viernes, 10 de septiembre de 2021

El Monasterio de la Concepción II: El Museo Memorial de Sor Ángeles Sorazu

 

En el artículo anterior tratamos acerca del Monasterio de la Concepción en su faceta monumental y artística. En esta ocasión, en el segundo artículo dedicado al cenobio, nos vamos a centrar en el Museo Memorial de Sor Ángeles Sorazu (1873-1921), religiosa mística y abadesa que fue del monasterio, que inauguró el Cardenal Arzobispo de Valladolid don Ricardo Blázquez, y del que he tenido el honor de ser su comisario.

SANTIAGO BELLIDO. Sor Ángeles Sorazu (2019)

El museo se estructura en cuatro capítulos. En el primero de ellos se habla acerca del patrimonio y de la historia del monasterio, que viene a ser lo que ya hablamos en el anterior artículo. Sin embargo hay una serie de piezas que merecen resaltarse como un fantástico Busto de Ecce Homo, de progenie fernandesca, de mediados del siglo XVII; un Crucificado de comienzos del siglo XVII, un San José y una Virgen de vestir de la misma centuria, una caja de votaciones conventual en la que los votos positivos se emitian introduciendo una alubia blanca y el voto negativo con una alubia negra, un Rosario del siglo XVIII, o una serie de monedas desde la época de Carlos IV.

ANÓNIMO. Busto de Ecce Homo (Hacia 1650-1675)
ANÓNIMO. San Francisco en oración (Siglo XVII)
Caja de votaciones y monedas
ANÓNIMO. Inmaculada Concepción "La Prelada" (Segundo cuarto del siglo XVII)
ANÓNIMO CASTELLANO. Virgen con el Niño (Segundo cuarto del siglo XVI)

De ahí se pasa al segundo capítulo, en el cual se aborda la figura de Sor Ángeles Sorazu desde el punto de vista biográfico. Las primeras fotografías que nos encontramos retratan a la propia religiosa, a sus familiares, a Zumaya -su localidad natal-, al colegio al que asistió y a la fábrica de boinas “Elósegui” de Tolosa en la que trabajó antes de consagrarse a la vida religiosa. No falta tampoco un retrato al óleo de Sor Presentación, que por entonces era la vicaria del monasterio.

Asimismo, se exponen cuatro pinturas y dibujos a carboncillo que efigian a la propia Sor Ángeles Sorazu de diferentes formas. Los dos dibujos seguramente fueron hechos poco después del fallecimiento de la religiosa: uno de ellos es de autor desconocido mientras que el otro está firmado por Cellino Perotti, maestro que fue de nuestra admirada pintora surrealista Ángeles Santos Torroella (1911-2013). Ambos dibujos tienen en común el hecho de no mostrar sus verdaderos rasgos faciales. Por su parte las dos pinturas son obra de artistas actuales: Hugo Pastor nos la presenta en el coro alto mirando arrobada a la “Priora”, mientras que Santiago Bellido la ha concebido rezando en el claustro bajo.

HUGO PASTOR. Sor Ángeles Sorazu en el coro (2020)
CELLINO PEROTTI. Sor Ángeles Sorazu (Década de 1920)

A continuación, podemos observar algunos recuerdos relacionados con la religiosa, como puede ser el que le entregó la comunidad de religiosas en 1917 con motivo de las Bodas de Plata de su profesión. Por entonces era abadesa. De su propia mano son el sombrero que confeccionó para una Divina Pastora desaparecida, un texto autógrafo, y un pequeño collage en el que ha combinado una fotografía de la Virgen Niña con una paloma pintada de su mano y que ha titulado “Divina Infantita”.

Diversos recuerdos de Sor Ángeles

Regresando a su profesión como religiosa, presentamos tanto el libro por el que profesó (Forma y modo de dar la Profesión y hábito a las Novicias de la Purísima Concepción), así como el acta expedida con motivo de su profesión el 24 de septiembre de 1891. Tampoco faltan unas fotografías que nos muestran el aspecto de su modesta celda, con su cama y pupitre. Para finalizar se presentan otros objetos relacionados con su persona, caso del libro de ejercicios de Sor María Jesús de Ágreda que tanto influyó en su producción mística, un retrato de la propia Sor María Jesús de Ágreda, sus cilio y disciplina, el acta de su fallecimiento el 28 de agosto de 1921 y un ejemplar del programa de actos que se desarrollaron con motivo del 450 aniversario de la fundación del monasterio y el 50 aniversario del fallecimiento de Sor Ángeles.

