miércoles, 18 de junio de 2014

EL RETABLO DE LOS SANTOS JUANES DE CORRALES DE DUERO


Cerca de Peñafiel se encuentra un pequeño, aunque precioso, pueblo: Corrales de Duero. Su iglesia contiene numerosas obras de arte de primer nivel, todas ellas con un común denominador: la pintura. Entre ellas podemos citar unas valiosas sargas con escenas de la Pasión, importantes por cuanto no se han conservado demasiadas; también diversos trozos o tablas sueltas que debieron pertenecer a retablos descabalados, entre dichas tablas destacan las llevadas a cabo por el archiconocido “Maestro de Osma”. La última obra pictórica, que es sobre la que vamos a hablar a continuación, es el retablo de los Santos Juanes.

El retablo de los Santos Juanes ha llegado a nosotros con bastantes cambios, en lo referente a estructura y configuración general. Alterado en su calle central, cuya disposición original ha sido modificada por entero, es seguro que, aludiendo a su titularidad iconográfica, estuviera presidido por dos esculturas de bulto representando a los dos santos que le dan nombre: San Juan Bautista y San Juan Evangelista. Estos se dispondrían sobre el sagrario, conservado in situ con la escena de la Resurrección en la portezuela. Posteriormente albergó una imagen de la Dolorosa, de vestir, que se documenta en 1803, cuya fisionomía es discordante con el buen arte de todo el conjunto. Además, la tabla que representaba a San Francisco de Asís, en el ático del conjunto, se sustituyó por una representación de Santa Brígida, que posteriormente también desaparecería. El grupo del Calvario, todavía fotografiado en la edición del Catálogo Monumental en 1975, y relacionado con el estilo de Juan de Valmaseda, también ha desaparecido de su ubicación.

La estructura arquitectónica del retablo sigue el modelo utilizado por Alonso Berruguete en el retablo mayor del Monasterio de San Benito el Real, en lo que se refiere al vocabulario constructivo, al uso de traspilares, columnas abalaustradas en los extremos, frisos con cabezas de querubines y ornamentación a candelieri de raigambre italianizante. Sin embargo el aspecto final es más convencional respondiendo al modelo tradicional de dos cuerpos, ático y cuatro calles, flanqueando dos a dos la principal de mayor anchura, destinada a albergar las esculturas de los titulares que se han perdido.
En el primer cuerpo vemos desarrolladas dos escenas dedicadas a cada uno de los Santos Juanes. En el lado izquierdo podemos ver el ciclo dedicado a San Juan Evangelista, que se configura con San Juan en la isla de Patmos y el Martirio “ante Portam Latinam”. En el lado derecho se desarrolla el de San Juan Bautista, con los capítulos del Bautismo de Cristo y la Degollación del Bautista. En algunas de ellas la relación compositiva de las pinturas, con la obra realizada por Juan de Villoldo para la madrileña Capilla del Obispo es evidente y prueba la intervención del artista en su realización.

El segundo cuerpo aparece compuesto por cuatro escenas de la Infancia de Cristo: Nacimiento, Circuncisión, Epifanía y Huida a Egipto, mientras que en el ático se muestran devociones particulares entre las que no parece existir relación programática alguna: San Martín de Tours partiendo la capa con el pobre acompañaba a la perdida tabla de San Francisco de Asís. Al otro lado Santa Catalina de Alejandría forma pareja con San Roque y entre ambos grupos se encontraba el, hoy desaparecido, Calvario. A la vista de las fotografías y de la escultura de San Juan conservada en la Colección Elvira, se ha llegado a pensar, de una manera correcta, que las obras están relacionadas con el foco palentino de este periodo, mostrando una conexión con la producción de Juan de Valmaseda.

No cabe ninguna duda que las pinturas responden a una clara filiación con las composiciones berruguetescas que se habían empleado en el retablo de Monasterio de San Benito el Real de Valladolid. No sólo las pinturas sino también las esculturas de este retablo sirvieron de fuente compositiva para algunas de las tablas que forman el conjunto. Sin embargo se advierte la intervención de diferentes manos, que se reparten las tareas pictóricas del retablo. Las pinturas del primer cuerpo, con las escenas correspondientes a los Santos Juanes, encajan con la producción pictórica de Villoldo, tal y como detectó Angulo, con una simple comparación estilística con el resto de su obra dispersa por el área geográfica de la primitiva diócesis palentina. La soltura en la pincelada, las posturas forzadas y atrevidas, el cromatismo contrastado y la luz ambiental forman parte del vocabulario manejado por este artista. Cambia el concepto en las tablas superiores, correspondientes al segundo cuerpo y al ático. Deudoras de las innovaciones berruguetescas como señalamos, responden a un tratamiento más convencional, las figuras muestran una corporeidad mucho más rotunda que la que se observa en las pinturas inferiores, de manera que han tenido que ser realizadas por otro artista diferente, aunque del mismo taller.


BIBLIOGRAFÍA
  • MARTÍN JIMENEZ, Carlos Manuel y MARTÍN RUIZ Abelardo: Retablos Escultóricos: renacentistas y clasicistas, Diputación de Valladolid, Valladolid, 2010.
  • VALDIVIESO, Enrique: Catálogo Monumental de la provincia de Valladolid. Tomo VIII. Antiguo partido judicial de Peñafiel, Diputación de Valladolid, Valladolid, 1975.

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