El pasado jueves 12 de marzo, y gracias a la iniciativa de la Junta de Cofradías de Semana Santa de Valladolid, la ciudad saldó una deuda largamente pendiente con el escultor Pedro Verdugo (1888-1955). Se trata de un artista profundamente vinculado al ámbito cofrade que, sin embargo, ha permanecido durante décadas en un discreto segundo plano y continúa siendo, aún hoy, un gran desconocido en la ciudad que le vio nacer. Precisamente por ello resultaba necesario rescatar su figura y poner en valor la relevancia de su legado artístico.
Su relación con el mundo cofrade fue, en efecto, muy estrecha, aunque nunca llegara a recibir encargos para la ejecución de imágenes procesionales. Consta que presentó diversos proyectos para pasos como La Borriquilla o La Sagrada Cena. Asimismo, fue miembro de la Insigne Cofradía Penitencial de Nuestro Padre Jesús Nazareno, para la cual diseñó la medalla que los cofrades portan en el pecho, así como las varas de los alcaldes y de quienes desfilan en la presidencia de la procesión. A ello se suma su labor en la restauración de las imágenes del Nazareno y del Cristo de la Agonía, la realización de la histórica maqueta de la Procesión General y la construcción de sendas carrozas destinadas a los nazarenos de Valladolid y de Medina del Campo.
El libro que tuve el honor de escribir se propone, precisamente, arrojar luz sobre su vida y su obra, y de manera muy especial sobre aquella que lo vinculó más estrechamente con la Semana Santa de su ciudad: la histórica maqueta de la Procesión General.
Por eso, el volumen se articula en torno a dos grandes ejes, que serán también los que estructuren esta presentación. Por un lado, a lo largo de sus 136 páginas se aborda la figura de Pedro Verdugo, reconstruyendo su biografía, su producción artística y las influencias que se advierten en ella. Por otro, se analiza la génesis y la evolución de la maqueta de la Procesión General, así como las miniaturas de los pasos que la integraron.
La bibliografía sobre el escultor es prácticamente inexistente, pero gracias a la colaboración de sus descendientes y al testimonio de la prensa local, ha sido posible recuperar numerosos datos sobre su vida y su producción artística.
Pasando a comentar brevemente su biografía, Pedro Verdugo Pérez nació el 31 de enero de 1888 en Valladolid, en la casa familiar situada en el número 16 de la entonces calle de los Mostenses, actual calle de José María Lacort.
Aunque no existían antecedentes artísticos en su familia, desde muy joven mostró una clara inclinación hacia el arte. Quizás influyera en ello la contemplación directa de las grandes obras de la imaginería vallisoletana, especialmente las de Alonso Berruguete, Juan de Juni y Gregorio Fernández, a quienes años más tarde señalaría como sus escultores predilectos.
Movido por esa vocación, ingresó en 1903 en la Escuela de Artes e Industrias de Valladolid. Tras concluir su formación y cumplir el servicio militar obligatorio, contrajo matrimonio con Eugenia Eufrosina Santos, con la que tuvo cuatro hijos.
Entre sus primeras obras de relevancia destaca la decoración del Paraninfo de la Universidad de Valladolid, realizada en colaboración con Julio Martín y finalizada en 1924. En esos mismos años intervino también en la ornamentación de diversos espacios de la Academia de Caballería y del Palacio de la Diputación Provincial, así como en la decoración de la fachada de la antigua Escuela de Comercio.
Entre 1927 y 1929 trabajó también en el convento de los Agustinos Filipinos, donde realizó parte de la decoración de la sillería y la silla principal, con su medallón de San Agustín, además de ejecutar la gran imagen Niño Jesús de Cebú que corona la fachada de la iglesia conventual.
Sería a mediados de la década de 1930 cuando Verdugo comenzaría su relación con las cofradías, y más concretamente con la suya, la Insigne Cofradía Penitencial de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Aunque su contribución más célebre fue la construcción de la carroza procesional, también desempeñó un papel fundamental en la restauración de las Sagradas Imágenes de la hermandad, cuando se les partieron sendos brazos al Santo Cristo de la Agonía y a Nuestro Padre Jesús Nazareno en los Vía Crucis Procesionales de 1935 y 1946 respectivamente. Su vinculación con la cofradía continuó en los años siguientes ya que realizó la reproducción de Nuestro Padre Jesús Nazareno que figura en las varas que portan los Alcaldes y Hermanos cofrades que van en la presidencia de la procesión.