Libro que contiene el ritual de profesión de las monjas en el convento, utilizado también por Sor Ángeles

El tercer capítulo del museo trata acerca de Sor Ángeles como escritora mística y dibujante. Y es que Sor Ángeles Sorazu desarrolló una faceta artística unida indisolublemente a su vida contemplativa. Y es que sus experiencias místicas las plasmó tanto en sus escritos como en una serie de complejos dibujos, la mayoría de los cuales relatan episodios del Cantar de los Cantares. En esta nueva sección de la exposición encontraremos, por lo tanto, sus escritos, sus dibujos y las plumas y los lápices con los que los ejecutó. Asimismo, esta sección se completa con los libros que más influyeron en la vida espiritual de Sor Ángeles Sorazu, y también con los libros que estudian la figura de la religiosa y su obra mística.

Su faceta de dibujante la desarrolló en momentos en los que se vio imbuida de un profundo misticismo, así mostraba de forma gráfica lo que sentía o veía en aquellos momentos. Se le conocen siete dibujos -María templo (70 x 50 cm), Misterio de la Encarnación (82 x 86,5 cm), Padre Alas (75 x 102 cm), Padre Árbol (86 x 113,5 cm), Jardín del Cantar de los Cantares (127 x 101 cm), María Medianera (138 x 108 cm), Sor Ángeles y el Espíritu Santo-, estando los cuatro últimos inspirados en pasajes del Cantar de los Cantares. Pudo haber ejecutado alguno más pero no muchos puesto que, según su propio testimonio, acababa agotada al realizarlos. Los dibujos fueron realizados en 1919 y no poseen un tamaño uniforme, sino que son bastante heterogéneos. En origen no tuvieron un título, habiéndosele proporcionado con posterioridad la comunidad monástica. 

SOR ÁNGELES SORAZU. Padre Alas (1919)
SOR ÁNGELES SORAZU. María Templo (1919)
SOR ÁNGELES SORAZU. Misterio de la Encarnación (1919)

Sus dibujos podrían ser encuadrados de manera genérica dentro del arte naíf, corriente artística caracterizada por el autodidactismo de los artistas, por las representaciones ingenuas y espontáneas, por la sintetización de los objetos, y por la libre interpretación de la perspectiva, o incluso por la completa ausencia de la misma. A pesar de esta estética “naif” que presupone una graciosa falta de conocimientos técnicos y teóricos pictóricos, los dibujos son muy interesantes desde el punto de visto iconográfico y religioso puesto que nos presentan de manera gráfica los pensamientos y vivencias místicas de Madre Ángeles.

Relacionados asimismo con el Cantar de los Cantares nos encontramos con una serie de dibujos-grabados de las Pastoras. M. Ángeles llamaba “Pastoras” a una colección de 24 grabados de la Virgen Pastora, a partir de los cuales escribió un comentario en forma de diálogo entre Jesús, María y el alma, representada en la oveja, en el que describe las etapas de la vida espiritual. Además de esa colección se conservan dos dibujos en color procedentes del extinto Monasterio de las Concepcionistas de Olmedo, pintados por una monja de dicho cenobio, que prueban la difusión que tuvo la obra de M. Ángeles y su evidente influencia más allá del entorno de su propia Comunidad.

Diferentes "Pastoras"

