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miércoles, 27 de abril de 2022

El Centurión Romano (2022) de la escultora Ana Rey para el paso de "La Sentencia" de la Hermandad de Jesús de Medinaceli

 

La Semana Santa de Valladolid del año 2022, la denominada “del reencuentro” tras la suspensión de las dos últimas por el Covid, será recordada por sus muchas novedades, si bien hay una que sobresale por encima del resto. Se trata del portentoso Centurión Romano que con suma destreza ha labrado en su taller de Chiclana de la Frontera (Cádiz) la escultora Ana Rey (Cádiz, 1981) –maestra especialista en la imaginería procesional pasionista, pionera en la utilización del modelado digital en 3D, y poseedora del premio La Hornacina a la mejor escultura del año 2018 por su talla del Jesús Despojado de Pulpí (Almería)– para el paso de La Sentencia que la Hermandad del Santísimo Cristo de Jesús de Medinaceli, Nuestra Señora de la Divina Misericordia y Discípulo Amado está formando entorno a su imagen titular de Jesús de Medinaceli (Juan Antonio Blanco, 2012) y que se completará en años venideros con otras tres tallas: la de Pilatos, la de su mujer Claudia Prócula y la de un niño con una palangana que venga a simbolizar el momento en el que Pilatos se lavó las manos a la hora de elegir entre liberar a Cristo o a Barrabás.

La imagen ha logrado una serie de hitos, empezando por el del escaso tiempo de ejecución dado que fue encargada en el mes de noviembre de 2021 y en tan solo cinco meses ha estado lista para estrenarse en la Semana Santa 2022. Asimismo, se trata de la primera escultura procesional, ya sea realizada ex profeso o no, que participa en la Semana Santa de Valladolid que lleva firma de mujer; y, además, es el primer soldado romano que se labra desde que lo hiciera por última vez Alonso de Rozas (ca.1625-1681) a finales del siglo XVII –entre 1674-1681 concibió los cuatro soldados romanos del paso del Santo Sepulcro de la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias–. Las escenas de Pasión de Valladolid no se caracterizan, desde luego, por la presencia de actores romanos sino de sayones –burdos verdugos descamisados, de rasgos grotescos y actitudes descaradas que venían a ser una caricatura de los maleantes que frecuentaban los bajos fondos de la ciudad: delincuentes, mercenarios, villanos y rufianes, etc–. Incidimos en este hecho porque el Centurión romano de Ana Rey es un hito dentro la iconografía de la Pasión vallisoletana, tanto por el hecho de recuperar la figura del “romano” como por el de que sea el primero vestidero, para así ir en consonancia con Jesús de Medinaceli.

La imaginera nos presenta una escultura con un claro espíritu barroco en la que ha logrado mezclar de manera magistral su estilo con las enseñanzas de los dos grandes maestros “vallisoletanos”. De Juan de Juni (1506-1577) parece haber tomado el acentuado dramatismo y la expresividad, mientras que de Gregorio Fernández (1576-1636) ha hecho lo propio con el patetismo, la utilización de diversos tipos de postizos y la captación de un rostro horrendo para simbolizar la más pura maldad. A todo ello ha sumado su gusto por el hiperrealismo, un hiperrealismo llevado al extremo como puede observarse en el rostro, en el cual ha labrado con minuciosidad los rasgos faciales y las arrugas, tanto las de la edad como las propias de la expresión, que en este caso se torna en un semblante agresivo –la propia Ana Rey ha señalado que la única indicación que he recibido de la cofradía es que tuviera cara de malo, malo”, y a fe que lo ha conseguido– y una mirada de odio hacia Cristo. Todo ello se complementa con un apurado estudio de la barba y de la cabeza rapada, con unos ojos y dientes que presentan un brillo que les hacen parecer de verdad y unos labios movidos con un naturalismo sobrecogedor.

Fotografías de Ana Rey

Este atlético centurión posee un tamaño cercano al natural (178 cm, más otros 7 cm de peana) y está labrado en madera de cedro de Brasil –se trata de una madera amarga “para que los bichitos (xilófagos y termitas) no se lo coman como hacen con la madera de pino, que es muy dulce", ideal para este tipo de escultura "que además se talla muy bien–. Aunque se trata de una imagen de vestir con el cuerpo completamente esculpido tan solo se ha anatomizado parte de él, lógicamente la visible: cabeza, brazos y piernas. También está realizada en madera la lengua, mientras que los dientes son de protésico y las pestañas son de pelo natural. Desde siempre la utilización de postizos ha sido un recurso de los escultores para aportar un mayor verismo a sus creaciones siendo el Barroco su etapa de mayor esplendor y en la que alcanzó una mayor variedad.

