viernes, 17 de junio de 2022

PÍLDORAS ARTÍSTICAS: "Busto de Ecce Homo" (Atrib. Juan de Ávila. Último cuarto del siglo XVII)

 

Título: Busto de Ecce Homo

Autor: Juan de Ávila (atr.)

Año: Último cuarto del siglo XVII

Material: Madera policromada

Medidas: 63 x 46,5 x 38 cm. (sin la peana)

Lugar donde se encuentra: Real iglesia parroquial de San Miguel y San Julián

 

La representación escultórica del busto del Ecce Homo adquirió gran predicamento durante el Barroco tanto por sus valores espirituales como por el hecho de que se trataba de imágenes que por su reducido tamaño eran baratas, fáciles de transportar y aptas para disponerlas en el hogar. Este tipo de bustos, a los que se les dotaba de un extremado realismo y una gran fuerza dramático-expresiva, solían ir dentro de escaparates que se disponían en capillas u oratorios particulares o conventuales y estaban destinados a excitar el fervor y la piedad más profundos de los fieles.

Cristo eleva su suplicante mirada hacia el cielo realizando para ello sendos giros con la cabeza y el cuello que rompen con la frontalidad compositiva y le aportan dinamismo y espontaneidad. Contra lo que suele ser habitual, el escultor ha prescindido de tallarle los brazos y le coloca una clámide grisácea que le cubre la espalda y el vientre, de suerte que deja al descubierto los hombros y el pecho. El anónimo escultor ha ejecutado un excelente estudio anatómico de modelado blando en el que están definidos con precisión las clavículas y los músculos del cuello y del pecho. Los pliegues de la clámide, suaves y ondulados, son los típicos de la escuela vallisoletana de finales del siglo XVII. El rostro es muy expresivo y presenta la boca entreabierta –se observan los dientes, quizás de marfil o hueso, y la punta de la lengua–, los pómulos hinchados y una serie de regueros de sangre que manan de la corona de espinas y se esparcen por la frente, nariz, barba y labios. Peina una poblada barba bífida y larga melena dividida en enroscadas guedejas que demuestran un virtuoso manejo del trépano por parte del anónimo maestro.

La obra procede de la primitiva iglesia de San Miguel, templo al que la legó en 1698 el pintor Amaro Alonso (1640-1699) junto con un cuadro de Ánimas –también debió de donar la pintura de la Degollación del Bautista que se conserva en la sacristía, cuadro que es idéntico a otro que realizó en 1675 para la Cofradía de Nuestra Señora de la Pasión– a cambio de una sepultura en la capilla mayor. Señalan los libros de fábrica que el busto, un “medio cuerpo de escultura admirable, con su peana de media talla dorada”, se guardaba “en el archivo de los privilegios de Valladolid que está sobre la puerta de la torre”. Atribuida por Martín González y Urrea al escultor luso-madrileño Manuel Pereira (1588-1683), que suele realizar unos rostros más detallistas y afilados, pienso que será obra de algún destacado maestro local, quizás Juan de Ávila (1652-1702). A razones formales y estilísticas hemos de añadir las estrechas relaciones laborales y personales que mantuvieron Alonso y Ávila, tal es así que el pintor ejerció de padrino en el bautizo de José de Ávila, hijo del escultor.


 

BIBLIOGRAFÍA

MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José y URREA, Jesús: Catálogo Monumental de la provincia de Valladolid. Tomo XIV. Monumentos religiosos de la ciudad de Valladolid (1ª parte), Institución Cultural Simancas, Valladolid, 1985, p. 127.

