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lunes, 4 de septiembre de 2017

MONUMENTOS DESAPARECIDOS: LA ERMITA DE NUESTRA SEÑORA DEL VAL


Con cariño, gratitud y admiración, este post va dedicado a don José Luis Velasco.
Una de las pérdidas más lamentables de nuestro patrimonio arquitectónico, no ya solo por su valor artístico sino por el inmaterial, fue la ermita de Nuestra Señora del Val, en la cual estuvo radicada la Cofradía de San Eloy. Esta hermandad la componían los maestros plateros vallisoletanos, los cuales veneraban en dicha ermita a su patrona, la Virgen del Val. La ermita se localizaba junto al actual Mercado del Val, en el lugar que hoy ocupan las dos primeras casas de la actual calle de Francisco Zarandona, esquina a Zapico. El pequeño templo, que contaba tan solo con una pequeña nave, fue derribado en 1868 con objeto de hacer las alineaciones y ensanches necesarios.
Al parecer la ermita tomó la denominación del “Val” de otra vieja ermita llamada también de Nuestra Señora del Val o Valdón, situada fuera del Puente Mayor, a una legua de la ciudad, en el camino a Fuensaldaña, y en donde la cofradía de los plateros de Valladolid tributaba un culto especial a la antigua imagen de la Virgen del Val. La nueva ermita fue fundada en los principios del reinado del Emperador Carlos V, pero no fue consagrada hasta el año 1547 bajo la doble advocación de Nuestra Señora del Val y San Eloy, santo patrono del gremio de los plateros, según una inscripción que figuraba en un cuadro situado sobre la pila de agua bendita y en la que se leía: “PRESIDIENDO LA IGLESIA ROMANA PAULO III, Y REINANDO EN ESPAÑA EL EMPERADOR CARLOS V SE CONSAGRÓ ESTA IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DEL VAL Y S.n ELOY, COFRADÍA DE LOS PLATEROS, AÑO DE 1547”. La Virgen del Val fue objeto de especial devoción por parte de los vallisoletanos dado que se la atribuían numerosos milagros.
 
Reconstrucción hipotética de la ermita de Nuestra Señora del Val realizada por Juan Carlos Urueña Paredes
Al parecer, la cofradía cedió su primitiva ermita a los padres del convento de San Basilio hacia el año 1592, los cuales tan solo estuvieron allí tres días, por haberlo resistido el abad de la Colegiata, por lo cual se restituyó a ella la ilustre cofradía. Posteriormente, en 1603 se establecieron en la vieja ermita de fuera del Puente Mayor los mercedarios descalzos y junto a ella fundaron su convento, permaneciendo cuatro años en aquel lugar hasta que decidieron mudarse, dejando abandonada dicha ermita. En 1608, deseando los plateros llevarse la imagen de la Virgen a Valladolid, decidieron sustraerla de la antigua ermita, trasladándola a su nueva iglesia, situada a orillas del Esgueva, en el Malcocinado, que a partir de ese momento se llamaría también del Val y en la que tenían establecida su cofradía. No se hizo esperar el litigio entre los plateros y los frailes mercedarios que protestaron del robo ante el obispo, alegando que todavía estaba la ermita bajo su cuidado. La disputa se resolvió acordándose que la imagen de la Virgen sería restituida a su ermita de fuera del Puente Mayor y nuevamente traslada, esta vez con gran solemnidad, a la iglesia que los plateros tenían en Valladolid, lo que se hizo el 10 de agosto de 1610. La Virgen del Val fue colocada entonces en un altar provisional y el día 8 de septiembre del mismo año se la instaló en el trono principal del retablo mayor. Desde entonces la iglesia de los plateros tomó el título de Nuestra Señora del Val y San Eloy, dependiendo de la cercana de San Miguel y siendo asistida por su cura párroco.
 
Situación de la Ermita de Nuestra Señora del Val en el plano de Bentura Seco (1738)
Por desgracia apenas conocemos el aspecto del templo ya que tan solo ha llegado hasta nosotros un dibujo bastante sumario de su fachada, el cual fue realizado por Ventura Pérez para la famosa copia de la Historia de Valladolid de Antolínez de Burgos. El dibujo muestra la iglesia tal y como se encontraría en su época, en la segunda mitad del siglo XVIII. La fachada, analizada por Martin González, estaba realizada en piedra de cantería y presentaba un primer cuerpo del siglo XVI, destacando la portada enmarcada por un alfiz, y un cuerpo superior en la que se rastreaba la evidente huella del Clasicismo. En las enjutas se abrían dos nichos vacíos y en medio figuraba una inscripción que aludía al poder milagroso de la imagen y en la que se podía leer la siguiente quintilla:
“Sois remedio universal

