martes, 23 de septiembre de 2014

PINTORES VALLISOLETANOS OLVIDADOS: Luciano Sánchez Santarén (1864-1945)


Luciano Sánchez Santarén nació el día 9 de enero de 1864 en Mucientes, siendo hijo de Pedro Pascasio Sánchez y Anselma Santarén. A los tres años murió su madre, lo que llevó a su padre a enviarle a casa de unos parientes de Fuensaldaña, en donde aprendió las primeras letras. Hacia 1871 su hermanastro, José Sánchez Saravia, le llevó consigo a Lugo, ciudad donde trabajaba al servicio del obispo don José de los Ríos Lamadrid en calidad de administrador. En esta ciudad se le despertarían sus inquietudes artísticas y cuando contaba catorce años comenzó a dibujar y pintar bajo la dirección del orensano Leopoldo Villaamil, que había sido discípulo en Madrid de Francisco Van Halen.
Su formación artística continuó en Toledo, ciudad a la que se trasladó para vivir con unos parientes y en donde hace sus primeros ensayos copiando del natural, llegando incluso a montar su caballete en el claustro de la catedral primada o en el interior de patios de viviendas de marcado sabor oriental. En la Ciudad Imperial sería donde conociera al pintor zaragozano Pablo Gonzalvo, el cual le animaría a trasladarse a Madrid para completar sus estudios en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, que entonces se llamaba Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado. Allí se matricula con tan solo 18 años de edad y permanecerá hasta el curso 1891-1892, siendo discípulo de pintores tan importantes como Carlos Luis de Ribera, Luis Madrazo, Dióscoro de la Puebla y Carlos de Haes. Con su profesor José Parada y Santín colaboró en la realización de una serie de dibujos de tipos humanos de distintas razas para ilustrar la Anatomía Pictórica que este publicó en 1894. Durante su estancia en la Academia obtuvo calificaciones muy sobresalientes y numerosos premios en las asignaturas de Pintura de Historia y Paisaje.

Busto de Luciano Sánchez Santarén, realizado por Dionisio Pastor Valsero
En 1884 concurre a la Exposición Nacional de Bellas Artes con un pequeño lienzo titulado Estudio de Ropajes, que tenía más de ensayo académico de aprendizaje que de cuadro de composición. Dos años más tarde concursó en la Exposición Aragonesa celebrada en Zaragoza con seis pinturas al óleo, concediéndosele una medalla de segunda clase. La muerte de su padre a los 76 años, su apurada situación económica y sus esperanzadoras aptitudes artísticas le hicieron acreedor de que se le estimara como sustituto del fallecido pintor Arturo Montero Calvo en el disfrute de la beca romana que a éste le había concedido la Diputación Provincial de Valladolid; sin embargo la pensión recayó en el gaditano Eugenio Varela Sartorio.

Luciano Sánchez Santarén en su estudio con Tomás Argüello y un busto de Pablo Puchol
Por entonces ya deseaba vincularse con Valladolid, bien mediante su presencia en exposiciones locales –en 1890 participó en la Exposición de Bellas Artes del Círculo Calderón de Valladolid con el título El Conde Ansúrez contempla los planos de la Antigua– o aspirando y consiguiendo, el 26 de marzo de 1893, la plaza de profesor ayudante numerario de Dibujo de Figura y del Natural en la Escuela de Bellas Artes vallisoletana. En la Exposición Nacional de 1892 concurrió con las obras El patio de mi casa, Retrato, ¡Que será de nosotras!, obra esta última por la que recibe una Mención Honorífica, y que volverá a exhibir en la Regional de Lugo de 1896. En 1895 obtuvo la misma consideración por el cuadro titulado Dos Hermanos.
Recién casado se traslada a Valladolid, instalando su vivienda-estudio en la calle de San Ignacio. El numeroso alumnado, masculino y femenino, al que impartía clases privadas le obligó a adquirir una nueva vivienda más amplia en la calle Solanilla. Al mismo tiempo comienza una larga carrera como profesor en la Escuela que por entonces estaba presidida por José Martí y Monsó y tenía como secretario al escultor Ángel Díaz. Su carrera en la Academia fue fulgurante: en 1897 fue nombrado Académico. Tres años después se encargó de la cátedra de “Aplicaciones del Dibujo Artístico a las Artes Decorativas” y en 1907 lo hizo de la asignatura titulada “Conceptos de Arte e Historia de las Artes Decorativas”, para finalmente ser profesor de “Dibujo Artístico y Elementos de Historia del Arte”, simultaneando de esta forma sus enseñanzas prácticas con las teóricas.