Dirigiéndonos ahora a su faceta de escritora, lo primero que hemos de señalar es que fue una autora muy prolífica y que no se centró de forma exclusiva en la literatura mística. Por ejemplo, redactó un libro de ejercicios espirituales (15 x 20,5 cm), un volumen de comentarios al Apocalipsis (11 x 31 cm) e incluso una Oración “por la iglesia y por el papa” (13 x 16,5 cm). En la exposición también nos encontramos con una Estampa (6 x 8 cm) que a manera de díptico nos presenta por la cara principal a San Pablo y a la Virgen con el Niño, mientras que por atrás hay un texto escrito por Sor Ángeles: “Virtud. Edificar en su alma el edificio de la Santidad con propósito de terminarlo para fin de su… comenzar por quitar la tierra movediza de los afectos humanos. Plantar los cimientos de una profundísima humildad, desconfianza propia, confianza absoluta en Dios”. Y bien interesante es su Plegaría a la Inmaculada (25 x 20 cm), a la cual su hermano Fray Pedro Regalado Sorazu puso música, como de hecho se puede ver en la partitura que se expone. La letra es la siguiente: “Oh María, Oh María, Oh María Inmaculada; a tus plantas se presenta hoy mi alma enamorada; tuya madre dorada; toda tuya es mi alma, por eso se entusiasma cuando te adora y ensalza. Oh que bella eres Madre, que preciosa, cuan amable, mi alma se arrebata ante su ser adorable, es tanto lo que me atrae, tu belleza incomparable, que no pueda de tus plantas ni un momento separarme tu idea me encanta, tu mirada traspasa, no se Madre que me pasa cuando me hallo a tus plantas; mi pecho se abraza, mi alma se escapa si tú no sostienes, la vida que me falta, oh acoge pues Madre, mi Madre adorada, acoge en tus brazos, piadosa mi alma”. La partitura, firmada por el propio Fray Pedro Sorazu, tiene por la parte trasera una frase que el religioso dedica a su hermana: “Para que cantes, antes de dormir y felices noches te desea por muchos años T.A.H.”.

Si extensa es su producción literaria no lo es menos la que ha provocado la propia Sor Ángeles Sorazu puesto que ha sido objeto de numerosos estudios, especialmente enfocados en su faceta mística.

SOR ÁNGELES SORAZU Y SOR PEDRO REGALADO SORAZU. Plegaria a la Inmaculada

Y, por fin, llegamos al último capítulo, que hemos titulado como “El Incremento del Patrimonio conventual en tiempos de Sor Ángeles Sorazú”. Y es que el patrimonio artístico, devocional y religioso del monasterio se vio notablemente incrementado durante el periodo en el que Sor Ángeles ejerció el cargo de abadesa (1902-1921), ya no solo por la cantidad de bienes que adquirió sino también por los obsequios que recibió con destino al cenobio gracias al afecto que gozó entre sus contemporáneos, la mayor parte personajes pertenecientes al estamento religioso.

Uno de los mayores benefactores fue Anastasio Serrano Rubio, párroco de la frontera parroquia de San Miguel y San Julián, que obsequió a la comunidad con dos bandejas de plata –una ovalada (1905) y otra rectangular (1906)– destinadas al servicio religioso, así como dos cucharillas para el incienso (1905), un Ritual Romano (1904) impreso en Roma, e incluso una peana decorada con cabezas de ángeles. Tanto las bandejas como las cucharillas llevan grabadas las iniciales del clérigo benefactor: “A.S.R.”. El padre capuchino Mariano Vega regaló una edición moderna (1905) del Diario de Santa Verónica de Julianis, mientras que el agustino Valentín García de la Fuente hizo lo propio en 1913 con el libro Aprecio y estima de la Divina Gracia del jesuita Juan Eusebio Nieremberg. También fue escrito por Nieremberg el libro De la Hermosura de Dios y su amabilidad por las infinitas perfecciones del Ser Divino (1648) que podemos ver en la vitrina. Por su parte, el hermano de Sor Ángeles, el franciscano Fray Pedro Regalado Sorazu, obsequió a su hermana con una Cruz de nácar de Jerusalén con el Vía Crucis (1911) y un pequeño Niño Jesús (El Arte Cristiano de Olot. Hacia 1887-1910) que fue bendecido en Tierra Santa.

PADRE JUAN EUSEBIO DE NIEREMBERG. De la Hermosura de Dios... (1648)
Ritual Romano regalado por el párroco de San Miguel, don Anastasio Serrano Rubio
Bandeja regalada por el párroco de San Miguel, don Anastasio Serrano Rubio
Cruz de nácar de Jersalén con el Vía Crucis (1911)

Quizás el objeto más relevante que posee el cenobio sea el cojín sobre el que reposó la cabeza del papa Pío IX durante la exposición de su cadáver ante los fieles en la capilla del Sacramento de la basílica de San Pedro de El Vaticano, y que fue regalado a la comunidad por don José Hospital Frago, deán de la catedral y director espiritual de Sor Ángeles entre 1905-1910.