SÁNCHEZ GUZMÁN, Rubén: “El escultor Manuel Pereira (1588-1683)”, Cuadernos de arte e iconografía, Tomo 17, Nº 33, 2008, pp. 221-222.

miércoles, 18 de mayo de 2022

PÍLDORAS ARTÍSTICAS: "Niño Jesús de Jerusalén" (Anónimo napolitano, hacia 1754). Por Sergio Pérez Martín y Javier Baladrón Alonso

 

Título: Niño Jesús “de Jerusalén”

Autor: Anónimo napolitano (escultura) / ¿Clemente de Miranda? (platería)

Cronología: ¿Hacia 1754-1755? / Tercer cuarto siglo XVIII

Material: Madera policromada, cristal, tela y plata. Urna: 69 x 35 x 31 cm. Niño: 38 x 14 x 7 cm. Sillón: 32 x 21 x 13 cm. Barco: 20 x 12 x 5 cm

Lugar donde se encuentra: Convento de las Descalzas Reales (Valladolid)

 

Ubicado dentro de un humilde escaparate en el coro conventual se expone un magnífico “Niño de Nápoles de leño, el cual estuvo colocado la noche de Natividad en la Santa Gruta como consta de la auténtica aquí inclusa, y en otros Santos Lugares de Nuestra Redención”, según figura en una carta adjunta enviada desde Jerusalén por el franciscano fray Francisco Javier Rodríguez Ribadeneira.

Sentado en un sillón de plata ase un cetro con la mano derecha mientras que levanta la izquierda en actitud de bendición. Aunque se trata de una imagen de vestir la anatomía está perfectamente trabajada. El sonriente rostro presenta ojos de cristal, cejas alargadas y abultados y sonrosados pómulos. Los labios son finos y mantiene la boca entreabierta. El rubio cabello está tratado minuciosamente, distribuyéndose mediante finos mechones de escaso resalte. La anatomía es blanda y redondeada, y en la espalda lleva grabado un sello de lacre en el que figura el escudo de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén.

En definitiva, una imagen de devoción privada que inflamaría el sentimiento materno de las monjas que se acercaran a observarle y orarle. Pero normalmente la cándida piedad de las religiosas no se avenía con la pobre desnudez de estas tallas, por lo que casi todas ellas fueron ataviadas con ropajes y ennoblecidas con joyas, adornos e incluso pequeños objetos de mobiliario. El ajuar de este Niño es digno de estudio pues, como ya se ha avanzado, se realizó en plata (sillón, corona, cetro y sandalias), oro (anillo) y pedrería. Rodeando su rico trono se colocaron dos jarrones, un galeón (alusivo a su viaje y peregrinación) y un relicario de filigrana –aparentemente salmantina– con forma de perfumero.

Todas estas piezas son coetáneas, como denuncia su estilo plenamente rococó, y se realizarían en el tercer cuarto del siglo XVIII. Confirman esta cronología los punzones hallados en las asas de los floreros: ciudad de Valladolid (escudo coronado con farpas ondulantes) y del afamado platero Clemente de Miranda (CLTEDE/MIRDA). Es imposible aseverar que el conjunto completo salió de su obrador dado lo incompleto del marcaje y su ausencia en el resto de objetos, pero es que, además, entre los años 1753-1774 Miranda ocupó el cargo de contraste por lo que aquí no sabemos en calidad de cuál de sus dos ocupaciones estampó su sello. 


BIBLIOGRAFÍA

BRASAS EGIDO, José Carlos: La platería vallisoletana y su difusión, Institución Cultural Simancas, Valladolid, 1980, pp. 249-250.

DE VEGA GIMÉNEZ, María Teresa: Imágenes exentas del Niño Jesús. Historia, iconografía y evolución, Caja de Ahorros Provincial de Valladolid, Valladolid, 1984, pp. 81-82.

MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José y DE LA PLAZA SANTIAGO, Francisco Javier: Catálogo Monumental de la provincia de Valladolid. Tomo XV. Monumentos religiosos de la ciudad de Valladolid (2ª parte), Institución Cultural Simancas, Valladolid, 2001, p. 100.

MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José y DE LA PLAZA SANTIAGO, Francisco Javier: El arte en las clausuras de los conventos de monjas de Valladolid, Museo Nacional de Escultura, Valladolid, 1983.