La imagen posee un enorme dinamismo y muestra una alta intensidad emocional que contrasta con la inmovilidad patente en el Jesús de Medinaceli. Asimismo, ambas imágenes también divergen en su propia concepción puesto que mientras que Cristo presenta un rostro idealizado, su verdugo exhibe un soberbio rostro hiperrealista. Es de admirar la manera en que la escultora mueve a su centurión dado que conquista por completo el espacio, disponiendo los brazos y las piernas en diversas direcciones y coloca levemente flexionadas las rodillas para aumentar la tensión y el movimiento. A todo ello hay que sumar el giro violento del cuello para mirar a Jesús, que se sitúa a su izquierda, o la decisión que desprende del gesto autoritario con el que señala a Cristo el pueblo.


El centurión viste con arreglo a la indumentaria real de la época con ropajes de tela natural y diversas piezas de orfebrería, todo lo cual no hace sino aumentar aún más el realismo. Así, porta una túnica encarnada corta hasta las rodillas con franjas decorativas geométricas y flecos dorados en la parte baja y en las mangas, un manto azul sujeto en los hombros por fíbulas, una lorica segmentata (coraza con protección en los hombros compuesta a base de placas metálicas que se utilizó durante el Alto Imperio) y bajo ella, colgando de la cintura, los baltea, unas tiras colgantes de cuero decoradas con pequeños círculos metálicos. Finalmente, lleva los pies protegidos por unas sandalias, las clásicas caligae. En la mano derecha sujeta una lanza tipo pilum con la punta de plástico para que se doble y no se rompa cuando el paso entre o salga por la puerta del templo dada la escasa altura de la misma.

Sus brazos también son un prodigio de realismo pues están captados con notable verismo los codos, los nudillos, las articulaciones y hasta las uñas. Hay algunos detalles realmente estremecedores como son los tendones o las venas que dan relieve y vida a esos fibrosos brazos. Todo ello nos revela a una escultora que trabaja pormenorizadamente y que no deja escapar ningún detalle, mostrando un profundo amor a su oficio y un deseo constante de superación, características todas ellas que le asemejan a su escultor favorito de todos los tiempos, el navarrés Luis Salvador Carmona. Hay otro escultor, bastante más cercano en el tiempo, al que tuvo por referente al comienzo de su carrera, estamos hablando del cordobés Francisco Romero Zafra.

Fotografía tomada de Iglesia en Valladolid

Presentado en la sede canónica de la hermandad, la iglesia de San Martín, el 3 de abril de 2022, su estreno se produjo en la Procesión de Amor y Misericordia de Jesús de Medinaceli, celebrada en la tarde-noche del Domingo de Ramos (10 de abril). La procesión partió del templo a las 19:00 h., y no regresó hasta las 23:30 h., estando todo tiempo, y aún bastante antes de que comenzara el cortejo, acompañada por un público numerosísimo que desbordaba las aceras de la mayor parte del recorrido y que deseaba admirar esta nueva imagen que tanta expectación y curiosidad había despertado desde el momento en que se anunció su presentación y que se habían incrementado tras la misma.

La acogida del centurión ha sido extremadamente positiva a pesar de presentar una estética bastante diferente de la que está el gusto de los vallisoletanos. La imagen ha satisfecho a la inmensa mayoría del público (algunos críticos le achacan, sin que eso tampoco sea algo negativo, su excesivo realismo o la utilización de vestiduras de tela y metal), hecho notablemente positivo dado que buena parte de las esculturas que ha aportado la imaginería contemporánea han estado discutidas. Ni siquiera dos obras que hoy consideramos maestras –y que fueron las primeras modernas– como son la Sagrada Cena (Juan Guraya Urrutia, 1942-1958) y el Cristo de la Preciosísima Sangre (Genaro Lázaro Gumiel, 1953) evitaron su discusión debido a que sus cánones estéticos diferían notablemente del que se consideraba como tradicional de la ciudad. Desde las referidas fechas se han incorporado numerosas imágenes y conjuntos procesionales –con mayor o menor fortuna, de mayor o menor calidad– y hemos de afirmar que el Centurión romano que ha materializado Ana Rey probablemente sea, técnicamente hablando, la mejor escultura procesional que se ha incorporado a la Semana Santa de Valladolid a lo largo del siglo XXI. Tras la Semana Santa, en Centurión se ha colocado en la capilla en la que la cofradía tiene dispuesto durante el año a su imagen titular.