Nuestro escultor no trabajó únicamente por cuenta propia. Durante un tiempo colaboró también con la empresa del industrial vallisoletano Daniel Pérez Rodríguez, propietario de unos talleres de arte religioso situados en la calle Puebla. Su objetivo era ambicioso: recuperar para Valladolid el prestigio que había tenido en otros siglos como uno de los grandes centros de imaginería y arte mobiliario religioso. Al frente de la sección de imaginería situó a Pedro Verdugo, mientras que Mariano García Maestro fie el responsable de las labores de pintura, dorado y policromía.
Hay que tener en cuenta el contexto histórico del momento. La destrucción de numerosas imágenes y retablos durante los años de la Segunda República y de la Guerra Civil generó una enorme demanda de nuevas obras destinadas a reponer las pérdidas. En ese contexto, talleres como el de Daniel Pérez desempeñaron un papel fundamental, enviando trabajos no solo a Valladolid, sino también a otras provincias especialmente afectadas. Entre todos estos trabajos destaca el Santísimo Cristo del Consuelo, una de las obras maestras de Verdugo, realizado para la localidad toledana de La Villa de Don Fadrique, de la que es patrón.
El año 1942 sería uno de los más importantes en la vida del escultor, tanto en el plano profesional como, posiblemente, en el emocional, pues logró adjudicarse el concurso para la construcción de la carroza procesional de Nuestro Padre Jesús Nazareno. En el contrato, suscrito el 26 de mayo de 1942, junto con el alcalde-presidente Paulino Macías, y el secretario nazareno Germán Miranda del Hoyo, se establecía que debía construir una carroza procesional «digna de llevar la Sagrada Imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, siguiendo la escuela y estilo de nuestros grandes maestros de los siglos XVI y XVII».
La riqueza decorativa de la carroza se ve complementada por los fantásticos relieves que la alhajan. Los episodios de la Pasión –siete en total– se distribuyeron del siguiente modo: en los laterales, el Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo, La Magdalena ungiendo los pies del Señor, El Beso de Judas, La presentación al populacho de Nuestro Señor por Pilatos, El camino del Calvario y El Santo Entierro; en la parte trasera, «La Oración del Huerto»; y en la delantera, «el emblema de la Cofradía sostenido por Ángeles”. Además, en las cuatro esquinas se situaron los Evangelistas.
En 1944, la Cofradía de El Descendimiento encargó a Verdugo una maqueta de su paso titular, El Descendimiento, que el escultor concluyó al año siguiente. La iniciativa había sido acordada por la cofradía con el propósito de rifar la maqueta y destinar lo recaudado a sufragar los gastos de la nueva carroza del paso. Esta maqueta, que llamó poderosamente la atención en la ciudad, puede considerarse, además, un precedente de las maquetas de los pasos de la Procesión General. La cofradía quedó tan satisfecha con el resultado que volvió a contar con el escultor para la decoración en talla de madera de la nueva carroza del paso, que es la que aún conserva.
También por estos años realizó sendos bocetos para participar en los concursos convocados para la realización de los pasos de la Sagrada Cena y La Borriquilla, si bien este último proyecto, por fortuna, no llegó a materializarse. Casi con toda seguridad este último boceto es el que conserva la Cofradía de la Vera Cruz.
El punto culminante de la relación de Verdugo con la Semana Santa de Valladolid se produjo en el 1947, cuando la Junta Pro Fomento de la Semana Santa le encargó la realización de las maquetas de los pasos de la Procesión General, considerada sin duda el «buque insignia» de la Semana de Pasión vallisoletana. Ahora no nos detendremos en ella pues la trataremos más adelante.
Como hemos ido viendo, Verdugo mantuvo un estrecho vínculo con el mundo de la Semana Santa, no solo en Valladolid, sino también en Medina del Campo pues en 1949, la Cofradía de la Misericordia y Nuestro Padre Jesús Nazareno le encargó la realización de la carroza procesional de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Todo indica que la hermandad quedó impresionada por la magnífica carroza que el escultor había ejecutado años antes para los nazarenos vallisoletanos y quiso contar con una obra similar.