Aurelio García Lesmes, Sánchez Santarén y Narciso Alonso Cortés
Tan solo vuelve a participar una vez más en otra Exposición Nacional, la celebrada en 1895 y en la que consiguió otra mención por su cuadro Dos hermanos. Desde entonces sus ocupaciones se dirigirían a sus tareas docentes y a los cuadros que le encargaran instituciones religiosas (Colegio de la Compañía de María, parroquia de San Miguel, etc.) o particulares le solicitaban de continuo. Sin embargo no se le puede calificar de un pintor excesivamente prolífico. También trabajó como vocal de la Comisión Provincial de Monumentos, jugó un papel importante en la creación de la Coral Vallisoletana –la música fue su segunda pasión– y su nombre aparece entre los primeros miembros de la “Sociedad Castellana de Excursiones” en cuyo “Boletín” colaboró en alguna ocasión. En 1925 se encargó de la secretaría de su Escuela de Artes y Oficios Artísticos y en 1931 alcanzó la Dirección de la misma, jubilándose tres años más tarde, habiendo ejercido la docencia durante casi cuarenta y un años. Causó baja, por jubilación, en la Escuela de Bellas Artes el 9 de enero de 1934.
Santarén dejó tras de sí unos pintores tan destacados como Anselmo Miguel Nieto, Aurelio García Lesmes y Aurelio Arteta, o los escultores Ignacio Gallo, Moisés Huerta y sobre todo Tomás Argüello. En su vejez también recordaría con nostalgia a su más querido discípulo, Pablo Puchol, sorprendido por la muerte en plena juventud. Finalmente murió el 11 de enero de 1945. En la primavera de 1946 se organizó una exposición antológica de su obra.

Don José de los Ríos y Lamadrid. Fotografía obtenida de http://www.realacademiaconcepcion.net
Don José Muro López. Fotografía obtenida de http://www.realacademiaconcepcion.net
Su personalidad se puede enmarcar dentro del resurgir artístico que se aprecia en Valladolid durante el último tercio del siglo XIX y en el que la Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción jugó papel tan destacado, programando los cursos de su Escuela y organizando exposiciones dotadas de premios otorgados por las distintas corporaciones que constituían el señuelo más evidente. El valenciano Martí y Monsó fue indudablemente el alma de este resurgir, pero tuvo la fortuna de estar acompañado de profesoras de una gran dignidad artística y grandes cualidades pedagógicas, formados en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando o incluso con estudios en Roma y París.
La modestia que le caracterizó hizo malograr sus indiscutibles dotes de buen pintor y gran dibujante. Su reclusión en Valladolid a partir de 1893 y su negativa a continuar participando en las Exposiciones Oficiales, luchando por superar las dificultades de la agobiante competencia que ofrecían sus compañeros de generación o los más maduros de la anterior, le situaron en un ambiente excesivamente constreñido pero en el que acabó siendo enteramente feliz, porque contó con un número muy abultado de alumnos que compartían sus enseñanzas con las de Martí y Monsó en la Escuela de Bellas Artes local o acudían a su propia casa para aprender los secretos técnicos que el maestro dominaba a la perfección.