En definitiva, la escultora es una maestra con un gran presente y un futuro envidiable como así parece indicarlo su constante evolución, en la que ha ido perfeccionando su arte y concibiendo una serie de obras maestras, caso de la Santa Maravillas (2013) que ejecutó para el Convento de las Carmelitas Descalzas de San Lorenzo de El Escorial (Madrid), del Jesús coronado de espinas (2019) de la iglesia San García Abad de Algeciras (Cádiz), de María Reina del Santo Rosario (2021) de Colección Particular de Ciudad Real, y, por supuesto de “nuestro” Centurión romano. En todas ellas observamos, como ya hemos referido al hablar del Centurión, un asombroso hiperrealismo, pero eso no es lo más importante ni lo más destacado. Es decir, el hiperrealismo es un estilo como cualquier otro (gótico, renacentista, barroco, etc…) y como ocurría con los otros, no solamente hay que demostrar ser diestro en el manejo de la gubia (que también), sino ser capaz de que esos personajes que has creado parezca que tienen vida interior, que sientan y que hagan sentir, y ese detalle es precisamente el que diferencia a un buen escultor de uno excelente, caso de nuestra imaginera. Ojalá nuestra ciudad cuente pronto con más obra suya y nos concienciemos de priorizar la calidad a la vecindad.

Santa Maravillas (2013). Fotografías de Ana Rey

Jesús coronado de espinas (2019). Fotografías de Ana Rey

jueves, 7 de agosto de 2014

LA YESERÍA EN LA PROVINCIA DE VALLADOLID I: La Capilla de Don Gaspar de Valladolid en la iglesia de San Martín de Valladolid


El rasgo que mejor define el arte barroco hispano es su profundo sentido decorativo en contraste con la sencillez de las estructuras. Parte esencial de esta decoración lo constituyen, por su variedad y riqueza de invención, las yeserías polícromas que tapizan interiores de bóvedas y las cúpulas, siguiendo diseños que evolucionan desde lo puramente lineal hasta motivos figurados muy diversos.
Las labores en yeso, de tradición mudéjar fuertemente arraigada, se cultivaron de modo aislado durante el renacimiento –no podemos olvidar la capilla de los Benavente en la iglesia de Santa María, de Medina de Rioseco–, para resurgir con los albores del siglo XVII y desarrollarse durante esa centuria y la siguiente, dando lugar a múltiples y fastuosas creaciones barrocas.

Yeserías de la Capilla de los Benavente en la iglesia de Santa María, de Medina de Rioseco. Fotografía tomada de: http://www.montorocastro.es
Fotografía tomada de: http://rutastranquilas.blogspot.com.es/2013/06/medina-de-rioseco-2.html
El yeso cuenta a su favor con la facilidad para su modelaje y además un precio más que económico. Gracias a ello la arquitectura más ambiciosa pero también, y sobre todo, la más modesta, pudo revestirse de una exuberante ornamentación, acorde con el sentido español de la estética, que se hace especialmente patente en la región andaluza. Las yeserías de la bóveda de la catedral de Córdoba se consideran el punto de partida del gran desarrollo que el arte del estuco figurado polícromo alcanzaría en las distintas ciudades andaluzas.
Pero si el gusto por lo decorativo es característico de lo hispano, parece fuera de duda que la gran mayoría de los modelos ornamentales utilizados aquí y allá proceden de repertorios europeos, del manierismo italiano primero al que se unen más tarde los diseños de tratadistas nórdicos. Guirnaldas, acantos, grutescos de muy variadas formas, tarjas, roleos, cintas, cartuchos, etc., formas, en suma, como las que aparecen en la Arquitectura de Dietterlin, con su carga de fantasía e incluso de irracionalidad, penetran en España a través de grabados y, sobre todo, del libro impreso y por la misma vía llegan a las provincias americanas. Los prototipos manieristas perviven en ambos casos durante todo el barroco, junto a otros motivos vegetales, heráldicos y de rocallas, a los que se unen en América, aunque en mucho menor grado, otros surgidos de la flora y fauna local.
Los más notables ejemplos de yeserías figurativas revisten los interiores de edificios de reducidas dimensiones: capillas sacramentales, hospitales, ermitas y, sobre todo, capillas y camarines dedicados al culto mariano, en los que arquitectura y decoración se funden creando ámbitos de gran barroquismo donde se desarrollan complejos programas iconográficos.
El barroco vallisoletano es rico en cubiertas adornadas con yeserías si bien los motivos más usuales son abstractos y, frecuentemente, sin policromar. En la primera mitad del siglo XVII aparecen exclusivamente formas geométricas, singularmente las puntas de diamantes. Más tarde los modelos van enriqueciéndose y abultándose, con inclusión también de rameados y tarjetas hasta llegar al hito que supone la decoración de las bóvedas de la iglesia de Santiago, en Medina de Rioseco, realizadas entre 1672-1673 por el arquitecto Felipe Berrojo, en las que aparecen tarjetas vegetales, escudos e incluso decoración figurada con motivos santiaguistas que incluyen el relieve del apóstol titular, que además se policroman. No obstante, los motivos se disponen de forma aislada, sin ocultar las líneas arquitectónicas, rasgo éste que, con muy pocas excepciones, será constante del estilo local.