Cojín sobre el que reposó la cabeza del papa Pío IX durante la exposición de su cadáver en la Basílica de San Pedro de El Vaticano (1878)

Entre las obras que mandó fabricar o adquirir siendo ella abadesa encontramos el Armonium situado en el coro alto, dos Cruces para practicar la penitencia del Vía Crucis, las esculturas de la Inmaculada y de los Sagrados Corazones de Jesús y de María (El Arte Cristiano de Olot. Hacia 1887-1910), y la devotísima Virgen Niña o “Divina Infantita” (1911) que madre Ángeles ordenó esculpir según sus propias directrices al taller barcelonés de la Viuda de Reixach y que después envió a bendecir, por mediación de su hermano, a la Capilla de la Natividad de la Virgen en Jerusalén. Es sin duda una de las joyas del monasterio no solo por su valor devocional sin también artístico.

Virgen sobre una peana regalada por el párroco de la iglesia de San Miguel, don Anastasio Serrano

TALLER DE LA VIUDA DE REIXACH. Virge Niña - Divina Infantita (1911)
EL ARTE CRISTIANO DE OLOT. Inmaculada y Sagrados Corazones de Jesús y de María (hacia 1887-1910)

Para acabar nos encontramos con una serie de obras de las que desconocemos si su entrada en el monasterio se produjo por la vía de obsequio o de adquisición, pero en todo caso acaeció en época de Sor Ángeles Sorazu. Estamos hablando de piezas como el emotivo grupo escultórico del Descanso en la huida a Egipto (El Arte Cristiano de Olot. Hacia 1900-1920), dos grabados de Jesús y de María (siglo XIX), un juego de Sacras neogóticas (finales del siglo XIX), o un sencillo Sagrario (siglo XIX).

EL ARTE CRISTIANO DE OLOT. Descanso en la huida a Egipto (hacia 1900-1920)

Si deseáis visitar el museo su horario de apertura es:

·         Sábados de 11:00 a 13:00 horas.

·         Además, se puede concertar visita el día y hora que se desee llamando al monasterio.

 

No quiero acabar sin antes recomendaros la lectura del artículo que ha escrito acerca de este museo Javier Juárez en su magnífico blog: I Centenario de la muerte de Sor Ángeles Sorazu O.I.C. (1921-2021)

Y, para finalizar, también quiero dar las gracias a las personas que me han ayudado en la elaboración de este pequeño museíto: Alberto Tundidor, Enrique Gómez, Juliana Gómez, Eva Cristina Vaca, María Reguera y Diego Concejo, algunos de los cuales se pueden ver en esta fotografía que nos hicimos tras efectuar los últimos preparativos (¡cómo pesaban las vitrinas!) antes de la inauguración. Y, por supuesto, a la comunidad de las Concepcionistas, y en especial, a Sor Nuria y Son Rosa.

viernes, 3 de septiembre de 2021

El Monasterio de la Concepción de Valladolid

 

El pasado sábado a las 20:30 horas el Cardenal Arzobispo de Valladolid don Ricardo Blázquez inauguró en el Monasterio de la Concepción de Valladolid un pequeño museo memorial dedicado a la mística Sor Ángeles Sorazu (1873-1921), abadesa del cenobio, y a la historia y patrimonio del propio monasterio. Para celebrar la apertura de este nuevo museo vallisoletano, del cual he tenido el honor de ser el comisario, he decidido dedicar sendos artículos al monasterio y a la propia exposición. Comenzaremos por el principio, es decir, dando a conocer esta céntrica clausura (situada frente al palacio de Fabio Nelli y a la iglesia de San Miguel y San Julián) tan desconocida incluso para los vallisoletanos dado que normalmente su templo suele permanecer cerrado.

El Monasterio de la Concepción captado por el fotógrafo Antonio Passaporte hacia 1927-1936. Foto: Archivo IPCE

El Monasterio de la Concepción fue fundado en 1521 por don Juan de Figueroa, regidor de Valladolid y oidor de la Real Chancillería, y su esposa doña María Núñez de Toledo en sus casas principales, precisando que “sirvió de iglesia el zaguán de la casa que está frente de la plazuela del palacio del Marqués de la Vega [más conocido como Palacio de Fabio Nelli]”. Su generosidad para con las religiosas los llevó a dotarlas, además, con 3.000 ducados anuales. A cambio se reservaron para sí mismos y sus descendientes la utilización de la capilla mayor para su enterramiento y el derecho a colocar sus armas en la iglesia, en la portada, en la bóveda y en el claustro, como así hicieron. Asimismo, se reservaron la capacidad para nombrar 13 religiosas sin dote, vetar cualquier enterramiento en el templo si no tenía su beneplácito y tener la posibilidad de que las esposas de los patronos pudieran acceder a la clausura conventual con un límite de cuatro veces al año.

