viernes, 31 de enero de 2014

EL RETABLO MAYOR DE LA IGLESIA PARROQUIAL DE LA ASUNCIÓN DE VILLABÁÑEZ


Cerca de Valladolid capital se encuentra un pueblo encantador: Villabáñez. Dentro de su iglesia podemos admirar muchísimas obras de arte que merecen la pena, y cuando digo muchísimas son muchísimas. Y es más, tienen un carácter muy variado: retablos, esculturas, pinturas, e incluso el propio edificio. Por destacar algunas obras, aunque no es el tema de hoy, veremos: conserva una escultura de San Miguel, obra de José de Rozas, uno de los escultores vallisoletanos más importantes de hacia el año 1700; cuatro tablas, procedentes seguramente de un retablo descabalado, atribuidas al gran pintor vallisoletano del siglo XVI Antonio Vázquez; un retablo neoclásico con varias esculturas de santos mercedarios que en origen provendría del Monasterio de la Merced de Valladolid… El pueblo también posee un pequeño humilladero que custodia un importante Crucifijo atribuido a Francisco de la Maza, escultor que se encargó de la construcción del retablo mayor de la iglesia.

Pórtico de acceso a la iglesia
Interior de la iglesia
JOSÉ DE ROZAS. San Miguel
ANTONIO VÁZQUEZ (Atrib.). La Piedad
ANTONIO VÁZQUEZ (Atrib.). San Sebastián
ANTONIO VÁZQUEZ (Atrib.). Santo Obispo
ANTONIO VÁZQUEZ (Atrib.). El Santo Entierro
Retablo procedente del vallisoletano Convento de la Merced. La escultura principal está atribuida a Felipe de Espinabete
Sotocoro
Humilladero
FRANCISCO DE LA MAZA (Atrib.). Crucifijo
El retablo mayor de la iglesia parroquial de la Asunción se organiza en banco, dos cuerpos, tres calles, ático y guardapolvo. Como suele suceder en muchas ocasiones, el retablo se adapta perfectamente a la forma poligonal de la cabecera, incurvándose ligeramente las calles laterales. Su autor, como acabamos de decir, fue el escultor Francisco de la Maza que se distinguió como alumno de Juan de Juni y, de hecho, así se advierte en las trazas y detalles de sus creaciones. Según Parrado del Olmo sus figuras destacan por ser regordetas y de anatomía blanda. La obra, contratada en marzo de 1571, se finalizó a lo largo del año 1572.
Resulta difícil definir el estilo del retablo. Si bien la disposición de los cuerpos es clasicista –incluso hay algún elemento decorativo herreriano como son las bolas de la azotea–,todavía mantiene reminiscencias platerescas en la ornamentación –que ya escasea– de los frisos, ático (“Putti” en las esquinas, virtudes que flanquean unos tondos pintados inscritos en tarjetas de cueros recostados) o en el incipiente guardapolvo que cierra este mueble litúrgico por ambos lados y que en su remate inferior está sostenido por dos ángeles en función de atlantes.

El retablo presenta columnas pareadas y estriadas en los extremos, de orden jónico en el primer cuerpo y corintio en el superior, mientras que una solitaria columna enmara y separa las composiciones de la calle central. Están adornadas en el tercio bajo con alegorías de las Virtudes y roleos vegetales entrelazados. Los frisos se exornan igualmente con motivos botánicos y angelitos.
El banco está ocupado por una serie de relieves que representan al Colegio Apostólico, todos ellos distribuidos por parejas que habitan los plintos de las esquinas –los cuales sirven de base a los órdenes de los cuerpos– y de cuatro en cuatro en los repartimientos. Cada apóstol porta su atributo característico, como es el caso. En cambio, en los basamentos que flanquean la custodia se representa a dos santas, Santa Catalina y Santa Lucía, esta última con los ojos en un recipiente, según es costumbre en su labra.

En el primer cuerpo nos encontramos con tres grandes relieves, uno en cada calle. En el lado del Evangelio la Anunciación; en el de la Epístola el Nacimiento de Jesús, y en la calle central la Asunción. En el relieve de la Anunciación, el Arcángel San Gabriel permanece flotante sobre el espacio en el momento de comunicar la buena nueva y muestra su dedo índice apuntando hacia Dios Padre, que presencia el acontecimiento desde las alturas al ser quien le envió. No falta tampoco el típico jarrón de azucenas que simboliza la pureza de María, que recibe el anuncio en su alcoba, como delata el dosel de la cama.