La plegaria. Fotografía obtenida de http://www.realacademiaconcepcion.net
La primavera
La Toñina

Don Luis González Frades. Fotografía obtenida de http://www.realacademiaconcepcion.net
Sus obras más interesantes y originales fueron hechas antes de 1910 y, aunque continuó pintando y dibujando hasta el final de sus días, su ciclo artístico ya lo había concluido en esta fecha. En muchas ocasiones pintaba por puro deleite, planteándose la obra como ejercicio pero sin preocuparle su conclusión definitiva, esbozando más que definiendo. Su colorido parte de una paleta muy reducida de tonos, casi siempre terrosos y oscuros, para ir iluminándola progresivamente hasta conseguir en ocasiones notas de brillantez cromática. Tanto como la mancha de color le interesó el dibujo académico o espontáneo, siempre consiguiendo perfecciones de modelado con su brazo firme y seguro.
Si bien la mayor parte de su obra debe estudiarse dentro de la primera mitad del siglo XX, desde el punto de vista estilístico, su producción se encuadra en la del siglo XX. Luciano Sánchez Santarén trató todos los géneros, como el de Historia, donde destacan Nerón contempla el cadáver de Agripina, Cervantes ante el Bey de Argel, o el lienzo Vencido y Prisionero; los temas religiosos, con las obras del crucero de la iglesia del Convento de La Compañía de Madrid o El Bautismo de Cristo en la iglesia de San Miguel de Valladolid; los retratos como el de su propia hija o el de Jacobo Matilla; los bodegones, paisajes y finalmente temas costumbristas como, además de los ya reseñados, los titulados Mendigo, Muchacho, etc. Llegó incluso a realizar algunas composiciones sobre techos.
Como ya os comenté en otras ocasiones, si tenéis noticia de alguna otra obra, o incluso una fotografía, os lo agradecería.

Cabeza de mujer
Cabeza de hombre
Doña Jacoba Mantilla
El Angelus
En el emparrado
La hija del pintor
Nerón contempla el cadáver de Agripina
0,50 x 0,68 m. Valladolid. Colección particular
Inspirado en el pasaje de la vida del emperador romano narrada por el historiador Suetonio (Vida de los doce Césares) que describe el momento en que Nerón, en su Domus Aurea, destapa el cuerpo sin vida de su madre exhibiéndolo a sus compañeros de bacanal. La pintura data de su época de estudios en la Escuela de San Fernando y su fecha no estará lejana al año 1887, momento en el que causó gran admiración en los medios artísticos cortesanos, el cuadro de idéntico argumento pintado en Roma por el vallisoletano Arturo Montero y Calvo.

El Conde Ansúrez contempla los planos de la Antigua
1,13 x 1,48 m. Firmado: L. Sánchez Santarén/Madrid 1890
Mucientes (Valladolid). Ayuntamiento
Su argumento se basa en una imaginaria reconstrucción histórica por la que se pretendía hacer visibles acontecimientos cotidianos antiguos, medievales o modernos, tratando de mostrar momentos en sombra, prolegómenos o epílogos de hechos verídicos. Con este lienzo concursó en la exposición celebrada aquel año por el Círculo Calderón de la Barca y seguramente llamaría la atención por la bellísima figura del paje que sostiene el plano y que tiene evidentes recuerdos de Fortuny o Palmaroli así como la soltura técnica de todo el conjunto.

Fotografía obtenida de http://domuspucelae.blogspot.com.es/2013/03/historias-de-valladolid-cronicas.html
Vencido y prisionero
1,82 x 1,02 m. Firmado: Luciano Sánchez Santarén 1897
Valladolid. Ayuntamiento
Representa a un militar vestido de media coraza, sin espada y con su morrión en el suelo, sentado y en actitud de abatimiento. Su atuendo responde a la moda del siglo XVI y modelos muy similares se pueden apreciar en lienzos del pintor Gisbert o del vallisoletano Miguel Jadraque. Es un excelente estudio psicológico al tiempo que hace ostentación de virtuosismo tanto en los reflejos metálicos como en las calidades de las telas. Constituye una de sus obras maestras. El Ayuntamiento lo adquiere el 2 de junio de 1951 por la estimable cantidad de 6.000 pesetas.