Su relación con nuestra Semana Santa también se extendió a las labores de restauración de las imágenes procesionales, pues consta que en 1951 restauró las tres imágenes que conformaban el paso de La Virgen y San Juan de la Cofradía del Discípulo Amado, que había comenzado a participar en la Procesión General del Viernes Santo el año anterior. Pero no sólo eso: según relata su nieto José Antonio, durante muchos años, en los días previos a la Semana Santa, Verdugo se encargaba de refrescar algunas de las imágenes que tomaban parte en las procesiones –especialmente los rostros de las Vírgenes–, utilizando una preparación propia a base de crema de huevo.
El catálogo de obras que hemos logrado confeccionar lo conforman otras muchas, muchísimas, entre las cuales destacamos un Busto del Sagrado Corazón de Jesús, que probablemente se trate de uno de los modelos o estudios previos realizados por Verdugo para el Sagrado Corazón de Jesús de la torre de la catedral; también un Sagrado Corazón de Jesús, modelo personal que se aparta por completo del de Núñez; dos medallones de San Pablo y San Juan; o un Apostolado, conformado por trece dibujos en carboncillo, tiza y sanguina que representan, en formato de busto, a Cristo y los doce apóstoles.
Asimismo, se conservan diversos Crucifijos, un altorrelieve de la Piedad de El Descendimiento de la Cofradía de las Angustias y su boceto; las obras El atleta, Los faraones (ca. 1926), un diminuto Buda sonriente o un magnífico cofre joyero, entre otras muchas.
Tras unos últimos meses especialmente duros y penosos debidos de una larga enfermedad, Pedro Verdugo falleció el 17 de enero de 1955 en su domicilio de la calle Estación n.º 49. La prensa y su familia lo recordaba como un hombre bueno, humilde y afable, tanto que algunos lo describían como «un cacho de pan» e incluso como «un santo que talla santos». Tal fue la devoción que Pedro Verdugo sentía por su Nazareno que pidió ser enterrado con el hábito morado de su cofradía con su medalla al pecho. Esa medalla no era una cualquiera: había sido diseñada por el propio escultor. Y es precisamente esa medalla, nacida de sus manos y de su devoción, la que aún hoy sigue vigente en la cofradía, colgando del cuello de los nazarenos vallisoletanos.
LAS MAQUETAS DE LOS PASOS DE LA PROCESIÓN GENERAL DE LA SAGRADA PASIÓN DEL REDENTOR
A continuación vamos a hablar también brevemente de la maqueta de la Procesión General de la Sagrada Pasión del Redentor, que fue sin duda el proyecto artístico más relevante emprendido en Valladolid para promover su Semana Santa. Esta iniciativa tuvo como protagonistas a nuestro escultor y a la Junta Pro Fomento de la Semana Santa, precursora de la actual Junta de Cofradías, que había sido creada en 1946 con el propósito de coordinar esfuerzos para promocionar la Semana Santa más allá de la ciudad.
Una de las principales iniciativas culturales promovidas por la recién creada Junta Pro Fomento fue la organización de exposiciones. Durante casi dos décadas, estas muestras incluyeron diversos elementos representativos de la misma: carteles, fotografías, hábitos, libros de reglas o de cuentas de las cofradías, medallas, sellos, etc. En sus primeros años tuvieron un especial protagonismo una serie de escaparates que reproducían algunos de los pasos más emblemáticos, como Nuestro Padre Jesús Nazareno, la Virgen de la Piedad o la Virgen de las Angustias, así como de los actos más célebres, caso del cortejo a caballo del Pregón de las Siete Palabras.
El notable éxito de los escaparates, que cada año se enviaban como embajadores de la Pasión vallisoletana a diversas ciudades del norte de España, animó a la Junta Pro Fomento a emprender un proyecto más ambicioso: la creación de una maqueta en miniatura de la Procesión General de la Sagrada Pasión del Redentor, sin duda, el «buque insignia» de la Semana Santa de Valladolid. Esta maqueta reproduciría con precisión cada uno de los pasos, acompañados por sus respectivos cofrades, representados en figuras de tela con estructura de madera.