Yeserías de la iglesia de Santiago Apóstol de Medina de Rioseco
Así pues, lo poco compacto de los diseños, la falta de policromía y la escasez de motivos estrictamente decorativos son las características de las yeserías vallisoletanas. Curiosamente los casos de decoración más profusa se dan en edificios modestos, como las ermitas de Nuestra Señora del Carmen, de Torrecilla de la Orden, y de la Virgen de Tiedra Vieja, en Tiedra, singularmente ésta última, con motivos vegetales, veneras, emblemas marianos y relieves historiados en las pechinas que hacen de ella el conjunto más cercano a la sensibilidad andaluza.

Yeserías de la ermita de Nuestra Señora de Tiedra
Junto a ellos contamos con dos ejemplos que bien pueden ser considerados como de los más bellos de la provincia, puesto que además presentan una cierta originalidad y ofrecen rasgos que pueden vincularlos con creaciones americanas. Se trata de la Capilla de don Gaspar de Vallejo en la iglesia de San Martín de Valladolid y la Capilla de la Virgen del Carmen de la iglesia de Santiago de la villa de Alcazarén. Hoy trataremos sobre el primer ejemplo.

LA CAPILLA DE DON GASPAR DE VALLEJO EN LA IGLESIA DE SAN MARTÍN DE VALLADOLID
A finales del siglo XVII se abre en el tramo central del muro del evangelio una capilla perpendicular al cuerpo de la iglesia integrada en tres ámbitos: el central, cuadrado, se cubre con cúpula sobre pechinas que presenta una interesante decoración de yeserías figurativas. La capilla tuvo la advocación de San Juan de Sahagún y fue fundación de don Gaspar de Vallejo, Caballero de Santiago, del Consejo Supremo de Castilla, que tenía sus casas principales fronteras a la iglesia aunque residía en la corte.
La edificación de la capilla se comenzó en octubre de 1693, cuando se nombró a varios maestros de obras “para ber y reconozer la planta y fábrica de la capilla que se a de hazer”, determinando la disposición que debía tener. Inmediatamente se adquirió el terreno y se pregonó la obra, adjudicándose a los maestros de obras Pablo Mínguez y Manuel Izquierdo en 33.000 reales de manos y materiales. La edificación se prolongaría hasta septiembre de 1697, momento en que se certifica “que la dha capilla estaba acabada”. En octubre los maestros dieron carta de pago y finiquito del precio estipulado más 5.350 rs. “que an ynportado las mejoras que ycieron en dha capilla” y acrecentaron después del remate de ella conforme a la traza planta y condiciones de Juan Tejedor.

La profesa Fernández el Hoyo piensa que las citadas mejoras harían referencia a la decoración de yeserías, corriendo por tanto el diseño de las mismas por cuenta de Tejedor Lozano. Abona esta suposición el que el propio artista sea el autor de las trazas de la capilla de los Gaitán, en la iglesia de San Pedro, de Tordesillas (Valladolid), construida en 1674 y que presenta yeserías con rameados y escudos en paredes, pechinas y media naranja En tanto que en la capilla tordesillana aparecen únicamente motivos vegetales y heráldicos, la cúpula vallisoletana incluye la figura humana en contraste con los motivos estrictamente geométricos que cubren el resto de la capilla.