De los que esperan en vos

Sagrada Virgen del Val;

Tengo Fe que por vos Dios

Me libró de un grave mal”
Sobre dicho letrero se abría una hornacina con una pequeña reja. Centraba el segundo cuerpo la ventana del coro, situándose a los lados pilastras rehundidas. Remataba la fachada un frontón y dos espadañas a los lados. Su interior debía de ser bastante pobre, pues tenía una sola nave de pequeñas proporciones, aunque en palabras de Canesi era “uno de los mejores santuarios que hay en Valladolid”. Según este mismo historiador, el interior del templo se renovó en 1675 colocando la imagen de la Virgen en el altar mayor, en medio de grandes fiestas y procesiones, celebrándose incluso una corrida de toros en la Platería. Posteriormente, al verse aumentada la devoción hacia la Virgen, en 1702 se reedificó por completo el templo y se fabricó un nuevo retablo mayor, el cual se doró a expensas de su celo, en cuyo centro se colocó a la Virgen sobre un trono. En un retablo lateral, que en origen sería el mayor, iría la escultura de San Eloy que en 1587 había tallado Manuel Álvarez. En la iglesia también se veneraba una preciada reliquia de San Mauricio mártir, cuya fiesta celebraba la cofradía el día 22 de septiembre con gran solemnidad. En la ermita se hallaban radicadas las Hermandades de San Antonio de Padua y de Santa Lucía, santos que gozaron de gran veneración.
 
La ermita de Nuestra Señora del Val según el dibujo realizado por Ventura Pérez (h. 1756)
En 1754 la ermita debió de sufrir otra reforma de gran calado puesto que el día 15 de ese mismo año “pusieron el Santísimo Sacramento en la ermita de Nuestra Señora del Val, cofradía de los artífices plateros. Se hizo su procesión del mismo modo que se hace la de la Octava del Corpus en la parroquia de San Miguel: estuvo toda la Platería muy bien colgada, lo mismo que cuando trajeron la reliquia de San Pedro Regalado. Asistieron todas las cofradías de la parroquia de San Miguel y la de la Cruz; hubo tres días de función de iglesia; estuvo grandemente colgada la iglesia; hubo sus fuegos en la Platería y estuvo toda esta calle iluminada de hachas de aceite”.
El fin de la ermita comenzó a vislumbrarse 1868, momento en el que se pretendía derribar el edificio para llevar a cabo la alineación de la calle Malcocinado, “dando vista desde la iglesia de la Cruz, a la fachada y torre de San Benito”. La justificación del derribo estaba, según La Crónica Mercantil, en que era un “pequeño templo de ningún mérito y en el que rara vez se celebra culto”. Sin embargo, aunque un año más tarde se comienza su demolición, ésta se interrumpe por motivos desconocidos. En este sentido, la prensa vallisoletana publica que el templo sería propiedad de una sola persona, correspondiendo, sólo a ella, tal derribo. Así, las pretensiones del Ayuntamiento de conseguir el ensanche de aquella zona de la ciudad, y la alineación de las calles de la misma, quedaban en el aire. En 1870 se vuelve a anunciar la completa demolición de la ermita para prolongar la calle Conde Ansúrez hasta San Benito. Sin embargo, el edificio permanecería en pie hasta 1873, año en que, finalmente, se ejecutaron las obras de demolición. En 2015 los restos de la ermita salieron a la luz durante el proceso de excavación del renovado Mercado del Val.
Ortega del Río dio a conocer, a través de una gacetilla publicada en El Norte de Castilla, la intención de algunos vecinos, en 1871, de levantar una capilla que sustituyese a la antigua ermita. Sabido es que se llegó a pedir permiso al Ayuntamiento, pero nada se conocía sobre la solicitud de licencia de obras. El arquitecto Antonio Iturralde realizó unos planos en marzo de ese año. El resultado era un edificio de sobrio clasicismo. El protagonismo de la sencilla fachada radicaría, básicamente, en una gran ventana tripartita, conformada a partir de arcos de medio punto moldurados, que permitiría iluminar el interior del templo.

