Santiago Vaca remitiría a sus superiores un dibujo, conservado en el Archivo General de Simancas, de la nueva taza que sustituyó a la florentina. Se trata de un "modelo de taça que se ha hecho y puesto en lugar de la que Su Magestad mandó traer de la guerta de la Rivera", es decir, una obra que fue ejecutada. Constaba de tres cuerpos. El bajo estaba formado por un estanque hexagonal y un pedestal ornado en sus caras con leones sentados de frente y teniendo escudos cuartelados con las armas de León y Castilla. Por encima se disponía una taza circular con diversos cañas, y de su centro emergía la continuación del pedestal estriado, con más surtidores, el cual sostenía una estatua femenina. Esta última, vestida con atuendo clásico, bastón y una media luna a los pies, quizás pudiera identificarse con Diana. De ser así, se estaría estableciendo una referencia simbólica al agua –alusiva a la fuente y al baño de la diosa– y a la caza, tan acorde con el sitio vallisoletano, que contaba con un parque cinegético; la media luna sobre su cabeza, con la que se la representó en ocasiones, aparecería aquí a los pies. Nada se conoce sobre el destino de esta fuente, aunque algunos de sus restos pudieran identificarse con los recibidos en mayo de 1819 por la Sociedad Económica para hacer una nueva en Campo Grande.
Dibujo de nueva fuente para el jardín del Palacio de la Ribera (1654)

BIBLIOGRAFÍA
  • MARTÍN GONZÁLEZ, J.J.: "Una estatua del Palacio de la Ribera, en Londres", B.S.A.A., tomo XX (1960), pp. 196-198
  • ARRIBAS ARRANZ, Filemón: "Obras de arte del palacio de la Huerta del Rey de Valladolid", B.S.A.A., tomo XII (1945-1946), pp. 159-161
  • PÉREZ GIL, Javier: El palacio de la Ribera: recreo y boato en el Valladolid cortesano, Ayuntamiento de Valladolid, Valladolid, 2002
  • VV.AA.; Gregorio Fernández y la Semana Santa de Valladolid, Ministerio de Cultura, Madrid, 1986

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