Situación del Monaterio en el mapa de Ventura Seco (1738)

Entre los sucesivos patronos del monasterio hubo algunos ilustres, caso de don Juan de Tovar, caballero de la Orden de Santiago y gentilhombre de la Boca de Su Majestad el rey Felipe IV, o su hijo don Fernando de Tovar, que llegó a ser Marqués de Valverde. Asimismo, en el monasterio sobresalió otra personalidad, aunque en esta ocasión no por sus títulos nobiliarios sino por sus facultades intelectuales. Estamos hablando de una de sus abadesas, llamada sor Petronila de Valcázar y que según Canesi gozó en su tiempo de especial renombre como poetisa, debiéndosele, entre otras cosas, las endechas que escribió con motivo del certamen poético promovido por la Cofradía de la Vera Cruz con motivo de la colocación del Cristo Crucificado en el nuevo retablo mayor del templo en 1681.

La iglesia está construida en piedra sillería según los modos del gótico de comienzos del siglo XVI. Al exterior presenta un aspecto muy austero, significándose tan solo los contrafuertes (cuatro en cada lado largo, los últimos en esviaje, cuatro en la cabecera y los dos de los pies), dos grandes ventanales rematados en arco de medio punto en cada uno de los lados largos, un óculo a los pies para iluminar el coro alto, la portada de acceso al templo desde la calle, y una humilde espadaña que se eleva sobre el tejado a dos aguas.

Dibujo de la fachada el monasterio realizado por Ventura Pérez a mediados del siglo XVIII

El aspecto actual de la portada, notablemente degradada por el paso de los siglos, poco tiene que ver con el que poseyó en tiempos y que conocemos gracias al dibujo que realizó Ventura Pérez (1704-1784) a mediados del siglo XVIII. Por entonces la portada se cobijaba bajo un soportal de madera y tejas sostenido por dos columnas. Su fachada presenta un arco de medio punto con molduración gótica por encima del cual corre un alfiz quebrado en la parte central para poder incrustar un nicho que acogía una estatua en piedra de la Virgen con el Niño, tal y como se aprecia en el citado dibujo. Esta Virgen ha desaparecido, como también los dos grandes escudos que la flanqueaban y que fueron picados por un motivo y en un momento que ignoramos. Estos escudos, que presentan entre otros blasones los de los Tovar, Sandoval y Enríquez –faltando los de los Figueroa–, pertenecen a los fundadores, aunque al hallarse coronados es más probable que correspondan a sus herederos, concretamente a los Marqueses de Valverde, que eran Figueroa y Tovar.

Estado actual de la fachada

El interior del templo presenta planta rectangular dividida en tres tramos y cabecera con un testero de tres paños cubiertos por bóvedas de crucería estrellada, todas ellas diferentes, cuyas claves irían decoradas por unos desaparecidos pinjantes. Revisten notable interés las ménsulas repartidas por toda la iglesia –presentan escudos, cabezas humanas y otros elementos decorativos como estrellas–, amén del escudo labrado en la parte alta del paño central de la cabecera, tapado en su mayor parte tras el recrecimiento del retablo mayor realizado durante las reformas en el templo entre 1953-1954.

A los pies del templo se eleva el coro alto (el coro bajo ha desaparecido, aunque consta que estuvo separado del resto de la iglesia por una reja), formado por cinco celosías de tracería geométrica y coronación renacentista culminada por la calavera de Adán, milimétricamente situada a la altura de la base del Crucifijo que remata el retablo situado tras ellas. Bajo la celosía central encontramos una inscripción parcialmente perdida en su último renglón: “Esta obra y monesterio de Nuestra Señora ycieron Juan de Fygeroa regydor y do[ña María Núñez de Toledo]”. Justo debajo, y a manera de clave decorativa del arco que sostiene el frente del coro alto volvemos a encontrarnos con el escudo de la pareja. En el coro alto nos encontramos con una de las piezas más valiosas del convento, no solo desde el punto artístico sino espiritual. Se trata de una Inmaculada Concepción denominada “la Priora” por estar dispuesta en la silla prioral de la sillería.