Cervantes ante el Rey de Argel
0,49 x 0,70 m. Firmado: Luciano Sánchez Santarén (al dorso)
Valladolid. Colección particular
Se trata de otro episodio imaginado en esta ocasión basado en el cautiverio de Miguel de Cervantes en Argel. Simula una conversación mantenida por el prisionero y el príncipe musulmán que gobernaba la regencia argelina. La composición, muy abocetada, fue realizada durante sus años de estudio en la Escuela madrileña de Bellas Artes y ejemplifica perfectamente los trabajos de imaginación a que se sometían los alumnos para formar sus cualidades de figuración, espacio, luz, color, etcétera.

El bautismo de Jesús
1,58 x 1,08 m. Firmado: L. Sánchez Santarén 1903
Valladolid. Parroquia de San Miguel y San Julián
Pintado por encargo del activo párroco D. Anastasio Serrano para ser colocado sobre la pila bautismal de la iglesia de San Miguel. Seguramente será su más bella composición religiosa en la que volcó todos sus más íntimos sentimientos, interpretando el bautismo de Cristo como un acto de recogimiento interior, eliminando hasta la concha habitual, pisando la Paloma sobre la cabeza de Jesús y con siluetas de ángeles en la misma actitud devota que sus protagonistas.
Tanto el simbolismo que trasciende de la escena como su concepción general se ha relacionado con obras de los pintores Nazarenos de mediados del siglo XIX. Sus cualidades de excelente anatomista están tan presentes como su interés por el dibujo y sus dotes de buen colorista.

¡Qué será de nosotras!
1,10 x 0,70 m. Firmado: L. Sánchez Santarén, 1892
Valladolid. Colección particular
Fue la obra que obtuvo un mayor reconocimiento oficial al ser galardonada en varias ocasiones. Su argumento posee un evidente trasfondo social al situar en primer plano el desamparo femenino al que conducía la tragedia de la desaparición del cabeza de familia. Sobre la composición gravita una profunda carga sentimental cuyos esquemas más conocidos derivan dela pintura francesa pero de los que el realismo español supo extraer todas sus consecuencias. La tristeza, la melancolía, la resignación o el ensimismamiento son elementos caracterológicos colocados ante la mirada del espectador.

Mendigo
0,43 x 0,24 m.
Firmado: L. S. Santarén
Valladolid. Colección particular
Sánchez Santarén se formó todavía dentro de una devoción por el cuadro de historia, de argumento heroico o religioso y en contadas ocasiones tocó asuntos de marginación social o de angustia dramática (¡Qué será de nosotras!). Representa esta pintura un intento de abordar un motivo social sin profundizar en el contenido y casi se puede adivinar una chispa de intrascendencia. Técnicamente puede ser considerada como una obra avanzada dentro del estilo del autor, dada la soltura y la manera de construir la figura que puede denotar el conocimiento de artistas francesas.

BIBLIOGRAFÍA
  • BRASAS EGIDO, José Carlos: Pintores castellanos y leoneses del siglo XIX, Junta de Castilla y León, Valladolid, 1989.
  • URREA, Jesús: El pintor Luciano Sánchez Santarén (1864-1945), Caja de Ahorros Popular de Valladolid, Valladolid, 1983.
  • URREA, Jesús: Patrimonio artístico del Ayuntamiento de Valladolid, Ayuntamiento de Valladolid, Valladolid, 1998.
  • URREA, Jesús: Pintores de Valladolid (1890-1940), Caja de Ahorros Popular de Valladolid, Valladolid, 1985.
  • URREA, Jesús: Pintores vallisoletanos del siglo XIX, Caja de Ahorros Popular de Valladolid, Valladolid, 1987.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada