viernes, 27 de abril de 2012

Pasos que deberían recuperarse: EL SANTO CRISTO DE LA HUMILDAD


SANTO CRISTO DE LA HUMILDAD o DEL GALLO
José de Rozas. 1691
Cofradía propietaria: Cofradía de Nuestra Señora de la Piedad
Cofradía que lo procesionó en la Procesión del Santo Entierro: Hermandad del Santo Cristo de los Artilleros
Santuario Nacional de la Gran Promesa


El Santísimo Cristo de la Humildad, propiedad de la Cofradía de la Piedad, y antiguamente procesionado por ésta cofradía, y posteriormente por la Hermandad del Santo Cristo de los Artilleros, es sin ninguna duda una pieza de primera categoría que incomprensiblemente se encuentra fuera de nuestra Semana Santa. No conzoco los motivos por los que no ha vuelto a salir a la calle, pero una talla de sus caracteristicas, su historia procesional y su calidad merecen, al menos, que se piense en una próxima incorporación.
Ya desde el siglo XVI la Cofradía de la Piedad contaba con una imagen del Ecce Homo que sacaban en procesión bajo la advocación del “Santo Cristo de la Humildad”. Así consta en el libro de cuentas del año 1595-1596 una partida de doce reales por “haçer un andamio para poner la Ynsinia del hece omo”.
Contaba con sus propios mayordomos y hay constancia de que en 1655 lo era el escultor Francisco Díaz de Tudanca. Los materiales con los que estaba hecha esta imagen debían ser débiles, puesto que en 1636 se encomienda al pintor Diego Díaz su reparación “para que la adereçe lo que viere menester, por estar algo deslucida”. Este “Santo Cristo de la Humildad” salió en procesión hasta 1639-1640, no figurando ya en la planta procesional de la cofradía de 1642. Nuevamente en 1677 se hablaba de la “indecencia” en la que se encontraba esta imagen. Finalmente la cofradía decidió sustituir la imagen, para ello encargó en 1691 al escultor José de Rozas la realización de una nueva talla del Ecce Homo. Rozas se comprometió a que “haría perfecta y acavada una hechura de el Santo Cristo de la Humildad de cuerpo entero, sentado y en blanco, regulando su valor en 100 ducados”. La imagen debía estar acabada para primero de octubre de ese mismo año.


Posiblemente José de Rozas tuvo en cuenta la anterior imagen del Ecce Homo, aunque este nuevo Cristo parece copiado del que Gregorio Fernández realizó para la Cofradía de la Vera Cruz, excepto en la posición de las manos y en su tamaño, algo más pequeño que aquél.


 Cristo, coronado de espinas, aparece sentado sobre un cajón, con la cabeza ligeramente inclinada al lado derecho. El rostro viene a coincidir con el Nazareno de Palencia. Ojos abiertos y boca entreabierta. Sus manos están cruzadas y atadas con una cuerda, en una de ellas sostiene una caña. Tiene el cuerpo tremendamente llagado, y le cubre una túnica de tela encolada de color rojo, con la cual se lograba un mayor grado de verosimilitud en la talla. Su puesta en escena en la calle iba acompañada por la cruz y los atributos de la Pasión, según lo describió: “Cristo con la túnica encarnada sentado y detrás de la cruz y los atributos de su pasión, repartidos en ella de talla”.


Las advocaciones que fue adquiriendo fueron varios: “Cristo de la Humildad”, “Cristo de la Caña” o “Cristo del Gallo”. Esta última advocación procede de la escenografía con que iba acompañado, puesto que a los citados atributos se añadía un gallo que anunciaba las traiciones de San Pedro. El apodo más reciente fue el de “Cristo de los Artilleros”, porque una sección del cuerpo de Artillería, establecido en el antiguo colegio de San Ambrosio, le acompañaba con velas encendidas en la procesión del Viernes Santo.