 

Iglesia

Aunque hoy en día el templo se nos muestra desornamentado antiguamente poseyó numerosas lápidas funerarias, pinturas murales, retablos, esculturas y cuadros. Actualmente tan solo encontramos el retablo mayor, los dos retablos colaterales neogóticos, y la preciosa Inmaculada Concepción (Felipe Espinabete, ca. 1760) llegada hace un par de años desde el convento de las Concepcionistas de Olmedo. Según el ilustrado local Rafael Floranes (1743-1801) debajo del altar mayor se encontraba una bóveda en la que se dispuso por entonces la sacristía.

Antiguamente poseyó numerosos retablos, pinturas y esculturas, todo ello vendido (consta la venta al Arzobispado de al menos un cuadro importante, aunque no se especifica cual) por las madres tras la posguerra para poder subsistir. Buena parte de todos estos bienes desaparecieron en el bienio 1953-1954: en el primero de estos años se pintó la iglesia y se “renovó” buena parte del mobiliario litúrgico, y al año siguiente se continuaron con algunas obras con motivo del I Centenario de la definición dogmática de la Inmaculada.

El retablo mayor perteneció a los padres Clérigos Menores, que lo tenían puesto bajo la advocación de San Cayetano. En 1726 las madres concepcionistas se lo adquirieron con ayuda del dinero que les había dejado “una bienhechora que está enterrada en el coro”. El 25 de septiembre de ese mismo año se festejó “la traslación del Santísimo Sacramento y María Santísima de la Concepción al nuevo retablo”. Hoy en día retablo presenta en su cuerpo tres imágenes sin ningún valor artístico (la Inmaculada, San Francisco de Asís y San Buenaventura) de mediados del siglo XX y en el ático un Crucificado barroco de finales del siglo XVII. 

Anteriormente el retablo poseyó buenas esculturas en madera policromada. Gracias a un inventario realizado en el bienio 1837-1838 sabemos que el retablo estaba presidido por una Inmaculada Concepción -quizás se trate de la copia de Gregorio Fernández (1576-1636) que preside el coro y que recibe el cariñoso apelativo de “La Prelada”-, flanqueada en las hornacinas laterales por San José -será el conservado en clausura y que entre medias ocupó el retablo de la epístola más cercano al coro- y un desaparecido San Francisco de Asís. Por su parte, el ático exhibía un Calvario compuesto por Cristo crucificado con San Juan y la Magdalena -desaparecidas todas ellas quizá a excepción del Crucificado-, y entre las columnas del tabernáculo encontraban acomodo dos esculturitas de San Antonio y San Pedro de Alcántara. Cuando Casimiro González García-Valladolid observó el retablo en 1901 ya no encontró a San José, que había sido sustituido por un Santo Domingo de Guzmán, actualmente desaparecido.

Se conserva una fotografía del retablo fechable a comienzos del siglo XX en la que podemos ver una Inmaculada flanqueada por San Francisco y Santa Beatriz de Silva, que fue canonizada en 1926. Por su parte, en los extremos del ático se perciben dos imágenes barrocas de Santo Domingo y quizás, San Pedro de Alcántara. Llama la atención que en esa misma fotografía aparecen flanqueando el retablo mayor dos retablos colaterales fingidos, es decir, pintados en la propia pared. Presentaban una traza clásica por lo que serían pintados durante la primera mitad del siglo XVII. Ambos retablos, que quizá se conserven bajo el repinte en despiezado realizado entre 1953-1954, contenían por entonces las esculturas de los Sagrados Corazones de Jesús y de María (El Arte Cristiano de Olot. Hacia 1887-1910), adquiridas ambas en tiempos de la abadesa Sor Ángeles Sorazu.

Los otros dos retablos que actualmente se pueden admirar son dos sencillos ejemplares neogóticos dedicados a San Antonio de Padua, el del lado del evangelio, y a Santa Beatriz de Silva, el de la epístola. Anteriormente la imagen de la fundadora de las Concepcionistas estuvo colocada en un retablo ecléctico que existió en la iglesia y que hoy en día se encuentra en la clausura y presidido por una Santísima Trinidad. Ambos retablos neogóticos serían labrados a comienzos del siglo XX, mientras que las esculturas parece que se realizarían hacia 1953: el San Antonio en los Talleres de Olot y la Santa Beatriz en algún taller valenciano, quizás en el de los Tena o en el de Inocencio Cuesta.