Proyecto de la nueva ermita del Val realizado en 1871 por el arquitecto Antonio Iturralde y dado a conocer por José Miguel Ortega del Río y Francisco Javier Burrieza Domínguez
BIENES ARTÍSTICOS
Muy poco conocemos acerca de los bienes artísticos (pintura, escultura, retablos) que poseía la ermita, quizás lo más destacable fuera la Virgen del Val (58 x 24 x 22 cm), la cual tras el derribo del edificio fue trasladada a la iglesia de San Esteban el Real (actual Santuario Nacional de la Gran Promesa). Se trata de una interesante escultura románica de principios del siglo XIII, de estilo bizantino. Viste túnica de color rojo y manto azul con orla dorada, calza chapines puntiagudos, y se conserva en la actualidad muy repintada. Para Julia Ara se trata de una tipología de Virgen con el Niño repetida en la provincia de Valladolid, la llamada Virgen entronizada, con una policromía propia del siglo XIII y con corona tallada, en madera, la cual desapareció siendo sustituida por una corona de plata muy posteriormente. La Virgen sufrió también la modificación de sus manos, con ausencia del Niño en su regazo; y la colocación de ojos de cristal. En origen la imagen bien pudo presidir la denominada Puerta de la Costanilla o Puerta del Sol de la antigua cerca medieval en la confluencia de la Platería con Macías Picavea. Su destino final con la desaparición de la puerta medieval fue la ermita edificada en 1547 por el gremio de plateros. Nada sabemos del retablo mayor que se le construyó en 1702, el cual, a no dudarlo, estaría compuesto por columnas salomónicas.
 
A los lados de dicho altar mayor había dos grandes cuadros, pinturas al óleo, representando a los emperadores Carlos V e Isabel de Portugal.
Otra pieza muy interesante, y que por desgracia ha debido de desaparecer ¿?, fue el retablo de San Eloy, el cual se situaría en el lado de la epístola de la ermita y que probablemente en origen se contrató para que fuese el retablo mayor. Tanto el retablo como la escultura de San Eloy que lo presidía fueron realizados en 1587 por el destacado escultor palentino Manuel Álvarez. Señala Parrado del Olmo que parecía ser “un retablo pequeño, de 1,96 metros de altura por algo más de 3 metros de alto, aproximadamente. En el cuerpo iría una escultura de San Eloy, con peana y mitra, que tendría 1,68 metros de altura, y en el frontispicio, tres virtudes, la del centro de pie y en bulto redondo. Las dos laterales, acostadas y de altorrelieve. Por lo tanto, sería un retablo que constaría de un solo cuerpo, con hueco de medio punto, para alojar la escultura de San Eloy en el centro, y flanqueado por columnas. Los remates de Virtudes serían semejantes a soluciones existentes en retablos en la provincia de Valladolid, y en la propia escuela de Valladolid (por ejemplo, el citado de Villabáñez, obra de Francisco de la Maza)”. Asimismo, señala “que la imagen del titular sea la existente hoy en una capilla del lado del Evangelio de este templo, que le atribuye Brasas Egido, que es una correcta escultura de rostro expresivo”. Casualidades de la vida, según se pública este post, la imagen de San Eloy acaba de terminar de ser restaurada por los restauradores Jaime Tesón y Hugo Pastor. El cambio ha sido más que notable, aparte de la limpieza del rostro y demás, se han rescatado las magníficas policromías doradas que anteriormente no se podían apreciar. La restauración de esta escultura nos ha vuelto a demostrar una vez más como el polvo y la suciedad pueden llegar a trastocar la apreciación de la calidad de una escultura. Se trata de una imagen magnífica tanto por su labra como por su policromía.
San Eloy tras la restauración
San Eloy antes de la restauración
San Eloy a medio restaurar
Otras imágenes que pertenecieron a la ermita fueron las esculturas titulares de las cofradías de San Antonio de Padua y de Santa Lucía. Al ser derribada la ermita, la primera se trasladó a la iglesia del Salvador; por su parte, la imagen y la hermandad de Santa Lucía se establecieron en 1862 en la iglesia parroquial de Santiago. Si bien en la iglesia del Salvador se conservan dos esculturas, una de mayor tamaño en una capilla y la otra bastante más pequeña en la sacristía, parece claro que la procedente de la ermita es la conservada en una de las capillas del Templo. Este San Antonio de Padua (128 cm), que parece fechable en el segundo tercrio del siglo XVIII, nos muestra al santo portugués según su tradición iconografía: con el Niño Jesús sobre un libro que sostiene sobre su mano izquierda, mientras que co la otra sujetaría un ramo de lirios. Por su parte, la imagen de Santa Lucía hasta hace poco presidió el retablo de la Inmaculada, si bien hace un par de años que se la sacó de allí y se recolocó el lienzo titular del retablo: una preciosa Inmaculada atribuida al magnífico pintor Sánchez Cotán. La efigie de la santa, que podría fecharse por las mismas fechas, también exhibe sus atributos más usuales: en una de las manos porta la palma del martirio, mientras que con la otra haría lo propio con una bandeja con sus ojos arrancados, la cual actualmente no se conserva. Se trata de dos interesantes piezas que sin duda se deberán a dos escultores de la escuela vallisoletana, siendo de mayor calidad la segunda de ellas. La imagen de Santa Lucía era venerada en la ermita por los maestro tejedores de lienzos.
 
San Antonio de Padua. Probablemente el procedente de la ermita de Nuestra Señora del Val
San Antonio de Padua conservado en la sacristía
Santa Lucía
Finalizo el post de hoy con una noticia inédita: el 29 de enero de 1727 Antonio Canesi, hermano del famoso cronista vallisoletano, declara en su testamento que dejaba “a la dicha Cofradía de Nuestra Señora del Val el Rey Felipe Quinto y la Soberana que tengo con marcos dorados los cuales se pongan en la capilla mayor de la iglesia de dicha cofradía sin que se saquen de ella por vía de empréstito vendan ni enajenen cuya manda se ejecute después de los días de ambos otorgantes”. Es solo una hipótesis pero podría ser que estos dos lienzos fueran los que actualmente se conservan en el museo del Monasterio de San Joaquín y Santa Ana. Los únicos fundamentos que tengo para lanzar esta hipótesis es que en la actualidad son los únicos retratos que se conservan en Valladolid de los reyes Felipe V e Isabel de Farnesio.
 

BIBLIOGRAFÍA
  • ALCALDE PRIETO, Domingo: Manual histórico de Valladolid, Grupo Pinciano, Valladolid, 1992.
  • ANTOLÍNEZ DE BURGOS, Juan: Historia de Valladolid (1887), Grupo Pinciano, Valladolid, 1987.
  • BRASAS EGIDO, José Carlos: La platería vallisoletana y su difusión, Institución Cultural Simancas, Valladolid, 1980.
  • CANESI ACEVEDO, Manuel: Historia de Valladolid (1750), Tomo III, Grupo Pinciano, Valladolid, 1996, pp. 225-226.
  • DOMÍNGUEZ BURRIEZA, Francisco Javier: “Principio y fin de la sede de la cofradía de Nuestra Señora del Val y San Eloy en el casco urbano de Valladolid”, B.S.A.A., Tomo LXIX-LXX, 2003-2004, pp. 341-358.
  • GONZÁLEZ GARCÍA-VALLADOLID, Casimiro: Valladolid, sus recuerdos y sus grandezas: religión, historia, ciencias, literatura, industria, comercio y política, Imprenta de Juan Rodríguez Hernando, Valladolid, 1900-1902.
  • GONZÁLEZ MORAL, Mariano: El indicador de Valladolid ó sea reseña de todo lo más notable que contiene esta ciudad, con un plano topográfico del mismo (1864), Editorial Maxtor, Valladolid, 2005.
  • MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José y URREA FERNÁNDEZ, Jesús: Catálogo Monumental de la provincia de Valladolid. Tomo XIV. Monumentos religiosos de la ciudad de Valladolid (1ª parte), Institución Cultural Simancas, Valladolid, 1985.
  • ORTEGA DEL RÍO, José Miguel: El siglo en que cambió la ciudad. Noticias artísticas de la prensa vallisoletana del XIX, Ayuntamiento de Valladolid, Valladolid, 2000.
  • PARRADO DEL OLMO, Jesús María: Los escultores seguidores de Berruguete en Palencia, Universidad de Valladolid, Valladolid, 1981.
  • REBOLLO MATÍAS, Alejandro: “Nuestra Señora del Val”. En REBOLLO MATÍAS, Alejandro (coord.): Corpus Christi: Historia y celebración, Arzobispado de Valladolid, Valladolid, 2016, p. 128.

lunes, 14 de enero de 2013

DIBUJOS DE MONUMENTOS VALLISOLETANOS (2 de 3)


CONVENTO Y HOSPITAL DE SAN JUAN DE DIOS (Hospitalarios de San Juan de Dios)
Fue fundado en 1590 con el nombre de Convento y Hospital de Nuestra Señora de los Desamparados o de San Juan de Dios. Se estableció en la actual calle María de Molina, esquina Doctrinos. Era refugio de pobres desamparados y de enfermos incurables.
La parte representada en la parte izquierda del dibujo corresponde a la iglesia. Allí se reconoce el campanario y una imagen de San Juan de Dios. La otra parte era propiamente hospital. Se distribuía éste en tres plantas, separándose los distintos vanos por impostas y cadenas lisas. El edificio parece antiguo, acaso de los primeros años del siglo XVII.

IGLESIA DE SAN ILDEFONSO
Antolinez de Burgos afirma que la parroquia fue fundada por D. Alonso Enríquez, penúltimo abad de Valladolid. Estuvo situada extramuros, en la calle del Sacramento, y más tarde fue traslada a otro lugar de la misma calle (hoy Paulina Harriet). Después de la exclaustración, la parroquia ocupó la iglesia inmediata de las Recoletas Agustinas, exclaustradas. Dicha iglesia también fue derribada, construyéndose posteriormente una iglesia que es aborto arquitectónico.
La antigua iglesia de San Ildefonso, que es la que se muestra en el dibujo, fue derribada. La fachada era sumamente pobre. Sobre un asiento de cantería reposaba la masa del edificio, de mampostería y ladrillo. Se cubría el arco de la puerta con una representación de San Ildefonso, probablemente en relieve. Se protegía todo con tejaroz. La parte alta ofrecía un campanario con severa arquitectura postherreriana.

CONVENTO DE JESÚS Y MARÍA
Según Sangrador las monjas de la comunidad de Jesús y María se fijaron en Valladolid en el siglo XVI. Ocuparon primeramente un edifico de cantería en la actual Acera de Recoletos. El nuevo edificio fue levantado en  la actual Acera de Recoletos. El nuevo edificio fue levantado gracias a la generosidad de D. Ventura y Dª Isabel de Onís, los cuales nombraron patronos del Convento a su hijo D. Ambrosio de Onís y a la mujer de éste Dª María de Santisteban.
El plano de Valladolid muestra la amplia fachada de este edificio hacia el Campo, cuya portada aparece detallada en el presente dibujo. El vano de ingreso era adintelado, con pilastras toscanas a los lados. En la portadita de encima se hallaban las imágenes de Jesús y María, y a los lados de aquélla, escudos, que se supone que eran de los patronos. La construcción parecía ser de los primeros años del siglo XVI.

IGLESIA DE SAN JUAN BAUTISTA
Iglesia antiquísima, pues consta que en el siglo XII pertenecía al Convento de los Templario. Luego se hizo parroquia. En 1841 se trasladó al Convento de monjas Bernardas de Belén, que había quedado deshabitado con la exclaustración, siendo demolido el antiguo edificio. Más adelante fue también derribado el Convento de Belén, construyéndose la actual iglesia de San Juan, que ocupa el mismo lugar que la primitiva. En el dibujo se aprecia que ésta se hallaba construida por una fábrica gótica, hecha de cantería y mampuesto. La torre era sin duda lo más antiguo del templo.

CONVENTO DE LOS SANTOS MÁRTIRES COSME Y DAMIÁN (Orden de San Basilio)
Las monjas de la Orden de San Benito se instalaron primeramente en 1593 en la ermita de Nuestra Señora de Guadalupe, en el arrabal de La Overuela. Quisieron más tarde acercarse a la ciudad y para ello tomaron casi por fuerza la ermita de los Santos Mártires Cosme y Damián, a 24 de abril de 1602. Este edificio estaba todavía a una cierta distancia de la capital, en el camino hacia el Cabildo, ribera derecha del Pisuerga. En el desbordamiento de éste en 1636 se hundió casi todo el edificio, que fue luego reconstruido, y de esta nueva construcción nos ofrece el dibujo su fachada. Sangrador afirma que luego, de 1771 a 1773, se levantó otro nuevo templo, que fue desmantelado durante la invasión francesa.
Según el dibujo, la fachada era extremadamente sencilla. El frontón y las espadañas presentan la molduración y el ornato empleados en el siglo XVII.

CONVENTO DE NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED (Mercedarios Calzados)
Fundó este Convento Doña Leonor, esposa de Fernando I de Portugal y madre de Doña Beatriz, mujer de Juan I de Castilla. El monasterio fue reedificado totalmente en el siglo XVI. En 1849 se procedió a demoler la iglesia para abrir calle (la de la Merced) y ya a mediados del siglo XX se hizo lo propio con los dos claustros que aún permanecían en pie.
El 13 de septiembre de 1606 Pedro de Mazuecos firmó el contrato para realizar la fachada de la iglesia, aunque el resultado final debió de diferir respecto a las condiciones pactadas. En 1629, Pedro de la Vega se comprometió a construir la portada de la fachada, que presenta hueco de medio punto, dos columnas dóricas y el frontón con el escudo de la Merced. En esta labor le ayudó Felipe de Ribera. Canesi afirma que la fachada fue rehecha en 1697, pero el dibujo no acusa adulteración del plan correspondiente a la primera mitad de siglo XVII.
Según el dibujo de Antolínez, la fachada constaba de dos órdenes de pilastras toscanas, con los adornos rectangulares y de placa de la escuela postherreriana. En el centro del primer orden se hallaba la portada. La parte central del segundo orden ofrece la amplia ventana adintelada que da luz al coro. En las calles laterales y dentro de hornacinas se ven estatuas de santos mercedarios. En la cúspide se aprecia dilatado frontón y dos espadañas. El frontón contiene a su vez otro curvo con divisiones muy al uso de la escuela postherreriana de Valladolid.

CONVENTOS DE SAN JOSÉ (Mercedarios Descalzos)
Los religiosos de esta orden se establecieron en Valladolid en 1603. Después de ocupar varios sitios construyeron el Convento en 1610 fuera del Puente de los Curtidores, en las inmediaciones del final de la actual calle de Panaderos, esquina Estación. En 1812 las tropas francesas destruyeron el Convento.
Antolinez califica la iglesia como “de las más bien acabadas, más curiosas y más pulidas que tiene esta religión”. Las líneas de la fachada son sencillas y claras, con arreglo a la simplicidad propia del siglo XVII. La portada es adintelada, cubierta con dosel de piedra sosteniendo por repisas de perfil recto. Encima reposa otra pequeña portada con la imagen de la Virgen y el Niño, alojándose en el frontón roto el escudo mercedario, entre bolas sobre pedestales. La fachada pierde esbeltez con la adición de dos alas, sobre las cuales están colocadas las espadañas. Los distintos espacios cuadrados y rectangulares aparecen rellenos con una decoración plástica que el dibujo no deja adivinar, si bien por Sangrador sabemos que se formaban de bombas, morteros y otros adornos similares. Estos elementos debieron de ser añadidos a la fachada en la segunda mitad del siglo XVII, pues la traza general parece de la primera mitad.

IGLESIA DE SAN MIGUEL
Situada en medio de la actual Plaza de San Miguel y sirviendo de centro a la primitiva población, la antigua iglesia de San Pelayo era de los monumentos más representativos de Valladolid en su primera época. Más tarde se llamó de San Miguel, aunque se ignora el momento en el que se cambió la advocación. En 1489 se produjo un incendio en la iglesia, lo que sin duda motivó la reconstrucción, hecha bajo el patrocinio del Doctor Portillo y el Comendador Bobadilla.
Una vez expulsados los jesuitas en el reinado de Carlos III y habiendo quedado desocupada la iglesia profesa de la Compañía, llamada de San Antonio o de San Ignacio, en 1775 se trasladó a ella la de San Miguel. Desde entonces la antigua iglesia de los jesuitas se llama de San Miguel. En su fachada se suprimió el J.H.S. que figura en el dibujo de Antolínez y por la misma razón fue retirada de la hornacina de la portada la imagen de San Ignacio, en lugar de la cual se puso la de San Miguel Arcángel, traída de la primitiva iglesia de San Miguel, que fue demolida luego del traslado. Igual procedencia parece tener el escudo de España que hay bajo la imagen del Arcángel.
El diseño de la Historia de Antolínez representa la antigua iglesia de San Miguel conforme a la reedificación durante la fase postrera del gótico. Era toda ella de cantería, muy sólida, aunque pequeña para parroquia. Al exterior ofrece varios contrafuertes y ventanas alargadas. La portada se halla situada a un costado, el meridional sin duda. Jambas, arcos y caireles presentan la retorcida decoración gótica florida. En el tímpano y dentro de hornacina figuraba una imagen de San Miguel. Cubierto con armadura, con la derecha blandía espada y con la izquierda sostenía el escudo, ilustrado con cruz florenzada de brazos iguales. Esta imagen, que tiene rigidez gótica, es la que fue trasladada a la iglesia de San Ignacio. En la parte alta pueden verse una cornisa de bolas, tema muy usado en el gótico de los Reyes Católicos y una crestería de cuadrifolias, semejante a la que se ve en la iglesia de la Antigua y en la primitiva fachada de la Universidad.

IGLESIA DE SAN NICOLÁS
La parroquia de San Nicolás figura entre las primeras fundaciones vallisoletanas. En 1591 tomó el patronato de la iglesia y del monasterio que contiguo se iba a fundar Dª María Sanz de Salcedo, mujer que fue de Juan de la Moneda, la cual falleció a 2 de noviembre de 1596, según la lápida que se conservaba en la iglesia y que leyó González Garcia-Valladolid. En 1585 Juan de Nates y Pedro de Solórzano dirigían la construcción de la nueva iglesia, teniendo a su cargo en tal fecha Pedro de la Vega la ejecución de las puertas principales. Terminado el Convento fue ocupado por las monjas del Sacramento, Orden de San Agustín, que hasta entonces habían permanecido en su edificio junto a la Puerta del Campo. El monasterio, que se encontraba a la entrada del Puente a mano derecha, saliendo de la ciudad. Ya antes del derribo la parroquia se había trasladado al ex-Convento de la Trinidad Descalza, donde hoy continúa radicando la parroquia de San Nicolás.
El dibujo presenta la fachada tal como fuera proyectada por Juan de Nates y Pedro de Solórzano. Era bastante estrecha. La sillería avanzaba por los lados a manera de contrafuerte o de templo “in antis”. El ingreso se coronada con una cornisa a modo de dosel, sostenida por cartelas. Encima se encontraba el monumental escudo, que se supone fuera de los patronos de la iglesia. Sobre él aparece la imagen de San Nicolás, dentro de hornacina. En el piso alto se abría la ventana del coro y un gran óculo en el frontón. Junto a la fachada se encuentra la torre, amparada mediante contrafuertes.

MONASTERIO DE SAN NORBERTO (Canónigos Regulares Premostratenses)
Los religiosos canónigos premostratenses se establecieron en Valladolid en 1628 y se instalaron en la calle de Teresa Gil en 1632. Según Ventura Pérez la primera piedra de la nueva iglesia fue colocada en 1747 y debió de acabarse en 1753. Convertida en almacén aún existía en 1900. Más tarde fue derribada y en su solar se levantó el edificio de la Escuela del Magisterio.
González García-Valladolid nos describe la fachada diciendo que era de forma semicircular y de ladrillo. A pesar del juicio despectivo por el barroco que muestran Ponz, Sangrador y otros autores, la fachada poseía un gran valor.
Los elementos empleados son todos ellos arquitectónicos, manejados con más afán ornamental que constructivo. Tenía tres entradas, la central envuelta en complicado marco, de líneas curvas y quebrantadas. La fachada estaba sin concluir, como ya advirtió Ponz. Esta fachada, junto a la de San Juan de Letrán, eran los ejemplos vallisoletanos más importantes de fachada movida, oponiéndose a la rigidez y clasicismo de la arquitectura vallisoletana del siglo XVII.

PUENTE MAYOR
Es una de las obras más antiguas de Valladolid. Las fuertes avenidas del Pisuerga motivaron numerosas reconstrucciones. En 1584 Juan de Nates realizaba una importante reedificación, que no debió de ser la última, pues se sabe que otra considerable se terminaba en 1727.
En el plano de Ventura Seco de 1738 aparece dibujado el conjunto del puente, con sus diez arcos. Dibujo más completo, pero sólo abarcando la mitad del puente, es el de la Historia de Antolínez. En el extremo del puente por la margen derecha estaba la puerta monumental. Los arcos eran de medio punto, estando reforzados los pilares con contrafuertes. A cada lado del puente corría un pretil de cantería, con adorno de bolas.

CONVENTO DE SAN NICOLÁS DE TOLENTINO (Agustinos Recoletos)
Primeramente estuvieron estos religiosos descalzos en una casa fuera de la Puerta de la Pestilencia, camino de Puente Duero. Pero desde 1603 se instalaron definitivamente en el sitio en que permanecieron hasta la exclaustración, es decir, en la Acera de Recoletos (la cual tomó el nombre del Convento), esquina a la calle del Perú, por la parte de la estatua de Colón.
La fachada representa el estilo que era corriente en Valladolid en la primera mitad del siglo XVII. Estaba construida de ladrillo. Grandes pilastras toscanas daban pronunciado impulso vertical a la fachada. De las tres puertas sólo se muestra abierta en el dibujo la principal, en cuyo tímpano se veía el emblema de la Orden: dos ángeles sosteniendo un corazón atravesado por una flecha. En la hornacina se aprecia la figura de un santo, sin duda el que tenía la advocación en el templo. En lo demás pueden advertirse los conocidos elementos de la escuela postherreriana: recuadros, pedestales con bolas, óculos, triángulos curvos, etc. El conjunto se destaca como representativo del primer estilo de placas, de poco relieve.