La Junta decidió encomendar la creación de estas miniaturas a Pedro Verdugo, cuya maestría y solvencia técnica eran incuestionables, como ya había demostrado en la maqueta de El Descendimiento. No se conoce la fecha exacta del encargo, aunque probablemente tuvo lugar durante el segundo semestre de 1947. La realización de las miniaturas se prolongó hasta su muerte, con nuevas remesas presentadas cada año. Así, Pedro Verdugo asumió la tarea de esculpir en madera policromada cada uno de los pasos que, por entonces, integraban la Procesión General, cuya nómina en 1947 y 1948 era la que pueden ver en pantalla:
1º La Oración del Huerto
2º El Azotamiento del Señor
3º N. P. Jesús Atado a la Columna
4º Ecce Homo
5º Camino del Calvario
6º Nuestro Padre Jesús Nazareno
7º Preparativos para la Crucifixión
8º El Cristo del Perdón
9º La Elevación de la Cruz
10º ¡Sitio! / Sed Tengo
11º Emisit Spiritum / Todo está consumado
12º Inter scelestos Innocens / En tus manos encomiendo mi espíritu
13º Cristo Crucificado / Cristo de las Catalinas
14º Nuestra Señora de los Dolores de la Vera Cruz
15º El Descendimiento del Señor
16º La Piedad
17º La Cruz Desnuda
18º Cristo Yacente
19º El Santo Sepulcro
20º La Virgen de las Angustias
Las maquetas fueron concebidas a una escala de 1:10, constituyendo en sí mismas «pequeñas obras de arte de una manufactura artesanal pero fieles copias del original con detalles que admiran por su pequeño tamaño». No solo se reprodujeron fielmente las esculturas, sino también las carrozas en las que procesionaban, cuidando hasta el más mínimo detalle: «desde las tallas, basamentos y peanas, luces y candelabros, relieves y andas, adornos florales, telas e insignias».
Las maquetas iban acompañadas por más de trescientas figuras de cofrades, ataviados con los hábitos de las hermandades que alumbraban los respectivos pasos. Como curiosidad, en la película Valladolid en Semana Santa de Francisco Centol se incluye una animación que recrea el devenir de la Procesión General entre columnas que evocan los soportales del centro de la ciudad. En dicha secuencia puede verse un conjunto de estas figuras de cofrades acompañando la maqueta de Nuestro Padre Jesús Nazareno.
Con el paso del tiempo, la Procesión General incorporó tres nuevos pasos, que también fueron reproducidos en miniatura. Estamos hablando del grupo de La Virgen y San Juan, del Santo Cristo del Despojo y de Madre, ahí tienes a tu Hijo. Todas las maquetas, en total veintitrés, con la probable excepción de esta última, se deben a Verdugo, a pesar de la persistente confusión que ha habido en las últimas décadas acerca de su autoría.
En el libro se disecciona año a año la historia de la maqueta de la Procesión General, que fue exhibida en las exposiciones dedicadas a la Semana Santa de Valladolid, organizadas entre 1947 y 1963. Este recorrido nos permitirá seguir la evolución de la maqueta: desde su creación y la incorporación anual de nuevas miniaturas, hasta su papel como embajadora de la Semana Santa vallisoletana en ciudades como Madrid, Bilbao, Barcelona y París. Además, en la medida en que lo permite la fragmentaria documentación, conoceremos las maquetas añadidas cada año, los visitantes ilustres que las admiraron y otras curiosidades.
Se desconocen las razones que llevaron a la Junta de Semana Santa a suspender la celebración anual de esta exposición, cuya pieza central era la notable maqueta de la Procesión General.
LA DISPERSIÓN DE MAQUETA DE LA PROCESIÓN GENERAL DE LA SAGRADA PASIÓN DEL REDENTOR
No se sabe con certeza hasta cuando se mantuvo íntegra la maqueta. Lo que sí está claro es que, a comienzos de la década de 1980, ya se encontraba desmantelada, como lo evidencian fotografías y artículos de prensa. Un ejemplo significativo es el artículo publicado en El Norte de Castilla el 18 de febrero de 1981, titulado «La Semana Santa será presentada en Madrid y Sevilla», que incluía un subtítulo revelador: «Llamamiento de la Junta para poder disponer de las maquetas de los pasos realizadas por Verdugo y Trapote».