 

Claustro

El espacio más interesante del convento junto a la iglesia es el claustro, situado junto al muro de la epístola del templo. Se trata de un claustro cuadrado de dos pisos fechable en el segundo cuarto del siglo XVI. El piso bajo presenta arquerías de medio punto sobre columnas toscanas, y el alto pilares que soportan arcos escarzanos, si bien este último ha sido producto de numerosas reformas. El interés del claustro reside en la serie de capillitas con portadas ejecutadas en yeso hacia 1545 por el célebre Jerónimo de Corral, escultor especialista en el yeso que junto a sus hermanos trabajó en obras tan importantes como la Capilla de los Benavente de Medina de Rioseco. La totalidad de ellas se encuentran en el piso bajo, a excepción de una pequeña situada en el piso alto en la crujía que linda con el templo conventual y que presenta una portada decorada con un friso de putti cabalgando so­bre dragones, decorado con guirnaldas y cabezas de ángeles. En su reducido interior, unos pilares sostienen unas vigas decoradas en su cara interior por motivos acasetonados y en la exterior por un friso de bucráneos, telas y seres fantásticos. El mismo motivo de casetones octogonales aparece en las esquinas, a modo de pechinas planas, con cabezas de serafines en cada rincón. En uno de los muros de este espacio tan modificado, que actualmente muestra un cielo raso, aparece el interesante medallón de la Virgen con el Niño.

Mayor interés tiene el claustro bajo, donde localizamos tres capillas y la parte superior de una portada que daría acceso a un espacio ac­tualmente cegado. En el muro del templo se abren dos de ellas. La capilla “de las Sirenas” casi en el centro de la panda, se divide en dos cuerpos, siendo el elemento más destacado el grupo que centra el ático, compuesto por dos sirenas sosteniendo una gran venera enmarcada por el cordón franciscano. En la esquina izquierda de esta misma panda se abre la capilla de la Visitación, que es la única que carece de motivos figurativos, siendo todos ellos decorativos. Los dos elementos más destacados de esta capillita son el frontón trapezoi­dal rematado por un jarrón y flanqueado por dos ángeles haciendo sonar sus trompetas y con una calavera a sus pies, y los azulejos renacentistas del interior que bien pudieron servir de decoración al desaparecido altar.

Capilla "de las sirenas"
Capilla de la Visitación

La capilla de la Anunciación, situada en la panda del mediodía, es la más importante desde el punto de vista artístico. Su portada lleva colum­nas pseudocorintias con cabezas de carnero en las esquinas, cabezas de ángeles y otros elementos decorativos. En el ático presenta una especie de pequeño retablo flanqueado por dos ángeles con candeleros. La escena principal de ese retablo es la Anunciación y encima en el frontón aparece el Padre Eterno bendiciendo y rodeado de angelotes. Una vez se traspasa el umbral de la capilla y miramos hacia arriba observamos una “bóveda celestial” modelada en yeso. Se trata de un espacio cuadrado cubierto por una cúpula sostenida por pechinas aveneradas en cuyo centro aparecen ángeles desnudos. La cubierta cupulada sigue el modelo de forma estrellada con gran clave central cuyos nervios curvos diseñan una flor de ocho pétalos y terceletes a modo de arquillos de medio punto. Los distintos niveles de su plementería se ornamentan con cartelas de cueros re­cortados, casetones y cabezas de serafines con las alas cruzadas en aspa. Los muros laterales muestran cada uno un par de medallones con los bustos en relieve de un hombre y una mujer, rodeados por un ancho marco de seres fantásticos, dragones y angelillos. Entre ellos se colocaron dos escudos heráldicos que quizás pertenezcan a los Álvarez de Toledo el de la izquierda, y a los Enríquez el de la derecha.

La cuarta y última es la capilla de la Coronación de Espinas, situada en la panda norte del claustro. Tan sólo se conserva la parte superior de la portada y el remate, en el cual se desarrolla un altorrelieve de la Coronación de Espinas flanqueado por dos seres fantásticos alados, una especie de grifos con cabeza de león.