Sin embargo, aquel templo no fue su ubicación inicial. La primera sede independiente de la Cofradía de la Piedad fue su iglesia penitencial, la cual estuvo entre las actuales calles de Fray Luis de León y López Gómez. Allí el Cristo se encontraba colocado en un gran retablo de columnas salomónicas en un lado lateral del templo.
Tras su derribo pasó, provisionalmente y en 1791, a la iglesia parroquial de El Salvador, siendo colocada esta imagen en el altar de la Virgen del Buen Suceso. De allí llegaron hasta la iglesia de los frailes hospitalarios de San Antón, en el cual permanecieron hasta que se cerró al culto esta iglesia en el siglo XX. Finalmente la imagen fue trasladada al Santuario Nacional de la Gran Promesa, adonde fueron a parar algunas de las obras de la iglesia de San Antón al desaparecer ésta.
No fue la única imagen que de esta advocación del Ecce Homo poseía la antigua Cofradía de la Piedad. Según indica Roberto Alonso la cofradía debió de tener hasta cuatro imágenes. Incluso en momentos de crisis (y fueron muy continuados desde el siglo XIX) era la única talla a la que recurrían los cofrades en las procesiones de la Pasión, cuando ya no se armaban los grandes conjuntos. El “Cristo de la Humildad” solía aparecer en el primer claro de la procesión, como indicaba Canesi. Se pudo apreciar en la famosa procesión del Viernes Santo de 21 de abril de 1810, la solicitada por el general Kellerman: “a las cuatro de la tarde llegó… y enseguida la de La Piedad con el Santísimo Cristo de la Humildad”. Y a pesar de que no se contaba con personas suficientes para portar los pasos a finales del siglo XIX, la cofradía de la Piedad continuó asistiendo a la procesión del Viernes Santo con esta imagen entre 1864 y 1908. Agapito y Revilla seguía confirmando su presencia en 1910 y 1911, aunque no se conoce el momento en que dejó de hacerlo. Incluso el citado Agapito y Revilla afirmaba en su libro de la Semana Santa (publicado en 1925) que un señor decía ser propietario de esta imagen, queriéndola vender, aunque los libros de Cabildos parecían demostrar lo contrario. Con la recuperación de la frecuencia procesional, liderada por el arzobispo Gandásegui, el “Cristo de la Humildad” fue alumbrado por los Artilleros (recibiendo también esta denominación). La talla posteriormente fue sustituidad por la imagen del Ecce Homo de la Cofradía de la Vera Cruz, realizada por Gregorio Fernández como figura central del antiguo paso de La Coronación de Espinas.

lunes, 23 de abril de 2012

LA IGLESIA DE SANTIAGO V: El Santo Cristo de las Mercedes


Hace tiempo comencé una serie de cinco capítulos dedicados a cinco "joyas" de la iglesia de Santiago: el retablo mayor, el de la Epifanía, las estatuas yacentes de los fundadores y el relieve de Santiago Matamoros. Hoy se acaba este serial con el "Santo Cristo de las Mercedes", aunque no por la falta de obras de arte de interés en la iglesia, sino porque son las más representativas de la misma.
Aunque apenas se conocen datos sobre él, se puede asegurar que es una obra cercana a Pompeyo Leoni, el cual debió realizarla hacia el año 1560. Durante muchos años se creyó que era obra de Francisco de Maza, discípulo de Juan de Juni, en cuyo taller pudo trabajar como oficial.
A este Cristo se le conoce en la actualidad como el “Cristo de las Mercedes”, aunque anteriormente tuvo otros nombres, como “Cristo de la Misericordia” o de “La Luz”. Confirmaba en 1900 el erudito vallisoletano Casimiro González García-Valladolid, que la tercera capilla de este templo se encontraba consagrada a este Crucificado (por entonces bajo la advocación de la Luz): “tiene un bonito altar corintio, formado por dos columnas que sostienen la cornisa sobre la cual se alza un ático cortado en el centro, para dar lugar a un frente con un óleo representando a la Virgen con Jesús muerto en el regazo”.




El Crucificado es mucho mayor que el natural (2,30 m.), muy anatómico y robusto, con una clara inclinación de la cabeza. Su cuerpo, con una concepción hercúlea, representa verdaderamente el de un Dios, cubierto por un paño de pureza carente de pliegues violentos, sino más bien suaves. Posee un estudio anatómico muy depurado, el modelado de su cuerpo obedece a un criterio estético muy severo, como huyendo de academicismos y de posturas demasiado bellas. Aparece caído hacia el lado derecho, ya muerto, y presenta la lanzada en el costado. Se acusan bien las articulaciones, por ejemplo de las rodillas, notorias bajo la piel. Permanece con la boca entreabierta como conservando aún entre sus labios la última de las Palabras. La cabeza tiene una abundante cabellera y barba. Tiene la corona de espinas tallada sobre su cabeza. Conserva su policromía original, a pulimento. No presenta gran profusión de sangre.  La policromía se ha detenido en las marcas de las cuerdas de las manos y de los tobillos.


La imagen recibió una importantísima restauración en el Instituto Nacional de Restauración de Madrid, por los Hermanos Solís, en el año 1986. Allí se realizó un profundo examen extrayéndosele de la cabeza una serie de clavos que probablemente le fueron insertados a principios de siglo XX, y que estarían motivados por la importante rotura que se le aprecia en la cabeza. Los dos clavos (de unos 30 cm.) le fueron extraídos y el agujero que habían formado fue recubierto y restaurado. Se restauró también la policromía que se encontraba deteriorada por el paso de los años. Fue nuevamente restaurada hace unos pocos años.


Se ha intentado buscar el origen de su vinculación con esta parroquia, aunque no se ha encontrado ningún dato en el archivo de la misma. Actualmente continúa siendo alumbrado durante el año en la parroquia de Santiago, en una capilla por la que se accede a la puerta de la antigua calle de la Tumba (actual Héroes del Alcazar de Toledo). El Cristo no fue concebido como talla procesional, sino como imagen de retablo, hasta que el arzobispo Antonio García y García, junto con el director del Museo de Escultura, impulsaron el montaje de un nuevo paso para la cofradía de las Siete Palabras. La imagen central de la misma era este Crucificado, recurriendo a los dos “Ladrones” originales, Dimas y Gestas, que Gregorio Fernández talló en 1616 para el paso de la Sexta Angustia, encargado por la cofradía de las Angustias.


Asimismo el Santo Cristo de las Mercedes protagoniza desde 2005 la Procesión de Paz y Reconciliación, en la noche del Miércoles Santo, visitando la S.I.M. Catedral. A partir de 2009 se pasa a denominar Procesión del Santo Cristo de las Mercedes coincidiendo con la confección de unas andas para portarlo a hombros. Por último me gustaría dar mi opinión acerca de la autoría del Santo Cristo, y no es otra que Pompeyo Leoni, puesto que si comparamos este Crucificado con otro que se encuentra en el Museo Nacional de Escultura, las coincidencias son más que claras. Este último Crucificado forma parte de un Calvario, realizado por Pompeyo Leoni entre 1606-1607, que remataba el retablo mayor del desaparecido Convento de San Diego de Valladolid.


SI TE INTERESÓ ESTA ENTRADA, CONTINÚA EN:
LA IGLESIA DE SANTIAGO II: El retablo de la Epifanía, de Alonso Berruguete
LA IGLESIA DE SANTIAGO III: Esculturas yacentes de la familia de D. Luis de la Serna
LA IGLESIA DE SANTIAGO IV: El relieve de Santiago Matamoros


BIBLIOGRAFÍA
  • MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José: Gregorio Fernández, Ministerio de Cultura, Madrid, 1980.
  • BURRIEZA SÁNCHEZ, Javier (comisario de la exposición): Gólgota, Ayuntamiento de Valladolid, Valladolid, 2004.