En dicho artículo Julián Gallego, secretario de la Junta, lamentaba la pérdida de la mayoría de las miniaturas, decía: «También vamos a exponer las maquetas de los pasos, de las cuales sólo tenemos siete. El resto han desaparecido con motivo de los traslados de la sede de la Junta, por lo que hacemos un llamamiento a todas las personas que por el conducto que sea les hayan llegado estas maquetas y capuchones, se pongan en contacto con la Junta para poder completar la procesión. Una vez concluidos los actos de Madrid y Sevilla, prometemos devolver las maquetas, que hace años se expusieron en el Ayuntamiento». Desconocemos si alguien respondió al llamamiento de la Junta para recuperar las maquetas. En cualquier caso, las maquetas que la Junta aún conservaba fueron enviadas a las presentaciones programadas en Madrid y en Sevilla.
Desde aquí me gustaría lanzar, más de cuatro décadas después, un nuevo llamamiento a todas aquellas personas que puedan conservar en su poder alguna de estas maquetas o alguna de sus figuras sueltas. Su recuperación sería enormemente beneficiosa para la historia de nuestra Semana Santa y permitiría, al menos en parte, recomponer este singular conjunto. Tal vez resulte una utopía pensar en volver a contemplar la maqueta completa, pero merece la pena intentarlo.
Fotografías fechadas el 14 de abril de 1990 vuelven a evidenciar la desaparición de numerosas maquetas y revelan que varias de las conservadas estaban incorrectamente montadas, incorporando figuras de otros conjuntos. Por ejemplo, el Crucificado de Sed Tengo se encontraba en el grupo de Madre, ahí tienes a tu hijo, mientras que el Crucificado de este último aparecía en Emisit Spiritum. En este paso, además, faltaban las figuras originales del sayón que clavaba el clavo en los pies, la Virgen y el San Juan -reemplazadas erróneamente por la Magdalena y un sayón de El Descendimiento-, y el San Juan del paso de La Piedad.
La maqueta de la Procesión General tuvo un triste desenlace, ya que para entonces había sido completamente desmantelada debido a la pérdida o extravío de la mayoría de las miniaturas. Esta situación fue consecuencia del descuido y la desidia de quienes tenían la responsabilidad de custodiarlas.
LA MAQUETA DE LA PROCESIÓN GENERAL EN LA ACTUALIDAD
Actualmente, se conoce el paradero de un reducido número de maquetas, de las cuales solo unas pocas se conservan íntegras. Así, la Cofradía del Santísimo Cristo Despojado posee las de Camino del Calvario, Santo Cristo del Despojo y Preparativos para la Crucifixión; la Hermandad Penitencial de N. P. Jesús Atado a la Columna la de La Flagelación; la Cofradía de la Sagrada Pasión de Cristo la del Cristo del Perdón; la Cofradía de N. P. Jesús Nazareno la de Nuestro Padre Jesús Nazareno; y la Cofradía de la Orden Franciscana Seglar La Santa Cruz Desnuda la de La Santa Cruz.
Por otro lado, en la sede de la Junta de Cofradías se conservan diversas figuras sueltas procedentes de algunos de estos conjuntos: personajes de El Descendimiento, sayones de La Elevación de la Cruz y de Emisit Spiritum, uno de los ángeles del Santo Sepulcro, el San Juan de La Piedad o varias figuras de Sed Tengo y Madre, ahí tienes a tu Hijo. En esta institución se guardan también algunos de los pequeños muñecos cofrades que durante años acompañaron a los pasos de la maqueta.
El libro concluye con tres anexos que complementan la historia de esta singular maqueta. En ellos se incluyen fotografías de las distintas miniaturas, el año aproximado en que fueron realizadas y el recorrido expositivo de la maqueta. También se recogen los escaparates y espacios en los que fue mostrada al público, con información sobre lugares, fechas y horarios.
Ojalá este libro sea solo el primero de una serie que permita dar a conocer al público, a través de distintas monografías, la vida y la obra de los escultores que hicieron posibles nuestras imágenes procesionales.
Si lo deseáis, podéis revivir la presentación del libro a través de YouTube, donde se encuentra disponible su grabación íntegra.













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