REDONDO CANTERA, María José: “Cuatro siglos de platería en Baltanás. La colección de la Iglesia Parroquial de San Millán”. Publicaciones de la Institución Tello Téllez de Meneses, Nº 68, 1997, pp. 315, 316 y 355.

viernes, 6 de mayo de 2022

PÍLDORAS ARTÍSTICAS: "San Martín compartiendo la capa con el pobre" (Gregorio Fernández, 1606)

 

Título. San Martín compartiendo la capa con el pobre 

Autor: Gregorio Fernández

Año. 1606

Material, madera policromada

Lugar donde se encuentra. Museo Diocesano y Catedralicio


El paso procesional de San Martín y el pobre, que actualmente se halla en la capilla de San Llorente del Museo Diocesano, fue encomendado por Agustín Costilla a Gregorio Fernández el 11 de junio de 1606. Este grupo posee el mérito de ser la obra más antigua conservada del genio de Sarria. La escultura se creó con fines procesionales, debido a lo cual se ahueco y se la dotó de las fijaciones necesarias. San Martín salía en procesión tanto el día de su fiesta como en el Corpus Christi, es por ello que figura en esta exposición.

San Martín es efigiado en su pasaje más conocido, aquél que relata que en el invierno de 337, encontrándose cerca de la puerta de la ciudad de Amiens (Francia), se le acercó un mendigo muerto de frío para solicitarle auxilio. Martín conmovido decidió ayudarle y para ello partió su capa a la mitad para compartirla con él y darle abrigo. Fernández ha captado el preciso instante en el que el santo se dispone a cortar la capa. San Martín, que monta a lomos de un caballo blanco que marcha al paso, es un joven militar romano que realiza un escorzo para partir la capa. A su derecha se encuentra el pobre, harapiento, que mira con rostro implorante al santo. Está de pie y tullido, de tal suerte que tiene una pata de palo y camina apoyado en un bastón.

Aunque la obra cae de lleno en un momento en el que Gregorio Fernández aún participaba de los caracteres propios del manierismo, vemos en el grupo una dicotomía entre el manierismo, representado por San Martin (extremidades un tanto alargadas, pliegues dulces…), y un incipiente naturalismo protagonizado por el pobre, que posee unas formas algo más redondeadas y mórbidas. El detalle de dejar descubierto el brazo y parte del torso es muy característico de Fernández, y, asimismo, indica un temprano interés por el desnudo. Como ocurrió con buena parte de los modelos creados por Fernández éste también inauguró serie ya que lo copiaron Juan Antonio de la Peña, Antonio Tomé y Alejandro Carnicero.

ANTONIO TOMÉ. San Martín con el pobre (1721)
JUAN ANTONIO DE LA PEÑA. San Martín con el pobre (1674)
ALEJANDRO CARNICERO. San Martín con el pobre (1730). Iglesia de San Martín, Cogeces de Íscar (Valladolid)
 

BIBLIOGRAFÍA

GARCÍA CHICO, Esteban: Documentos para el estudio del arte en Castilla. 2, Escultores, Universidad de Valladolid, Valladolid, 1941, pp. 154-155.

MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José: Escultura barroca castellana, Fundación Lázaro Galdiano, Madrid, 1959, pp. 182 y 289.

MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José: El escultor Gregorio Fernández, Ministerio de Cultura, Madrid, 1980, pp. 202-203.

MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José y URREA FERNÁNDEZ, Jesús: Catálogo Monumental de la provincia de Valladolid. Tomo XIV. Monumentos religiosos de la ciudad de Valladolid (1ª parte), Institución Cultural Simancas, Valladolid, 1985, p. 104.

GARCÍA RODRÍGUEZ, Juan Carlos: “San Martín y el pobre”. En VV.AA.: Gregorio Fernández: La gubia del barroco, Ayuntamiento, Valladolid, 2008, pp. 48-49.