CONVENTO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD (Trinitarios Calzados)
Fue fundado en 1417 por D. Diego López de Zúñiga. El convento quedó bajo el patronato de los Duques de Béjar, como descendientes del fundador. Antolínez tiene elogios para el edificio, al que considera entre los más antiguos de Valladolid. La iglesia constaba –según él– de tres naves, con capillas de gran tamaño, de manera que “cada una pudiera servir de iglesia”. En el siglo XVII debieron de realizarse importantes reedificaciones, pues es el perfil arquitectónico de este siglo el que predomina en el dibujo del convento que se ve en el plano de Ventura Seco. Durante la invasión francesa el convento sufrió seriamente; la exclaustración hizo el resto, de forma que a mediados del siglo XIX tan sólo quedaban del gran edificio las ruinas de un pórtico gótico. Ocupaba este monasterio amplio solar, en parte del cual se encuentra hoy el Teatro Lope de Vega.
Acaso la fachada del pórtico gótico aludido sea la representada en la lámina de la Historia de Antolínez. La portada, de cantería, presentaba baquetones y arquivolta, subiendo por los lados dos finas agujas. Sobre el arco, un medallón con la Virgen y el Niño. En la cúspide, dos santos trinitarios de hinojos, y más arriba una representación de la liberación de cautivos.

UNIVERSIDAD. FACHADA GÓTICA
La antigua fachada principal de la Universidad, la cual vemos en el dibujo, daba a la calle de Librerías. A raíz de las reformas llevadas a cabo a comienzos del siglo XVIII, aquella fachada quedó oculta, al paso que se hacía la gran fachada barroca que da a la Plaza de la Universidad. Con gran oposición de los claustrales, del público y de la prensa, en 1909 fue derribado el viejo edificio de la Universidad, del que solamente fue respetada la fachada barroca.
La primitiva fachada era gótica. El fuero universitario simbólicamente se hacía ostensible por medio de columnas unidas por cadenas. El vano de acceso se perfila con arco carpanel y columnillas en las jambas. La entrada quedaba envuelta por arco ojival apoyado también en columnillas; otro más exterior se apoyaba solamente en ménsulas. En el tímpano figuraba un alfiz quebrantado, conteniendo los escudos de Clemente VI (el que declaró “pontificia” a la Universidad de Valladolid) y de los reinos españoles. Sobre la portada había un escudo coronado de España, añadido a la fachada. Se coronaba la fachada con crestería, formada por pretil de cuadrifolias y por pináculos con decoración de granadas. La puerta deja ver el patio gótico, contemporáneo de la fachada y también desaparecido.

ERMITA DE NUESTRA SEÑORA DEL VAL
La imagen de Nuestra Señora del Val era venerada en una ermita situada fuera del Puente Mayor. Pero ya desde 1547 estaba consagrada la iglesia de Nuestra Señora del Val y San Eloy, cofradía de plateros, según una inscripción leída por Antolínez y Sangrador. A esta iglesia fue trasladada en 1610 la imagen de Nuestra Señora del Val que estaba en la ermita de fuera del Puente, la cual fue seguidamente derribada. Quedó de esta manera a partir de esta última fecha la iglesia llamada del Val, que se encontraba a la terminación de la calle de Zapico, según se baja a la derecha. Existía aún en el siglo XIX.
Su fachada era de cantería, con gran portada de medio punto envuelta con alfiz que desciende hasta el suelo. En las enjutas había hornacinas, vacías cuando se hizo el dibujo; y en medio, un letrero que recordaba el poder salvador de la Virgen; sobre el letrero, un nicho, también vació. El segundo piso presentaba la ventana del coro y pilastras rehundidas. A los lados del frontón, espadañas. Esta fachada conservaba del siglo XVI la portada con su alfiz, pero lo demás era restauración del siglo XVII.

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DIBUJOS DE MONUMENTOS VALLISOLETANOS I
DIBUJOS DE MONUMENTOS VALLISOLETANOS III

BIBLIOGRAFÍA
  • FERNÁNDEZ DEL HOYO, María Antonia: Desarrollo urbano y proceso histórico del Campo Grande de Valladolid, Ayuntamiento de Valladolid, Valladolid, 1981
  • FERNÁNDEZ DEL HOYO, María Antonia: Conventos desaparecidos de Valladolid: patrimonio perdido, Ayuntamiento de Valladolid, Valladolid, 1998
  • MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José: “Dibujos de monumentos antiguos vallisoletanos”, B.S.A.A., tomo XIX, 1952-1953, pp. 23-47