Yeserías de la capilla de los Gaitán, en la iglesia de San Pedro de Tordesillas
Pasando ya a analizar las yeserías de San Martín, en el vértice de las pechinas un mascarón fitomorfo sirve de punto de arranque a follajes de zarcillos de acanto que envuelven atributos marianos: jarrón de flores, ciprés, espejo, palma respectivamente; la policromía es de tonos oscuros. La cúpula presenta un tambor en el que se disponen alternativamente 8 ventanas –de las cuales sólo una está abierta– y 8 pedestales adornados con sartas de frutas. Sobre éstos, y ya en la curva de la cúpula, figuras de apóstoles en relieve asimismo policromados en tonos predominantemente oscuros. Es fácil reconocer a San Pedro, San Pablo, San Andrés, San Juan y Santiago el Mayor, y, de forma más dudosa, a San Mateo, Santo Tomás y San Felipe (?). El casquete que remata la cúpula lleva en el centro un marco rectangular, con grandes orejeras, que encierra la figura en relieve de la Inmaculada; uno y otra están asimismo policromados. En torno a ellos y a modo de corona se disponen 8 medias figuras, al parecer femeninas, de rostros delicados y abundante y rizada melena, cuerpos vestidos y cortados a la altura de los hombres como si fuesen maniquíes; de cintura para abajo los cuerpos se convierten en follaje en tanto que los inexistentes brazos se sustituyen por guirnaldas de flores y frutas que enlazan, sin solución de continuidad, con la figura siguiente. Estas figuras están sin policromar.

La iconografía es muy sencilla: la Inmaculada, a la que se refieren los emblemas de las pechinas, aparece escoltada por los apóstoles, con una disposición para la que pueden encontrarse abundantes paralelismos, entre los que podemos recordar la cúpula octogonal de la capilla del Rosario, en la iglesia de Santo Domingo, de Oaxaca (México), contemporánea, con relieves de apóstoles en torno a la Virgen del Rosario, si bien la desnudez de la cúpula vallisoletana contrasta abiertamente con el abigarramiento de la mexicana.

Vistas de la cúpula de la capilla del Rosario de la iglesia de Santo Domingo de Oaxaca. Fotografía tomada de: http://cvc.cervantes.es/artes/ciudades_patrimonio/oaxaca/paseo/acc-santodomingo.htm
Fotografía tomada de http://www.taringa.net/posts/info/12670014/Artes-de-mexico.html
El motivo del torso humano mezclado con vegetación, que deriva del grutesco, es forma muy habitual desde el renacimiento. Difundida a través de grabados y orlas de libros, prolifera como motivo decorativo en piedra, madera, metal y estuco, recubriendo fachadas, soportes arquitectónicos, retablos y bóvedas en la Península y América, presentando figuras variadas.
Sin embargo no son tan frecuentes los casos de una disposición similar a la que presentan las figuras de San Martín, entrelazadas formando círculo, aunque no falten ejemplos relacionables. El más conocido probablemente sea pese a la diferencia de material, el de la cúpula de la iglesia de Santiago, de Pomata (Perú), en la que tres tipos diferentes de figuras-follaje se unen en una rítmica composición que algunos han interpretado como corona de ángeles derivada de pinturas renacentistas italianas y otros como una danza rítmica de estirpe indígena.

Cúpula de la iglesia de Santiago de Pomata (Perú). Fotografía tomada de https://www.flickr.com/photos/plushot/
La cúpula se ha relacionado con la tradición mudéjar y sus repercusiones en el barroco andaluz; cúpulas del camarín de la Virgen del Rosario, en la iglesia de Santo Domingo, de Archidona (Málaga) y de la parroquial de Herrera (Sevilla), aunque en ésta última predominen las formas inorgánicas.
Junto a estas realizaciones, las figuras de San Martín destacan por su elegancia si bien no podemos obviar la irregular disposición de las cuatro que coinciden con las orejeras del marco de la Virgen, lo que pudiera atribuirse a una torpeza del tallista en la plasmación del diseño.
BIBLIOGRAFÍA
  • FERNÁNDEZ DEL HOYO, María Antonia: “Las yeserías figurativas: apuntes para su estudio”, Actas del V Simposio hispano-portugués de historia del arte, Valladolid, 1990, pp. 113-117.