En el lado opuesto se encuentra el relieve del Nacimiento de Jesús descrita también a la manera habitual. El recién nacido preside la escena en el centro de la misma, rodeado de la Virgen con las manos adorantes y San José. Al fondo se divisan dos pastores, y pintados sobre la tabla encontramos otros dos pastores. En la parte superior derecha un ángel presencia la escena. A su lado un tejadizo nos indica que el acontecimiento tiene lugar en un establo.

La calle central está presidida por una refinada Asunción de acento muy juniano a la que circundan varios ángeles que la ayudan a ascender. Las facciones de la Virgen son muy similares a las que empleaba Juan de Juni en su imaginería, extremo que no puede extrañarnos en Francisco de la Maza, autor de la obra, pues fue discípulo de aquél. Es una pieza de tamaño casi natural y de bulto redondo.

El segundo piso se distribuye de una forma similar al del primero. En este caso los protagonistas son los relieves del Camino del Calvario (Evangelio) y la Flagelación (Epístola), y un Calvario en bulto redondo.
El relieve del Camino del Calvario está muy relacionado con su homónimo del retablo mayor de la iglesia de Santa María de Torrelobatón, si bien en este de Villabáñez hay menos tallas, pero sí aparece la Verónica dispuesta a enjugar con su tela el rostro ensangrentado de Jesús. No falta tampoco el Cirineo ayudando a Jesús a transportar la cruz asiéndola del madero vertical. Un sayón le lleva atado del cuello con una cuerda de la que tira toscamente para obligarle a caminar y un segundo jalea el paso de la comitiva tañendo un cuerno.

En la tabla del lado de la Epístola asistimos a la Flagelación del Señor a manos de dos feos esbirros que golpean a un Jesucristo amarrado a la columna en el palacio de Poncio Pilato, que aparece dibujado en un fondo de pintura en la que se advierte la presencia de un notable que observa el castigo y que hemos de suponer que sea el Prefecto romano. De acuerdo con los cánones del arte gótico y renaciente, la columna cruz de arriba abajo el compartimento y lo secciona en dos, siendo más alta que el propio Jesús. No será hasta el Barroco cuando la columna sea más baja que la estatura del Redentor. Se emplea por parte del artista el recurso de la caricaturización de los lacayos (igualmente que en el retablo de Torrelobatón), tan común en estas realizaciones del siglo XVI, que viene a acentuar el contraste entre la inocencia del Señor y la brutalidad de sus torturadores, y que era una forma de aleccionar a los cristianos, la mayoría analfabetos en aquélla época.

La hornacina central de este segundo piso se reserva para el Calvario, en el que destaca el prodigioso modelado anatómico del Crucificado, brazos ligeramente arqueados y grueso perizonium. Le flanquean la Virgen y San Juan, y justo debajo de los pies de Cristo, como sujetando la cruz, la Magdalena pone el punto dramático a la escena. Azcárate apostilla que se trata de un episodio directamente inspirado en Juan de Juni. Este pabellón está rematado por un frontón curvo –que ya forma parte del ático– en cuyo tímpano hallamos la usual efigie de Dios Padre bendiciendo con una mano y sujetando con la otra el globo terráqueo.


BIBLIOGRAFÍA
  • MARTÍN JIMENEZ, Carlos Manuel y MARTÍN RUIZ Abelardo: Retablos Escultóricos: renacentistas y clasicistas, Diputación de Valladolid, Valladolid, 2010.

1 comentario:

  1. Encontrado al azar tu blog (buscando ya no sé qué) y desde fuera de España ha sido una muy agradable sorpresa ver esta entrada sobre la iglesia de La Rubia, en la que fui bautizado hace décadas. Nutrida información sobre Jerónimo Arroyo, cuya existencia desconocía, pese a, naturalmente, estar familiarizado de vista con su obra vallisoletana. Muy interesante el blog, como otros de la misma cuerda dedicados a Valladolid (y añadido a Favoritos). Gran trabajo, Javier. Enhorabuena y muchas gracias. Ricardo.

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